Imagina que el presidente de la nación más poderosa del planeta amenaza con destruir «toda una civilización» si un país no le obedece. No es el argumento de una película de ciencia ficción. Es algo que ocurrió hace apenas unos días.
Y ahora, por primera vez en décadas, legisladores de ambos partidos en Estados Unidos están hablando en serio de una herramienta constitucional que nunca ha sido usada en la historia de ese país.
Hoy vamos a entender qué es la 25ª Enmienda, por qué está sobre la mesa, y por qué —aunque técnicamente es posible— es políticamente casi imposible.
Quédate, porque esto tiene más historia de la que parece.
EL CONTEXTO: ¿Qué desató todo esto?
Para entender por qué la 25ª Enmienda volvió a los titulares, hay que entender lo que pasó en los últimos días.
Donald Trump lanzó una amenaza pública contra Irán, advirtiendo que «moriría toda una civilización» si ese país no cumplía con su ultimátum. Pero ahí no terminó todo.
Horas después, arremetió en Truth Social contra el Papa León XIV —el primer papa estadounidense de la historia— llamándolo «débil con el crimen y terrible en política exterior», porque el pontífice se negó a avalar su postura sobre Irán. Y menos de una hora más tarde, sin ningún comentario, publicó una imagen generada por inteligencia artificial en la que aparece vestido con túnicas blancas y rojas, con las manos irradiando luz, sanando a un enfermo. La escena era una referencia directa a las representaciones clásicas de Jesús. En el fondo: la Estatua de la Libertad, soldados, banderas. La imagen la terminó borrando. Su explicación: «No era Jesús. Era yo como médico.»

La reacción fue inmediata. Hasta Marjorie Taylor Greene, una de sus aliadas más fervientes, lo llamó públicamente «el espíritu del Anticristo».
A eso súmale la gestión opaca de los archivos del caso Epstein, y una encuesta de Reuters e Ipsos que reveló que solo el 45% de los estadounidenses cree que Trump está en plenas facultades mentales para gobernar.
Todo eso junto puso un tema muy específico sobre la mesa: ¿puede o debe alguien quitarle el poder?
¿QUÉ ES LA 25ª ENMIENDA?
Para responder eso, necesitamos entender la herramienta.
La 25ª Enmienda fue añadida a la Constitución de Estados Unidos en 1967, pero su historia empieza antes. El 22 de noviembre de 1963, el presidente John F. Kennedy fue asesinado en Dallas. Lo sucedió el vicepresidente Lyndon B. Johnson —un hombre que había sufrido un infarto— y de pronto el país se dio cuenta de que no había un procedimiento claro para manejar esa transición. ¿Qué pasa si el vicepresidente tampoco puede gobernar? ¿Y si el presidente queda incapacitado pero no muere?
A eso se sumó que más tarde se supo que el presidente Eisenhower había ocultado problemas graves de salud durante su mandato.
El Congreso decidió que era hora de tener reglas claras. Y así nació la 25ª Enmienda, con cuatro secciones:
- Sección 1: Si el presidente muere o renuncia, el vicepresidente asume.
- Sección 2: Si queda vacante el cargo de vicepresidente, el presidente nomina uno.
- Sección 3: El presidente puede transferir temporalmente el poder de forma voluntaria. Esto ya ocurrió: George W. Bush lo hizo en 2002 y 2007 para someterse a colonoscopias con anestesia. Biden también lo hizo en 2021.
- Sección 4: Esta es la sección del momento. Permite destituir al presidente si se considera que no es capaz de ejercer su cargo, incluso en contra de su voluntad.
Esta última sección —la más poderosa— nunca ha sido invocada en la historia de Estados Unidos.
¿QUIÉN PIDE USARLA AHORA?
El demócrata Jamie Raskin, congresista por Maryland, propuso crear una comisión formal para evaluar si Trump sigue siendo apto para el cargo. Cincuenta legisladores demócratas respaldaron su proyecto.
Pero lo más llamativo no viene de la izquierda. Viene de la derecha.
