Tucker Carlson
rompe con los
republicanos
Treinta y cinco años de lealtad terminaron en un podcast. El presentador que ayudó a devolver a Trump a la Casa Blanca declaró que no hay «ninguna posibilidad» de que vuelva a apoyar al Partido Republicano — y dio una razón que nadie de su peso había dicho con esa claridad: el partido «privilegia a un país extranjero por encima de sus propios ciudadanos.» Ese país es Israel.
republicana, terminados
de su programa en Fox
de medio mandato
por su difamación electoral
Tucker Carlson votó republicano toda su vida. Defendió al partido durante 35 años desde algunas de las plataformas más vistas de la televisión estadounidense. Ayudó activamente a que Donald Trump volviera a la Casa Blanca en 2024. El 18 de junio de 2026, en una entrevista grabada para el podcast Can’t Be Censored, dijo una frase que no admite matices: «No hay ninguna posibilidad de que apoye al Partido Republicano.»
«Esto no tiene defensa porque es inmoral»
«No apoyaría al Partido Republicano. No hay ninguna posibilidad de que apoye al Partido Republicano. No voy a apoyar al Partido Demócrata; no sé qué voy a hacer.»
Carlson recordó que fue «un defensor muy consistente del Partido Republicano» durante tres décadas y media, desde distintos espacios mediáticos. Y fue explícito sobre por qué decidió cortar ahora: «Esto no tiene defensa porque es inmoral y exactamente lo opuesto a lo que un partido político en una democracia debe hacer, que es representar a sus votantes, a sus ciudadanos y a su nación.»
La acusación central no fue genérica. Carlson la dirigió a un punto específico y lo nombró sin rodeos: el partido, según él, «privilegia el interés de un país extranjero por encima de sus propios ciudadanos.» Ese país es Israel.
«Lo que sabemos ahora con seguridad es que Estados Unidos fue a la guerra con Irán, una guerra que está perdiendo, que ya ha perdido de hecho, por las presiones del primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu.»
Para Carlson, eso confirma una «traición» del gobierno de Estados Unidos hacia su propia ciudadanía. Y agregó una advertencia directa a la dirigencia republicana, a cinco meses de las elecciones legislativas de noviembre: «Si yo me voy, creo que mucha otra gente también se va.»
Meses de fisuras antes de la ruptura formal
Carlson hace campaña activa para que Trump regrese a la Casa Blanca — uno de sus aliados mediáticos más visibles e influyentes en esa elección.
Cuestiona públicamente la conducción de la administración republicana, acusa al gobierno de involucrarse en «guerras innecesarias» y expresa arrepentimiento por haber apoyado la candidatura de Trump.
Estados Unidos e Israel deciden ir a la guerra contra Irán. Carlson critica públicamente el tono de las amenazas de Trump sobre el estrecho de Ormuz, calificándolo de inapropiado. El distanciamiento se vuelve mucho más agudo a partir de este punto.
Declara en el podcast Can’t Be Censored que no hay «ninguna posibilidad» de que vuelva a apoyar al partido. La ruptura se hace oficial.
Carlson no es el primer nombre de peso del movimiento MAGA en romper con Trump por este mismo eje. La excongresista Marjorie Taylor Greene —una de las aliadas más visibles del trumpismo— atravesó un proceso similar, al punto de que Trump terminó llamándola «chalada» en público.
Dos derechas que ya no pueden convivir en el mismo partido
Lo que está aflorando no es un capricho personal de Carlson, sino una tensión estructural que el mundo conservador estadounidense viene conteniendo desde hace años, entre dos corrientes cada vez más irreconciliables.
La corriente más aislacionista del universo MAGA — la que en algún momento usó el lema «America First» y que ahora algunos describen como «America Only.» Sostiene que los recursos y la atención de Washington deben concentrarse en los problemas internos del país, no en conflictos ni alianzas en el exterior. A veces se superpone, según el análisis de la prensa internacional, con sectores que coquetean con el antisemitismo — algo que conviene señalar sin que eso invalide la crítica legítima al costo de las guerras exteriores que también plantea esta corriente.
La corriente que defiende el rol global de Estados Unidos como potencia que reconfigura el mapa mundial según sus intereses y los de sus aliados — con Israel siempre en el primer lugar de esa lista de prioridades. Es la corriente que terminó llevando a Washington a la guerra contra Irán, en gran medida por presión directa de Netanyahu, según la lectura que hace el propio Carlson.
Carlson no se va con los demócratas — fue explícito en eso. Pero su salida deja a esa primera corriente, la aislacionista, sin uno de sus altavoces más escuchados dentro del propio Partido Republicano, justo cuando las encuestas, según el propio Carlson, ya muestran rechazo social a la guerra con Irán.
De Fox News al despido de 787,5 millones de dólares
Carlson, de 54 años, ingresó a Fox News en 2009. En 2016 obtuvo su propio programa, «Tucker Carlson Tonight,» que se convirtió en el de mayor audiencia del horario estelar de la televisión por cable estadounidense, con un promedio de más de 3 millones de espectadores cada noche. Contrario al aborto, defensor del derecho a portar armas, conocido por comentarios contra inmigrantes, afroamericanos y demócratas, llegó a defender públicamente a los participantes en el asalto al Capitolio del 6 de enero de 2021.
En abril de 2023, Fox News despidió a Carlson tras llegar a un acuerdo extrajudicial histórico con la empresa canadiense de máquinas de votación Dominion, que había demandado a la cadena por difamación. Carlson fue uno de los presentadores que amplificó, sin pruebas sólidas, el bulo del fraude electoral en las presidenciales de 2020. Mensajes y comunicaciones internas de Fox, obtenidos durante el litigio, mostraron que tanto presentadores como ejecutivos de la cadena no creían en la mentira que estaban difundiendo en pantalla. El acuerdo con Dominion, por 787,5 millones de dólares, evitó un juicio que habría expuesto a una de las mayores empresas de medios del mundo por acusaciones falsas usadas para intentar manipular la percepción sobre el resultado electoral.
Tras la salida de Fox, lejos de desaparecer, Carlson se reconvirtió en una de las voces con más peso de la derecha estadounidense, manteniendo una base de seguidores fieles considerable a través de su propio podcast y plataforma independiente — la misma base que ahora escucha su ruptura con el partido al que defendió durante 35 años.
Cinco meses antes de una elección legislativa decisiva
Carlson no rompió con los republicanos en un momento cualquiera. Lo hizo a menos de cinco meses de las elecciones legislativas de medio mandato del 3 de noviembre de 2026 — el proceso donde los demócratas buscan recuperar al menos una de las dos cámaras del Congreso para frenar lo que la prensa estadounidense ya describe como una «presidencia imperial.»
Su advertencia —»si yo me voy, creo que mucha otra gente también se va»— no es una frase suelta. Es una apuesta calculada sobre el peso real que todavía conserva su base de seguidores, y una señal directa a la dirigencia republicana de que el costo político de la guerra con Irán, sumado a la percepción de subordinación a los intereses de Netanyahu, ya no se puede contener dentro del propio espacio conservador.
No hace falta que Carlson tenga razón en cada detalle de su diagnóstico para que el hecho político sea real: una de las voces más influyentes de la derecha estadounidense, con tres décadas y media de lealtad acumulada, decidió en público que ya no hay nada que defender. Y lo dijo cinco meses antes de una elección donde cada voto de esa base puede definir el resultado.
También en Bastión
Bastión se sostiene con trabajo, no con publicidad. Si esto te aportó algo, invitame un café.
☕ Invitame un caféBastión · Investigación · Uruguay
