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Discurso completo de Islandia ante la ONU
Transcripción completa del discurso pronunciado el 26 de septiembre de 2026.
Señora Presidenta, Excelencias, amigos.
Las Naciones Unidas nació de una enseñanza de la historia: la guerra de 1945, y también hay que entender que, si bien un país se puede decidir por sí solo, no puede controlar las consecuencias que serían de sus decisiones. Vivimos en incertidumbre, los conflictos se multiplican, y se trata cada vez más a las instituciones y a las reglas del sistema internacional como limitaciones obsoletas.
Pero las Naciones Unidas se construyeron justamente para responder al período de incertidumbre, para poder responder a un mundo impredecible, y para evitar que los conflictos desemboquen en catástrofes. La tarea que nos incumbe como generación que somos es preservar las instituciones que fueron construidas por quienes nos precedieron, pero también recordar la sabiduría que tanto costó conseguir de la que dependen. La sabiduría, y las Naciones Unidas que la representan, sufren mucha presión. Señora Presidenta, se celebra 80 aniversario de nuestra adhesión a las Naciones Unidas como pequeño Estado que somos.
Contamos con los mismos derechos a protección y derecho a hacer nuestra voz que otros países más grandes, y esto es más importante que nunca. A pesar de sus flaquezas, las Naciones Unidas ha tenido su vigencia y la sigue teniendo. Las operaciones de mantenimiento y consolidación de la paz han permitido evitar y contener conflictos en el mundo. La Declaración Universal de Derechos Humanos transforma nuestra comprensión de la dignidad humana.
La Convención sobre el Derecho del Mar se transformó en la Constitución de los Océanos de la que dependen países como el mío, y ahora esto se ha visto reforzado por el Acuerdo de Bene Ghota. La Corte Internacional de Justicia ha permitido a los países resolver controversias por medios pacíficos, gracias a la ley, y no por la fuerza. Luego, la Corte Penal Internacional se estableció para garantizar que rindan cuentas los perpetradores de los crímenes más serios. Las Naciones Unidas han permitido que avance la cuestión de la paridad de género y de luchar contra el racismo.
La discriminación ha prestado asistencia humanitaria, ha ayudado a los países a construir sociedades más prósperas y seguras. Ahora bien, la lealtad para con las Naciones Unidas no puede pasar por pretender que todo funciona. La burocracia puede volverse pesada, las decisiones verse ralentizadas, y las decisiones ser fragmentadas. El Consejo de Seguridad, que tiene la responsabilidad de mantener la paz y la seguridad internacionales, con frecuencia se ha encontrado en una parálisis cuando tenía que actuar.
El veto, en muchos casos, ha permitido escudarse de intervenir, en lugar de ser una herramienta para mantener la paz. Así que sí, efectivamente, hay que reformar a las Naciones Unidas. Ahora bien, Islandia está a favor del proceso de reforma ONU 80. Las Naciones Unidas tienen que utilizar sus recursos de forma efectiva, y tienen que poder responder rápidamente cuando las personas la necesitan.
Las Naciones Unidas tienen que cumplir para todos. El desafío aún mayor que tenemos que encarar es político. La fortaleza de las Naciones Unidas depende de nuestra voluntad de respetar los principios y la sabiduría que llevaron al establecimiento de la organización. Señora Presidenta, las reglas más básicas de vínculos internacionales están siendo puestas a prueba.
¿Por qué? Porque los gobiernos las aplican de forma selectiva. Es decir, el derecho internacional rige hasta que se vuelve un estorbo. ¿Y la soberanía es sagrada?
Hasta tanto el territorio de otro se interpone a nuestras ambiciones. No podemos construir cortes y encomiarlas cuando enjuician a nuestros enemigos, pero no estar de acuerdo cuando lo hacen en contra de nuestros amigos. Para los Estados pequeños, esto es una cuestión existencial. No es solo una cuestión de principio, para nada.
La guerra brutal de Rusia contra Ucrania es un ejemplo clarísimo. Rusia invadió un vecino soberano, tratando de mover las fronteras por la fuerza y tratando de determinar su futuro. Los ucranianos están pagando un precio muy alto. Detrás de cada baja hay una persona que era querida.
La postura de Islandia es muy clara: Ucrania tiene derecho a defenderse, y tiene derecho a la integridad territorial, a la soberanía y a darle una solución pacífica, partiendo de lo dispuesto por el derecho internacional. Nuestro apoyo a Ucrania es defender principios, aquellos de los que depende la seguridad de todos nuestros países. No hay país que pueda decidir del diseño de otro. Y este principio debe aplicarse por doquier, incluido en Oriente Medio.
En Gaza seguimos atestiguando violaciones reiteradas del alto el fuego, así como también el sufrimiento continuado de la población civil, a pesar de la adopción del plan de paz de 20 etapas y de la resolución 28/03 del Consejo de Seguridad. El sufrimiento del pueblo palestino no puede ser un ruido de fondo. Los niños siguen resultando muertos, las familias pierden sus hogares, los padres intentan mantener a sus hijos con vida, una y otra vez. No podemos aceptar que Gaza sea arrasada y reconstruida cuando la causa raigal de fondo queda irresuelta.
