Criptomonedas, hacking y pobreza global: contraste de mundos.

Cripto y dinero sucio: el sistema que lava miles de millones

Cripto y dinero sucio: el sistema que lava miles de millones | Bastión
Bastión — Geopolítica e Historia
Basado en la investigación de The New York Times y el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación · 36 medios · 2026
Economía · Crimen organizado

Cripto y dinero sucio:
el sistema que lava miles de millones

Al menos 28.000 millones de dólares vinculados a actividades ilícitas ingresaron a las mayores bolsas de criptomonedas en dos años. Trump indultó al fundador de Binance, desmanteló el equipo que investigaba estos crímenes y convirtió las criptomonedas en un negocio familiar. La arquitectura de la impunidad ya está completa.

Bastión · Julio 2026 · Investigación
$28.000M Dólares ilícitos ingresados a bolsas cripto en dos años
$4.300M Multa pagada por Binance en 2023 por violar leyes antilavado
$1.500M Robados por hackers norcoreanos a la plataforma Bybit en febrero pasado
$5.800M Pérdidas por fraude cripto reportadas al FBI solo en el último año

Una investigación conjunta del New York Times y el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación, que involucró a 36 medios de comunicación de todo el mundo, trazó el recorrido del dinero sucio dentro del sistema de criptomonedas con un nivel de detalle sin precedentes. Lo que encontraron no es una anomalía ni el residuo de una era pasada: es un flujo constante, medible y documentado de fondos procedentes de ciberataques, estafas, extorsiones y operaciones criminales que ingresan a las plataformas más grandes y legítimas del mundo cripto. Y mientras eso ocurre, el gobierno de Donald Trump —que convirtió las criptomonedas en un negocio familiar— desmantela los mecanismos que deberían detenerlo.

Lo que reveló la investigación: los hallazgos clave

El análisis se basó en datos de Chainalysis, una de las principales empresas de rastreo de transacciones en criptomonedas, combinados con registros públicos, consultas a expertos forenses y las propias billeteras digitales que algunas organizaciones criminales publicaron en sus informes financieros. Las transacciones en criptomonedas quedan asentadas en un registro público —la blockchain— lo que permite, en principio, rastrear el movimiento de fondos hasta bolsas individuales. Lo que el análisis encontró es que ese rastro lleva, una y otra vez, a las mismas plataformas.

01
Binance y el Grupo Huione: desde la declaración de culpabilidad de Binance en 2023, la bolsa recibió más de 400 millones de dólares en depósitos del Grupo Huione, una operación camboyana señalada por el Departamento del Tesoro como un «nodo crítico» para ciberrobos y estafas. Los flujos continuaron incluso después de que el Tesoro actuara contra Huione en mayo de este año: al menos 77 millones de dólares más ingresaron a Binance en los dos meses y medio siguientes.
02
OKX y los mismos fondos: durante los cinco meses posteriores al acuerdo de 504 millones de dólares que OKX firmó con el gobierno estadounidense en febrero por violar leyes de transferencias de dinero, la plataforma recibió más de 220 millones de dólares en depósitos de las billeteras de Huione.
03
El robo norcoreano y Binance: tras el mayor robo de criptomonedas de la historia —1.500 millones de dólares sustraídos de Bybit por el Grupo Lázaro de Corea del Norte en febrero— cinco cuentas de depósito de Binance registraron un aumento inusual de 900 millones de dólares en la misma criptomoneda, procedente del mismo servicio de conversión que usaron los hackers para blanquear los fondos robados.
04
Estafas y bolsas grandes: las bolsas de criptomonedas de todo el mundo recibieron al menos 4.000 millones de dólares relacionados con estafas en 2024, según datos de Chainalysis. El Times entrevistó a más de dos decenas de víctimas cuyos fondos robados terminaron en Binance, OKX, Bybit y HTX.
05
Cripto por efectivo: más de 531 millones de dólares ingresaron a Binance, OKX y Bybit el año pasado procedentes de servicios de conversión cripto-efectivo que operan en locales físicos de Asia y Europa del Este, muchas veces sin solicitar ningún documento de identidad a sus clientes.

El análisis no pretende ser exhaustivo — muchas cuentas de delincuentes no han sido identificadas públicamente — pero es uno de los primeros esfuerzos sistemáticos para rastrear este dinero en plataformas específicas, que raramente son señaladas en los informes de las firmas de análisis que recopilan los datos más completos.

Binance: culpable, multada y de regreso al negocio

La historia de Binance con el dinero sucio no es nueva ni desconocida. En 2023, la mayor bolsa de criptomonedas del mundo se declaró culpable de violar las leyes estadounidenses contra el lavado de dinero y acordó pagar una multa de 4.300 millones de dólares al gobierno de Estados Unidos. La investigación había revelado que la plataforma había procesado transacciones para grupos terroristas, entre ellos Hamás y Al Qaeda. Fue uno de los acuerdos judiciales más grandes de la historia financiera estadounidense.

