Siluetas tras ventana en prisión, alambre de espino en primer plano.

52 muertos bajo el ICE: la tasa más alta en dos décadas

52 muertos bajo el ICE: la tasa más alta en dos décadas | Bastión
Bastión — Geopolítica e Historia
Basado en el informe de Human Rights Watch y Physicians for Human Rights · Publicado el 25 de junio de 2026 · 73 páginas
Derechos Humanos · Estados Unidos

52 muertos bajo el ICE:
la tasa más alta en dos décadas

Durante los primeros 500 días del segundo mandato de Trump, 52 personas murieron bajo custodia migratoria. La tasa actual casi duplica el peor registro de la pandemia. Un sistema que detiene más, cuida menos y ha desmantelado los mecanismos que deberían rendirle cuentas.

Bastión · Julio 2026 · Derechos Humanos
52 Personas muertas bajo custodia del ICE desde el 20 de enero de 2025
8,4 Muertes por cada 10.000 detenidos — casi el doble del peor momento del COVID
+77% Aumento de la población detenida por el ICE en el primer año de Trump
+140% Aumento de la tasa de muertes bajo custodia en el mismo período

El 25 de junio de 2026, Human Rights Watch y Physicians for Human Rights publicaron un informe de 73 páginas que documenta algo que los comunicados oficiales no dicen: durante los primeros 500 días del segundo mandato de Donald Trump, 52 personas murieron bajo custodia del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos. La tasa de mortalidad alcanzó 8,4 muertes por cada 10.000 detenidos — casi el doble del máximo registrado durante el primer año de la pandemia de COVID-19, que fue de 4,4. No es solo una estadística. Es el resultado medible de un sistema que se expandió sin control, que desmanteló sus propios mecanismos de supervisión y que hoy niega a las familias de los muertos el derecho a saber qué ocurrió con sus seres queridos.

Los números: una curva que no debería existir

El informe presenta un análisis cuantitativo de las muertes bajo custodia del ICE entre el 1 de octubre de 2015 y el 4 de junio de 2026. La conclusión es tan clara como perturbadora: la tasa de mortalidad actual no tiene precedente en al menos dos décadas de registros. No se trata de un aumento gradual ni de una tendencia que venía desarrollándose — es una ruptura abrupta que coincide exactamente con el inicio del segundo mandato de Trump.

Entre enero de 2025 y enero de 2026, la población detenida por el ICE aumentó un 77%, pasando de aproximadamente 40.000 personas a más de 71.000. En ese mismo período, el número de muertes anuales se triplicó. La combinación de ambos factores se tradujo en un incremento del 138% en la tasa de mortalidad anualizada. La tasa actual de 8,4 muertes por cada 10.000 detenidos casi duplica el máximo alcanzado durante el primer año de la pandemia, que fue de 4,4 por cada 10.000 — en condiciones que en su momento se consideraron una emergencia humanitaria de primer orden.

La mayoría de las 39 muertes analizadas en profundidad durante el primer año del actual gobierno ocurrieron en instalaciones que, en las dos semanas previas al deceso, registraban poblaciones muy superiores a su promedio histórico. El hacinamiento no es una consecuencia colateral del sistema — es su condición de funcionamiento actual.

De las 52 personas fallecidas, 10 eran de nacionalidad mexicana — la cifra más alta entre las 20 nacionalidades registradas en el informe.

El análisis médico de las 39 muertes ocurridas durante el primer año de la administración fue realizado por Physicians for Human Rights basándose en la información públicamente disponible — que, como documenta el propio informe, es deliberadamente escasa. En los casos donde se pudo acceder a registros del ICE y de hospitales externos, los investigadores encontraron lo que la doctora Katherine Peeler, coautora del informe y profesora adjunta de Pediatría en Harvard, describió como «incumplimientos estremecedores del deber de cuidado.»

La arquitectura del colapso: expansión sin control y supervisión desmantelada

Las muertes no ocurren en el vacío. El informe identifica con precisión los factores estructurales que las hacen posibles — y que las hacen inevitables si el sistema continúa funcionando como está diseñado actualmente.

El primero es la expansión sin precedente de la detención migratoria. La administración Trump sometió a un número récord de inmigrantes a detención obligatoria, muchas veces en condiciones que el informe describe como inhumanas y degradantes. El sistema no fue diseñado para absorber ese volumen: las instalaciones operan muy por encima de su capacidad, el personal médico es insuficiente, y los protocolos de atención sanitaria — ya deficientes antes del actual gobierno — colapsaron bajo la presión del hacinamiento.

