Nueve años de silencio: el secuestro de Rami Naimi

2017-2026 — Riad / Dubái / Londres

Nueve años de silencio: el secuestro de Rami Naimi

Ningún cargo de corrupción probado. Un juicio secreto. Electrocución y ahogamiento simulado, según su familia. Y los mismos hombres que lo detuvieron habrían participado, un año después, en el asesinato de un periodista.

En esta investigación
  1. Nueve años de silencio, rotos hoy en Londres
  2. Quién es Rami Naimi, y por qué el apellido pesa tanto
  3. La purga de 2017: cómo empezó todo
  4. Lo que la familia denuncia: tortura y extorsión
  5. Sin cargos claros durante siete años
  6. 2022: la segunda desaparición
  7. El juicio secreto, y la condena sin explicación pública
  8. Por qué su caso queda en un limbo diplomático
  9. La sombra más oscura: el vínculo con el asesinato de Khashoggi
  10. MBS, la CIA, y la impunidad que sigue intacta

Una mujer de Londres, madre de tres hijos, rompió hoy, 8 de setiembre, un silencio de nueve años para denunciar públicamente el secuestro, la tortura y la condena en un juicio secreto de su esposo, detenido en Arabia Saudita desde 2017. Su nombre es Mira Lozi, quien además atraviesa un tratamiento contra el cáncer mientras sostiene este reclamo público. El de su esposo, Rami Naimi, hijo del histórico exministro de Petróleo saudí Ali Al-Naimi. El caso, además de ser una tragedia familiar sostenida durante casi una década, vuelve a poner sobre la mesa una pregunta que Occidente evita hace años: qué tan responsable es el propio príncipe heredero Mohamed bin Salmán (MBS) del aparato represivo que ejecutó tanto esta detención como el asesinato del periodista Jamal Khashoggi, apenas un año después.

Nueve años de silencio, rotos hoy en Londres

Lozi habló en el lanzamiento de la campaña «Bring Rami Home» en el centro de Londres, después de que, según su relato, la diplomacia discreta durante casi una década no diera ningún resultado. Contó que le habían pedido guardar silencio desde 2017 para no perjudicar las gestiones por su liberación.

«Lo primero que quise hacer fue hablar, pero me dijeron que no. Durante nueve años mis hijos y yo vivimos una pesadilla. Decir la verdad hoy es como una liberación: basta ya, y solo esperamos poder terminar esta pesadilla y que todos los gobiernos puedan ayudarnos.» Mira Lozi, esposa de Rami Naimi

Su hijo Ali, de 21 años —tenía solo 12 cuando su padre fue detenido—, resumió el caso con una frase que refleja lo insólito de la situación.

«Realmente es algo salido de una película. Es shockeante, y solo queremos terminar esta pesadilla.» Ali Naimi, hijo de Rami Naimi

Quién es Rami Naimi, y por qué el apellido pesa tanto

Rami Naimi es un empresario internacional, hijo de Ali Al-Naimi —ministro de Petróleo y Recursos Minerales de Arabia Saudita durante 21 años (1995-2016) y, antes, presidente de Saudi Aramco—. Durante décadas, Ali Al-Naimi fue una de las figuras más influyentes del mercado petrolero mundial: sus declaraciones públicas podían mover el precio del crudo. Fue destituido por decreto real en mayo de 2016, año y medio antes de que su hijo fuera detenido, en lo que se interpretó como parte de la consolidación de poder de MBS sobre la política energética del reino.

Un dato que matiza cualquier lectura simple

No hay evidencia pública de que Ali Al-Naimi haya sido blanco directo de cargos o procesos en la purga de 2017 —ya estaba fuera del cargo desde el año anterior—. La detención de su hijo Rami parece estar más vinculada al peso simbólico del propio apellido, dentro de una purga que buscaba eliminar cualquier centro de poder alternativo al del príncipe heredero, que a una acusación concreta contra ninguno de los dos.

La purga de 2017: cómo empezó todo

Rami Naimi volvía de una gira de presentación de un libro por Australia junto a su padre cuando, según la familia, fue interceptado en el aeropuerto de Dubái el 4 de noviembre de 2017. Fue la misma fecha en que estalló la mayor purga política de la historia moderna del reino: unas 381 a 400 personas —príncipes, ministros, empresarios— fueron detenidas de un día para el otro, bajo la bandera oficial de una campaña «anticorrupción».