Lo que siguió después debería haber sido una transformación radical de sus prácticas. Lo que siguió en cambio fue otra cosa. Según la investigación, Binance continuó recibiendo fondos del Grupo Huione —señalado por el Tesoro como facilitador de ciberdelitos y estafas— durante meses después del acuerdo, y recibió 900 millones de dólares provenientes del mismo servicio de conversión que usó el Grupo Lázaro norcoreano para blanquear el mayor robo cripto de la historia.

Binance debió haberlos detectado. Incluso una herramienta de detección mala —quizás incluso una defectuosa— detectaría eso.

— Jonathan Reiter, director ejecutivo de ChainArgos, firma de rastreo de criptomonedas

La vocera de Binance, Heloiza Canassa, respondió que la bolsa «no puede bloquear ni anular las transacciones entrantes» y que «las verdaderas medidas de cumplimiento de una bolsa de criptomonedas son las que toma para identificar y reaccionar ante depósitos sospechosos.» No respondió directamente sobre el flujo de 900 millones de dólares vinculado a los hackers norcoreanos.

El Grupo Huione, al que el Tesoro describió como una operación que funciona como un «Amazon para delincuentes» —vendiendo datos personales robados, asistencia técnica para estafadores y servicios de lavado de dinero—, publicó en un informe financiero en chino las direcciones de sus propias billeteras digitales. Fue ese mismo informe el que permitió rastrear los flujos hacia Binance y OKX. La ironía es doble: la transparencia forzada de la blockchain, que supuestamente hace trazable todo movimiento de dinero digital, solo funcionó porque Huione publicó sus propias cuentas.

Trump: el cripto como negocio de familia y el desmantelamiento regulatorio

Ningún elemento del cuadro actual puede entenderse sin el rol de Donald Trump. Poco antes de las elecciones de 2024, Trump y sus hijos fundaron World Liberty Financial, una empresa de criptomonedas que ya está en posición de generar decenas de millones de dólares al año. En mayo de este año, Binance —la misma bolsa que se declaró culpable de lavar dinero para grupos terroristas— participó en un acuerdo comercial de 2.000 millones de dólares con la empresa cripto de Trump.

Y en ese mismo contexto, Trump concedió un indulto presidencial a Changpeng Zhao, el fundador de Binance, quien había cumplido una condena de cuatro meses de prisión como parte del acuerdo judicial de la empresa. El hombre que dirigió una plataforma condenada por procesar fondos de Hamas y Al Qaeda recibió el perdón presidencial de un gobierno que al mismo tiempo hace negocios con esa plataforma.

En abril de este año, el Departamento de Justicia de Estados Unidos desmanteló su equipo especializado en delitos de criptomonedas, argumentando que los fiscales deberían enfocarse en los terroristas y narcotraficantes que usan cripto, pero evitar los casos contra «las plataformas que estas empresas utilizan para llevar a cabo sus actividades ilegales.»

En la práctica: perseguir al usuario, no a la bolsa. Proteger la infraestructura del lavado de dinero mientras se procesan a quienes la usan.

El resultado es una arquitectura de impunidad construida en capas. La plataforma paga una multa histórica y sigue operando. El Estado retira los investigadores especializados. El presidente indulta al condenado y hace negocios con su empresa. Y los fondos ilícitos siguen fluyendo, medibles en la blockchain para quien quiera leerlos.

Si sacan a los delincuentes de la plataforma, pierden una gran fuente de ingresos. Tienen un incentivo para permitir que esta actividad continúe.

— John Griffin, experto en criptomonedas, Universidad de Texas en Austin

Las víctimas: de Minnesota a Alberta, los ahorros que desaparecen

Detrás de los miles de millones hay personas concretas. La investigación entrevistó a más de dos decenas de víctimas de estafas de criptomonedas. Sus casos tienen una estructura común: un contacto aparentemente casual —muchas veces con pretexto romántico—, semanas de conversación y confianza construida, una invitación a invertir en una plataforma de aspecto profesional, y luego el dinero que desaparece sin dejar rastro recuperable.

Caso 01 — Minnesota, Estados Unidos

Un hombre de Minnesota creyó haber encontrado una oportunidad de inversión real. Operó con criptomonedas bajo la dirección de una empresa financiera con oficinas en Seattle y Los Ángeles. Perdió 1,5 millones de dólares. «Mi familia y yo quedamos destrozados, económica y emocionalmente», escribió al FBI. Más de 500.000 dólares de ese dinero robado terminaron en grandes bolsas de criptomonedas, incluyendo Binance. Los archivos que Binance entregó a la policía de Minnesota en respuesta a una citación mostraban dos cuentas vinculadas al caso: una asociada a una dirección en un pueblo chino, otra a nombre de una mujer de 24 años en una zona rural de Birmania que había movido más de 2 millones de dólares en nueve meses —más de mil veces el salario medio anual en ese país—. Las expertas que revisaron los archivos concluyeron que se trataba de «mulas de dinero», personas cuyos datos fueron usados para crear cuentas falsas.

