Durante más de dos años, una mayoría aplastante de israelíes quiso el acuerdo que traería a los rehenes de vuelta. Netanyahu no lo firmó. No era imposible — quedó demostrado cuando la presión popular, internacional y electoral lo obligó a firmarlo en octubre de 2025. Lo que resultó imposible fue que lo firmara por convicción.
El 8 de octubre de 2025 — exactamente dos años y un día después del ataque de Hamás — Trump anunció en Truth Social que Israel y Hamás habían firmado la primera fase de su plan de paz. Todos los rehenes vivos serían liberados juntos. Los cuerpos de los fallecidos también serían devueltos. Netanyahu declaró: «Con la ayuda de Dios, los traeremos a todos de vuelta a casa.» Habló como si hubiera luchado dos años por ese momento. La realidad fue más compleja: durante esos dos años, hubo acuerdo disponible y no lo firmó. Lo firmó cuando el costo político de no firmarlo superó finalmente el costo de firmarlo.
Esa secuencia —el acuerdo que era «imposible» durante dos años y luego fue posible en días— es el dato más revelador de todo lo que ocurrió en Israel entre octubre de 2023 y octubre de 2025. No revela nada sobre Hamás que no supiéramos ya. Revela todo sobre la lógica política interna que gobernó las decisiones de Netanyahu durante ese período.
Lo que los medios no dicen sobre la primera huelga
Para entender lo que pasó en Israel durante esos dos años, hay que recordar lo que pasó en marzo de 2023 — siete meses antes del 7 de octubre. En ese momento, el país vivía la mayor oleada de protestas desde su fundación: quince semanas consecutivas de movilizaciones que paralizaron aeropuertos, cerraron embajadas israelíes en todo el mundo y llevaron al presidente Isaac Herzog a dirigirse en tono dramático al gabinete.
Toda la nación está profundamente preocupada. Nuestra seguridad, nuestra economía y nuestra sociedad están amenazadas. Por el bien de la unidad del pueblo de Israel, los llamo a detener inmediatamente el proceso legislativo. Isaac Herzog · Presidente de Israel, marzo de 2023
¿Contra qué protestaban? No contra Hamás. No contra ninguna amenaza externa. Protestaban contra la reforma judicial impulsada por Netanyahu: un paquete de cambios que buscaba limitar el poder de la Corte Suprema para supervisar las decisiones del gobierno, cambiar la composición del comité que selecciona a los jueces para darle al ejecutivo mayoría de votos, y otorgar al Parlamento el poder de anular decisiones judiciales con simple mayoría.
El conflicto de intereses era evidente: Netanyahu está siendo juzgado por corrupción — fraude, soborno y abuso de confianza — y como parte del acuerdo para gobernar pese a estar imputado, firmó una declaración de conflicto de intereses que le impide participar en la elaboración de políticas judiciales. Eso no le impidió impulsar una reforma que habría blindado al ejecutivo de cualquier supervisión judicial independiente. Como lo resumió Yair Lapid en la Knesset: el país había sido «tomado como rehén por un puñado de extremistas sin frenos ni límites.»
Fue en ese contexto de crisis institucional máxima cuando Netanyahu destituyó a Yoav Gallant, su propio ministro de Defensa, porque Gallant había dicho en voz alta lo que muchos militares pensaban: que la división interna era «una amenaza tangible para la seguridad de Israel». Lo destituyó. La presión popular lo obligó a restituirlo días después. Siete meses más tarde llegó el 7 de octubre.
La cadena que nadie traza en público
El Ministerio de Defensa israelí, el Shin Bet y la inteligencia militar tenían alertas sobre los planes de Hamás. Algunas eran específicas, con detalles sobre el tipo de ataque que se estaba preparando. Esas alertas existían mientras el gobierno estaba completamente concentrado en sobrevivir políticamente: en la reforma judicial, en mantener a los partidos haredim contentos para que no rompieran la coalición, en gestionar el escándalo de corrupción de Netanyahu.
Cuando llegó el 7 de octubre, Netanyahu publicó un video echando la culpa a los jefes militares y de inteligencia. Luego publicó un documento de 55 páginas con citas seleccionadas de protocolos del gabinete para demostrar que él siempre había querido eliminar a Hamás y que otros se lo habían impedido. Su ex ministro de Defensa Gallant lo llamó mentiroso en público. El ex jefe del Shin Bet Argaman dijo que él había presionado durante años para actuar contra los líderes de Hamás y que fue el gobierno quien lo bloqueó. Tres años después, Israel sigue sin comisión estatal de investigación independiente. El único documento oficial sobre los hechos es el que escribió Netanyahu.
Los rehenes como moneda política
De los 251 rehenes y cuerpos trasladados a Gaza el 7 de octubre de 2023, 117 fueron liberados en una primera fase de enero-febrero de 2025, principalmente mujeres, niños y trabajadores extranjeros. El acuerdo de octubre de 2025 completó el proceso: todos los rehenes vivos restantes fueron liberados juntos, y los cuerpos de los fallecidos en cautiverio también fueron devueltos.
