Hombre con bigote, aspecto cansado, frente a pared deteriorada.

Khalid Sheikh Mohammed: 23 años sin juicio

2003-2026 — Guantánamo, Cuba

Khalid Sheikh Mohammed: 23 años sin juicio

El propio cerebro de los atentados confesó «de la A a la Z» ante un tribunal militar. Esa confesión ya no vale: la obtuvieron bajo tortura. El juicio recién está fijado para 2028 —y muchos abogados creen que ni siquiera eso va a pasar.

En esta investigación
  1. Dos décadas después, todavía sin juicio
  2. Quién es, y cómo llegó a Guantánamo
  3. La confesión que ya no sirve como prueba
  4. Lo que sí confesó, en sus propias palabras
  5. El intento fallido de juzgarlo en Nueva York
  6. El acuerdo de culpabilidad que se desmoronó
  7. Por qué la tortura contaminó todo el proceso
  8. El limbo legal de Guantánamo como territorio
  9. Lo que dicen los abogados, de los dos lados
  10. La voz de las víctimas

Dos décadas después de que las autoridades estadounidenses encerraran a Khalid Sheikh Mohammed en un centro de detención militar en Cuba, el presunto autor intelectual de los atentados del 11 de septiembre no parece estar mucho más cerca de ser llevado a juicio que el día en que llegó.

Dos décadas después, todavía sin juicio

Mohammed fue trasladado oficialmente a la base militar de Guantánamo el 5 de septiembre de 2006, tras pasar más de tres años en prisiones secretas de la CIA en el extranjero. Más de un cuarto de siglo después del ataque, si no hay nuevas dilaciones, será juzgado ahí junto a otros cuatro acusados, ante una comisión militar. El juicio está fijado para el 5 de junio de 2028. Mohammed se enfrenta a una posible pena de muerte —con Osama Bin Laden muerto, recae sobre él la responsabilidad máxima por el asesinato de casi 3.000 personas—.

Quién es, y cómo llegó a Guantánamo

Mohammed, de 61 años, nació en Kuwait y se recibió de ingeniero mecánico en la universidad A&T de California en 1986. Se fue a Afganistán a combatir contra los soviéticos, y desde ahí participó en la organización de varios complots contra intereses estadounidenses e israelíes. Al momento del ataque del 11-S era el jefe militar de Al Qaeda —le había llevado la idea del secuestro de aviones y los objetivos a Bin Laden, que aceptó la propuesta y la financió—. Es hoy el único alto mando de esa organización que sigue con vida.

Lo atrapó la inteligencia paquistaní en Rawalpindi en 2003, y desde ahí transitó por al menos seis «sitios negros» de la CIA —cárceles clandestinas que la inteligencia estadounidense dispuso en el extranjero—. Allí fue sometido a simulacros de ahogamiento, privación del sueño, golpes y otros tipos de tortura: un informe del Senado de Estados Unidos documentó, específicamente, 183 sesiones de waterboarding.

La confesión que ya no sirve como prueba

Mohammed confesó haber sido responsable de la planificación del atentado contra el World Trade Center «de la A a la Z» frente a un tribunal militar. Pero ni esa confesión ni las anteriores podrán usarse en el juicio por parte de la acusación.

El fallo que anuló las pruebas centrales

El juez militar Michael Schrama determinó el 26 de agosto de 2026 que los testimonios de Mohammed son nulos. Los primeros, porque se obtuvieron bajo tortura en los sitios negros de la CIA. Y agregó que tampoco puede afirmarse que su declaración en Guantánamo haya sido voluntaria, más allá de que Mohammed jurara no estar «bajo coerción» —Schrama notó, además, que nunca se le leyeron sus derechos ni se le informó que podía no declarar—.

Como consecuencia, las pruebas contra él se reducen hoy a documentos, llamadas telefónicas y otra información de inteligencia —pero no a su propia confesión—.

«Hemos destinado dos décadas a poner en un juicio a los acusados de crímenes de guerra que al mismo tiempo fueron víctimas de crímenes de guerra perpetrados por Estados Unidos, y hasta ahora no hemos encontrado la forma.» David JR Frakt, teniente coronel de la Fuerza Aérea, exabogado en Guantánamo
«Hay una máxima del derecho que dice: ‘justicia que tarda es justicia denegada’. La demora sin precedentes en llevar este caso a juicio le niega justicia a las víctimas del 11 de septiembre. Es prácticamente inconcebible que casi haya pasado un cuarto de siglo desde el ataque sin que ninguno de los acusados haya sido juzgado.» David JR Frakt

Lo que sí confesó, en sus propias palabras

En Guantánamo, Mohammed enumeró 31 actos terroristas que planeó, financió, y en algunos casos ejecutó personalmente. Diseñó, además, un plan para atacar más rascacielos después del propio 11-S —la Library Tower en California, la Sears Tower en Chicago, el Plaza Bank en Washington State, y el Empire State Building en Nueva York—, a sabiendas de que la seguridad ya sería mucho mayor tras los primeros atentados.

«Yo degollé con mi mano derecha al judío americano Daniel Pearl. Para todas aquellas personas que desean confirmarlo hay fotos mías con su cabeza en internet.» Khalid Sheikh Mohammed, sobre el asesinato del periodista Daniel Pearl en Karachi

Otros actos que reconoció:

— Un intento de asesinato contra Bill Clinton en 1996, mantenido en secreto por muchos años, con un artefacto explosivo colocado en un puente durante una gira presidencial por Filipinas.

— Responsabilidad compartida en un intento de asesinato contra el Papa Juan Pablo II, también en Filipinas.

