21-22 de agosto de 2026 — Ottawa / Washington
Canadá y EE.UU. rompen la negociación arancelaria
Horas antes de la medianoche del viernes, la última tregua entre Washington y Ottawa colapsó. Un audio filtrado del vicepresidente Vance burlándose de Carney terminó de envenenar una relación que ya venía tensa.
El primer ministro canadiense, Mark Carney, prometió igualar los aranceles estadounidenses «dólar por dólar» después de que ambas partes no lograran cerrar un acuerdo comercial antes de la fecha límite de la medianoche del viernes 21 de agosto. Los funcionarios canadienses habían trabajado, según Carney, «de buena fe», pero los cambios de último momento introducidos por Estados Unidos fueron, en sus palabras, «injustos, poco económicos, y pusieron en duda la fiabilidad de cualquier acuerdo».
Los aranceles del 50% impuestos por Estados Unidos afectarán a unos 20.000 millones de dólares en productos canadienses, tras el fracaso de las negociaciones de última hora que no lograron resolver la última tensión entre los dos aliados históricos. Carney sostuvo que las conversaciones habían representado un avance importante, pero que en última instancia «no habían sido suficientes para cumplir nuestros objetivos para los canadienses», y remarcó que el objetivo de Canadá nunca fue «un acuerdo a ningún precio ni con fecha límite».
La versión de Washington: «una oportunidad perdida»
Del otro lado de la mesa, el representante comercial estadounidense Jamieson Greer ofreció una lectura opuesta: dijo que el colapso representaba una «oportunidad perdida para Canadá» y que el país se había retirado de la mesa de negociaciones tras días de conversaciones que los habían acercado a un acuerdo que evitaría aranceles del 50% sobre más productos. El propio Trump había dicho esa misma semana, en reiteradas ocasiones, que ambos países estaban muy cerca de un «buen acuerdo».
Greer describió la oferta estadounidense como «prospectiva» e integrada por «una asociación histórica económica y de seguridad nacional». Y advirtió que, si Canadá respondía con represalias, a Trump se le ofrecerían opciones «para igualar el terreno de juego una vez más» — es decir, la posibilidad de subir aún más la apuesta.
Lo que realmente está en juego: apenas el 5%
Detrás de las cifras grandilocuentes hay una proporción menos dramática de lo que parece. Los impuestos a la importación de Trump alcanzarán alrededor del 5% de lo que Canadá envía a Estados Unidos cada año — una franja que va, según las propias autoridades estadounidenses, «de palos de hockey hasta depresores de lengua». Es decir: el golpe arancelario, con ser real, recae sobre una porción acotada del comercio bilateral total, que el año pasado sumó 880.000 millones de dólares en bienes y servicios entre ambos países.
Canadá había solicitado concesiones específicas sobre acero, aluminio, vehículos y madera —los tres sectores que Trump había golpeado con aranceles de hasta 50% el año anterior— que Estados Unidos no estaba dispuesto a otorgar, según un alto funcionario de la administración Trump consultado por la prensa. Los aranceles debían entrar en vigor originalmente el miércoles 19 de agosto a las 00:01, pero Trump había extendido el plazo tres días para permitir que continuaran las conversaciones. Esta vez, no hay nuevas conversaciones previstas: Carney suspendió el diálogo y anunció aranceles de represalia tras el estancamiento final.
El respaldo interno: Ontario y el sector empresarial
La decisión de Carney de responder con represalias contó con el respaldo inmediato del primer ministro de Ontario, Doug Ford, quien escribió en X que «el equipo de Canadá debe estar más unido que nunca» y que Ontario estaba «dispuesto a hacer su parte» en una respuesta arancelaria dólar por dólar.
Desde el sector privado, Candace Laing, presidenta y directora ejecutiva de la Cámara de Comercio de Canadá, calificó los aranceles estadounidenses como «un golpe duro para la competitividad norteamericana», y advirtió que terminarán elevando los costos para los propios consumidores estadounidenses mientras amenazan a clientes, inversiones y pequeñas empresas canadienses.
El audio que Vance no debió dejar filtrar
En medio de la recta final de la negociación, un audio filtrado de una recaudación de fondos privada en Southampton, Nueva York, terminó de envenenar el clima. En la grabación, entregada a The Canadian Press por una fuente presente en el evento, el vicepresidente estadounidense JD Vance describió a Carney como un «chico muy dulce» con quien se lleva «bastante bien» — pero se burló abiertamente de su estilo negociador.
Vance fue más allá y definió sin rodeos cuál era, a su juicio, el verdadero objetivo de la negociación: «cambiar el comportamiento de Canadá», algo que —dijo— ya venía ocurriendo, aunque «no del todo». El audio se conoció apenas días antes de que las conversaciones colapsaran definitivamente, y difícilmente contribuyó a destender una relación que, según reportes de la época, rara vez había estado tan tirante entre los dos países vecinos.
«Trump es débil»: la respuesta que no vino de Carney
La réplica más dura al audio de Vance no llegó del propio primer ministro, sino de un premier provincial. Wab Kinew, de Manitoba, había confirmado días antes que Carney les había pedido a las provincias que devolvieran el alcohol estadounidense a las estanterías —el mismo boicot que había hecho caer un 81% interanual las importaciones canadienses de licor de EE.UU.— como parte de los gestos hacia un acuerdo.
Kinew había llamado además a los canadienses a seguir boicoteando productos estadounidenses «sin importar qué» ocurriera con las estanterías de alcohol, y celebró la unidad que el país había mostrado frente a las amenazas arancelarias.
Lo que queda en pie
La ruptura no solo intensifica el conflicto comercial bilateral: pone en duda el futuro del pacto comercial norteamericano entre Estados Unidos, Canadá y México, crucial para la industria de los tres países. Poco antes del anuncio de Greer, la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos ya había enviado directrices a los importadores indicando que los productos canadienses identificados por el presidente serían arancelizados después de las 12:01 a.m. — con o sin acuerdo. El impacto político de la ruptura, coinciden varios analistas, probablemente termine pesando más que el económico: dos aliados históricos, con 5.525 kilómetros de frontera compartida sin custodiar, entraron este fin de semana en su momento de mayor tensión comercial en más de un siglo de relación.
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