Durante todo ese período intermedio —más de dos años— hubo momentos en que el acuerdo estaba a alcance. El hallazgo de seis cuerpos en los túneles de Rafah en septiembre de 2024 — Carmel Gat, Eden Yerushalmi, el estadounidense-israelí Hersh Goldberg-Polin, Almog Sarusi, Ori Danino y Alexander Lobanov — desató una huelga general convocada por la Histadrut. Era la primera huelga de ese tipo desde marzo de 2023, la de la reforma judicial. El hallazgo de los cuerpos, según CNN, debilitó el argumento de Netanyahu de que la presión militar facilitaba un acuerdo.
La lógica que impedía el acuerdo
Smotrich y Ben Gvir amenazaban con romper la coalición si Netanyahu firmaba cualquier tregua que no incluyera la continuación indefinida de las operaciones militares en Gaza. Sin coalición, Netanyahu perdía el gobierno. Sin gobierno, enfrentaba solo su juicio por corrupción. Los rehenes eran la bisagra que sostenía todo el mecanismo: mientras hubiera rehenes que «rescatar militarmente», había justificación para continuar la guerra; mientras hubiera guerra, había razón para mantener la coalición de emergencia.
El ministro de Educación Yoav Kisch acusó a los manifestantes que pedían el acuerdo de «servir a Hamás». El padre de Ori Danino, uno de los rehenes cuyo cuerpo fue encontrado en los túneles, exigió públicamente que Netanyahu dejara de usar el nombre de su hijo. Netanyahu siguió usándolo.
Hubo acuerdo disponible durante dos años y no fue firmado. Fue firmado cuando la presión popular, el segundo aniversario del ataque y las elecciones de octubre en el horizonte hicieron que el costo político de no firmarlo superara el costo de firmarlo. No fue convicción. Fue aritmética.
La otra fractura: los que van y los que no van
Hay una segunda grieta interna que el gobierno israelí administró con la misma lógica durante todo el período: el reclutamiento de los haredim.
El Tribunal Superior de Justicia ordenó el reclutamiento universal — que los jóvenes ultraortodoxos cumplieran el servicio militar igual que el resto. El mismo tribunal congeló los fondos públicos a las instituciones religiosas que no cumplieran. Los partidos haredim —Shas y Judaísmo Unido de la Torá— respondieron amenazando con romper la coalición. Netanyahu no aplicó la orden del tribunal.
El resultado fue una fractura que los soldados seculares y religiosos moderados sintieron en carne propia: hubo israelíes que fueron al frente en su segunda, tercera o cuarta rotación desde octubre de 2023, mientras una comunidad entera de jóvenes en edad militar permanecía exenta porque sus partidos eran indispensables para que el gobierno sobreviviera. El sucesor de Gallant en el Ministerio de Defensa, el general Baram, lo resumió ante el comité parlamentario con una frase que algunos miembros recibieron con risas: «La IDF solo recluta por amor, principalmente para la batalla.» No era una broma. Era la descripción burocrática de un sistema donde el costo de la guerra se distribuye de forma radicalmente desigual según la utilidad política de cada comunidad.
El día 1000: la impudicia como política
El 2 de julio de 2026 —hoy, exactamente mil días después del ataque del 7 de octubre de 2023— Bezalel Smotrich apareció en un podcast y se atribuyó el mérito de la liberación de todos los rehenes. El mismo Smotrich que había votado repetidamente contra los acuerdos que habrían permitido liberarlos antes. El mismo que amenazó en múltiples ocasiones con retirar a su partido del gobierno si se firmaba cualquier trato que él desaprobara. El mismo que, según el general de división Nitzan Alon —ex jefe del equipo de rehenes—, fue parte de una dirección política que «rechazó acuerdos integrales anteriores en nombre de esa ‘victoria total’, que en realidad es una falsedad».
El razonamiento de Smotrich fue el siguiente: si no hubiera bloqueado un acuerdo parcial que habría liberado a ocho rehenes pero dejado doce atrás, «aún hoy habríamos estado negociando con Hamás por otro, y otro más, y otro más». Lo que no explicó es que ese acuerdo parcial, de no haberse derrumbado en marzo de 2025, habría avanzado a una segunda fase que incluía la liberación de todos los rehenes. Tampoco explicó que algunos de los 41 rehenes que fueron secuestrados vivos y asesinados en cautiverio — incluida Carmel Gat, asesinada en agosto de 2024 — podrían haber estado en ese acuerdo si él no lo hubiera torpedeado.
Las respuestas de quienes lo vivieron en carne propia no se hicieron esperar.
