Septiembre de 2026 — Oslo / Washington
El fondo de Noruega le da la espalda a EE.UU.
Noruega propone recortar 80.000 millones de dólares en bonos del Tesoro estadounidense. Mientras tanto, Washington paga más de 3.000 millones de dólares por día solo en intereses de su propia deuda.
- La propuesta de Noruega, en números
- Adónde va esa plata en su lugar
- Por qué importa que sea justo este fondo
- El contexto que explica el nerviosismo: una deuda que no para de crecer
- Lo que le cuesta a EE.UU. sostener esa deuda, todos los días
- No es solo Estados Unidos: Japón, Francia y Reino Unido, en la misma foto
- El caso alemán, la excepción relativa
- Por qué, aun así, nadie se va del dólar todavía
- El frente adicional: la IA como nuevo competidor de la deuda soberana
Cuando el fondo de pensiones más grande del mundo modifica su estrategia de inversión, los mercados financieros prestan atención de inmediato —más todavía si lo que anuncia es una reducción sustancial de sus inversiones en bonos del Tesoro estadounidense—. Eso es exactamente lo que propuso, el 1° de septiembre de 2026, el Fondo de Pensiones Global de Noruega.
La propuesta de Noruega, en números
Según Norges Bank Investment Management (NBIM), gestor del Government Pension Fund Global, el plan reduciría la tenencia de bonos del gobierno estadounidense del 34,1% al 21,9% de su índice de referencia de renta fija —un recorte de unos 80.000 millones de dólares—. La propuesta forma parte de un cambio más amplio: bajar la participación total de bonos gubernamentales en la cartera del fondo, del 70% al 50%.
Cómo se decide, y cuándo entraría en vigor
La recomendación se envió en una carta al Ministerio de Finanzas de Noruega, en respuesta a preguntas del propio ministerio sobre la estrategia de inversión en bonos. NBIM espera la respuesta oficial, y aclaró que cualquier cambio se implementaría de forma gradual para limitar el impacto en el mercado. Si el Parlamento noruego aprueba los cambios, se espera que entren en vigor de manera progresiva a partir de mediados de 2027.
Adónde va esa plata en su lugar
No se trata de una retirada completa de los mercados estadounidenses: NBIM redirigirá buena parte de esos fondos hacia activos de renta fija estadounidenses con mayores rendimientos, incluidos valores respaldados por hipotecas (MBS) y bonos corporativos —esa porción podría subir del 16,2% al 27,6% de la cartera—, manteniendo una exposición total en dólares de aproximadamente 50%. En paralelo, la asignación a bonos gubernamentales japoneses subiría del 4,6% al 7,4%, mientras que la exposición a deuda de la zona euro bajaría del 16,8% al 14,1%.
Un cambio metodológico de fondo, no solo una decisión coyuntural: el fondo también propuso empezar a ponderar sus posiciones en bonos gubernamentales según el valor de mercado real de cada emisor, en lugar de usar el PIB como referencia —un criterio que redistribuye el peso relativo de cada país dentro del índice—.
Por qué importa que sea justo este fondo
La reasignación busca, según sus propios responsables, aumentar las primas de riesgo y gestionar la concentración derivada de unas tenencias sobredimensionadas en acciones tecnológicas. Nicolai Tangen, director ejecutivo de NBIM, e Ida Wolden Bache, gobernadora del banco central noruego, señalaron además que el fondo evalúa ampliar su presencia en valores respaldados por hipotecas, considerando que pueden ofrecer una remuneración superior a la deuda soberana en determinados escenarios.
El contexto que explica el nerviosismo: una deuda que no para de crecer
Cada vez más inversores en el mundo observan con preocupación la deuda estadounidense, sobre todo desde que superó los 40 billones de dólares en agosto de 2026, y el rendimiento del bono del Tesoro a 30 años alcanzó el 5,3% —su nivel más alto desde 2007—.
Según la Reserva Federal de St. Louis, la deuda pública estadounidense creció más de 600% en las últimas tres décadas —de 5,2 billones de dólares en 1996 a más de 40 billones hoy—. Equivale a más del 125% de la producción económica total del país, una proporción comparable a la de Italia o Francia.
