AIPAC:
el lobby que mueve a Washington
No es republicano ni demócrata. Financia a los dos. El Comité de Asuntos Públicos Estadounidense-Israel tiene despacho propio en el Capitolio — y quien gane las elecciones ya sabe que AIPAC estuvo ahí primero.
En 1992, el presidente de AIPAC, David Steiner, fue grabado sin su conocimiento alardeando de su influencia. Dijo que había negociado con el Secretario de Estado James Baker y obtenido tres mil millones de dólares en ayuda militar a Israel. Afirmó tener «una docena de personas» dentro de la campaña de Clinton en Little Rock. Y aseguró estar negociando con la administración entrante sobre quién sería nombrado Secretario de Estado. Steiner renunció cuando la grabación se hizo pública. Pero lo que dijo no era mentira — era simplemente demasiado explícito para decirlo en voz alta.
Eso es AIPAC. El Comité de Asuntos Públicos Estadounidense-Israel es el grupo de cabildeo pro-Israel más poderoso de Washington. No el más conocido — muchos americanos nunca han oído hablar de él. Pero sí el más efectivo. El representante Brad Sherman lo llamó «la organización individual más importante en la promoción de la alianza entre Estados Unidos e Israel». Sus críticos lo describen como un agente de facto del gobierno israelí con un «dominio absoluto» sobre el Congreso.
La verdad, como siempre, está en los datos.
No es un partido. Es una palanca
AIPAC fue fundado en 1951 por Isaiah L. Kenen — un ex empleado del Ministerio de Relaciones Exteriores de Israel. Su propósito declarado es presionar al Congreso y al ejecutivo americano sobre temas relacionados con Israel. Lo que no dice su descripción oficial es cómo lo hace.
El mecanismo tiene cuatro patas:
AIPAC no dona directamente — coordina. Desde 1990, los intereses pro-Israel han contribuido 56,8 millones de dólares en donaciones a candidatos federales. Las contribuciones podían representar entre el 10 y el 15% del presupuesto de una campaña al Congreso.
Más de 100 miembros del Congreso visitaron Israel solo en 2005 — todos los gastos pagados por la American Israel Education Foundation, el brazo caritativo de AIPAC. Viajes cuidadosamente curados, con narrativa incluida.
AIPAC cultiva líderes estudiantiles desde la universidad — presidentes del cuerpo estudiantil, grupos de grado. Un programa de «entrenamiento político de liderazgo» para construir el movimiento pro-israelí del futuro.
Su sitio web puntúa cómo vota cada miembro del Congreso en los temas clave de AIPAC. Miles de posibles donantes lo examinan. La presión no necesita ser explícita — el mecanismo se entiende solo.
Cuando se emiten los votos clave, la pregunta en el piso de la Cámara, de manera preocupante, a menudo no es ‘¿Qué es lo correcto para los Estados Unidos de América?’, sino ‘¿Cómo calificará AIPAC esto?’
— Brian Baird, exrepresentante demócrata por Washington
El exrepresentante Baird describió el sistema con una precisión incómoda: cualquier miembro del Congreso sabe que AIPAC está asociado indirectamente con cantidades significativas de gasto en campaña si estás con ellos — y cantidades significativas en tu contra si no lo estás. Una oscilación de cuatrocientos mil dólares en cada contienda.
De organización marginal a poder en la sombra
AIPAC no nació poderoso. Durante sus primeras décadas fue una organización relativamente modesta. El punto de inflexión llegó a mediados de los años setenta, durante la presidencia de Jimmy Carter, cuando el lobby comenzó a construir la infraestructura que lo convertiría en lo que es hoy.
Isaiah L. Kenen, ex empleado del Ministerio de Relaciones Exteriores de Israel, funda el Comité Sionista Estadounidense para Asuntos Públicos — el origen de AIPAC.
AIPAC logra su primera gran victoria: el presidente Gerald Ford rescinde su «reevaluación» de la política hacia Israel ante la oposición del Congreso. El lobby demuestra su poder por primera vez.
Thomas Dine se convierte en director ejecutivo y desarrolla la campaña de base. Construye caucus en cada distrito del Congreso. AIPAC se convierte en una máquina política.