El segundo factor es el desmantelamiento deliberado de los mecanismos de supervisión. La administración Trump eliminó los ya limitados controles internos del Departamento de Seguridad Nacional (DHS), la agencia de la que depende el ICE. Eso significa que hoy es más difícil que antes acceder a información, buscar reparación por abusos y exigir responsabilidades a la agencia y a sus contratistas privados. No es una consecuencia accidental de la expansión del sistema — es una decisión política que protege al sistema de la rendición de cuentas.

El tercer factor es el colapso del sistema de pago de atención médica externa. Cuando los detenidos necesitan atención especializada que los centros no pueden proveer, deben ser trasladados a hospitales externos. Ese proceso depende de un sistema de autorización y pago que, según el informe, presenta fallas graves: los traslados se demoran, las autorizaciones llegan tarde o no llegan, y en algunos casos documentados esas demoras contribuyeron directamente a la muerte de los detenidos.

Las personas están muriendo bajo custodia de ICE a la tasa más alta registrada en muchos años, incluso teniendo en cuenta el aumento del número de personas detenidas. El Departamento de Seguridad Nacional y el Congreso deberían actuar de inmediato.

— Brian Root, asesor sénior de Human Rights Watch

Los casos: nombres detrás de las estadísticas

El informe no se limita a los números. Reconstruye casos individuales a través de entrevistas con familiares, abogados y ex compañeros de celda, y en dos casos mediante la revisión de historiales médicos. Lo que emerge es un patrón consistente: señales de emergencia médica ignoradas, traslados demorados, familias que durante meses no reciben información sobre la causa de muerte de su ser querido.

Caso 01 — Ismael Ayala-Uribe · Mexicano · 39 años

Ismael había vivido en Estados Unidos desde los cuatro años de edad. Murió el 22 de septiembre de 2025 en el Centro de Procesamiento de Adelanto, en California. Según documenta el informe, Ismael presentó quejas reiteradas por un absceso infectado. El personal del centro no lo envió de inmediato a un hospital. Cuando finalmente fue trasladado, era demasiado tarde. Tenía 39 años. Llevaba en EEUU prácticamente toda su vida.

Caso 02 — Lorenzo Antonio Batrez Vargas · 32 años

Lorenzo llegó a Estados Unidos a los cuatro años. Murió en agosto de 2025, a los 32, después de ser diagnosticado con COVID-19 y pasar casi dos semanas en aislamiento bajo custodia del ICE. Su madre relató a Human Rights Watch que desconoce las causas exactas de la muerte de su hijo. Para intentar saberlo, la familia presentó una solicitud de acceso a la información en octubre de 2025. Luego presentó una demanda judicial en diciembre. A comienzos de mayo de 2026 — más de ocho meses después del inicio del trámite — todavía no había recibido información adicional. «Solo una madre que haya perdido a un hijo sabe lo que estoy sintiendo», dijo. «Quiero a mi hijo, y no puedo hacer nada.»

Caso 03 — Maksym Chernyak · Ucraniano · 44 años

Maksym sufrió un accidente cerebrovascular mientras estaba bajo custodia del ICE. Según el análisis del informe, presentó señales inequívocas de una emergencia médica que fueron presenciadas por el personal del centro de detención — que no actuó en consecuencia. Los retrasos en su traslado a un centro con atención especializada probablemente contribuyeron a su muerte, concluyeron Human Rights Watch y Physicians for Human Rights. Era ucraniano. Tenía 44 años.

Tres historias, tres países de origen distintos, tres décadas de vida en Estados Unidos entre los tres. Y un patrón común: señales ignoradas, traslados demorados, familias sin respuestas. El informe advierte que estos casos no son excepciones — son representativos de un sistema que ha normalizado la negligencia médica como condición de operación.

La opacidad como política: lo que el ICE no dice

Una de las conclusiones más graves del informe no tiene que ver con las condiciones de detención sino con lo que ocurre después de cada muerte: el silencio institucional. El ICE está obligado por sus propias normas a informar públicamente de una muerte en un plazo de 48 horas y a proporcionar información más detallada en un plazo de 30 días. El informe documenta que la agencia suele incumplir ambos plazos, aparentemente de forma sistemática.

El resultado es que las familias de los fallecidos quedan en un limbo informativo que puede durar meses o años. No saben qué atención médica recibió su familiar. No saben si esa atención cumplía las normas mínimas. No saben si hubo negligencia. Y cuando intentan averiguarlo — a través de solicitudes de acceso a la información o de demandas judiciales — el sistema responde con demoras que en la práctica equivalen a una negativa.

ICE restringe de tal manera la información que proporciona al Congreso, a las familias y al público que una supervisión efectiva resulta prácticamente imposible. En los casos en que hemos podido acceder a los registros, estamos observando incumplimientos estremecedores del deber de cuidado.

