Una condena, un indulto y una mentira que destapó todo

El 18 de febrero de 2026, el presidente italiano Sergio Mattarella firmó el indulto a Nicole Minetti. La medida se presentó como humanitaria — Minetti tenía a cargo un menor gravemente enfermo que requería tratamientos especializados en el exterior. El argumento era conmovedor. El problema es que era falso.

Minetti no es un nombre cualquiera en Italia. Es la ex higienista dental de Silvio Berlusconi, la mujer que coordinaba las llamadas «cenas elegantes» en la mansión de Arcore — las tristemente célebres fiestas bunga-bunga donde se prostituían mujeres jóvenes frente al ex primer ministro y sus invitados. Fue condenada en firme a casi cuatro años de prisión por favorecimiento de la prostitución y malversación de fondos durante su paso como consejera regional en Lombardía.

Años después de su condena, Minetti desapareció del radar italiano. Nadie preguntó dónde estaba. Nadie preguntó con quién. Hasta que el periodista Thomas Mackinson, del diario Il Fatto Quotidiano, empezó a hacer exactamente eso.

Lo que encontró está sacudiendo a dos países.

El empresario, la chacra y el INAU

Nicole Minetti reapareció en Uruguay como pareja de Giuseppe Cipriani. El nombre Cipriani no es cualquiera — es la dinastía del mítico Harry’s Bar de Venecia, de hoteles de lujo en Nueva York, Ibiza y Miami. Y en Uruguay, Cipriani es el hombre detrás del proyecto más ambicioso de los últimos años en Punta del Este: el Cipriani Resort Residences & Casino en el predio del ex Hotel San Rafael, en La Barra, con una inversión que supera los 700 millones de dólares.

Un hombre con ese dinero y esa presencia en Uruguay no pasa desapercibido. Tiene chacra, tiene contactos, tiene influencia. La chacra se llama «Gin Tonic» y está en La Barra.

Y aquí empieza la historia que nadie en Uruguay quería contar.

Según testimonios recogidos por Il Fatto Quotidiano, Cipriani y Minetti establecieron un vínculo con el INAU — el Instituto del Niño y Adolescente del Uruguay — a través de donaciones y actividades de voluntariado. Y según esas mismas fuentes, niños del INAU visitaban la chacra «Gin Tonic» los fines de semana.

¿Qué clase de vínculo construye un empresario millonario con un organismo estatal de protección de menores? ¿Qué tipo de «voluntariado» lleva niños vulnerables a la propiedad privada de un magnate? ¿Quién autorizó esas visitas? ¿Quién las supervisó?

Esas preguntas no tienen respuesta pública todavía. Pero son las preguntas que hay que hacer.

El niño, la madre y la justicia que miró para otro lado

A finales de 2017 nació en Maldonado un niño en circunstancias de extrema vulnerabilidad. Su madre, María de los Ángeles González Colinet, vivía en indigencia. Su padre estaba detenido. En enero de 2018, un juzgado de familia de Maldonado confió temporalmente al menor al INAU — por 45 días — con una orden judicial explícita: intentar el revínculo con la familia biológica.

La jueza fue clara. Los padres biológicos estaban vivos, identificados, y el objetivo era reunificar a la familia en cuanto fuera posible.

Lo que ocurrió después contradice esa orden punto por punto.

Cipriani y Minetti comenzaron a construir su relación con el menor. En 2021, con la patria potestad todavía en manos de los padres biológicos — sin ninguna autorización legal para sacar al niño del país — la pareja llevó al menor a Boston para una intervención quirúrgica en el Boston Children’s Hospital. ¿Cómo salió ese niño de Uruguay? ¿Con qué documentación? ¿Quién lo autorizó?

Ese mismo año, el INAU presentó un recurso de amparo para oponerse al proceso de adopción que la pareja había iniciado. El recurso fue denegado por la jueza Tejera.

En febrero de 2023, la justicia uruguaya cerró el caso con una sentencia a favor de Cipriani y Minetti: «separación definitiva y pérdida de la patria potestad» de los padres biológicos. La adopción quedó consumada. El menor tenía entonces cinco años.

Dos meses después, en abril de 2023, el Juzgado de Menores de Venecia reconoció la adopción bajo la premisa de que el menor había sido «abandonado desde su nacimiento» y existía una «separación permanente» de sus padres biológicos.

Ambas afirmaciones son falsas según los propios expedientes uruguayos. Los padres biológicos nunca abandonaron al niño — fueron un juzgado y un proceso judicial los que los separaron de él.

