Alberto Fujimori frenó la hiperinflación, derrotó a Sendero Luminoso y ganó tres elecciones. También disolvió el Congreso, creó escuadrones de la muerte, esterilizó por la fuerza a 314.000 mujeres indígenas y robó millones. Murió en su cama en Lima el 11 de septiembre de 2024. Perú todavía no sabe cómo recordarlo.
En 1990, Perú estaba al borde del colapso. La inflación llegaba al 7.600% anual — los precios se duplicaban cada pocas semanas. Sendero Luminoso y el MRTA controlaban franjas enteras del territorio y asesinaban con impunidad. El Estado funcionaba apenas. Y en ese contexto, un ingeniero agrónomo de origen japonés casi desconocido hasta un mes antes de las elecciones derrotó al Premio Nobel Mario Vargas Llosa y se convirtió en presidente.
Lo que siguió fue una de las presidencias más contradictorias de la historia latinoamericana — y eso es decir mucho.
El outsider que nadie vio venir
Alberto Fujimori nació el 28 de julio de 1938 en Lima, hijo de inmigrantes japoneses. Estudió ingeniería agronómica en la Universidad Nacional Agraria, viajó a hacer posgrados a la Universidad de Wisconsin y Estrasburgo, y volvió a Perú para hacer carrera académica — llegó a ser rector de su universidad entre 1984 y 1989.
No tenía partido político. No tenía experiencia de gobierno. No tenía red de alianzas institucionales. Tenía un programa de televisión sobre agricultura y un apellido que en el Perú de 1990 resultó ser una ventaja insospechada — en un país harto de la clase política tradicional, su origen japonés lo hacía ajeno a todo lo que se odiaba.
Fundó Cambio 90 en 1989 y en la primera vuelta de las presidenciales obtuvo el 29% de los votos, detrás de Vargas Llosa. En la segunda vuelta, las izquierdas y el centro que detestaban al escritor liberal se volcaron hacia el desconocido. Ganó con el 62%.
El Fujishock: el milagro que dolió
La primera decisión de Fujimori fue la más impopular — y probablemente la más necesaria. El 8 de agosto de 1990, apenas días después de asumir, anunció el Fujishock: un paquete de medidas de shock económico que de la noche a la mañana eliminó los subsidios, liberalizó los precios y devaluó la moneda.
El precio de la gasolina aumentó 3.000% en una noche. Los alimentos básicos se dispararon. La clase media que lo había votado se sintió traicionada. Las protestas fueron masivas.
Pero funcionó. La hiperinflación — que llegaba al 7.600% anual cuando asumió — cayó al 139% en 1991 y al 57% en 1992. La economía se estabilizó. Las inversiones extranjeras volvieron. El «milagro peruano» comenzó a ser mencionado en los manuales de economía.
Lo que los manuales no siempre mencionan es el costo humano de ese shock — millones de peruanos empobrecidos de un día para el otro, servicios públicos desmantelados, un Estado reducido a su mínima expresión para cumplir con las exigencias del FMI.
El autogolpe del 5 de abril de 1992
Fujimori llegó al poder sin mayoría parlamentaria. El Congreso le bloqueaba iniciativas, cuestionaba sus reformas y fiscalizaba al gobierno. En lugar de negociar, eligió otra solución.
El 5 de abril de 1992, en un mensaje a la nación transmitido por televisión, Fujimori anunció la disolución del Congreso, la intervención del Poder Judicial y la destitución de los miembros del Tribunal Constitucional. Tanques del ejército rodearon el Parlamento. Los diputados fueron expulsados físicamente del edificio.
«He decidido tomar las siguientes trascendentales medidas: primero, disolver temporalmente el Congreso de la República.» — Alberto Fujimori, mensaje a la nación, 5 de abril de 1992
La comunidad internacional lo condenó. La OEA protestó. Pero en Perú, las encuestas mostraron que el 80% de la población apoyaba el autogolpe. El hartazgo con los partidos tradicionales era tan profundo que la mayoría prefería un dictador eficiente a una democracia disfuncional.
Fujimori convocó elecciones para una Asamblea Constituyente, ganó la mayoría y redactó una nueva Constitución a su medida — que entre otras cosas le permitía reelegirse.
Sendero Luminoso y el Grupo Colina
En septiembre de 1992, apenas meses después del autogolpe, la policía capturó a Abimael Guzmán, líder de Sendero Luminoso, en un departamento de Miraflores. Fue el golpe más importante contra la insurgencia en dos décadas de conflicto.
La popularidad de Fujimori se disparó. Para millones de peruanos, era el hombre que había hecho lo que nadie pudo — acabar con el terror de Sendero.
Lo que no se sabía entonces — o se sabía pero se prefería no mirar — era el método. El gobierno había creado el Grupo Colina, un escuadrón de la muerte paramilitar que operaba bajo las órdenes directas de Fujimori y su asesor Vladimiro Montesinos.