Dos victorias decisivas: AIPAC derrota al representante Paul Findley por sus simpatías con la OLP, y contribuye a la derrota del senador Charles Percy, presidente del Comité de Relaciones Exteriores. El mensaje es claro: nadie está a salvo.
El presidente de AIPAC, David Steiner, es grabado alardeando de negociar nombramientos en la administración Clinton y obtener miles de millones en ayuda. Renuncia — pero sus palabras quedan grabadas.
Escándalo de espionaje: Lawrence Franklin, analista del Pentágono, se declara culpable de pasar secretos a funcionarios de AIPAC. Los cargos contra los empleados de AIPAC se retiran en 2009.
AIPAC forma su propio Super-PAC — United Democracy Project — y comienza a gastar decenas de millones directamente en primarias para derrotar a candidatos críticos con Israel. El lobby da el salto a la política electoral directa.
Financia a los dos. Quien gane, ya sabe
AIPAC se describe a sí misma como una organización bipartidista. Y técnicamente lo es — los proyectos de ley por los que cabildea siempre son patrocinados conjuntamente por un demócrata y un republicano. Su conferencia anual recibe a líderes de los dos partidos. En 2016 habló Hillary Clinton. También habló Donald Trump.
Pero el bipartidismo de AIPAC no es ideológico — es estratégico. No importa quién gane. Lo que importa es que quien gane haya recibido financiamiento de AIPAC, haya visitado Israel en un viaje pagado por su fundación, y sepa exactamente cómo puntúa el lobby sus votos.
No es republicano ni demócrata. Tiene despacho propio en el Capitolio — y quien gane las elecciones ya sabe que AIPAC estuvo ahí primero.
La fisura más reciente con el Partido Demócrata llegó cuando AIPAC respaldó a 37 miembros republicanos del Congreso que habían votado en contra de certificar la victoria de Biden en 2020. La decisión fue calificada de «moralmente en bancarrota» por Richard Haass, presidente del Consejo de Relaciones Exteriores, y de «triste error» por Abe Foxman, ex jefe de la Liga Antidifamación.
AIPAC lo defendió diciendo que «no era momento para que el movimiento pro-Israel se volviera selectivo con sus amigos». Traducción: no importa si apoyas la democracia americana. Importa si apoyas a Israel.
En 2022 se reveló que AIPAC canalizaba millones a través de United Democracy Project (UDP) — un grupo sustituto que no menciona su creación por parte de AIPAC. El UDP gastó 24 millones de dólares para derrotar a candidatos demócratas progresistas críticos con Israel. Entre sus financiadores: Paul Singer y Bernie Marcus, grandes donantes republicanos de la campaña de Trump.
Quiénes han dirigido el lobby desde 1962
AIPAC ha sido dirigido por empresarios, abogados y activistas comunitarios — todos con fuertes vínculos con la comunidad judía americana y con Israel. La lista de sus presidentes desde 1962 es un mapa del poder del lobby a lo largo de las décadas.
| Presidente | Período | Perfil |
|---|---|---|
| Robert Asher | 1962–1964 | Concesionario de luces en Chicago |
| Larry Weinberg | 1976–1982 | Agente inmobiliario en Los Ángeles y ex propietario de Portland Trail Blazers |
| Edward Levy Jr. | Hasta 1988 | Ejecutivo de edificios en Detroit |
| Mayer «Bubba» Mitchell | 1990–1992 | Desarrollador inmobiliario en Mobile, Alabama |
| David Steiner | Renunció 1992 | Ejecutivo de construcción y bienes raíces — renunció tras ser grabado |
| Steven Grossman | 1992–1996 | Ejecutivo de comunicaciones y presidente del Partido Demócrata |
| Melvin Dow | Desde 1996 | Abogado de Houston |
| Lonny Kaplan | 1998–2000 | Ejecutivo de seguros en Nueva Jersey |
| Tim Wuliger | Hasta 2001 | Inversionista de Cleveland |
| Amy Friedkin | 2002–2004 | Activista en organizaciones judías de base, San Francisco |
| Bernice Manocherian | 2004–2006 | Empresaria y filántropa |
| Howard Friedman | 2006–2010 | Empresario y líder comunitario |
| Lillian Pinkus | Desde 2016 | Empresaria y activista |
| Betsy Berns Korn | 2020–2024 | Ex vicepresidenta de AIPAC y ex empleada de la NFL |
| Bernie Kaminetsky | 2024–presente | Abogado y líder comunitario — actual presidente |
Lo que dicen quienes se atrevieron a decirlo
Las críticas a AIPAC no vienen de la izquierda antisistema. Vienen de ex embajadores, ex senadores, académicos de Harvard y Chicago, y hasta de figuras dentro de la propia comunidad judía americana que consideran que AIPAC no los representa.
