Hegseth dejó al Ejército de EE.UU. sin generales

2025-2026 — Pentágono, Washington D.C.

Hegseth dejó al Ejército de EE.UU. sin generales

Destituyó a 24 generales y almirantes de alto rango. El Ejército más grande de Estados Unidos lleva cuatro meses sin jefe de Estado Mayor. Y hay algo más que sus decisiones: sus propios tatuajes.

Una serie de despidos y disputas iniciadas por el secretario de Defensa estadounidense, Pete Hegseth, dejaron al Ejército de Estados Unidos prácticamente sin rumbo en su cúpula de mando, justo en el momento en que enfrenta su período más intenso desde las guerras de Irak y Afganistán: drones y misiles iraníes bombardeando bases estadounidenses en Oriente Medio, y una guerra en Ucrania donde el propio Ejército provee inteligencia crítica.

Un Ejército sin cabeza

Desde que Hegseth destituyó sin explicación al general Randy George en abril de 2026, el Ejército —el mayor servicio militar de Estados Unidos— no tiene jefe de Estado Mayor. No hay señales de que el puesto vaya a cubrirse pronto. Hegseth ya descartó, además, a al menos tres oficiales superiores que eran considerados posibles sucesores naturales de George.

24Generales y almirantes destituidos
10 → 5Generales de 4 estrellas activos
4 mesesSin jefe de Estado Mayor del Ejército

El secretario del Ejército, Daniel P. Driscoll —principal líder civil del servicio, y hasta hace poco visto como posible reemplazo del propio Hegseth si este caía en desgracia— también se espera que deje la administración en los próximos meses. Ya se mudó de la casa que alquilaba en Fort Myer, a las afueras de Washington. Driscoll y George habían trabajado juntos preparando al Ejército para un campo de batalla dominado por drones, y la Casa Blanca le había encargado a Driscoll un rol central en las negociaciones de paz para Ucrania —esfuerzos hoy prácticamente estancados—.

Una purga de 24 generales y almirantes

El caso George no es aislado. Según una investigación de The Guardian, Hegseth destituyó u obligó a jubilarse a al menos 24 generales y almirantes de alto rango desde enero de 2025, sin vincular las decisiones a evaluaciones de desempeño.

Algunos de los apartados:

— El general C.Q. Brown, presidente del Estado Mayor Conjunto.

— La almiranta Lisa Franchetti, jefa de Operaciones Navales.

— El general David Allvin, jefe de Estado Mayor de la Fuerza Aérea.

— El general Timothy Haugh, que dirigía simultáneamente el Comando Cibernético y la NSA.

— El teniente general Jeffrey Kruse, director de la Agencia de Inteligencia de Defensa (DIA) —destituido en pleno desarrollo de la guerra contra Irán, el mismo organismo que debería analizar con frialdad técnica alertas de inteligencia sensibles—.

Según The Guardian, Hegseth quedó cada vez más aislado, rodeado de un círculo reducido de allegados, mientras el subsecretario Steve Feinberg maneja buena parte de la operación diaria del Pentágono.

«Vaciar a los líderes más experimentados y letales y probados en tiempos de guerra significa que las tropas están menos seguras y que tenemos menos probabilidades de ganar.» Pat Ryan, representante demócrata por Nueva York y exoficial de inteligencia del Ejército
«Estamos haciendo daño generacional a la sensación de que el ejército es una organización apolítica de confianza que jura lealtad a la Constitución, no a un presidente.» Pat Ryan

El costo operativo, en tiempo real

La purga no ocurre en el vacío. El primer día de la guerra con Irán, ataques con drones Shahed —similares a los usados por Rusia— impactaron una base estadounidense en Kuwait, matando a seis soldados. El 17 de julio, un misil iraní impactó viviendas prefabricadas en una base en Jordania, matando a tres soldados más e hiriendo a más de cien. El Ejército respondió agotando sus escasas reservas de interceptores Patriot —la principal defensa contra misiles balísticos iraníes—.

El mando responsable de entrenar y equipar a esas tripulaciones Patriot, el Mando de Transformación y Entrenamiento del Ejército, lleva meses vacante: Hegseth eligió al general David Hodne para liderarlo el verano pasado, y lo destituyó ocho meses después, sin explicación. En julio, además, redujo el mando del general Christopher Donahue —a cargo de las tropas terrestres estadounidenses en Europa— de cuatro a tres estrellas, forzando su retiro si no conseguía otro puesto de rango equivalente. El mando de Donahue había entrenado, basándose en lecciones de la guerra de Ucrania, a los equipos de defensa antidrones que después se desplegaron con rapidez en Oriente Medio.

La pelea con el Senado

Para reemplazar a Mingus, vicejefe de Estado Mayor destituido un año antes de lo previsto, Hegseth y la Casa Blanca nombraron al general Christopher LaNeve, su principal asistente militar. El problema: LaNeve no cuenta con suficiente apoyo republicano en el Senado para ser confirmado —algo inusual, ya que los nominados a liderar servicios militares suelen recibir apoyo casi unánime—.

Entre quienes bloquean su ascenso está la senadora Joni Ernst, republicana de Iowa y veterana de 22 años en la Guardia Nacional de ese estado. Ernst creía tener un acuerdo con Hegseth: a cambio de apoyar a LaNeve como vicejefe el otoño pasado, dejaría que el general George —también de Iowa— completara su mandato como jefe, previsto hasta mediados de 2027. Tras el despido de George, Ernst llamó directamente a Trump para reclamar.

