Yoon Suk Yeol:
el fiscal que
quiso ser dictador
Fue el hombre que mandó a prisión a dos expresidentes. Luego él mismo declaró la ley marcial para eliminar a sus rivales políticos. Cuando eso fracasó en seis horas, la justicia probó que fabricó una crisis con Corea del Norte para justificarlo. Hoy tiene cadena perpetua por rebelión y 30 años adicionales por los drones que casi provocaron una guerra.
por rebelión
sobre Pyongyang
3 de diciembre 2024
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Para entender cómo un presidente democrático llegó a ordenar drones sobre una capital extranjera para provocar una guerra que justificara su dictadura, hay que entender quién era Yoon Suk Yeol antes de ser presidente. Y la respuesta lo explica todo: era un fiscal. El mejor de su generación. Y cuando el poder se le escapó de las manos, usó las únicas herramientas que conocía — la fabricación de culpables y la creación de enemigos.
27 años como fiscal — y ninguno como político
Yoon Suk Yeol nació el 18 de diciembre de 1960 en Seúl, en el seno de una familia de clase media — ambos padres eran profesores universitarios. Estudió Derecho en la Universidad Nacional de Seúl, la más prestigiosa del país, y en 1994 comenzó una carrera de fiscal público que se prolongaría durante 27 años. No tenía ambición política declarada. Era un fiscal. Y era bueno.
Durante casi tres décadas investigó corrupción sin importar de qué partido venía el acusado. Trabajó en las fiscalías de Daegu, Daejeon y Seúl. Mandó a prisión a funcionarios y empresarios vinculados a gobiernos tanto progresistas como conservadores. Su característica distintiva era el mismo rasgo que luego lo destruiría: la certeza absoluta de que él tenía razón.
Su gran momento llegó con el escándalo Choi Soon-sil de 2016 — la asesora informal de la presidenta Park Geun-hye que resultó tener un control casi total sobre decisiones de gobierno, incluyendo el ingreso de su hija a universidades de élite mediante sobornos a Samsung y otras corporaciones. Yoon encabezó las investigaciones que llevaron al juicio político de Park, su condena y su encarcelamiento. Park Geun-hye fue la primera presidenta de Corea del Sur. También la primera en ir presa.
El nuevo presidente progresista Moon Jae-in lo recompensó nombrándolo Fiscal General de la Nación. Yoon usó ese cargo para investigar al propio gobierno que lo había nombrado — incluyendo a aliados cercanos de Moon en casos de fraude y corrupción. La relación se fracturó. Yoon renunció en 2021 acusando a Moon de interferir en la independencia judicial.
Lo que vino después sorprendió a todos. Yoon, que nunca había hecho campaña electoral ni ocupado un cargo político, anunció su candidatura presidencial. No tenía estructura de partido, no tenía experiencia legislativa, no tenía programa consolidado. Tenía su imagen de fiscal incorruptible. En marzo de 2022 fue elegido presidente con el 48,56% de los votos — el margen más estrecho en la historia del país: 0,73 puntos. La polarización ya estaba instalada antes de que pisara el Palacio Azul.
El gobierno que fue una guerra permanente
La presidencia de Yoon fue, desde el principio, un ejercicio de confrontación total. El Partido Democrático de la oposición controlaba la Asamblea Nacional con mayoría absoluta. Yoon respondió no con negociación sino con guerra política.
Su gobierno fue acusado repetidamente de usar la fiscalía como arma política contra la oposición. El líder del Partido Democrático, Lee Jae-myung, enfrentó múltiples juicios impulsados por el gobierno. La oposición respondió vetando el presupuesto, bloqueando nominaciones y amenazando con juicios políticos a sus ministros.
En las elecciones legislativas de abril de 2024 el partido de Yoon fue aplastado — la oposición consolidó una mayoría que le daba poder de veto sobre prácticamente todo. Yoon quedó como un presidente sin poder real, rodeado de una mayoría parlamentaria que lo consideraba enemigo.
A esto se sumaron los escándalos personales. Su esposa Kim Keon-hee fue investigada por manipulación del mercado de valores y por aceptar un bolso de lujo Dior de 2.200 dólares de parte de un pastor. El escándalo empantanó al gobierno durante meses. Para finales de 2024, Yoon era un presidente políticamente muerto. Y fue entonces cuando tomó la decisión más peligrosa de su vida.
Fabricar una guerra para salvar el poder
Lo que el tribunal documentó en sus sentencias es más grave que una declaración de ley marcial impulsiva. Es un plan deliberado para fabricar una crisis de seguridad nacional que justificara medidas autoritarias.
En octubre de 2024, drones surcoreanos sobrevolaron Pyongyang en tres ocasiones, lanzando panfletos de propaganda sobre la capital norcoreana. Corea del Norte lo denunció públicamente. El ministro de Defensa Kim Yong Hyun lo negó vagamente. El Ministerio de Defensa dijo que no podía «confirmar ni negar» — equivalente diplomático a una confirmación. Las tensiones entre las dos Coreas escalaron bruscamente.