AIPAC, un agente de facto de un gobierno extranjero, tiene un estrangulamiento en el Congreso, con el resultado de que la política estadounidense hacia Israel no se debate allí, aunque esa política tiene consecuencias importantes para todo el mundo.
— John Mearsheimer (U. de Chicago) y Stephen Walt (Harvard Kennedy School)
Como judío, me preocupa que un grupo pequeño tenga un poder desproporcionado. Creo que eso perjudica a todos, incluidos los judíos.
— Haim Katz, empresario judío neoyorquino que grabó al presidente de AIPAC en 1992
En 2020, la congresista Betty McCollum acusó a AIPAC de ser directamente un grupo de odio. El senador Bernie Sanders dijo que AIPAC «proporciona una plataforma para la intolerancia» y en 2023 afirmó que el lobby había evolucionado hacia un intento de «destruir» el movimiento progresista americano.
Incluso dentro de Israel hay voces críticas. Alon Tal, miembro de la Knesset, calificó de «escandalosos» los respaldos de AIPAC a los congresistas que votaron contra la certificación de Biden — señalando que ese tipo de posiciones dañan la relación entre Israel y los judíos americanos.
El exsenador William Fulbright y el ex alto funcionario de la CIA Victor Marchetti sostuvieron que AIPAC debería haberse registrado bajo la Ley de Registro de Agentes Extranjeros (FARA) — que exige que quienes actúan en nombre de un gobierno extranjero se registren como tales. AIPAC afirma que es un grupo de cabildeo americano financiado por donaciones privadas y que «no recibe asistencia financiera» de Israel. El debate sobre si eso es cierto sigue abierto.
Para cerrar
AIPAC no es una conspiración. Es un lobby perfectamente legal, perfectamente conocido y perfectamente efectivo. Eso es exactamente lo que lo hace interesante — y lo que lo hace difícil de discutir sin que alguien grite «antisemitismo».
Pero señalar cómo funciona un lobby no es odio hacia nadie. Es periodismo. Los mismos mecanismos que usa AIPAC — financiamiento de campañas, viajes pagados, puntuación de votos, grupos sustitutos — los usan la industria del petróleo, los fabricantes de armas y las farmacéuticas. La diferencia es que ninguno de ellos actúa en nombre de un gobierno extranjero específico.
Y ninguno de ellos logra que 344 miembros del Congreso voten en favor de una resolución sobre un informe que, según el propio Brian Baird, nunca habían leído — sobre un lugar donde nunca habían estado.
Eso es poder. No es un secreto. Es simplemente incómodo decirlo.
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☕ Invitame un caféFuentes principales: John Mearsheimer y Stephen Walt, The Israel Lobby and U.S. Foreign Policy (Farrar, Straus and Giroux, 2007). Connie Bruck, «AIPAC’s Moment», The New Yorker. Registros de OpenSecrets sobre donaciones de campaña. Registros del Departamento de Justicia sobre el caso Franklin.
Los datos sobre donaciones provienen de OpenSecrets, una organización no partidista de seguimiento de financiamiento político. Las declaraciones citadas están tomadas de registros públicos, artículos periodísticos y transcripciones de declaraciones en el Congreso.
Este artículo tiene propósito periodístico e informativo. El análisis del funcionamiento de un lobby no implica ningún juicio sobre las personas o comunidades asociadas a él.