— Dra. Katherine Peeler, Physicians for Human Rights / Harvard Medical School

La opacidad no es solo un problema administrativo. Es una violación de derechos documentada. Las muertes bajo detención migratoria apuntan a posibles violaciones del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, que protege el derecho a la vida y obliga a los Estados a adoptar medidas para salvaguardar la vida de las personas bajo su custodia. Las malas condiciones de detención y la falta de atención médica adecuada también pueden constituir violaciones de la prohibición de tratos crueles, inhumanos o degradantes recogida en ese mismo Pacto y en la Convención contra la Tortura — tratados que Estados Unidos ha suscripto y ratificado.

El DHS recibió recientemente una asignación presupuestaria de 70.000 millones de dólares hasta 2029. Esos fondos financiarán la expansión de un sistema que, según el informe, ya ha demostrado ser incapaz de proteger las vidas de las personas que tiene bajo su custodia. Sin mecanismos de supervisión independientes, ese dinero irá a ampliar un sistema abusivo sin que nadie pueda exigirle cuentas.

Lo que el informe exige: supervisión, reducción y transparencia

Human Rights Watch y Physicians for Human Rights no se limitaron a documentar el problema. El informe concluye con un conjunto de demandas concretas dirigidas al Departamento de Seguridad Nacional y al Congreso de Estados Unidos.

01
Reducir el número de detenidos. El Congreso debería reducir la población sometida a detención migratoria, priorizar alternativas a la misma y negar financiación para cualquier nueva ampliación del sistema.
02
Garantizar atención médica adecuada. El DHS y sus contratistas deben asegurar acceso real a atención sanitaria conforme a las obligaciones de derechos humanos de Estados Unidos — no solo en el papel.
03
Crear mecanismos independientes de supervisión. El Congreso debería establecer por ley organismos con capacidad real de actuación, incluyendo investigaciones obligatorias e independientes de cada muerte bajo custodia.
04
Publicar toda la información. Todas las revisiones de fallecimientos y los informes de autopsia deben ser de acceso público. El ICE debe cumplir sus propios plazos de notificación — 48 horas e información completa en 30 días.
05
Establecer sanciones por incumplimiento. Debe haber consecuencias reales para el ICE y sus contratistas cuando no cumplan con sus obligaciones de información y atención médica. Hoy no las hay.
06
Rendir cuentas por cada muerte. El DHS y sus contratistas deben responder de forma completa, pública y oportuna por cada fallecimiento ocurrido bajo su custodia. Las familias tienen derecho a saber qué le pasó a su ser querido.

El informe es explícito sobre el contexto en que estas demandas se formulan: el gobierno de Trump no solo no ha avanzado en ninguna de estas direcciones, sino que ha retrocedido activamente — desmantelando supervisión, ampliando detención y reduciendo la transparencia. La pregunta que queda abierta es si el Congreso, con la actual composición política, tiene voluntad de actuar.

Las familias tienen derecho a saber qué ocurrió con sus seres queridos bajo custodia de ICE. Mientras las personas permanezcan bajo custodia migratoria en Estados Unidos, el gobierno tiene la obligación legal y moral de proteger sus vidas y, cuando no lo hace, la obligación pública de explicar lo sucedido. En estos momentos está incumpliendo ambas responsabilidades.

— Dra. Katherine Peeler, Physicians for Human Rights / Harvard Medical School

El marco legal: lo que el derecho internacional dice

Las muertes documentadas por el informe no son solo una tragedia humanitaria — son hechos con consecuencias legales bajo el derecho internacional. El Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, que Estados Unidos ratificó en 1992, protege explícitamente el derecho a la vida y obliga al Estado a adoptar medidas activas para proteger ese derecho — incluyendo respecto de las personas bajo su custodia, independientemente de su estatus migratorio.

Las condiciones de hacinamiento documentadas, la negativa o demora en atención médica y el aislamiento de personas con diagnósticos activos de enfermedades contagiosas también pueden constituir tratos crueles, inhumanos o degradantes — prohibidos tanto por el Pacto como por la Convención contra la Tortura, otro instrumento que Estados Unidos ha ratificado.

El problema es que la ratificación de esos tratados no genera automáticamente mecanismos de aplicación doméstica. En la práctica, el único poder que puede forzar el cumplimiento dentro de EEUU es el Congreso — y el Congreso, hasta ahora, no ha actuado. Los 70.000 millones de dólares asignados al DHS para el período hasta 2029 son la expresión más concreta de esa inacción: más dinero para un sistema que mata, sin condiciones ni supervisión.

Ismael Ayala-Uribe llevaba en Estados Unidos desde los cuatro años. Lorenzo Antonio Batrez Vargas también. Los dos murieron en centros de detención cuya población duplicaba su promedio histórico. Sus familias aún esperan respuestas. El sistema que los mató sigue expandiéndose.


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