Los dos abogados calcinados

El 15 de junio de 2024, Mercedes Nieto y su esposo Mario Cabrera aparecieron muertos en su casa de descanso en Sierras de Garzón, Maldonado. Calcinados.

Mercedes Nieto no era una abogada cualquiera en este caso. Era la defensora designada por la justicia para representar a la familia biológica del menor — la que debía defender los derechos de la madre y el padre biológicos frente al proceso de adopción. Era la abogada que más sabía sobre las irregularidades del expediente.

La primera pericia de Bomberos concluyó: origen accidental en la estufa a leña.

La familia no aceptó esa conclusión. Encargó una pericia privada. El resultado fue otro: golpes en el cráneo de los cuerpos, ausencia de marcas de fuego en la zona de la estufa. Es decir — alguien golpeó a los dos abogados antes de que el fuego hiciera su trabajo.

El fiscal Sebastián Robles solicitó una segunda pericia. En noviembre de 2025, pidió una tercera. Ese tercer informe oficial volvió a ratificar la hipótesis accidental. Sin embargo, el fiscal fue claro ante Il Fatto Quotidiano: *»todas las pistas están abiertas, incluida la vinculación con las causas que patrocinaban»* los dos abogados fallecidos.

La investigación no fue archivada. El caso sigue abierto como posible doble homicidio.

Dos abogados que sabían demasiado. Una casa incendiada. Pericias que se contradicen. Y una investigación que lleva más de un año sin resolver.

La madre biológica desaparecida

María de los Ángeles González Colinet tiene 29 años. Es la madre biológica del niño adoptado por Cipriani y Minetti. Desapareció de su domicilio en el barrio Maldonado Nuevo en febrero de 2026.

Nadie la buscó oficialmente durante meses.

El Ministerio del Interior uruguayo emitió el pedido de búsqueda el 14 de abril de 2026. Cuatro días después de que Il Fatto Quotidiano publicara su investigación y el caso explotara en Italia.

No es un detalle menor. La madre del niño desapareció en febrero. El Estado uruguayo la buscó en abril — cuando ya no quedaba otra opción porque el mundo estaba mirando.

Hasta la fecha de esta publicación, no hay rastro de ella.

El origen: Berlusconi, menores y una red que no empezó en Uruguay

Para entender quién es Nicole Minetti y qué clase de red la rodea, hay que viajar a Italia. Hay que entrar a la villa de Arcore, en las afueras de Milán. Y hay que entender lo que pasaba ahí adentro.

Silvio Berlusconi — ex primer ministro italiano, magnate mediático, dueño del AC Milan — organizaba en su mansión lo que sus allegados llamaban «cenas elegantes». El mundo las conoció por otro nombre: las fiestas bunga bunga. Lo que ocurría en esas fiestas no era elegante. Era prostitución. Y en varios casos documentados, era prostitución de menores.

El caso Ruby lo resume todo. Karima El Mahroug, conocida como «Ruby la roba corazones», era una joven marroquí que según sus propias palabras interceptadas por la policía italiana asistía a las fiestas de Berlusconi desde que tenía 16 años. Cuando tenía 17 fue detenida por robo. Lo que ocurrió entonces revela hasta dónde llegaba el poder de Berlusconi: el propio primer ministro llamó personalmente a la comisaría de Milán a la madrugada, presentó a Ruby falsamente como sobrina del presidente egipcio Hosni Mubarak, y exigió que la liberaran. La entregaron directamente a Nicole Minetti.

Eso no es una acusación. Está documentado. Es parte del expediente judicial.

La fiscalía de Milán acusó a Berlusconi de abuso de autoridad e incitación a la prostitución de menores. En 2013 fue condenado a siete años de prisión. La condena fue apelada y el Tribunal Supremo lo absolvió — bajo el argumento de que no podía probarse que conocía la edad de Ruby al momento de los hechos. La absolución no borró lo que el propio tribunal certificó: en las mansiones de Berlusconi se ejercía la prostitución.

Nicole Minetti no era una invitada a esas fiestas. Era la organizadora. Junto al periodista Emilio Fede y el agente de espectáculos Lele Mora, reclutaba a las llamadas «papi girls» — jóvenes que asistían a las cenas elegantes de Arcore, donde algunas mantenían relaciones sexuales a cambio de dinero y regalos. Por ese rol fue condenada en firme. No acusada — condenada.