«Dile al general que lo siento.» Donald Trump, según un funcionario del Congreso, tras la llamada de la senadora Joni Ernst

Trump le explicó a Ernst que el despido había sido decisión de Hegseth. Hoy, LaNeve ejerce simultáneamente como vicejefe de Estado Mayor y como jefe interino —ambos cargos de cuatro estrellas, ambos exigentes—.

«Cada atajo en el entrenamiento y cada lapso de disciplina se pagará con sangre.» General Christopher LaNeve, en su primer mensaje a la tropa

Quién es Hegseth: de «Fox & Friends» al Pentágono

Hegseth se graduó en Ciencias Políticas por Princeton en 2003 y se sumó a la Guardia Nacional del Ejército como oficial de infantería, con despliegues en Guantánamo, Irak y Afganistán, alcanzando el rango de mayor —un puesto de mando medio, jefe de pelotón y compañía, no un cargo de decisión estratégica o de teatro de operaciones—. Recibió condecoraciones reales: dos Estrellas de Bronce, dos Medallas de Elogio del Ejército, la Insignia de Combate de Infantería. Completó después una maestría en Harvard.

Tras dejar el servicio activo, dirigió dos organizaciones de advocacy política —Vets for Freedom y Concerned Veterans for America—, intentó sin éxito una candidatura al Senado en 2012, y pasó la década siguiente como presentador de «Fox & Friends Weekend», escribiendo libros centrados en criticar las políticas consideradas «woke» del propio Pentágono. Nunca administró un presupuesto de defensa, nunca comandó una operación de gran escala, nunca ocupó un puesto de decisión estratégica militar antes de asumir como secretario.

«¿Me estás diciendo que Pete va a supervisar a dos millones de empleados?» Un compañero de Fox News, el día de la nominación de Hegseth (el Departamento de Defensa emplea, en realidad, cerca de tres millones de personas)

El patrón se repitió ya en el cargo: además de la purga de 24 generales y almirantes, en febrero de 2026 Hegseth eliminó los programas de formación militar de posgrado del Pentágono en Harvard, Princeton, Duke, Columbia y otras 33 instituciones, alegando «sesgo antimilitar» —incluida la propia Harvard donde él se había formado—. El mismo hombre sin trayectoria de mando estratégico real fue, de forma sistemática, alejando del sistema tanto a quienes sí la tenían como a las instituciones que forman ese tipo de pensamiento a largo plazo.

«El ejército que amé, por el que luché, reverenciaba… escúpame.» Pete Hegseth, en un libro publicado en 2024

Los tatuajes que ya habían sido una señal de alarma

Tatuajes de Pete Hegseth, incluida la Cruz de Jerusalén y la leyenda Deus Vult
Los tatuajes de Pete Hegseth, incluida la Cruz de Jerusalén y el lema «Deus Vult».

Hegseth luce a la vista varios tatuajes con fuerte carga simbólica. En el pecho lleva la Cruz de Jerusalén, asociada a la reconquista cristiana de Tierra Santa, y el lema en latín «Deus Vult» («Dios lo quiere») —el grito de guerra de las Cruzadas medievales—. Porta además una cruz con una espada inspirada en el Evangelio de San Mateo, la palabra árabe «Kafir» (infiel), el preámbulo de la Constitución estadounidense, y una serpiente segmentada, símbolo históricamente asociado a la resistencia colonial estadounidense.

No es la primera vez que esa simbología genera controversia. En 2021, oficiales del propio Ejército catalogaron algunos de esos tatuajes como potencialmente extremistas, y Hegseth fue apartado del dispositivo de seguridad para la investidura presidencial de ese año. Él siempre sostuvo que se trata de expresiones puramente religiosas y patrióticas, sin ninguna vinculación radical —pero la combinación específica de «Deus Vult», la Cruz de Jerusalén y la palabra «Kafir» no es simbolismo cristiano genérico: es iconografía cruzada explícita, con un mensaje excluyente hacia el islam que resulta difícil de leer como coincidencia.

Conjunto de varios tatuajes polémicos de Pete Hegseth
El conjunto completo de los tatuajes más polémicos de Pete Hegseth.

Lo que está en juego

Con la cúpula del Ejército vaciada, los críticos advierten que el servicio corre el riesgo de quedar atrás frente a adversarios como Rusia y China, que avanzan rápido en la incorporación de inteligencia artificial y drones a sus propias fuerzas. La analista Jennifer Kavanagh, del centro Defense Priorities, resume el dilema de fondo que enfrenta hoy la estrategia estadounidense en Oriente Medio: o Washington acepta un pacto que reconozca que el equilibrio de poder se desplazó hacia Irán —cediendo control sobre el estrecho de Ormuz o levantando sanciones—, o se retira y deja que la comunidad internacional afronte las consecuencias. Según Kavanagh, Trump no va a aceptar ningún acuerdo que implique admitir que perdió la guerra —y el objetivo inicial de derrocar al régimen iraní ya ni se menciona: Irán ya eligió nuevo líder supremo, Mojtaba Jamenei, y la cadena de mando no colapsó.

Es, en el fondo, la misma lógica que explica por qué a nadie sorprendió que Estados Unidos llegara a esta guerra sin haber anticipado bien el agotamiento de sus propios interceptores: cuando se aparta sistemáticamente a la gente mejor formada para dar consejos militares francos —déca­das de carrera, estudio de inteligencia, mando real en el terreno—, lo que queda al frente de las decisiones es un círculo elegido más por lealtad personal que por criterio técnico independiente.


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