Si quieres decir que es gracias a ti que asesinaron rehenes mientras tú torpedeabas los acuerdos — entonces sí. Si dependiera de ti, hasta hoy, no habríamos regresado. Or Levy · Rehén liberado en febrero de 2025, cuya esposa Eynav fue asesinada en el festival Nova
Carmel fue asesinada porque te negaste a devolverla a tiempo. Si traer de vuelta a una mujer con vida y traerla muerta es lo mismo para ti, entonces realmente mereces el título de «ministro por sacrificar a los rehenes.» Gil Dickmann · Primo de Carmel Gat, asesinada en cautiverio en agosto de 2024
Smotrich tuvo que cancelar una visita prevista al kibutz Be’eri ese mismo día ante la indignación de sus residentes.
Pero el episodio más revelador de ese día mil llegó de Netanyahu. En una entrevista con el Canal 14 —el canal oficialista— el primer ministro fue consultado sobre cómo lo había cambiado el 7 de octubre. Su respuesta: bromeó diciendo que había «perdido un poco de peso». El exrehén Eli Sharabi, que fue capturado ese día mientras su esposa e hijas eran asesinadas, respondió con la contención de quien ya no tiene energía para la indignación ordinaria: «Esta fue otra declaración embarazosa de personas que afirman ser los líderes de Israel y para el pueblo de Israel.»
La mentira de la responsabilidad
Las conmemoraciones del día mil en todo Israel giraron en torno a un reclamo central: que el gobierno nunca asumió la responsabilidad de los fracasos que permitieron a miles de terroristas invadir el sur del país. El Consejo de Octubre —grupo de familias en duelo, supervivientes y exrehenes— abrió los actos a las 6:29 de la mañana, la hora exacta en que comenzó el ataque. Su foco: la negativa del gobierno a crear una comisión estatal de investigación independiente.
Yoram Yehudai, padre de Ron Yehudai, víctima del festival Nova, lo resumió desde el lugar de la masacre: «Sobre todo, son mil días sin Ron, mil días de un corazón desgarrado. Mil días para las familias en duelo, mil días de tormento infligido al pueblo. Mil días sin saber qué pasó ni cómo ocurrió.»
Esther Buchshtab, madre de Yagev Buchshtab —secuestrado y asesinado en cautiverio— fue más directa: «Han pasado mil días desde que comenzó el abandono. La presión militar no salvó rehenes — les perjudicó. Pero el gobierno siguió su camino y no supo ver a las personas que estaban allí.»
Frente a todo esto, el viceministro Almog Cohen eligió culpar a la izquierda por el 7 de octubre, argumentando que las amenazas de reservistas de no presentarse al servicio —en protesta por la reforma judicial— habían «provocado la masacre». La afirmación era falsa: israelíes de todos los sectores políticos corrieron ese día hacia el sur para ayudar. Yair Golan, a quien Cohen acusó de «sacrificar a nuestros hijos a Hamás», fue celebrado por apresurarse al sur en su propio auto a rescatar personas. Gadi Eisenkot, también señalado por Cohen, perdió a un hijo combatiendo en la guerra que siguió. Era, como lo describió el exrehén Elad Or, «parte de la campaña que el gobierno decidió llevar a cabo contra nosotros después de darse cuenta de que el público sí se preocupa por los rehenes — por razones políticas, el gobierno lanzó una campaña contra nosotros, a nuestra costa.»
El pueblo que no estuvo dormido
Lo que las protestas, los actos del día mil y las declaraciones de rehenes liberados y sus familias muestran juntos es que el pueblo israelí no estuvo dormido en ningún momento. Detectó el problema de la reforma judicial antes del 7 de octubre. Salió a la calle cuando encontraron los cuerpos. Exigió el acuerdo cuando el gobierno decía que era imposible. Y cuando el acuerdo finalmente se firmó — bajo presión de Trump, bajo presión popular, bajo la presión del calendario electoral — no fue porque Netanyahu o Smotrich hubieran cambiado de posición. Fue porque el pueblo israelí, sus aliados internacionales y hasta el propio Trump habían hecho que la posición del gobierno resultara insostenible.
El general Alon lo dijo con la precisión de quien lo vivió desde adentro: la guerra podría haber terminado «al menos un año antes». Algunos de los 41 rehenes asesinados en cautiverio «podrían haber regresado a casa con vida si se hubieran tomado decisiones diferentes.» El gabinete y la dirección política «rechazaron acuerdos integrales anteriores en nombre de esa ‘victoria total’, que en realidad es una falsedad.»
Yair Lapid lo había dicho en la Knesset en marzo de 2023, antes de que todo esto ocurriera, con una frase que el tiempo convirtió en más precisa de lo que probablemente imaginaba: el país había sido «tomado como rehén por un puñado de extremistas sin frenos ni límites.» Los rehenes en los túneles de Gaza fueron los más visibles. Y el acuerdo que finalmente los liberó llegó no porque el gobierno lo quisiera, sino porque el pueblo israelí — ese pueblo resiliente, inteligente, que merece un liderazgo completamente distinto al que tuvo — no dejó de presionar hasta que fue imposible no firmarlo.
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Este artículo tiene propósito informativo y analítico.