— El atentado contra el World Trade Center en 1993, ejecutado por su propio sobrino, Ramzi Yousef —quien hoy cumple cadena perpetua en una cárcel de Colorado—, con una camioneta cargada con 600 kilos de explosivos que mató a seis personas y dejó más de mil heridos, sin lograr el colapso de la torre que buscaban.

El intento fallido de juzgarlo en Nueva York

En 2009 pareció, por un tiempo, que Mohammed viajaría a Nueva York: el entonces fiscal general Eric Holder anunció planes para juzgarlo a él y a otros cuatro acusados en un tribunal civil de Manhattan, a pocas cuadras de donde estaba el World Trade Center. El entonces presidente Barack Obama —que había prometido cerrar Guantánamo— dijo que Mohammed enfrentaría «las exigencias más rigurosas de la justicia».

Por qué se cayó la idea

La oposición surgió casi de inmediato: algunos críticos temían que Mohammed usara el juicio como plataforma para difundir discursos de odio contra Estados Unidos y sus aliados; otros citaron preocupaciones de seguridad, temiendo que volviera a convertir a Nueva York en un blanco terrorista. El entonces alcalde republicano Rudy Giuliani calificó el plan de imprudente, diciendo que mostraba «una falta de preocupación por los derechos del público».

El acuerdo de culpabilidad que se desmoronó

Un acuerdo que habría mantenido a Mohammed encarcelado de por vida, pero librándolo de una posible ejecución, empezó a desmoronarse poco después de anunciarse en 2024, y terminó descartado de forma definitiva el año pasado.

«Todo está contaminado por la política y la falta de rendición de cuentas por la tortura.» Joshua Dratel, abogado que ayudó a garantizar la representación legal de Mohammed

Por qué la tortura contaminó todo el proceso

El fallo de agosto de 2026 determinó que los fiscales no podían usar tampoco una supuesta confesión que Mohammed hizo al FBI en 2007 —esas declaraciones se consideraron igualmente contaminadas, porque él había sido sometido en el extranjero a «técnicas de interrogatorio reforzadas»—.

El origen legal de esas técnicas

El memorándum de la administración Bush del 17 de septiembre de 2001 autorizó las «técnicas de interrogatorio mejorado» de la CIA, y le dio a la agencia luz verde para capturar a personas consideradas una amenaza continua y grave contra intereses estadounidenses. Esa autorización derivó en el programa RDI (detención, interrogatorio y traslado), con instalaciones de detención de la CIA en distintos países. Los sitios negros y esas técnicas fueron finalmente rechazados por la Corte Suprema de Estados Unidos —lo que empujó a las sucesivas administraciones a buscar vías alternativas para juzgar «con menos derechos» a los detenidos—.

Aunque el fallo fue un golpe duro para la fiscalía, el gobierno de Estados Unidos decidió no apelarlo, en parte porque una apelación podría haber retrasado todavía más un eventual juicio.

El limbo legal de Guantánamo como territorio

Por qué podría quedar detenido de por vida, aun sin condena

Si Mohammed no recibe la pena de muerte, igual podría permanecer detenido indefinidamente. La razón es puramente territorial: Guantánamo está controlada por Estados Unidos, pero la soberanía de ese territorio pertenece a Cuba —un estatus legal que queda, literalmente, en un limbo, y que permite mantener detenciones por fuera del marco jurídico habitual de cualquiera de los dos países—.

Lo que dicen los abogados, de los dos lados

David JR Frakt, graduado con honores de Harvard, considera que la evidencia disponible sigue siendo suficiente pese a la exclusión de las confesiones.

«Si Khalid Sheikh Mohammed se para frente al estrado y niega su involucramiento, entonces tal vez debería admitirse como prueba para determinar la credibilidad del testigo. Aunque no creo que ninguno de los acusados, pero en especial Khalid Sheikh Mohammed, lo nieguen. Espero que sea sentenciado y que reciba pena de muerte.» David JR Frakt

David Nevin, quien fuera representante legal de Mohammed durante muchos años, sostiene en cambio que el juicio entero debería anularse por un tecnicismo legal de fondo.

«Él no está siendo acusado por ser el ideólogo del ataque del 11 de septiembre, está siendo juzgado por violaciones a la ley de la guerra, y no hubo ninguna guerra el 11 de septiembre.» David Nevin, exabogado defensor de Mohammed

Varios abogados van más allá, y directamente pronostican que el juicio jamás va a ocurrir —ni en 2028, ni en ningún otro año—, porque el laberinto legal generado por la tortura de 2003 es, según sostienen, demasiado enrevesado como para desenredarse alguna vez.

La voz de las víctimas

Terry Strada, cuyo esposo Tom murió en el World Trade Center el 11 de septiembre, sigue esperando, junto a otros familiares, que algún día se celebre el juicio.

«De verdad queremos ver que esto llegue a su fin en algún momento. Queremos ver que se haga justicia. Es igual de importante que hace 25 años.» Terry Strada, presidenta nacional de 9/11 Families United

Strada, sin embargo, es categórica en un punto: prefiere que Mohammed permanezca en Guantánamo indefinidamente antes que aceptar cualquier resolución que elimine la pena de muerte como posibilidad.

«Se ajusta al crimen y evitaría que eso ocurriera alguna vez. Y eso es importante para mí.» Terry Strada, sobre por qué insiste en la pena de muerte

Le preocupa, específicamente, que si Mohammed no es ejecutado, futuros líderes estadounidenses puedan sentirse tentados a canjearlo algún día por ciudadanos de EE.UU. retenidos como prisioneros en otras partes del mundo.

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