Netanyahu, garra destrozando bandera palestina, misiles y fuego.

Netanyahu no quiere la paz: quiere territorio

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Netanyahu no quiere la paz: quiere territorio

Líbano, Cisjordania y Gaza muestran el mismo patrón: alto el fuego en el papel, expansión en el terreno. El mundo condena. Israel avanza. Nadie sanciona.

Bastión · Medio Oriente · Junio 2026

El miércoles 25 de junio, Benjamín Netanyahu subió a un escenario de graduación de oficiales y dijo, sin demasiados rodeos, que Israel todavía tiene «tareas pendientes» contra Irán y contra Hamas. En la misma intervención, descartó fijar un calendario de retirada de las tropas israelíes del sur del Líbano. Lo dijo horas antes de que terminara la tercera ronda de negociaciones directas entre Israel y el Líbano en Washington, mediada por Estados Unidos. El mensaje no podría haber sido más claro: mientras Washington trabaja en una mesa de diálogo, Jerusalén ya decidió que no se va a ir.

No es la primera vez que pasa esto. Y el patrón, cuando se lo mira con los tres frentes abiertos a la vez —Líbano, Cisjordania y Gaza— deja de parecer una serie de coincidencias y empieza a leerse como una estrategia.

Líbano: un alto el fuego que Israel nunca respetó

El acuerdo de cese de hostilidades entre Israel y Hezbolá se firmó el 27 de noviembre de 2024, mediado por Estados Unidos y Francia. Desde entonces, según reconstrucciones periodísticas verificables, los ataques israelíes nunca se detuvieron del todo, y a partir de la segunda quincena de octubre de 2025 escalaron sin precedentes en frecuencia.

El 17 de septiembre de 2025, las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) atacaron y eliminaron a un objetivo en la zona de Baalbek mediante aviones de la Fuerza Aérea bajo mando del Comando Norte —la propia FDI lo confirmó en su canal de Telegram—. El 3 de septiembre, drones del ejército israelí lanzaron granadas cerca de cascos azules de la Fuerza Provisional de la ONU en Líbano (FPNUL), un episodio que terminó en denuncia ante la ONU. Y estos son apenas dos ejemplos de decenas de bombardeos sobre territorio libanés que Tel Aviv justificó, en general, como respuestas a actividad de Hezbolá —aunque en más de una ocasión ni siquiera mencionó al grupo como objetivo.

¿Hezbolá cumplió con desarmarse, como exigía el acuerdo de 2024? No. Pero los ataques los inició Israel, y la secuencia de quién rompió el alto el fuego primero —y de forma sostenida— es la que conviene no perder de vista.

Ahora, en pleno proceso negociador en Washington, Netanyahu y su ministro de Defensa, Israel Katz, lo dijeron de la forma más directa posible.

Debemos permanecer en la zona de seguridad en el Líbano, en Siria y en Gaza, y no por un tiempo limitado, para defender a nuestros residentes y comunidades frente a elementos yihadistas. Israel Katz · Ministro de Defensa de Israel

Katz agregó que Israel se opone a la retirada «a pesar de todas las presiones que existen y las que aún están por venir». El portavoz del gobierno, David Mencer, fue más allá: invocó el incumplimiento de 2024 de Hezbolá para justificar que no habrá movimiento de tropas «mientras Hezbolá siga siendo una amenaza».

Es un argumento circular cómodo: Israel rompe el alto el fuego, Hezbolá no se desarma en ese contexto, e Israel usa el no-desarme de Hezbolá para no retirarse nunca.

El problema de fondo, además, es jurídico. El memorándum de entendimiento firmado entre Washington y Teherán —en el marco de la pausa del conflicto con Irán— incluye el cese «inmediato y permanente» de operaciones militares «en todos los frentes, incluido el Líbano», además del compromiso de garantizar la integridad territorial libanesa. Israel no es parte de ese acuerdo. Y al mantener sus fuerzas en suelo libanés, rechaza implícitamente esa cláusula. Analistas de Chatham House ya advirtieron que el cumplimiento israelí de ese punto es improbable, lo que convierte al propio memorándum en una fuente permanente de inestabilidad.

Mientras tanto, el secretario de Estado Marco Rubio insiste en que Israel y Líbano están «muy cerca» de un «compromiso de intención», y subraya que, por primera vez en 30 años, el gobierno soberano libanés habla directamente con el israelí. Fuentes de ambos países, sin embargo, describieron esta última ronda como la menos productiva hasta la fecha.


Cisjordania: la anexión que ya no se disimula

Si en Líbano el patrón es «ataco mientras niego que rompo el alto el fuego», en Cisjordania el patrón es otro, más antiguo y más documentado: la anexión gradual, declarada casi sin pudor por los propios protagonistas.

