Keir Starmer
cae tras dos
años de gobierno
Devolvió el poder al laborismo después de 14 años en la oposición, con la mayoría más amplia en décadas. Veintidós meses después, renunció frente al número 10 de Downing Street, derribado por un agujero fiscal heredado, un escándalo con nombre de pederasta confeso, y una derrota electoral que perdió casi 1.500 concejales en una sola jornada.
de julio 2024 a junio 2026
impuestos en tiempos de paz
perdidos en mayo de 2026
postularse a sucederlo
El primer ministro británico, Keir Starmer, anunció su dimisión el lunes 22 de junio de 2026, tras meses de presión sostenida desde dentro de su propio Partido Laborista. En menos de dos años en el cargo enfrentó un estancamiento económico que frustró buena parte de sus propuestas de campaña, fue arrastrado por el escándalo del exembajador Peter Mandelson, y sufrió una derrota electoral local que encendió una rebelión interna que terminó por derribarlo.
Julio de 2024: el regreso laborista después de 14 años
Starmer devolvió al poder al Partido Laborista tras catorce años de gobiernos conservadores, al obtener 411 de los 650 escaños de la Cámara de los Comunes en julio de 2024 — una de las mayorías más amplias en décadas. Se comprometió, en ese momento, a «acabar con el caos» institucional que, según su discurso de campaña, había dejado el conservadurismo.
El optimismo duró poco. Un mes después de asumir, Starmer ya hablaba de «un agujero negro económico» heredado de las administraciones anteriores, advirtiendo públicamente: «Las cosas empeorarán antes de mejorar.» La caída de las previsiones de crecimiento para 2025 golpeó directamente la imagen de un gobierno que había hecho campaña prometiendo reactivar la economía.
El mayor aumento de impuestos en tiempos de paz
En octubre de 2025, la ministra de Finanzas, Rachel Reeves, anunció el incremento de carga fiscal más alto registrado en tiempos de paz en la historia británica reciente — a pesar de que Starmer había prometido en campaña no ejecutar grandes subidas de impuestos. La reforma buscaba recaudar 40.000 millones de libras adicionales al año (unos 52.760 millones de dólares), principalmente mediante el aumento de las cotizaciones a la seguridad social que pagan los empleadores.
La medida generó protestas generalizadas del sector productivo. Y obligó al gobierno a corregir o abandonar, bajo la presión de apretar el gasto público, varias de las propuestas centrales de su propio proyecto: bienestar social, recortes, derechos laborales, identidad digital. El malestar por el costo de vida y la percepción de debilidad en la gestión económica acompañaron a Starmer durante el resto de su mandato.
Peter Mandelson, «mejor amigo» de Epstein
Una de las decisiones que más debilitó el liderazgo de Starmer fue la designación, en 2024, de Peter Mandelson como embajador británico en Estados Unidos — elegido para defender los intereses del Reino Unido durante el segundo mandato de Donald Trump. El nombramiento se ejecutó a pesar de que Mandelson se había autodenominado en 2003 el «mejor amigo» de Jeffrey Epstein, el pederasta confeso que murió en una prisión estadounidense en 2019 mientras esperaba juicio por delitos sexuales.
Sale a la luz un lote de correos electrónicos que demuestran la estrecha relación entre Mandelson, ya en funciones como embajador, y Epstein.
Starmer anuncia el despido de Mandelson «con efecto inmediato.» Pero revelaciones posteriores del Departamento de Justicia de EE. UU. muestran que la amistad continuó incluso después de la condena de Epstein en 2008 por delitos sexuales contra una menor.
Nuevos correos revelan que Mandelson llegó a transmitirle a Epstein información gubernamental sensible y potencialmente influyente en los mercados. El exembajador es arrestado e interrogado por la Policía bajo sospecha de mala conducta en el ejercicio de funciones públicas.
La desclasificación total del caso Epstein desata una crisis interna en el gobierno británico. Renuncian el jefe de gabinete de Starmer, Morgan McSweeney, y su director de comunicación, Tim Allan.
1.500 concejales perdidos, y el ascenso de Reform UK
La derrota electoral del Partido Laborista en los comicios locales y regionales de mitad de mandato, el 7 de mayo de 2026, fue el golpe que terminó de definir la caída. El partido perdió casi 1.500 concejales en una sola jornada — una sangría que encendió las alarmas dentro del oficialismo ante el temor de que la tendencia se repitiera en las elecciones nacionales de 2029.
El gran vencedor de esos comicios fue Reform UK, el partido de ultraderecha y discurso antimigración liderado por Nigel Farage, histórico impulsor del Brexit. Desde febrero de 2025, cuando esa fuerza superó por primera vez al laborismo en una encuesta de opinión nacional, Reform UK encabezó los sondeos de forma sostenida.
«No hay forma de edulcorarlos.»
Los errores propios no explican por sí solos la caída. Cuando Starmer asumió, Gran Bretaña estaba agotada por una década de austeridad conservadora que pretendía reducir la deuda y reactivar el crecimiento tras la crisis financiera de 2008 — y que fracasó en ambos objetivos: la deuda se disparó, y el crecimiento se mantuvo anémico durante años. Starmer heredó ese cuadro estructural, no solo lo gestionó mal.
