El clip que borró
los crímenes
Cómo 1.600 científicos nazis escaparon de la justicia, llegaron a Estados Unidos con el historial limpio y construyeron el programa espacial que llevaría al hombre a la Luna.
En los expedientes clasificados del Ejército de los Estados Unidos, había un sistema sencillo y eficaz para marcar a los científicos nazis seleccionados para ingresar al país: un simple clip metálico sobre su carpeta. Ese clip significaba que, independientemente de los crímenes cometidos, el caso sería acelerado y aprobado. Sin juicio. Sin rendición de cuentas. Sin que los vecinos, los colegas o el público lo supieran jamás.
El programa se llamó primero Operación Overcast y luego, en honor a ese clip, Operación Paperclip. Entre 1945 y 1955, más de 1.600 científicos alemanes y sus familias fueron trasladados secretamente a Estados Unidos. Sus crímenes fueron borrados de sus expedientes. Sus nuevas biografías, limpias y presentables, fueron construidas por la inteligencia militar americana. Y sus conocimientos — desarrollados con trabajo esclavo, experimentos sobre prisioneros y tecnología de exterminio — fueron puestos al servicio del programa militar y espacial estadounidense.
Esta es la historia de cómo ocurrió, quiénes fueron sus protagonistas y por qué la justicia nunca los alcanzó.
La Misión Alsos: buscar secretos antes que justicia
Todo comenzó antes de que terminara la guerra. Desde 1943, un programa militar estadounidense de alto secreto llamado Misión Alsos enviaba científicos americanos a Europa junto con las tropas aliadas. Su misión no era liberar campos de concentración ni perseguir criminales de guerra. Era buscar información sobre los programas biológicos, químicos y nucleares nazis y transportar esa información a los Estados Unidos.
El momento decisivo llegó en Estrasburgo, a finales de 1944. Mientras los combates aún se libraban en las calles, el científico Samuel Goudsmit irrumpió en el apartamento del Dr. Eugen Haagen — un alto funcionario nazi que había huido horas antes — y pasó la noche leyendo sus documentos a la luz de las velas. Lo que encontró lo dejó paralizado.
«De los 100 prisioneros que me enviaste, 18 murieron en el transporte. Sólo 12 están en condiciones adecuadas para mis experimentos. Por lo tanto, le pido que me envíe otros 100 prisioneros, entre 20 y 40 años, que estén sanos y en condiciones físicas comparables a las de los soldados. Heil Hitler…«
Esta carta del Dr. Haagen a un colega fue uno de los documentos encontrados esa noche. Los funcionarios de Alsos tomaron copiosas notas — anotando los nombres de los científicos involucrados. No para llevarlos ante la justicia. Para crear una lista de objetivos a reclutar.
El 6 de julio de 1945, el Estado Mayor Conjunto emitió un memorando ultrasecreto que ni siquiera se mostró al presidente Truman. Titulado «Explotación de Especialistas Alemanes en Ciencia y Tecnología en los Estados Unidos», esbozaba el plan para reclutar científicos nazis. La Inteligencia Militar del Departamento de Guerra recibió el control del programa.
La justificación era la Guerra Fría que ya comenzaba antes de que terminara la guerra caliente: EE.UU. y la URSS competían por la hegemonía tecnológica. Reclutar a los expertos nazis en lugar de juzgarlos era, según la lógica de Washington, una forma de ganar ventaja. Aun así, los oficiales estaban dispuestos a mantenerlo en secreto — sabían que era moralmente indefendible.
El director de Mittelwerk y el cohete que llegó a la Luna
Arthur Rudolph era el director de operaciones de Mittelwerk — la fábrica subterránea donde se producían las V-2 nazis con trabajo esclavo de prisioneros de campos de concentración. Cuando fue liberado en marzo de 1944, había 40.000 prisioneros en el campo. Las condiciones eran atroces: polvo, gases tóxicos, enfermedades, hacinamiento, jornadas de doce horas. Aproximadamente 20.000 trabajadores murieron.
Rudolph supervisó personalmente ese trabajo. Estuvo presente en ejecuciones de prisioneros. Los oficiales alemanes y americanos lo clasificaron como criminal de guerra. Cuando la inteligencia militar lo identificó como un activo deseable por sus conocimientos en sistemas de cohetes, todas esas acusaciones fueron silenciosamente borradas de su archivo.
Bajo Paperclip, Rudolph trabajó para el Ejército estadounidense y luego para la NASA. En la década de 1960 dirigió equipos de científicos en el Centro Marshall de Vuelos Espaciales en Huntsville, Alabama, desarrollando el cohete Saturno V que en 1969 lanzó la misión Apolo a la Luna.
No fue hasta 1979 — cuando se formó la Oficina de Investigaciones Especiales (OSI) — que su pasado real comenzó a reconstruirse. Los investigadores entrevistaron a trabajadores esclavos de Mittelwerk. Le ofrecieron a Rudolph un trato: renunciar a su ciudadanía estadounidense a cambio de no ser acusado. Él y su esposa regresaron a Alemania. En 1987 un tribunal alemán dictaminó que no había pruebas suficientes para juzgarlo. Murió en 1996, a los 89 años, sin haber sido condenado por nada.
Miembro de las SS, héroe de la NASA y condecorado por la Casa Blanca
Si Rudolph fue el administrador del horror, Wernher von Braun fue su estrella. Identificado como activo clave al final de la guerra por su trabajo en el cohete V-2, Von Braun fue transferido a Garmisch-Partenkirchen para ser interrogado. Sabía exactamente cuánto valía: él y sus colegas habían escondido documentos vitales en una mina de sal. Estaba dispuesto a intercambiarlos por una nueva vida en América.