Lo que no se sabía entonces — y el tribunal estableció ahora — es que la operación no fue una respuesta defensiva. Fue una provocación deliberada diseñada para inducir a Corea del Norte a responder militarmente, crear una «emergencia nacional» real y usar esa emergencia como justificación legal para declarar la ley marcial.
«El acusado Yoon Suk Yeol aprobó desde el principio la ejecución de esta operación destinada a crear una situación de ley marcial. Buscó inducir a Pyongyang a realizar actos armados o equivalentes contra el ejército o el pueblo de Corea del Sur, intentando fabricar una crisis nacional con el objetivo de que su posterior declaración de ley marcial pudiera resultar justificable ante la opinión pública.»
La defensa de Yoon argumentó que los drones fueron una respuesta a los globos con basura que Corea del Norte enviaba al sur. El tribunal lo rechazó. La diferencia es fundamental: una cosa es responder a una provocación, otra es fabricar deliberadamente una crisis que ponga en riesgo de guerra a 50 millones de personas para salvar el propio poder político.
Corea del Norte no atacó. Pero las tensiones que Yoon creó fueron reales. La operación expuso capacidades militares surcoreanas, socavó la capacidad para operaciones futuras y provocó que Pyongyang reforzara su postura defensiva. El tribunal lo calificó de lo que era: ayudar al enemigo.
6 horas de dictadura — y 190 legisladores que la frenaron
Yoon aparece en televisión nacional con uniforme de campaña y declara la ley marcial. Acusa a los legisladores de oposición de ser «fuerzas antiestatales» que simpatizan con Corea del Norte. Primer presidente surcoreano en hacerlo desde 1980 — cuando el general Chun Doo-hwan la usó para consolidar una dictadura.
Tropas y policías rodean la Asamblea Nacional. Soldados con armas largas toman posiciones en los accesos. Una imagen que Corea del Sur no veía desde los peores años de su historia autoritaria.
Los legisladores de oposición comienzan a llegar al parlamento. Algunos saltan vallas. Otros son cargados por seguidores. En pocas horas, 190 de los 300 diputados logran entrar al edificio.
Votación en la Asamblea Nacional: 190 votos a favor de revocar la ley marcial. 0 en contra. La Constitución es clara: la Asamblea puede revocarla por mayoría simple y el presidente debe acatar.
Yoon levanta la ley marcial. Seis horas después de declararla. El intento autoritario más breve de la historia reciente de Asia termina derrotado por sus propias instituciones democráticas.
Destitución, arresto y condenas sin precedente
La Asamblea Nacional aprueba el juicio político a Yoon — con votos del propio partido del presidente. Sus poderes quedan suspendidos en el acto.
Yoon se convierte en el primer presidente en la historia surcoreana en recibir una orden de arresto.
Primer presidente surcoreano en ser detenido. El hombre que mandó a prisión a dos presidentes es arrestado él mismo.
El Tribunal Constitucional confirma el juicio político por unanimidad — todos los magistrados, incluyendo los nombrados durante su gobierno. Destitución definitiva.
Cadena perpetua por rebelión — el crimen de declarar la ley marcial para paralizar la Asamblea Nacional. Los fiscales habían pedido la pena de muerte. El tribunal la rechazó. Yoon apeló.
30 años adicionales por los drones sobre Pyongyang — culpable de ayudar a un enemigo y abuso de poder. El exministro de Defensa Kim Yong Hyun: también 30 años. El exjefe del Mando de Contrainteligencia Yeo In Hyung: 15 años. La esposa Kim Keon-hee: casi dos años por corrupción.
Expresidente
Exministro de Defensa
Exjefe Contrainteligencia
Exprimera dama
Una democracia que funcionó cuando fue atacada desde adentro
El caso Yoon no es solo la historia de un hombre que abusó del poder. Es la historia de una democracia que funcionó exactamente como debía funcionar cuando fue atacada desde adentro — y que lo hizo en tiempo real, en seis horas, sin violencia y sin intervención externa.
Los legisladores que saltaron las vallas del parlamento esa noche. El Tribunal Constitucional que por unanimidad destituyó al presidente. Los fiscales que investigaron sin importar quién era el acusado. Los tribunales que impusieron condenas sin precedente en la historia coreana.
Corea del Sur vivió seis horas de intento autoritario. Y lo rechazó con sus propias instituciones.
No fue un presidente que perdió la cabeza una noche de diciembre. Fue un presidente que durante meses fabricó deliberadamente una crisis con el país más peligroso de la región — arriesgando una guerra real en la Península Coreana — para salvar su propio poder político.
Los drones sobre Pyongyang no fueron una respuesta a los globos con basura de Corea del Norte. Fueron una provocación calculada para desencadenar una represalia que justificara la dictadura. El tribunal lo documentó con precisión: «destinada a crear una situación de ley marcial.»
Un fiscal que durante 27 años persiguió a quienes abusaban del poder. Que mandó a prisión a dos presidentes. Que llegó al poder con la imagen de hombre incorruptible. Y que cuando el poder se le escapó de las manos, estuvo dispuesto a provocar una guerra entre dos países con armas nucleares para no perderlo.
Eso no es un error de juicio. Es traición. Y las instituciones democráticas de Corea del Sur, en seis horas, lo dijeron claramente.
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