«Cada decisión la tomé pensando primero en mi país»
Al anunciar su dimisión frente al número 10 de Downing Street, Starmer insistió en que dejaba a su partido y a Gran Bretaña en un lugar mejor que cuando asumió el cargo. Pero reconoció abiertamente las dudas dentro de su propio espacio político sobre si era la persona indicada para liderar al laborismo hacia las próximas elecciones generales.
«He escuchado la respuesta de mi grupo parlamentario a esa pregunta, y acepto esa respuesta con buen talante. Cada decisión que he tomado ha sido para poner primero al país que amo. Por eso dimitiré como líder del Partido Laborista.»
La presión interna que lo empujó a esa decisión venía acumulándose desde semanas antes. El ministro de Sanidad, Wes Streeting, había dimitido a mediados de mayo invocando una pérdida de confianza en Starmer, y pidió formalmente una contienda por el liderazgo del partido, en la que se declaró aspirante. Días después, el ministro de Defensa, John Healey, también renunció al gobierno, tras meses de disputa sobre el presupuesto militar — acusó a Starmer de no comprometer los fondos necesarios para proteger al país frente a amenazas crecientes.
Ministro de Sanidad. Renunció a mediados de mayo de 2026 invocando pérdida de confianza en Starmer. Pidió una contienda de liderazgo y se postuló como aspirante — luego se sumó al respaldo de Burnham.
Ministro de Defensa. Renunció tras meses de disputa sobre el gasto militar, acusando a Starmer de no destinar los fondos necesarios frente a amenazas crecientes.
Jefe de gabinete de Starmer. Renunció a principios de febrero de 2026, en medio de la crisis por la desclasificación total del caso Epstein-Mandelson.
Director de comunicación de Starmer. Renunció junto a McSweeney, en el mismo episodio.
Andy Burnham, el alcalde que le ganó a Reform UK
Mientras el gobierno de Starmer perdía ministros, el alcalde de Manchester, Andy Burnham, se abría camino para disputar el liderazgo laborista. El primer respaldo concreto llegó del diputado Josh Simons, quien renunció a su banca para que Burnham pudiera presentarse como candidato al Parlamento. Burnham no solo se postuló — ganó esa elección de forma aplastante contra Reform UK, un resultado que devolvió algo de esperanza al laborismo sobre su capacidad real de contener el avance de Farage.
El regreso de Burnham al Parlamento allanó el camino para que sea él —identificado como de centroizquierda dentro del partido— quien suceda a Starmer en Downing Street. Incluso Streeting, que se había postulado como aspirante propio, terminó adhiriendo a la candidatura de Burnham apenas se oficializó la renuncia de Starmer este lunes.
«De cara al futuro, nuestra prioridad debe ser trabajar unidos para devolver al país al lugar donde todos queremos que esté. La gente quiere ver avances en el crecimiento económico, el costo de la vida, los servicios públicos, la vivienda y las oportunidades para la próxima generación. El cambio político nunca debe distraernos de la responsabilidad de mejorar la vida de las personas.»
El calendario de la sucesión
Ser miembro del Parlamento y reunir el respaldo de al menos el 20% de los diputados laboristas — con una bancada de 403 escaños, eso implica conseguir el apoyo de al menos 81 legisladores, incluido el propio candidato.
Se abre el período de nominaciones.
Cierre del plazo de nominaciones, coincidiendo con el receso parlamentario de verano.
Fecha límite para que concluya todo el proceso, en caso de que haya más de un candidato — pensada para evitar un vacío de poder prolongado antes de que el Parlamento retome sesiones.
Si al cierre del plazo de nominaciones se presenta un solo candidato —un escenario que hoy parece probable dado el respaldo que ya acumula Burnham—, podría ser proclamado líder sin necesidad de una votación interna, acelerando significativamente la transición. Si hubiera más de un aspirante, la definición pasaría a una votación abierta a todos los miembros y afiliados del Partido Laborista —incluidos los sindicatos—, otorgando un peso decisivo a las bases del partido por sobre la cúpula parlamentaria. El ganador de ese proceso se convierte automáticamente en líder del partido y, por extensión directa, en primer ministro de Gran Bretaña, sin necesidad de una elección general inmediata. Hasta que se confirme un resultado, Starmer continuará en funciones, supervisando el traspaso de mando.
Una caída con muchos padres — y un desafío que no se resuelve solo
Starmer no cayó por una sola razón. Cayó por la combinación de un agujero fiscal heredado que lo obligó a romper promesas centrales de campaña, un error de juicio político con el nombramiento de Mandelson que terminó vinculando a su propio gobierno con el nombre de Epstein, y una derrota electoral que demostró, en los hechos, que Reform UK ya no es una amenaza hipotética sino una fuerza capaz de arrebatarle al laborismo el control de gobiernos locales completos.
Lo que sigue sin resolverse, más allá de quién ocupe Downing Street a partir de septiembre, es el desafío estructural de fondo: una economía que no termina de crecer, una deuda heredada que ningún gobierno logró reducir en quince años, y una derecha antimigración que crece justamente en el vacío que deja cada promesa laborista incumplida. El triunfo de Burnham contra Reform UK en su propia elección parlamentaria es la primera señal real de que ese avance puede contenerse — pero apenas eso, una señal, no una garantía.
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