Quién tiene esa deuda
El mayor tenedor de la deuda estadounidense es el propio Gobierno de EE.UU. y sus entidades administrativas, con casi la mitad del total —en esencia, prestándose dinero a sí mismo—. El capital extranjero representa aproximadamente el 24%: Japón lidera con 1,06 billones de dólares, seguido de cerca por China con 759.000 millones. A comienzos de 2025, la deuda en manos extranjeras alcanzó el récord de 8,8 billones de dólares.
Las agencias Moody’s, Standard & Poor’s y Fitch bajaron la calificación crediticia de Estados Unidos en distintos momentos, llegando a quitarle la triple A, citando el caos en la política económica y el déficit creciente —lo que en teoría podría encarecer la financiación del país si los inversores empiezan a exigir mayor rentabilidad por el riesgo asumido—.
Lo que le cuesta a EE.UU. sostener esa deuda, todos los días
Estados Unidos destina hoy más de un billón de dólares anuales al pago de intereses de su deuda pública —más de 3.000 millones de dólares por día—, según estimaciones de la Oficina Presupuestaria del Congreso (CBO). Desde 2024, el país gasta más en intereses de deuda que en todo su presupuesto militar combinado.
No es solo Estados Unidos: Japón, Francia y Reino Unido, en la misma foto
La preocupación de fondo entre los inversores es que las elevadas deudas públicas de Estados Unidos y otros países industrializados puedan convertirse en un problema estructural serio. Japón, con una deuda que supera el 200% de su PIB, encuentra cada vez más costoso financiarse en los mercados —lo mismo le ocurre a Francia y Reino Unido—.
El caso alemán, la excepción relativa
Alemania está en una situación considerablemente mejor: con una relación deuda/PIB de alrededor del 65%, su déficit es aproximadamente la mitad del estadounidense. Sin embargo, el endeudamiento destinado a modernizar sus Fuerzas Armadas e infraestructura hará que esa proporción se acerque al 80% en los próximos años. En agosto, los intereses de los bonos alemanes a 10 años superaron temporalmente el 3,3%, su nivel más alto en 15 años.
Por qué, aun así, nadie se va del dólar todavía
Pese a todos estos problemas, la mayoría de los economistas coincide en que los inversores siguen sin tener una alternativa más atractiva que Estados Unidos.
Existen además temores de que potencias como China o Japón puedan usar sus tenencias de bonos del Tesoro como herramienta de presión comercial, vendiéndolos masivamente para desestabilizar el mercado. Por ahora, sin embargo, el dólar y los bonos estadounidenses siguen siendo vistos como el activo refugio por excelencia, especialmente en contextos de alta tensión geopolítica como los conflictos actuales en Oriente Medio.
Las proyecciones para los próximos años
Según modelos macroeconómicos, se espera que la deuda sobre el PIB estadounidense llegue al 125,8% para fines de 2026, y podría estabilizarse o subir hasta el 128,9% para 2028 —manteniendo una trayectoria que ya superó el pico del 126% observado en 2020—. Para evitar el círculo vicioso de emitir más deuda solo para pagar los intereses de la anterior, sería necesaria una reducción drástica del déficit público, junto con una eventual baja de tasas de la Reserva Federal —aunque esto último podría, a su vez, penalizar la cotización del dólar frente a otras divisas—.
Entre los factores que complican el panorama fiscal estadounidense a corto plazo se cuentan la pérdida de ingresos por la anulación judicial de ciertos aranceles de Trump, los elevados costos derivados de la guerra con Irán, y la caída de ingresos fiscales por las rebajas de impuestos a las empresas.
El frente adicional: la IA como nuevo competidor de la deuda soberana
Independientemente de cuánto se prolongue el conflicto con Irán y su impacto en el gasto militar o los precios de la energía, muchos analistas ya consideran probable que Estados Unidos deba acostumbrarse a pagar tipos de interés más altos de forma permanente —por una razón que, hasta hace apenas dos o tres años, ningún secretario del Tesoro habría imaginado—.
Según Sockin, el auge de las emisiones de deuda corporativa vinculadas a la inteligencia artificial está desplazando progresivamente a los bonos soberanos en el apetito de los grandes inversores. Los gigantes tecnológicos recurren cada vez más al mercado de deuda para financiar sus multimillonarias inversiones en infraestructura de IA, compitiendo directamente con el propio Tesoro estadounidense por el mismo capital global disponible —el mismo fenómeno de infraestructura de IA cuyo costo ambiental en agua y electricidad ya documentamos en otra investigación reciente—.
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