Las cuatro
revoluciones
industriales
En 1760, un campesino inglés se movía exactamente igual que uno del Imperio Romano: a pie, a caballo, o en un carro tirado por animales. La velocidad máxima a la que podía viajar un ser humano llevaba milenios sin cambiar. Sesenta años después, el ferrocarril ya superaba los 40 kilómetros por hora. Eso es lo que separa a la humanidad de antes de 1760 de la humanidad de después: en menos de tres siglos, cuatro revoluciones sucesivas cambiaron más la vida cotidiana que todos los milenios anteriores juntos.
máquina de vapor patentada
Unido entre 1803 y 1850
alcanzados en 2005
todavía en curso
No hay un acuerdo exacto entre los historiadores sobre cuándo termina una revolución industrial y empieza la siguiente — los procesos se solapan, se mezclan, no respetan fechas redondas. Pero hay un consenso amplio sobre cuatro grandes saltos que reorganizaron, cada uno a su manera, la forma en que la humanidad produce, se comunica y vive. El primero tardó ochenta años en desplegarse del todo. El más reciente está cambiando el mundo en tiempo real, mientras este artículo se escribe.
1760-1840: cuando el vapor reemplazó al músculo
Tiene origen en Gran Bretaña y se expande después por Europa, Estados Unidos y el resto del mundo. Es, según el consenso histórico, el cambio más profundo en la organización social, política, económica y tecnológica desde el Neolítico — la última vez que la humanidad había transformado tan radicalmente su forma de producir alimentos y bienes fue cuando aprendió a cultivar la tierra, miles de años antes.
John Kay patenta la lanzadera volante, que acelera el tejido textil y multiplica su productividad.
Se inaugura en Northampton una fábrica con cinco máquinas de hilar — uno de los primeros pasos hacia la producción mecanizada a escala.
James Hargreaves inventa la hiladora Jenny en Lancashire — la primera máquina capaz de manejar varios husos a la vez. Un solo trabajador podía operar ocho carretes simultáneos donde antes hacía falta uno por carrete. Uno de los inventos más decisivos de toda la Revolución.
James Watt patenta su máquina de vapor mejorada — el motor simbólico de toda la Primera Revolución Industrial, que terminaría aplicándose tanto a fábricas como a ferrocarriles y barcos. El mismo año, Richard Arkwright patenta una hiladora hidráulica capaz de accionar 128 mecanismos a la vez.
Samuel Crompton patenta la mula de hilar, que se usaría en fábricas textiles durante más de un siglo — algunos tejidos todavía se producen con variantes de esa tecnología.
Edmund Cartwright inventa el primer telar mecánico.
Eli Whitney inventa la desmotadora de algodón, que permite al Reino Unido importar algodón a bajo costo desde Estados Unidos a gran escala.
Unos 2.400 telares mecánicos operan en el Reino Unido. Medio siglo después, ese número se multiplicaría hasta los 250.000.
George Stephenson construye la primera locomotora de vapor exitosa. Se empieza a usar de inmediato en las minas.
Se inaugura la primera línea ferroviaria a vapor entre Stockton y Darlington.
La línea Liverpool-Mánchester ofrece el primer servicio ferroviario de pasajeros, cuadriplicando el tránsito entre ambas ciudades. Ese mismo año se envía el primer correo por ferrocarril — el envío entre Londres y Mánchester se acorta en 18 horas.
El vapor Great Western cruza el Atlántico entre Liverpool y Nueva York en solo 13 días — 19 años antes, en 1819, el Savannah había tardado 29 días en hacer ese mismo cruce.
Goodyear descubre la vulcanización del caucho, permitiendo fabricarlo sintéticamente. Empiezan a usarse las vías anchas, que permiten superar los 40 km/h, y se desarrolla el cemento portland, que acelera la construcción de nuevas ciudades.
Comienza la construcción del Canal de Suez, que reduciría drásticamente el tiempo de los viajes comerciales entre Europa y Oriente.
1860-1914: el acero, el petróleo y la electricidad
A partir de la década de 1860, nuevas técnicas y tecnologías aceleran todavía más la producción industrial — ya no se trata solo de mecanizar lo que antes se hacía a mano, sino de inventar materiales e infraestructuras enteramente nuevas.
El convertidor Bessemer permite producir acero más barato y de mejores prestaciones, que empieza a reemplazar al hierro en construcción e industria.
Edwin Drake construye el primer pozo de petróleo moderno en Titusville, Pensilvania — el inicio de una industria que tendría una importancia decisiva en el desarrollo mundial hasta hoy.
Se empieza a usar el níquel mezclado con acero para lograr acero inoxidable. El químico belga Ernest Solvay desarrolla un método más económico para fabricar carbonato de sodio, multiplicando la producción mundial de sosa.
Alfred Nobel inventa la dinamita, que impulsa tanto la producción minera como el desarrollo de nuevo armamento militar.
Graham Bell patenta el teléfono eléctrico. Dos años después, Edison patenta la bombilla eléctrica — dos inventos que cambiarían para siempre la comunicación y la vida doméstica.
Daimler y Benz construyen, por separado, los primeros vehículos propulsados por gasolina.
El descubrimiento de la electrólisis populariza el uso masivo del aluminio. En 1889 se construye la Torre Eiffel, enteramente de metal — las nuevas aplicaciones metálicas permiten ya los primeros rascacielos.
Se implementan las primeras cadenas de montaje en fábricas, reduciendo costos y tiempos de producción — el modelo que haría posible, poco después, el emblemático Ford T.
El mundo alcanza el millón de kilómetros de líneas ferroviarias construidas.