Berlusconi fabricó leyes a su medida para blindarse judicialmente. Creó normas que abreviaron la prescripción de delitos y alargaron los juicios. Usó a terceros como barrera de protección — Minetti entre ellos. Y cuando todo explotó, compró silencio: la fiscalía demostró que entre 2011 y 2015 pagó millones de euros a las participantes de las fiestas para que mintieran ante los tribunales. Ruby recibió parte de ese dinero. Su defensa llamó a eso «generosidad».

Berlusconi murió en 2023 sin haber pisado una celda. La única condena firme que cumplió fue por fraude fiscal — rebajada por amnistía y convertida en trabajo comunitario en una residencia de ancianos en Milán.

Minetti intentó reconstruir su imagen. La revista Chi — propiedad de la familia Berlusconi — publicó en septiembre de 2024 cuatro páginas con fotografías del niño uruguayo jugando con ella en los jardines de Milán. El mensaje era claro: madre dedicada, vida nueva, pasado superado.

Il Fatto Quotidiano demostró que el pasado no estaba tan superado.

Según testimonios directos recogidos en Uruguay, en la chacra «Gin Tonic» de La Barra — la misma donde niños del INAU pasaban los fines de semana — Minetti continuó operando una red de prostitución de lujo con menores, con el mismo rol que tenía en Arcore: organizadora. La misma mujer, el mismo patrón, otro país.

Lo que empezó en las mansiones de Berlusconi no terminó cuando cayó el telón en Italia. Se mudó a Uruguay.

Epstein en Punta del Este

La investigación de Il Fatto Quotidiano incorporó los llamados «Archivos Epstein» — documentos judiciales estadounidenses desclasificados que revelan la red de contactos del financista Jeffrey Epstein, condenado por tráfico sexual de menores y fallecido en 2019 en circunstancias que sus propios carceleros calificaron de suicidio pero que siguen generando dudas.

Lo que encontraron es demoledor.

Cipriani habría mantenido vínculos comerciales y personales sostenidos con Epstein. Los archivos documentan un préstamo de 800.000 libras que Epstein otorgó a Cipriani en 2010 para la apertura de un club en Londres. Y registran una transferencia desde cuentas asociadas a Epstein hacia una cuenta en Punta del Este en 2006.

Punta del Este. El mismo territorio donde Cipriani tiene su chacra, su proyecto inmobiliario de 700 millones de dólares, y donde construyó su vínculo con el INAU.

En la solicitud de indulto presentada al gobierno italiano, los abogados de Minetti describieron a Cipriani como un mecenas «alejado de contextos depravados».

Los archivos desclasificados cuentan otra historia.

La jueza, el INAU y la puerta que se abrió para los que no debían entrar

Aquí está el nudo que nadie en Uruguay ha terminado de desatar públicamente. Y es el más importante.

La jueza Mariela Tejera del Juzgado de Familia de Maldonado es la figura central de toda la cadena judicial. Y su actuación en este expediente genera preguntas que no tienen respuesta satisfactoria todavía.

En 2018 fue ella quien ordenó el ingreso temporal del niño al INAU — correctamente, con mandato explícito de reconstruir el vínculo familiar. Hasta ahí, procedimiento estándar.

Pero en diciembre de 2020 algo cambió. La jueza Tejera otorgó una «licencia» para que el menor abandonara el INAU y pasara a vivir en la chacra de Cipriani y Minetti — con la adopción aún sin tramitar, con la patria potestad todavía en manos de los padres biológicos, sin ningún respaldo legal que justificara entregar un niño del Estado a una pareja extranjera sin vínculo legal reconocido.

Ese niño salió del sistema de protección estatal y entró a la propiedad privada de un millonario italiano condenado por vínculos con prostitución. Por decisión de la jueza. Antes de que hubiera adopción. Antes de que hubiera nada.

En enero de 2021, el INAU — el organismo que tenía la custodia del menor y la obligación de velar por sus intereses — presentó un **recurso de amparo oponiéndose** al proceso de adopción. La institución del Estado dijo formalmente: esto no debe ocurrir.

La jueza Tejera denegó el amparo.

Y entonces ocurrió algo que requiere una explicación que nadie ha dado: ese mismo INAU que se opuso formalmente a la adopción, después dio el visto bueno para que Cipriani y Minetti inscribieran al niño en un centro educativo y contrataran una mutualista a su nombre. En la práctica — los reconoció como tutores de facto del menor. Sin adopción. Sin patria potestad. Sin autorización legal clara.