Las actividades de asentamiento siguen adelante. Los palestinos se topan con la violencia de los colonos, habilitados por políticas permisivas y discursos inflamatorios. Nos sumamos a otros 11 países para imponer restricciones comerciales para con los asentamientos que son ilícitos contra el derecho internacional. Nuestro objetivo es claro: un Estado palestino viable, junto con Israel, para que los pueblos puedan vivir con seguridad, dignidad y paz.
Hemos oído que desde estas tribunas se profería la expresión «cobardes morales». Y para mí, esos son los que rechazan sentarse a negociar, los líderes del mundo que rechazan sentarse a negociar la paz duradera, aquellos líderes que niegan el acceso a la asistencia humanitaria para los que la necesitan. Los «cobardes morales» son los que una y otra vez conculcan el derecho internacional. Señora Presidenta, no podemos permitir que los horrores de Ucrania y de Oriente Medio dejen a otra crisis invisible.
En Sudán, años de guerra han llevado a atrocidades, violaciones del DIH, así como también crisis humanitaria, como nos han recordado algunos. Sudán adolece de falta de intervención, y esto pueden ser crímenes de lesa humanidad y crímenes de guerra. No pueden recibir como respuesta la indiferencia. Tenemos que garantizar que se rindan cuentas por los crímenes más serios.
Por eso, la rendición de cuentas importa, y también el respeto del derecho internacional más allá del campo de batalla. Lo quiero dejar muy claro: Islandia respalda a la Corte Penal Internacional. La obstrucción del paso por el estrecho de Ormuz y Bab el Manas repercute no solo a la región, sino a los mercados de suministro de energía mundiales y también de la seguridad alimentaria. La libertad de navegación que se codifica en la Convención no es optativa para todos los países que dependen del mar.
La libertad de navegación es fundamental. Señora Presidenta, han transcurrido 75 años desde la Convención de 1951, y esperábamos que cada vez hubiera que recurrir a ella cada vez menos. Sin embargo, los desplazamientos forzados y las crisis humanitarias han llegado a niveles sin precedentes. Los conflictos, la pobreza, las sequías y los desastres naturales, así como también las crecientes consecuencias del cambio climático, están forzando a muchas personas a dejar sus hogares.
A través de la cooperación para el desarrollo y la asistencia humanitaria, estamos invirtiendo en estabilidad, en resiliencia y en paz. Pero esto no significa hacer caridad cuando los tiempos son pacíficos o buenos. No podemos permitir que las crisis de hoy hagan que nos lancemos los ODS. Islandia no lo va a permitir.
Tampoco podemos olvidar todo lo que se ha hecho en materia de libertad económica. Quizás el mayor regalo de la humanidad es la capacidad que tenemos de crear, de crear algo que no existe y darlo a luz. La creatividad es universal. La diferencia está en si se le da o no capacidad para que exista.
Los mercados abiertos le han permitido a las personas crear, intercambiar, tomar riesgos y crear una vida mejor para ellos y también para los demás. Señora Presidenta, hay otra batalla que estamos librando respecto a qué tipo de sociedad queremos hacer. En el mundo entero, el autoritarismo, así como también el extremismo político, van ganando terreno. Vemos que se toma por blanco a las instituciones democráticas, los medios de comunicación independientes, la ciencia y también incluso los hechos en los debates públicos.
En muchas ocasiones, estos grupos toman por blanco los derechos de supuestamente aquellos que importan menos: las mujeres, la comunidad LGTBQ+, las minorías, los migrantes, aquellos que no se ven como la mayoría o aquellos que tienen otra forma de vivir o de amar. No estamos hablando de grupos abstractos. Son nuestros hijos y nuestras hijas, nuestros amigos y amigas, nuestros vecinos y vecinas, nuestros colegas. Me preocupa muchísimo la situación en relación con la paridad de género y los derechos de la comunidad LGBTQI en mi propia región, Europa.
Estamos viendo un retroceso. Se dice que la igualdad ha ido muy lejos, que la diversidad ha llegado muy lejos, que algunos que exigen libertad simplemente son una amenaza para la libertad de otros. Rechazo esto tajantemente. Los derechos humanos no son un juego en el que la suma nos da cero.
Que una mujer tenga derechos en pie de igualdad no le quita los derechos al hombre. Permitir que una persona LGTBQI pueda vivir libremente no incide en la libertad de otros, sino lo contrario. Tendríamos que ser muy cuidadosos cuando los gobiernos empiezan a decirnos que la existencia de tal o cual persona es una amenaza para la sociedad. La historia nos ha demostrado a dónde nos puede llevar esto.