Marjorie Taylor Greene —sí, la misma que hasta hace poco era una aliada ferviente de Trump— escribió en redes sociales: «No podemos acabar con toda una civilización. Esto es malvado y una locura.»
Y la senadora republicana Lisa Murkowski fue aún más directa, afirmando que ese tipo de retórica representa una afrenta a los valores que Estados Unidos dice defender en el mundo, y que pone en peligro directo a los ciudadanos americanos tanto dentro como fuera del país.
Cuando figuras del propio partido de un presidente empiezan a hablar en esos términos, algo significativo está ocurriendo.
¿POR QUÉ NO SIMPLEMENTE HACERLE UN JUICIO POLÍTICO?
Es la pregunta obvia. Y tiene respuesta.
Trump ya es el único presidente en la historia de EE.UU. que fue sometido a juicio político dos veces, ambas durante su primer mandato: una por retener ayuda a Ucrania, y otra por su papel en el asalto al Capitolio del 6 de enero de 2021. En ambas ocasiones, el Senado lo absolvió porque los republicanos no quisieron condenarlo.
Hoy, los demócratas son minoría en ambas cámaras del Congreso. El juicio político necesita mayoría en la Cámara para iniciarse y dos tercios del Senado para condenar. Las matemáticas no dan.
La 25ª Enmienda tampoco es un camino fácil, pero tiene una lógica diferente: no es un proceso penal, es una evaluación de capacidad. No se trata de juzgar lo que hizo, sino de determinar si sigue siendo capaz de ejercer el cargo.
¿FUNCIONARÍA EN LA PRÁCTICA?
Seamos honestos: políticamente, hoy por hoy, no.
La Sección 4 de la 25ª Enmienda requiere que el vicepresidente —JD Vance— y la mayoría del gabinete declaren al presidente incapaz. Luego, el Congreso tendría que ratificarlo con dos tercios de los votos en ambas cámaras.
Según Scott Anderson, investigador de la Brookings Institution, sin una deserción masiva de republicanos, el proceso fracasaría. Y aunque la aprobación general de Trump ha caído, alrededor del 82% de los votantes republicanos siguen satisfechos con su presidencia.
Hay otro detalle importante: si se llegara a invocar la enmienda, Trump podría simplemente presentar una declaración escrita diciendo que no hay tal incapacidad. Entonces el Congreso tendría 48 horas para votar, y se necesitarían esos dos tercios para destituirlo.
John Bolton, exasesor de seguridad nacional de Trump durante su primer mandato, lo dijo de forma contundente: «No creo que se vaya a invocar, independientemente de si se debe hacer o no.» Y agregó algo que vale la pena citar: «Su problema no es necesariamente mental: es que no entiende ni le importa mucho el mundo que le rodea. Todo lo filtra por lo que beneficia a Donald Trump.»
LA PERSPECTIVA HISTÓRICA
Lo que estamos viendo es algo sin precedentes.
En más de 59 años, la Sección 4 de la 25ª Enmienda nunca fue invocada. Ni durante los momentos más oscuros de Watergate con Nixon. Ni después del atentado contra Reagan en 1981.
Hoy, por primera vez, legisladores de ambos partidos están discutiendo públicamente su uso. Eso, en sí mismo, es un momento histórico.
¿Qué dice eso del estado de la política estadounidense? Que las instituciones que fueron diseñadas para casos extremos se están convirtiendo en parte del debate cotidiano. Y eso, independientemente de tu posición política, debería hacerte reflexionar.
CIERRE
La 25ª Enmienda no va a aplicarse mañana. Las probabilidades reales, hoy, son casi nulas. Pero el hecho de que esté siendo discutida en serio —por demócratas y republicanos, por académicos y ex funcionarios— nos dice algo importante sobre el momento que vive Estados Unidos.
La pregunta que queda flotando no es solo «¿puede destituirse a Trump?», sino algo más grande: ¿Qué pasa cuando los mecanismos de control de una democracia chocan con la voluntad de la mayoría que eligió a ese presidente?
Esa tensión es tan vieja como la propia democracia, y no tiene una respuesta fácil.