La secuencia es la que es:

INAU se opone → jueza lo ignora → INAU después colabora

¿Qué ocurrió entre esos dos momentos? ¿Quién habló con quién? ¿Quién presionó al INAU para que cambiara de posición? ¿Las donaciones de Cipriani al organismo influyeron en ese giro? ¿Hubo comunicación entre el juzgado y la pareja fuera del expediente?

La justicia uruguaya firmó la adopción en febrero de 2023. Pero alguien abrió la puerta mucho antes de que la justicia firmara.

La familia uruguaya que nadie vio

Hay un dato que el fallo de la jueza Tejera introduce como si fuera un hecho establecido — y que resulta ser una mentira documentada.

La sentencia dice textualmente que el niño «pasó casi tres años sin que surgiera una familia»

.

Es falso. Y hay testigos.

Una pareja de Maldonado declaró públicamente en el noticiero Telenoche de Canal 4 que inició el proceso de preadopción de ese mismo niño. Que convivió con él durante casi dos años. Que uno de ellos trabajaba en el INAU y estableció contacto con el menor a través de esa relación institucional. Que cuando preguntaron si podían adoptar, les dijeron que sí y empezaron el papeleo.

Y que en determinado momento la Justicia les informó que no había interesados en adoptar al niño.

Mientras Cipriani y Minetti ya lo tenían viviendo con ellos en la chacra.

Una familia uruguaya, local, dispuesta, que ya convivía con el niño — bloqueada. Un millonario italiano con antecedentes penales por vínculo con prostitución de menores — habilitado.

Y el fallo de la jueza dice que no había nadie interesado.

Esa contradicción no es un error administrativo. Es el corazón del caso.

Lo que Uruguay tiene que explicar

El escándalo explotó en Italia. Pero las preguntas más incómodas son para Uruguay.

¿Cómo se concretó una adopción donde la propia justicia uruguaya había ordenado el revínculo familiar? ¿Quién en el INAU autorizó las visitas de menores a la chacra privada de Cipriani? ¿Las donaciones de la pareja al INAU fueron registradas, auditadas, investigadas? ¿Cómo salió el niño del país en 2021 sin autorización legal? ¿Qué papel tuvo la jueza Tejera al denegar el recurso del INAU? ¿Qué sabían los dos abogados calcinados que no debían saber?

El INAU anunció que revisará en profundidad todo el expediente. Italia, a través de Interpol, pidió acceso a la documentación completa — expedientes del menor, movimientos migratorios, permisos de viaje, la investigación sobre la muerte de los abogados.

El presidente Mattarella pidió explicaciones al ministro de Justicia sobre las «supuestas falsedades» que motivaron el indulto. No se descarta la revocación del indulto ni una nueva causa penal contra Minetti.

Pero la pregunta que más incomoda no está en Roma. Está acá.

¿Cómo un empresario millonario con vínculos documentados con Jeffrey Epstein, pareja de una condenada por favorecer la prostitución en las fiestas de Berlusconi, pudo establecer un vínculo con el INAU, llevar niños uruguayos vulnerables a su chacra privada, y concretar una adopción que la propia justicia uruguaya había ordenado que no ocurriera?

¿Quién miró para otro lado? ¿Quién firmó qué? ¿Quién cobró qué?

Las preguntas que nadie hace en voz alta

Hay algo que conecta este caso con una realidad que Uruguay necesita enfrentar: Amnistía Internacional denunció la muerte de 114 niños en cinco años dentro del sistema estatal de protección. La prensa italiana lo calificó como una «fábrica de huérfanos». No es una acusación menor. Es un patrón.

Los niños más vulnerables — los que no tienen quién los defienda, los que vienen de familias pobres y padres presos — son los más fáciles de mover dentro de un sistema que debería protegerlos.

Mercedes Nieto intentó defenderlos. Murió calcinada.

María de los Ángeles González Colinet intentó ser madre. Desapareció.

El niño vive hoy en Italia con sus adoptantes. Tiene nueve años.

Bastión no tiene todas las respuestas. Nadie las tiene todavía. Pero sí tiene las preguntas correctas — y la voluntad de no cerrar la boca hasta que alguien las responda.

Fuentes: Il Fatto Quotidiano, La Nación, Infobae, Caras y Caretas, El Observador, LR21, Contraviento UY, Archivos Epstein desclasificados, expedientes judiciales citados por medios verificados.


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