A principios de 2026, el gabinete israelí avanzó planes para un asentamiento masivo que extiende los límites municipales de Jerusalén hacia el interior de Cisjordania, difuminando la histórica Línea Verde de 1949. En febrero, Israel modificó las normas de registro de propiedad en el Área C —el 63% de Cisjordania, bajo control total israelí según los Acuerdos de Oslo—: al exigir títulos de propiedad que los palestinos rara vez pueden probar, vastas extensiones de tierra quedan declaradas «tierra estatal». Según Amnistía Internacional, casi el 58% de las tierras del Área C no están registradas, y para febrero de 2026 las autoridades israelíes ya habían confiscado casi la mitad de ellas bajo esa figura. Se sumó, además, un récord de más de 80 nuevos puestos de avanzada de colonos autorizados en el último año.

El Carnegie Endowment for International Peace calculó, en un informe del 15 de mayo de 2026, que entre fines de 2024 y mediados de 2026 Israel anexó entre 970 y 1.025 kilómetros cuadrados de nuevo territorio, contando los distintos frentes —Cisjordania, la zona desmilitarizada de Quneitra en Siria, y la llamada «Línea Amarilla» en Líbano y Gaza.

Lo dicen en voz alta

Lo que distingue este proceso de otros es que sus responsables no lo disimulan. El ministro de Finanzas, Bezalel Smotrich —colono él mismo y a cargo de los asuntos civiles en Cisjordania— presentó a Netanyahu un plan para transferir «zonas estratégicas» de las Áreas A y B (bajo administración palestina) al Área C (control israelí total). Lo anunció en X y pidió que el gabinete lo aprobara esa misma noche.

Seguiremos fortaleciendo los asentamientos, afianzando nuestro control sobre la Tierra de Israel y combatiendo el terrorismo sin temor. Bezalel Smotrich · Ministro de Finanzas de Israel

El ministro de Patrimonio, Amichay Eliyahu, izó una bandera israelí en el monte Sartaba con una frase que no deja margen de ambigüedad: «Solo estamos reocupando lo que ya es nuestro». El canciller Gideon Saar fue, si cabe, más explícito todavía: «Israel ha estado, está y seguirá estando en defensa de lo que es el derecho de los judíos a establecerse en el corazón de nuestra patria […] Ningún otro pueblo en el mundo tiene un derecho tan documentado y de larga data a su tierra como el pueblo judío».

No son ministros aislados ni declaraciones sueltas. Según un análisis de TRT, altos funcionarios israelíes describieron estos cambios directamente como el establecimiento de una «soberanía de facto» —es decir, anexión sin la palabra anexión—. Y Amnistía Internacional fue más lejos en un informe reciente: documentó una «campaña de limpieza étnica» dirigida por el Estado contra comunidades beduinas y de pastoreo en el Área C, no por «colonos descontrolados» sino como política estatal. Entre 2005 y 2024, solo el 3% de los expedientes policiales abiertos por violencia de colonos terminó en condena, según la organización israelí Yesh Din.

En febrero, una coalición de 19 a 20 países —desde Brasil hasta Arabia Saudita, desde Francia hasta Qatar— condenó formalmente estas medidas como «anexión de facto» y «un ataque deliberado y directo contra la viabilidad del Estado palestino». Washington, mientras tanto, «reafirmó su oposición» en el papel, sin traducir esa oposición en ninguna medida concreta.


Gaza: el alto el fuego que avanza hacia más ocupación, no hacia menos

El tercer frente cierra el círculo. En febrero de 2026, Trump presentó en Washington su «Junta de Paz» para supervisar el alto el fuego de octubre de 2025 entre Israel y Hamas, con una segunda fase centrada en el desarme del grupo y la reconstrucción. Cuatro meses después, casi nada de eso ocurrió: el fondo del Banco Mundial para reconstrucción no recibió un dólar de los 17.000 millones prometidos, y la oficina de derechos humanos de la ONU denunció a comienzos de junio que los palestinos siguen muriendo en la Franja a pesar del supuesto alto el fuego.

Lo que sí avanzó, según reporta Público citando fuentes de la región, es la ocupación: el ejército israelí extendió su control hasta cerca del 60% del territorio de Gaza, vaciándolo de población palestina, «y pretende seguir avanzando». Smotrich lo formuló sin vueltas en febrero: si Hamas no se desarma según el cronograma que le impone Israel, las FDI «conquistarán la Franja de Gaza y establecerán allí un asentamiento judío».

La frase de Smotrich sobre Gaza

«Al final, las Fuerzas de Defensa de Israel conquistarán la Franja de Gaza y establecerán allí un asentamiento judío», predijo el ministro de Finanzas en febrero de 2026.