Lo que Paperclip ocultó sobre Von Braun era demoledor. Lejos de ser un «nazi renuente» — como él mismo se describía — era miembro activo de las SS. No solo conocía los horrores de la Solución Final: visitó personalmente el campo de concentración de Buchenwald para seleccionar a los prisioneros que se convertirían en esclavos en su programa de cohetes V-2.
Su rango de oficial de las SS y todos los registros comprometedores fueron clasificados por el Ejército estadounidense. Durante décadas, Von Braun fue una figura pública querida: escribió libros populares sobre vuelos espaciales, explicaba el programa espacial al público americano, supervisó los equipos que desarrollaron los misiles Redstone, Júpiter-C, Juno y Pershing. Bajo su mando directo trabajaron 120 ex científicos nazis.
En 1977, el presidente Carter le otorgó la Medalla Presidencial de la Libertad — el más alto honor civil de Estados Unidos. En su declaración oficial tras la muerte de Von Braun ese mismo año, Carter escribió: «Para millones de estadounidenses, el nombre de Wernher von Braun estaba inextricablemente ligado a nuestra exploración del espacio y a la aplicación creativa de la tecnología.» Las víctimas de Mittelwerk permanecieron sin nombre, borradas de la historia.
El torturador que fundó la medicina espacial americana
El Dr. Hubertus Strughold supervisó una vasta red de investigadores nazis que realizaban experimentos de hipotermia sobre prisioneros judíos. Cuando el médico judío Leopold Alexander fue enviado a Europa para investigar crímenes de guerra, entrevistó a Strughold — sin saber que, al mismo tiempo, otro oficial americano estaba tramitando en secreto su traslado a los Estados Unidos.
El FBI investigó a Strughold en Alemania y encontró que era un «ardiente nazi» que había «expresado que el partido nazi había hecho mucho por Alemania» y afirmaba que «los judíos habían abarrotado las escuelas de medicina». Para solucionar el problema, los oficiales militares pidieron a otro médico alemán acusado de crímenes de guerra que atestiguara los «altos principios éticos» de Strughold. Con esa falsa aprobación, embarcó hacia América.
Strughold se convirtió en profesor de medicina espacial en la Escuela de Medicina Aeroespacial de la Fuerza Aérea. En 1950 cofundó la rama de medicina espacial de la Asociación Médica Aeroespacial. En 1963 estableció el «Premio Hubertus Strughold», otorgado anualmente para reconocer la excelencia en medicina espacial.
El premio llevó su nombre hasta 2012, cuando un artículo reveló sus atrocidades. El Ejército había ocultado su pasado tan meticulosamente que durante décadas no se encontraron pruebas suficientes para retirarlo. Solo entonces fue suspendido definitivamente.
América como refugio para los perseguidores
Fue solo en 2006 — más de sesenta años después de los hechos — que la Oficina de Investigaciones Especiales (OSI) logró publicar un registro oficial que documentaba la Operación Paperclip, tras las objeciones del propio Departamento de Justicia. La OSI fue disuelta en 2010.
«América, que se enorgullecía de ser un refugio seguro para los perseguidos, se convirtió — en cierta medida — en un refugio seguro para los perseguidores también.»
Esta fue la conclusión oficial de la OSI. No de un activista ni de un historiador crítico. Del organismo del Departamento de Justicia de los Estados Unidos creado para investigar precisamente este capítulo.
Para la mayoría de los 1.600 científicos trasladados bajo Paperclip, la justicia nunca llegó. Vivieron, trabajaron y murieron en América. Sus vecinos, amigos y colegas nunca conocieron los espantosos secretos de su pasado. Sus biografías oficiales, construidas con la ayuda del Ejército estadounidense, permanecieron limpias.
Lo que sí quedó fue la tecnología: los cohetes, los misiles, los programas espaciales, los avances en medicina aeroespacial. Construidos sobre trabajo esclavo, experimentos sobre prisioneros y crímenes documentados. Convertidos en logros nacionales. Celebrados con medallas presidenciales.
Para cerrar
El clip metálico sobre la carpeta era un objeto pequeño e inocuo. Pero representaba una decisión enorme: que ciertos conocimientos valían más que cierta justicia. Que la utilidad estratégica podía borrar cualquier crimen. Que el pasado podía ser clasificado, archivado y olvidado si convenía.
Esa decisión no fue una anomalía. Fue la política deliberada del gobierno más poderoso del mundo, ejecutada durante años, mantenida en secreto durante décadas y reconocida solo cuando ya era historia antigua.
Los 20.000 muertos de Mittelwerk no recibieron medallas. No tienen centros espaciales con su nombre. No aparecen en las declaraciones presidenciales. El clip en la carpeta se encargó de eso.
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Fuente principal: Annie Jacobsen, Operation Paperclip: The Secret Intelligence Program That Brought Nazi Scientists to America (Back Bay Books, 2014). Jacobsen tuvo acceso a documentos desclasificados del Ejército, la CIA y el Departamento de Estado, así como a entrevistas con veteranos del programa.
Fuentes complementarias: Registros del Museo del Holocausto de los Estados Unidos sobre Mittelwerk/Dora; informe de la Oficina de Investigaciones Especiales (OSI) del Departamento de Justicia (2006); registros de la NASA sobre el Centro Marshall de Vuelos Espaciales; archivos desclasificados de la JIOA (Joint Intelligence Objectives Agency).
Nota editorial: Todos los hechos citados en este artículo están documentados en fuentes primarias verificables. Este artículo forma parte de la serie de Bastión sobre la OTAN y el nazismo.
