El 30 de enero de 1933, Adolf Hitler fue nombrado Canciller de Alemania. En cuestión de semanas, el régimen nazi comenzó su escalada de persecución contra comunistas, socialdemócratas y judíos. El incendio del Reichstag en febrero sirvió como pretexto para la proscripción del Partido Comunista, y en marzo la «Ley Habilitante» otorgó poderes dictatoriales a Hitler, completando el golpe de Estado contra la República de Weimar.
Para los aproximadamente 525.000 judíos que vivían en Alemania, la situación se tornaba cada vez más peligrosa. Las restricciones legales, la violencia callejera y el boicot a negocios judíos marcaban el inicio de lo que culminaría en el Holocausto. En este contexto desesperado, surgió una de las negociaciones más controvertidas de la historia: el Acuerdo Haavara.
¿Qué fue el Acuerdo Haavara?
El 25 de agosto de 1933, tras tres meses de negociaciones, se firmó el Acuerdo Haavara (del hebreo העברה, «transferencia»). Los firmantes fueron la Federación Sionista de Alemania, el Anglo-Palestine Bank (bajo directiva de la Agencia Judía) y las autoridades económicas del régimen nazi.
El mecanismo
El acuerdo funcionaba así: los judíos que deseaban emigrar a Palestina depositaban sus activos en cuentas especiales en Alemania. Ese dinero se usaba para comprar bienes manufacturados alemanes, que luego se exportaban a Palestina. Una vez allí, los emigrantes recibían el equivalente en libras palestinas, recuperando así parte de su patrimonio.
El requisito de entrada era tener al menos 1.000 libras esterlinas (aproximadamente 5.000 dólares de la época), lo que limitaba el acceso principalmente a judíos de clase media y alta. Esto generó críticas de que el acuerdo «rescataba capitales, no vidas».
Los números
Entre 1933 y 1939, aproximadamente 60.000 judíos alemanes emigraron a Palestina bajo este acuerdo. El valor total de las transferencias alcanzó unos 105 millones de Reichsmarks (aproximadamente 35 millones de dólares de 1939). Esto representó un mercado de exportación sustancial para la industria alemana y un flujo importante de capital e inmigrantes para el Yishuv (la comunidad judía en Palestina).
Las motivaciones de cada parte
Para la Alemania nazi
El régimen nazi tenía varios objetivos: primero, fomentar la emigración judía como parte de su política de «limpieza» étnica. Segundo, romper el boicot internacional contra productos alemanes que organizaciones judías habían impulsado desde marzo de 1933. Tercero, obtener divisas y mercados de exportación para su economía en dificultades.
Para los sionistas
Los líderes sionistas que promovieron el acuerdo lo veían como una forma pragmática de salvar vidas y fortalecer el proyecto de construir un hogar nacional judío en Palestina. El acuerdo proporcionaba emigrantes, capital para el desarrollo económico y una vía de escape para judíos alemanes en un momento en que pocos países abrían sus puertas.
Una decisión que dividió al mundo judío
El Acuerdo Haavara fue tremendamente polémico desde el inicio. El historiador Edwin Black lo describió como un acuerdo que desgarró al mundo judío, enfrentando líder contra líder y amenazando con rebeliones e incluso asesinatos.
Los opositores
La oposición vino de múltiples frentes. El rabino Stephen Wise y Abba Hillel Silver, líderes del Congreso Judío Estadounidense, encabezaron el movimiento de boicot anti-nazi y se opusieron ferozmente al acuerdo. En el XIX Congreso Sionista de 1935, la moción para rechazar el acuerdo perdió por un margen estrecho.
Notablemente, Ze’ev Jabotinsky, líder del sionismo revisionista, también se opuso. Los críticos argumentaban que negociar con los nazis legitimaba al régimen, debilitaba el boicot internacional y priorizaba la construcción del proyecto sionista por encima de la lucha global contra el fascismo.
Los defensores
Quienes defendían el acuerdo sostenían que, ante la urgencia de la situación, salvar vidas concretas era más importante que principios abstractos. David Ben-Gurion y otros líderes del sionismo laborista lo vieron como un mal necesario. ¿De qué servía un boicot si los judíos alemanes quedaban atrapados sin posibilidad de escape?
El fin del acuerdo
El Acuerdo Haavara se mantuvo oficialmente vigente hasta 1941, pero su efectividad real terminó con el estallido de la Segunda Guerra Mundial en septiembre de 1939. A partir de entonces, los nazis viraron hacia políticas de confiscación total de bienes judíos y, eventualmente, hacia el exterminio sistemático. Los judíos que no habían logrado emigrar quedaron atrapados en la maquinaria genocida del Holocausto.
¿Qué nos dice la historia?
El Acuerdo Haavara plantea preguntas éticas que siguen resonando: ¿Es válido negociar con el mal para salvar vidas? ¿Quién tiene derecho a tomar esas decisiones? ¿El pragmatismo puede justificar cualquier medio?
Es importante contextualizar: en 1933, nadie podía prever Auschwitz. El Holocausto como exterminio industrial sistemático no estaba en el horizonte visible. Los líderes sionistas que negociaron el acuerdo enfrentaban una crisis de emigración, no un genocidio inminente.
También es crucial no usar este episodio histórico para estigmatizar a los judíos de hoy ni para establecer falsas equivalencias. El acuerdo fue una negociación entre un sector específico del movimiento sionista y el régimen nazi, rechazada por amplios sectores del mundo judío. No representa una «alianza» ideológica, sino un intento desesperado de algunos por salvar lo que pudieran en circunstancias extremas.
Una nota sobre la creación de Israel
Es incorrecto afirmar que Israel «nació del Acuerdo Haavara». La creación del Estado de Israel fue un proceso complejo que incluyó la Declaración Balfour británica (1917), el Mandato Británico sobre Palestina (1920-1948), décadas de inmigración judía de múltiples orígenes, la Resolución 181 de la ONU que recomendó la partición (noviembre de 1947) y la declaración de independencia por David Ben-Gurion el 14 de mayo de 1948.
El Haavara contribuyó a la inmigración de 60.000 personas, aproximadamente el 10% de la población judía de Palestina al momento de la creación de Israel. Fue un factor entre muchos, no el fundamento del Estado.