Y fue todavía más claro sobre el verdadero objetivo detrás del plan de paz: Israel «no ha renunciado a destruir a Hamas». Según Smotrich, Jerusalén simplemente le está dando a Trump «una oportunidad de hacerlo a su manera» antes de retomar los combates por cuenta propia.

Es el mismo guión que en Líbano —»mientras la otra parte no se desarme, nosotros no nos retiramos»— aplicado a un territorio donde Israel ya controla más de la mitad bajo el paraguas de un acuerdo de paz que todavía no entregó ni ayuda humanitaria suficiente.


Un solo patrón, tres territorios

Puesto en una misma línea, lo que surge no es una sucesión de guerras preventivas defensivas, sino una estrategia de expansión territorial sostenida con el mismo mecanismo en los tres frentes: se firma o se negocia un marco de cese de hostilidades, Israel exige el desarme total y verificado del otro lado como condición previa, y mientras ese desarme no ocurre —o incluso mientras ocurre, como en Líbano— las fuerzas israelíes amplían el territorio bajo su control. El desarme nunca es, en la práctica, condición suficiente para la retirada; es la excusa que permite no fijar nunca una fecha de salida.

La pregunta que cabe hacerse, entonces, no es si Hezbolá, Hamas o la Autoridad Palestina van a cumplir alguna vez con las condiciones que les impone Israel. La pregunta es qué pasaría si las cumplieran. Cisjordania, donde no hay ningún grupo armado equivalente que justifique la ocupación, y donde sin embargo el ritmo de asentamientos, confiscaciones y declaraciones de soberanía se acelera año a año, es la respuesta más clara disponible: ahí no hace falta una guerra para que avance el despojo.

El mundo mira para el costado

Y todo esto ocurre a la luz del día, no en la sombra. La Corte Internacional de Justicia ya declaró ilegal la ocupación israelí del territorio palestino en su opinión consultiva de 2024. Hay más de 131 resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU sobre violaciones del derecho internacional por parte de Israel desde 1948 que siguen sin implementarse. En febrero de 2026, 85 Estados miembros de la ONU criticaron formalmente las medidas israelíes en Cisjordania; días después, una coalición de 19 a 20 países —de Brasil a Arabia Saudita, de Francia a Qatar— condenó la «anexión de facto» en una declaración conjunta. La oficina de derechos humanos de la ONU denuncia, mes tras mes, que los palestinos siguen muriendo en Gaza pese al alto el fuego. Amnistía Internacional documentó con nombre y apellido una campaña de limpieza étnica dirigida por el Estado israelí en el Área C.

Ninguna de esas condenas vino acompañada de una sanción que duela. La Unión Europea aprobó este año medidas contra colonos individuales por violencia contra palestinos —un paso simbólico, dirigido a personas, no al Estado que financia y arma los asentamientos que esos colonos habitan—. Estados Unidos «reafirma su oposición a la anexión» y «llama a la moderación» en cada comunicado, sin que esa oposición se traduzca jamás en presión material: ni condicionamiento de ayuda militar, ni sanciones económicas, ni nada que Jerusalén tenga motivos para temer.

La oposición verbal sin aplicación no funciona como disuasión. Funciona como acomodación.

Israel no necesita ocultar sus intenciones —sus propios ministros las publican en X— porque ya aprendió, con treinta años de evidencia acumulada, que decirlas en voz alta no tiene costo. Mientras el mundo siga produciendo comunicados de condena y Washington siga limitándose a la retórica, no hay razón para que el patrón —guerra donde hace falta una excusa, anexión donde no hace falta ninguna— se interrumpa solo.



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Fuentes: Declaraciones de Benjamín Netanyahu, Israel Katz y David Mencer, 25 de junio de 2026. Registro de ataques israelíes en Líbano (FDI, Telegram oficial; denuncias ante la ONU, septiembre 2025). Declaraciones de Marco Rubio sobre la ronda de Washington. Informe del Carnegie Endowment for International Peace, 15 de mayo de 2026. Declaraciones de Bezalel Smotrich, Amichay Eliyahu y Gideon Saar recogidas por Infobae y Aurora Israel. Análisis de TRT Español sobre anexión de facto. Informe de Amnistía Internacional «Borrado de todo lo palestino». Datos de Yesh Din sobre impunidad en violencia de colonos. Declaración conjunta de cancillerías, febrero de 2026. Cobertura de la Junta de Paz y la situación en Gaza por Público, Infobae y La Jornada. Opinión consultiva de la Corte Internacional de Justicia, 2024.

Este artículo tiene propósito informativo y analítico.

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