Y quiero dejar algo muy claro: Islandia no va a permitir que otros definan nuestros valores o nos digan el lenguaje que podemos usar o no, ni si podemos defender nuestros derechos humanos. Las sociedades libres son más fuertes cuando las personas pueden ser sí mismas. Y justamente, una sociedad que priva a las personas de su dignidad terminará socavando la democracia. De hecho, esta situación llega a un extremo en Afganistán, donde las mujeres y las niñas han sido barridas sistemáticamente de la vida pública.
Se les deniega el derecho a la educación a las niñas. A las mujeres también se ven denegadas sus libertades más básicas. Para mí, esto no se puede describir de otra manera que no sea un apartheid de género. En lo que hace al Consejo de Derechos Humanos, hemos intentado predicar con el ejemplo desde Irán a Afganistán para que se rindan cuentas también de las violaciones en Sudán.
A lo largo de nuestro mandato en el Consejo, Islandia va a trabajar en pos de la igualdad de género, los derechos de la comunidad LGBTQI+, los derechos de la infancia, de la juventud y el vínculo entre derechos humanos y medio ambiente. Los derechos humanos no les pertenecen a un puñado. Son universales. Señor Presidente, el compromiso con los hechos y la responsabilidad debe orientarnos en cómo enfrentamos el cambio climático.
Los líderes que deniegan o tergiversan la ciencia deberían explicarle a las comunidades isleñas que están viendo cómo sube el nivel del mar alrededor suyo, a las familias que pierden sus tierras o sus medios de sustento a causa de la erosión o de las sequías, como es el caso en el Sahel. En Islandia, podemos ver estos cambios en nuestra propia región, en el Ártico, el aumento de las temperaturas, el retroceso de la masa de hielo. Ya está repercutiendo en los ecosistemas, así como también en las vidas de las comunidades de nuestra región. El cambio climático no es una cuestión de ideología.
Hay millones de personas que ya sienten las consecuencias. Así que lo tenemos que abordar y resolver, no hacer la vista gorda. No podemos tampoco dejar de lado otra transformación en curso en nuestra sociedad: la cuestión de la inteligencia artificial. Es una revolución que está cambiando la forma en la que trabajamos, en la que nos comunicamos y recibimos información.
También hace que otros puedan convencernos de una realidad que en realidad son infundios o manipular el debate público. La libertad de expresión es un derecho fundamental que tenemos que defender. Y esto no pasa por la posibilidad de los Estados, ni tampoco dejar que otros difundan infundios o manipulen los procesos democráticos. Los gobiernos, los científicos, las empresas tienen que cooperar para que podamos aprovechar de los riesgos de la IA, pero también tratar sus riesgos.
En momentos difíciles, la nostalgia nos hace imaginar que el mundo era antes más seguro, pero no es el caso. Después de la Guerra Fría tuvo lugar el genocidio en Ruanda, también guerras horrendas en la ex Yugoslavia, en Congo, el surgimiento del terrorismo internacional y también las guerras civiles devastadoras. Hace 25 años exactamente tuvieron lugar los ataques terroristas, los atentados en los Estados Unidos de América, lo cual cambió al mundo de forma muy marcada. Treinta años atrás, el TNP fue establecido y la amenaza de proliferación nuclear, sin embargo, sigue siendo una realidad.
Lo que nos delimita del pasado fue la forma en la que respondimos. Los países se aunaron, establecieron instituciones, negociaron tratados, crearon el Consejo de Derechos Humanos, la OCHA, la CPI, ONU Mujeres, etcétera. Esto también permitió que se tomara en cuenta la mujer, la paz y la seguridad en el seno del Consejo de Seguridad. Y nada de todo esto ocurrió por sí solo, sino fue porque los líderes decidieron cooperar en lugar de retirarse.
El siguiente Secretario general de las Naciones Unidas tendrá que proseguir con la reforma de la organización y tendrá que tomar decisiones muy difíciles. Esto exigirá valentía de parte de la Secretaria General. Sí, la Secretaria General. Nuestra postura es clarísima.
Y también lo serán las decisiones que tengan los Estados miembros en este salón. Tenemos que decidir si vamos solo a defender, si no vamos a defender la ley cuando no nos conviene, si vamos a defender los derechos de las personas que no son nuestros ciudadanos, si vamos a proteger o respetar un sistema incluso cuando no obtengamos el resultado que queremos. Justamente esto es lo que pondrá a prueba nuestro compromiso con el multilateralismo, no lo que digamos cuando las reglas van en nuestra dirección, sino lo que digamos cuando no sea el caso. Para Islandia es muy clara la situación.
Vamos a elegir el derecho internacional por sobre la obediencia selectiva, la rendición de cuentas por sobre la impunidad, la cooperación por sobre el aislamiento, la dignidad humana, por sobre la división. La generación que estableció las Naciones Unidas vio de primera mano lo que podía ocurrir cuando nada cercena al poder. La carta, el derecho internacional y las instituciones que se establecieron a la postre fueron una respuesta. Y en este sentido, las Naciones Unidas es un regalo de una generación que aprendió una lección pagando un costo altísimo.
Ahora lo que tenemos que tener es la valentía de recordarlo. Muchas gracias.
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