Caso 02 — Alberta, Canadá

Carrissa Weber, 58 años, perdió este año más de 25.000 dólares —los ahorros de su vida— a manos de un estafador que se hizo pasar por gestor de una empresa emergente y la animó a invertir en criptomonedas. Se contactó con la policía canadiense. No ha recuperado nada. Un análisis de sus registros de transacciones mostró que el dinero terminó en billeteras que canalizaban fondos hacia OKX. Dos cuentas que recibieron ese dinero estaban bajo escrutinio de la plataforma desde el año anterior por presentar «características sospechosas», reconoció OKX. La plataforma no las congeló sino hasta octubre — seis meses después de que Weber fuera estafada. «Mi caso está guardado en un archivo, y nadie hace nada con él», dijo.

Estas estafas —conocidas como «matanza de cerdos», expresión que alude a engordar a un animal antes del sacrificio— se han convertido en una de las mayores amenazas del sector. Según el FBI, el fraude de inversión en criptomonedas costó a las víctimas 5.800 millones de dólares el año pasado. El perfil de las víctimas abarca desde inversores de edad avanzada hasta solteros que conocieron a sus estafadores en aplicaciones de citas, pasando por un presidente de banco en Kansas.

Cripto por efectivo: las trastiendas de Kiev y las torres de Dubái

Una de las dimensiones menos documentadas del lavado de dinero cripto es la red de locales físicos que operan como casas de cambio informales, convirtiendo criptomonedas en billetes contantes y sonantes, sin preguntar nombres, sin emitir recibos, sin dejar rastro administrativo. La investigación los encontró en Kiev, en Varsovia, en Toronto y en una planta 41 de una torre de cristal en Dubái.

En la parte trasera de una tienda de delicatesen en Kiev, más allá de las estanterías de refrigerios, una puerta marcada como «Cambio de moneda» daba acceso a una trastienda con una máquina contadora de billetes, una calculadora de plástico y una caja de cartón llena de ligas para atar fajos de efectivo. Un periodista envió 1.200 dólares en criptomonedas a través de Telegram. Un hombre salió, le entregó los billetes envueltos en una goma elástica, y el chat fue borrado de inmediato. Sin recibo. Sin registro. Sin nombre.

En Dubái, en esa torre de cristal, el periodista observó a un cliente cambiar 6.000 dólares en cripto por billetes emiratíes. Un análisis de la dirección de la billetera del servicio mostró que había procesado más de 2 millones de dólares en apenas dos semanas de septiembre. El total incluía 303.000 dólares enviados directamente desde Binance.

El año pasado, los servicios de cripto a efectivo de Hong Kong procesaron más de 2.500 millones de dólares en transacciones, según Crystal Intelligence. Binance, OKX y Bybit recibieron juntas 531 millones de dólares de estos servicios. «Muchos de los que hemos encontrado no piden ningún documento de identidad», dijo Nick Smart, director de inteligencia de Crystal. «Puedes meter prácticamente lo que quieras en cualquiera de ellos.»

Estos locales no son la excepción marginal del sistema. Son una pieza estructural de él: el eslabón que convierte las monedas digitales en efectivo físico, irrerastreable, listo para circular en la economía formal. Y dependen, para funcionar, de que las grandes bolsas los reciban en el otro extremo de la cadena.

El incentivo para mirar para otro lado

La pregunta que sobrevuela toda la investigación es la misma que formuló el experto de la Universidad de Texas: ¿por qué las bolsas permitirían que esto ocurra? La respuesta no requiere de conspiraciones elaboradas. Requiere entender el modelo de negocio.

Las bolsas de criptomonedas cobran comisiones por cada transacción. Son un porcentaje pequeño, pero sobre un volumen de miles de millones de dólares, esas comisiones se acumulan rápidamente. Si una plataforma expulsa a los delincuentes de su sistema, pierde esa fuente de ingresos. Si los detecta pero no actúa, cobra igual. El incentivo estructural apunta en la dirección equivocada, y la regulación —que debería corregirlo— está siendo deliberadamente debilitada.

«Las fuerzas del orden no pueden lidiar con la abrumadora cantidad de actividades ilícitas que hay en este espacio», dijo Julia Hardy, cofundadora de ZeroShadow, una empresa de investigaciones sobre criptomonedas. «No puede seguir así.» El problema es que, con el gobierno actual de Estados Unidos desmantelando los equipos especializados, indultando a los condenados y haciendo negocios con las mismas plataformas investigadas, el «seguir así» tiene ahora menos obstáculos que antes.

Las bolsas, por su parte, mantienen su postura. Binance dice ser «líder del sector» en cumplimiento normativo. OKX afirma invertir «mucho en herramientas de cumplimiento, supervisión de transacciones y detección de fraude.» Bybit declara aplicar «una estricta política de cero tolerancia con los delitos financieros.» Y mientras tanto, el dinero sigue fluyendo, bolsa por bolsa, billetera por billetera, trastienda por trastienda, hasta convertirse en el fajo de billetes que alguien recibe envuelto en una goma elástica en una tienda de Kiev.


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