Las masacres del Grupo Colina
Barrios Altos — 3 de noviembre de 1991: miembros del Grupo Colina irrumpieron en una reunión de vecinos en Lima y asesinaron a 15 personas, incluyendo un niño de 8 años. El gobierno alegó que eran militantes de Sendero. No lo eran.
La Cantuta — 18 de julio de 1992: el Grupo Colina secuestró a nueve estudiantes y un profesor de la Universidad Nacional de Educación Enrique Guzmán y Valle. Sus cuerpos aparecieron meses después en fosas clandestinas. El gobierno alegó «confusión con terroristas». Era una ejecución deliberada.
En 2009, la Corte Suprema condenó a Fujimori a 25 años de prisión por ser el autor mediato de ambas masacres. Fue la primera vez en la historia de América Latina que un expresidente constitucional fue juzgado y condenado por crímenes de lesa humanidad en su propio país.
Las esterilizaciones forzadas
Entre 1996 y 2000, el gobierno de Fujimori implementó el Programa Nacional de Salud Reproductiva — presentado públicamente como una política de planificación familiar voluntaria. Lo que ocurrió en la práctica fue otra cosa.
Médicos y enfermeras recibían cuotas de esterilizaciones que debían cumplir. Las mujeres — en su mayoría indígenas quechuas de las zonas rurales, analfabetas o con escasa educación — eran sometidas a ligaduras de trompas sin información real sobre el procedimiento, en condiciones sanitarias precarias, a veces mediante engaños o coerción directa.
Las víctimas de las esterilizaciones forzadas nunca obtuvieron justicia. El caso fue archivado y reabierto varias veces. Fujimori murió en 2024 sin haber sido juzgado por este crimen específico.
Montesinos: el poder en las sombras
Vladimiro Montesinos fue el personaje más oscuro de la era Fujimori. Abogado, exmilitar, expulsado del ejército por vender información a la CIA, llegó a convertirse en el hombre más poderoso del Perú después del presidente — y posiblemente antes.
Como jefe del Servicio de Inteligencia Nacional (SIN), Montesinos construyó un sistema de control total: sobornaba legisladores, compraba jueces, chantajeaba empresarios, controlaba medios de comunicación y dirigía operaciones paramilitares. Todo grabado en video — su paranoia de documentar todo fue paradójicamente lo que lo destruyó.
En septiembre de 2000, uno de esos videos llegó a la prensa: Montesinos entregando dinero en efectivo a un congresista opositor para que cambiara de bando. El escándalo fue instantáneo y total.
La fuga y la renuncia por fax
Fujimori intentó sobrevivir al escándalo anunciando el cierre del SIN y convocando nuevas elecciones en las que no se presentaría. No alcanzó. Viajó a Brunéi para la cumbre de la APEC, luego a Panamá y finalmente a Japón — donde tenía ciudadanía por ser hijo de inmigrantes.
Desde Tokio, el 19 de noviembre de 2000, envió su renuncia a la presidencia del Perú por fax. El Congreso rechazó la renuncia y lo destituyó por «incapacidad moral permanente».
El juicio: un hito histórico
Fujimori vivió en Japón hasta 2005, cuando viajó a Chile — calculando que podría desde allí lanzar una candidatura presidencial peruana. Fue arrestado en Santiago a pedido de Perú y extraditado en 2007.
El juicio que siguió fue histórico. En 2009, la Corte Suprema peruana lo condenó a 25 años de prisión por los crímenes de Barrios Altos y La Cantuta — convirtiéndose en el primer expresidente latinoamericano juzgado y condenado por crímenes de lesa humanidad en su propio país. Recibió condenas adicionales por corrupción, espionaje telefónico, financiamiento de medios y enriquecimiento ilícito.
Sus penas sumadas superaban los 50 años. Tenía más de 70.
El indulto, la liberación y la muerte
En diciembre de 2017, el presidente Pedro Pablo Kuczynski le concedió un indulto humanitario por razones de salud — en medio de acusaciones de que el indulto era el precio de los votos fujimoristas para evitar su vacancia. La Corte Interamericana de Derechos Humanos ordenó que el indulto fuera dejado sin efecto. Fue anulado.
En diciembre de 2023, el Tribunal Constitucional ordenó su liberación definitiva bajo un nuevo argumento humanitario. Salió de prisión a los 85 años, con cáncer avanzado.
Alberto Fujimori murió el 11 de septiembre de 2024 en Lima, a los 86 años. Su funeral fue multitudinario — miles de peruanos hicieron cola para despedirlo. Las víctimas de Barrios Altos, La Cantuta y las esterilizaciones forzadas protestaron afuera.
Perú todavía no sabe cómo recordarlo. Probablemente nunca lo sepa.
Fuentes: Comisión de la Verdad y Reconciliación del Perú (CVR), Informe Final 2003. Corte Suprema de Justicia del Perú, sentencia contra Alberto Fujimori (2009). Britannica, «Alberto Fujimori». Wikipedia ES, «Alberto Fujimori». Infobae Perú. France 24. International Center for Transitional Justice. EBSCO Research Starters.
Este artículo tiene propósito histórico e informativo.
