Zeev Jabotinsky: El hombre que diseñó a Israel

Zeev Jabotinsky — El hombre que diseñó a Israel · Bastión
Historia · Sionismo

Zeev Jabotinsky
El hombre que diseñó a Israel

Más de cien años después de El muro de hierro, el ideólogo que fue repudiado en su época es hoy el padre intelectual del Israel que existe.

Bastión  ·  Setiembre 2026

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Documento histórico El muro de hierro — Ze’ev Jabotinsky (1923) · Traducción al español
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Odesa, 1905.

Una ciudad que arde. Bandas armadas recorren los barrios judíos durante tres días seguidos. Matan, violan, saquean. Cuando termina el pogrom, hay más de cuatrocientos muertos y miles de familias destruidas. Las autoridades zaristas no solo no intervienen: algunos oficiales participan.

Entre los que contemplan el horror hay un joven de veinticinco años, periodista, orador brillante, que ya entonces escribe en cuatro idiomas. Se llama Vladimir Jabotinsky, aunque la historia lo recordará como Zeev.

Ese pogrom no lo quiebra. Lo convierte. A partir de ese momento, Jabotinsky dedicará toda su inteligencia y toda su vida a una sola idea: los judíos necesitan un Estado propio, y ese Estado solo puede nacer y sobrevivir si tiene una fuerza militar capaz de imponerse.

Murió en 1940. Nunca vio el Estado que imaginó. Pero el Israel de hoy —el Israel de Netanyahu y el Likud— es en buena medida su creación.

El pensador

El único que supo ver lo que venía

Jabotinsky fue muchas cosas: periodista, novelista, poeta, orador, político, militar. Pero sobre todo fue un ideólogo. Y los ideólogos peligrosos son los que tienen razón en algo fundamental.

Su gran acierto, el que lo separa del resto del movimiento sionista, fue este: entendió que los árabes palestinos no aceptarían jamás la colonización de manera voluntaria. Mientras los líderes sionistas de izquierda encabezados por David Ben Gurión creían que los palestinos acabarían por aceptar la presencia judía al ver los beneficios materiales —mejores caminos, hospitales, comercio—, Jabotinsky los miraba con incredulidad.

«Intentan convencernos de que los árabes son tontos a los que podemos engañar enmascarando nuestros verdaderos objetivos. Los consideran una turba corrupta dispuesta a renunciar a su patria por un buen sistema ferroviario.»

Para Jabotinsky eso era un insulto disfrazado de optimismo. Los árabes no eran tontos ni corruptos. Eran un pueblo con el mismo apego instintivo a su tierra que cualquier otro pueblo del mundo, y resistirían exactamente como resiste cualquier población nativa ante cualquier proceso de colonización: hasta el final, mientras tuvieran esperanza.

La conclusión que sacó de esta premisa es lo que lo hace tan incómodo: si el acuerdo voluntario es imposible, el Estado judío solo puede crearse por la fuerza. Detrás de un muro de hierro sostenido por una superpotencia exterior, hasta que los palestinos pierdan toda esperanza y acepten negociar en términos de igualdad.

Era una visión fría, despiadada en su honestidad. Pero era coherente.


El organizador

La Legión, la Haganá y el nacimiento del sionismo revisionista

Las ideas de Jabotinsky no se quedaron en el papel. Durante la Primera Guerra Mundial convenció al ejército británico de crear una Legión Judía que combatió en Palestina y ayudó a expulsar al Imperio otomano. Era la primera vez en dos mil años que judíos combatían bajo una bandera propia. Para Jabotinsky ese momento tenía un valor casi mítico: la prueba de que un pueblo disperso podía volver a actuar como nación.

Ante la violencia creciente entre árabes y judíos bajo el Mandato británico, fue uno de los fundadores de la Haganá, la primera organización judía de autodefensa en el territorio. Pero su relación con la Haganá no duró: era demasiado moderada para él.

En 1923 rompió con la corriente general del sionismo y fundó el sionismo revisionista. El nombre lo dice todo: quería revisar, corregir, endurecer. Su proyecto era un Estado judío liberal, democrático y rabiosamente militarizado, en ambas orillas del río Jordán.

Betar e Italia fascista

Para construir su proyecto, Jabotinsky fundó en Riga una organización juvenil paramilitar llamada Betar: uniformes, jerarquía, disciplina, entrenamiento militar. Admiraba, con incomodidad intelectual pero sin hipocresía, la eficacia organizativa del fascismo italiano. En 1934 llegó a fundar una Academia Naval de Betar en territorio de Mussolini, con el beneplácito del Duce.

Era consciente de la contradicción. Creía en la democracia liberal. Pero también creía que un pueblo disperso y perseguido solo podía construir un Estado si aprendía a funcionar con una voluntad colectiva única. Uniformes, saludos, incluso la noción de «voluntad nacional» venían de esa fuente incómoda.