381-400Detenidos en la purga de 2017
$107.000MConfiscados, según MBS
9Años sin resolución del caso Naimi

El propio MBS afirmó haber recuperado 107.000 millones de dólares de 87 personas detenidas. Pero una fuente consultada por The Guardian aseguró que la cifra real rondaba apenas los 28.000 millones —una diferencia que, por sí sola, ya genera dudas serias sobre la transparencia de todo el proceso—. Analistas internacionales coincidieron en una lectura política, más que judicial: la purga funcionó, sobre todo, para consolidar el poder personal de MBS, eliminando cualquier potencial rival dentro de la propia familia real y el empresariado saudí.

Lo que la familia denuncia: tortura y extorsión

Según el relato de la familia, Naimi fue trasladado con los ojos vendados desde Dubái hasta Abu Dabi, y de ahí en jet privado hasta Arabia Saudita, donde permaneció detenido en el hotel Ritz-Carlton de Riad —convertido durante meses en centro de detención de alta seguridad para los cientos de personas capturadas—.

Los métodos denunciados por la familia

Su familia sostiene que fue sometido a electrocución, ahogamiento simulado (waterboarding) y abuso psicológico sostenido durante tres meses, con secuelas físicas y mentales que persisten hasta hoy. Como parte de esa presión psicológica, le dijeron —falsamente— que su propio padre estaba siendo torturado en la habitación de al lado. También afirman que fue obligado a firmar un documento comprometiéndose a pagar 5.000 millones de riales saudíes —cifra luego «descontada» a 1.000 millones de riales, equivalentes a unas 200 millones de libras esterlinas—, dinero que, según la familia, ni él ni ellos poseen.

Alguien que «no encajaba» con el resto de los detenidos

Según su familia, Naimi se sorprendió al encontrarse entre el resto de los capturados en la purga: a diferencia de buena parte de los detenidos, él no es periodista, activista ni político. Dejó Arabia Saudita a los 13 años, y desde entonces había viajado durante años entre Reino Unido, Estados Unidos y Medio Oriente como empresario internacional.

Los cargos que finalmente aparecieron, siete años después

Recién tras su liberación de marzo de 2025 —con tobillera electrónica y prohibición de viajar— Naimi conoció por primera vez el contenido concreto de las acusaciones en su contra: haber «explotado» la influencia oficial de su padre, haber actuado como agente de una empresa estadounidense en Arabia Saudita, y haber ayudado a Aramco a conseguir un contrato de tecnología para prevenir el contrabando de diésel.

Un segundo proceso, ya en marcha

Naimi enfrenta además un segundo juicio, por seguir en la red social X ciertas cuentas críticas de Arabia Saudita, y por intentar salir del país sin autorización —ambos cargos que él niega—. Es una situación que se enmarca en un patrón más amplio: el mes pasado, The Guardian reveló que la propia plataforma X bloqueó las cuentas de disidentes saudíes dentro del reino, tras presión directa de las autoridades del país.

2022: la segunda desaparición

En septiembre de 2022, Naimi volvió a desaparecer, esta vez durante casi dos años. Su familia denuncia que sufrió nuevas torturas durante ese período, sin saber siquiera si seguía con vida. Finalmente fue ubicado en la prisión de Al Ha’ir.

4 de noviembre de 2017

Presunto secuestro en el aeropuerto de Dubái, en plena purga del Ritz-Carlton.

Enero de 2018

Liberado, bajo vigilancia electrónica y prohibición de salida del país.

Septiembre de 2022

Segunda desaparición, de casi dos años, con nuevas denuncias de tortura.

2025

Condenado a seis años de prisión tras un juicio secreto, sin cargos públicos claros.

Marzo de 2025

Liberado con tobillera electrónica y prohibición de viajar, enfrentando cargos adicionales por su actividad en redes sociales.

8 de septiembre de 2026

Su esposa rompe el silencio públicamente en Londres, pidiendo intervención directa del gobierno británico.

El juicio secreto, y la condena sin explicación pública

Tras siete años sin cargos claros, Naimi fue sentenciado a seis años de prisión en un juicio del que no trascendieron detalles —ni la acusación específica, ni las pruebas presentadas, ni el proceso seguido—. Es ciudadano de la Unión Europea, no de Reino Unido, lo que según su propia abogada limita seriamente las herramientas diplomáticas disponibles para su familia.