1950-actualidad: la electrónica, la computación y la era digital
También conocida como Revolución Digital o científico-tecnológica, introduce la electrónica y la computación en los procesos productivos, abriendo paso a la producción en masa y, más tarde, a la comunicación instantánea global.
Se inventa el transistor, la pieza fundamental que haría posible toda la electrónica digital posterior.
Se desarrolla ARPANET, la primera red experimental que daría origen a internet.
La automatización electrónica permite la aparición de las primeras computadoras personales y las consolas de videojuegos.
Se implementan masivamente los robots industriales. Se popularizan las computadoras personales en empresas, la música electrónica, los efectos especiales en cine y televisión, y los cajeros automáticos.
Motorola crea el primer teléfono móvil analógico.
Se desarrolla la World Wide Web — el sistema de protocolos que haría que internet fuera utilizable por el público general, no solo por investigadores.
Se implementa la red 2G, con los primeros teléfonos móviles digitales capaces de enviar mensajes de texto.
Se desarrolla Mosaic, el primer navegador web — la base sobre la que se construirían Netscape e Internet Explorer, que popularizarían el uso masivo de internet.
Los usuarios de internet en el mundo alcanzan los 1.000 millones.
Se populariza el uso de la «nube» — primero en empresas, después también para uso personal.
2010-actualidad: cuando lo físico, lo digital y lo biológico se fusionan
El término fue popularizado por Klaus Schwab, fundador del Foro Económico Mundial, en su libro de 2016 que lleva ese mismo nombre. A diferencia de las tres revoluciones anteriores —cada una asociada a una tecnología central: el vapor, la electricidad, la computación—, la Cuarta no se define por un solo invento sino por la convergencia de varios campos que hasta entonces habían evolucionado por separado: la inteligencia artificial, la biotecnología, la nanotecnología, la robótica avanzada y el internet de las cosas.
Se lanza el primer iPhone, que populariza el teléfono inteligente y convierte a internet en algo que se lleva en el bolsillo, no solo en un escritorio.
El big data y el aprendizaje automático empiezan a aplicarse de forma masiva en empresas, anticipando lo que vendría después con la inteligencia artificial generativa.
Se desarrolla la técnica CRISPR de edición genética, que permitiría modificar el ADN con una precisión y un costo nunca antes alcanzados — el ingreso de la biotecnología como motor central de esta revolución.
Klaus Schwab publica «La Cuarta Revolución Industrial» en el Foro Económico Mundial de Davos, dando nombre formal al fenómeno que ya estaba en marcha.
El Internet de las Cosas conecta miles de millones de dispositivos cotidianos entre sí, generando flujos de datos en tiempo real sobre fábricas, ciudades y hogares.
La inteligencia artificial generativa llega al público masivo con el lanzamiento de ChatGPT, marcando el momento en que la IA deja de ser una herramienta especializada y se convierte en tecnología de uso cotidiano para cientos de millones de personas.
Los vehículos autónomos, la robótica avanzada y la computación cuántica avanzan en paralelo, todavía sin un punto de inflexión tan claro como el de la IA generativa, pero con inversión y desarrollo acelerados en todo el mundo.
Las tres primeras revoluciones tardaron, cada una, varias décadas en desplegarse del todo, con una tecnología central claramente identificable. La Cuarta avanza, según describe el propio Schwab, «a una velocidad exponencial» — no porque cada avance individual sea más rápido en sí mismo, sino porque varios campos que antes evolucionaban de forma aislada (computación, biología, física de materiales) ahora se retroalimentan entre sí, acelerando todo el conjunto.
Es también la primera revolución industrial cuyo desenlace nadie puede describir todavía con la distancia histórica que sí existe para las tres anteriores — seguimos, en este mismo momento, dentro de ella.
De 40 km/h a la velocidad de la luz de la información
Vapor
1760-1840
Electricidad
1860-1914
Computación
1950-2010
Convergencia
2010-hoy
Cada una de las cuatro resolvió un cuello de botella distinto de la condición humana. La primera liberó a la producción de la dependencia exclusiva de la fuerza muscular, animal o humana. La segunda multiplicó la escala y la velocidad de esa producción con nuevos materiales y energía eléctrica. La tercera digitalizó la información, haciéndola transmisible de forma instantánea a cualquier punto del planeta. La cuarta está empezando a hacer algo distinto a las anteriores: no solo producir o comunicar más rápido, sino delegar en sistemas no humanos —algoritmos, redes neuronales— tareas que hasta hace muy poco se consideraban exclusivamente del dominio de la inteligencia humana.
Cada revolución industrial generó, además de progreso material, dislocación social profunda: el fin de oficios artesanales enteros con la mecanización textil, la aparición de la clase obrera industrial con sus jornadas extenuantes, la desaparición de profesiones completas con la digitalización. No hay razón para pensar que la Cuarta Revolución será distinta en ese sentido — la pregunta abierta, todavía sin respuesta histórica posible porque seguimos dentro del proceso, es qué nuevas formas de trabajo, de desigualdad y de organización social va a generar la convergencia entre inteligencia artificial, biotecnología y automatización.
Lo único que la historia de las tres revoluciones anteriores permite anticipar con cierta confianza es esto: el cambio va a ser más profundo de lo que la mayoría de sus contemporáneos puede imaginar mientras está ocurriendo — y se va a evaluar con justicia solo dentro de varias décadas, cuando alguien, en el futuro, escriba sobre ella con la misma distancia con la que hoy se escribe sobre el telar mecánico o la máquina de vapor.
Bastión se sostiene con trabajo, no con publicidad. Si esto te aportó algo, invitame un café.
☕ Invitame un caféBastión · Periodismo de investigación e historia · Uruguay