La izquierda sionista no le creyó. Lo llamaron fascista, burgués, militarista. La tensión fue creciendo hasta que en 1931 la Haganá se dividió. La fracción que siguió a Jabotinsky fundó el Irgún.


El Irgún y la sangre

De la teoría a Deir Yassin

El Irgún fue, sin eufemismos, una organización terrorista. Atacaba a la población árabe, atacaba al ejército británico, ponía bombas. Su lógica era la del muro de hierro llevada a su expresión más cruda: la resistencia árabe y la presencia británica debían ser enfrentadas con violencia organizada, porque ninguna de las dos cedería ante palabras.

Deir Yassin, abril de 1948

Combatientes del Irgún, junto con otra milicia, atacaron la aldea palestina de Deir Yassin. Murieron más de cien civiles, incluyendo mujeres y niños. La masacre se difundió por toda Palestina y fue uno de los detonantes del éxodo masivo que los palestinos llaman la Nakba: la catástrofe. Aproximadamente 750.000 personas huyeron o fueron expulsadas.

Jabotinsky ya estaba muerto cuando ocurrió. Murió de un infarto en Nueva York en agosto de 1940, a los sesenta años, sin haber pisado Palestina en casi dos décadas: los británicos le habían prohibido el regreso tras uno de sus viajes al exterior.

Pero el hombre que lideró el Irgún en 1948 era uno de sus discípulos más directos: Menájem Begin, ex jefe de Betar en Polonia.

En 1964, cuando los restos de Jabotinsky fueron trasladados a Israel, Begin estuvo en el entierro. Tomó una espada dorada del ataúd y declaró ante las cámaras: «He aquí la espada santificada a Israel del primer soldado de Judea.»

Trece años después, en 1977, Menájem Begin ganó las elecciones al frente del Likud. Era la primera vez que la derecha sionista llegaba al poder. El Israel de Ben Gurión, el Israel socialista de los kibbutz, cedía terreno al Israel que Jabotinsky había imaginado.


El legado

El Israel que imaginó, y el que no reconocería

1948

Nace el Estado de Israel. Ben Gurión proclama la independencia. El sionismo socialista toma el poder.

1977

El Likud gana por primera vez. El sionismo revisionista —heredero de Jabotinsky— llega al gobierno y no lo soltará.

2009

Benjamin Netanyahu inicia lo que será un gobierno casi ininterrumpido. El neoliberalismo ha reemplazado al socialismo. Los asentamientos en Cisjordania avanzan. El muro de hierro es ahora la protección de Estados Unidos, que provee el 69% de las importaciones de armas israelíes.

El Israel que existe hoy se parece mucho más a Jabotinsky que a Ben Gurión: militarizado, liberal en lo económico, con una presencia territorial creciente en Cisjordania. La línea que va de Jabotinsky a Begin a Netanyahu es real y trazable.

Pero aquí aparece la paradoja más perturbadora.

Lo que Jabotinsky defendió · Lo que el Likud hace

Jabotinsky

Feminista convencido. Defendió el voto femenino y denunció los abusos sexuales de patrones a empleadas.

Likud hoy

Gobierna con Noam, partido que considera el rol de las mujeres puramente doméstico y criminaliza la identidad LGBTI.

Jabotinsky

Separación estricta entre religión y Estado. Veía el judaísmo rabínico como un «yugo desgastado».

Likud hoy

Ha ampliado los poderes del Gran Rabinato, aumentado los presupuestos ultraortodoxos y blindado sus instituciones contra la supervisión estatal.

Jabotinsky

«Democracia significa libertad», escribió en 1938. Consideraba inconcebible expulsar a los ciudadanos árabes del Estado judío.

Likud hoy

Intentó en 2023 una reforma judicial que habría subordinado el Tribunal Supremo al poder político. Miembros del gobierno han abogado por la expulsión de ciudadanos árabes.

Jabotinsky no se reconocería en el gobierno que dice representar su legado. Según el analista Nir Reisler, el Likud ha derivado en «un grupo populista antiliberal con un tono cada vez más tradicional-religioso». El padre intelectual era otra cosa.

Jabotinsky fue un pensador de una lucidez perturbadora. Vio lo que otros no quisieron ver, dijo lo que otros no se atrevieron a decir, y construyó las instituciones que eventualmente tomaron el poder en Israel.

Pero cometió el error clásico de todo ideólogo: creyó que podía controlar lo que iba a crecer de sus ideas. Que el militarismo quedaría contenido por el liberalismo. Que el muro de hierro sería un medio, no un fin en sí mismo.

Cien años después, el muro sigue en pie. Más alto, más sofisticado y más letal que cualquier cosa que Jabotinsky imaginó. Pero algo de lo que él consideraba esencial —la igualdad, el liberalismo, la coexistencia como horizonte— lleva décadas siendo demolido desde adentro.


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