«Aunque esta es una familia británica y una familia de Londres, hay un bloqueo para que se tome acción, y esa es una de las razones por las que hoy estamos instando a políticos y al gobierno a intervenir.» Caoilfhionn Gallagher KC, abogada de la familia Naimi

La corte real saudí, por su parte, describió originalmente las detenciones de 2017 como una ofensiva legítima contra la corrupción —una versión que, según reconocen incluso analistas occidentales, también sirvió para desplazar cualquier posible desafío al control absoluto de MBS sobre el reino.

Por qué su caso queda en un limbo diplomático

El pedido directo a Downing Street

Lozi pidió públicamente que el primer ministro británico, Andy Burnham, convierta el regreso de su esposo en una prioridad en cada conversación que su gobierno mantenga con Arabia Saudita. La relación entre Londres y Riad viene bajo escrutinio en los últimos años por la venta de armas entre ambos países, el uso saudí de ejecuciones públicas, y la persecución de activistas y disidentes exiliados —un patrón similar al que ya vimos esta misma semana con la tensión entre Reino Unido e Israel por los asentamientos de Cisjordania, donde la firmeza discursiva choca constantemente contra intereses económicos y estratégicos más amplios—.

«Té y compasión para un grupo muy limitado de personas.» Caoilfhionn Gallagher KC, sobre el reciente nombramiento de un enviado especial británico para ciudadanos detenidos en el extranjero —una medida que, según la abogada, quedó muy por debajo de lo que reclamaban activistas, expertos y parlamentarios—

La sombra más oscura: el vínculo con el asesinato de Khashoggi

Lo que vuelve al caso Naimi todavía más inquietante es su conexión, documentada por una investigación de The Guardian, con uno de los crímenes de Estado más resonantes de la última década: el asesinato del periodista saudí Jamal Khashoggi, del Washington Post, ejecutado en el consulado saudí de Estambul el 2 de octubre de 2018 —apenas un año después de la purga que atrapó a Naimi—.

El hallazgo central de la investigación de The Guardian

Según ese informe, algunos de los guardias de seguridad asignados a capturar a las cerca de 400 personas detenidas en la purga del Ritz-Carlton en 2017 —la misma operación que atrapó a Naimi— habrían estado, un año más tarde, directamente involucrados en el asesinato de Khashoggi. Es decir: el mismo aparato humano de represión personal que ejecutó una operación y la otra parece haber sido, en gran medida, el mismo.

El cuerpo de Khashoggi, probablemente desmembrado dentro del propio consulado, nunca fue devuelto a su familia.

MBS, la CIA, y la impunidad que sigue intacta

El gobierno saudí reconoció que agentes de su país mataron a Khashoggi, pero insistió en que la operación se ejecutó sin el conocimiento ni el consentimiento de MBS. La Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos llegó a una conclusión radicalmente distinta: determinó, con alta confianza, que el propio príncipe heredero aprobó o directamente ordenó la operación para capturar o matar al periodista —una evaluación que la administración estadounidense terminó desclasificando públicamente en 2021.

El patrón que conecta ambos casos, según la evidencia disponible:

— Un mismo círculo de seguridad personal, cercano a MBS, ejecutó tanto la purga interna de 2017 (que incluyó a Naimi) como el asesinato de Khashoggi en 2018.

— En ninguno de los dos casos existió un proceso judicial transparente que permitiera a observadores externos verificar la evidencia real contra los detenidos, ni establecer responsabilidad institucional clara hacia arriba en la cadena de mando.

— Pese a la conclusión de la CIA sobre el rol de MBS en el asesinato de Khashoggi, ningún tribunal internacional logró procesarlo, y sigue hoy gobernando de facto Arabia Saudita, recibido con normalidad diplomática por gobiernos occidentales.

Es, en definitiva, el mismo patrón que atraviesa buena parte de las investigaciones de poder documentadas en los últimos años: quien está en la cima de la cadena de mando rara vez enfrenta consecuencias reales, mientras las víctimas —ya sea un periodista asesinado, o un empresario detenido sin cargos claros durante casi una década— cargan con el costo humano completo, muchas veces durante el resto de sus vidas.


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