Guerra & Poder
Análisis legal · Poderes de guerra
Trump pausó el cronómetro
Cómo la administración intentó redefinir el tiempo, la guerra y la Constitución al mismo tiempo para no pedirle permiso al Congreso.
Había una vez una ley. Nacida en 1973, aprobada incluso contra el veto del presidente Nixon, la Resolución de Poderes de Guerra establecía algo simple: si el presidente manda tropas a combatir, tiene 60 días para conseguir la aprobación del Congreso o retirarlas. Cincuenta y tres años después, Donald Trump encontró una solución jurídica que ningún manual de derecho constitucional contemplaba: simplemente pausar el cronómetro.
El 28 de febrero de 2026, Estados Unidos inició ataques militares contra Irán sin declaración de guerra ni autorización legislativa. Comenzó la cuenta regresiva. El 7 de abril, se anunció un alto al fuego. Y ahí fue cuando la administración tuvo su momento de inspiración: si no hay combates activos, ¿corre el tiempo?
«Estamos en un alto al fuego. Eso significa, según nuestro entendimiento, que el reloj de los 60 días se pausa o se detiene.»
Pete Hegseth — Secretario de Defensa, ante el Comité de Fuerzas Armadas del SenadoEl argumento llegó con toda la convicción de quien sabe perfectamente que lo que está diciendo no está en ningún texto legal. El Speaker de la Cámara, Mike Johnson, remató por su cuenta: «No creo que tengamos bombardeos activos ni nada de eso. Ahora estamos tratando de negociar la paz.» Que haya 50.000 soldados desplegados y la Marina bloqueando el Estrecho de Ormuz son, aparentemente, detalles.
La anatomía de un argumento jurídico improvisado
Para apreciar la creatividad de la maniobra, conviene reconstruir la secuencia lógica completa que la administración fue construyendo a medida que los plazos se acercaban:
La estrategia en cinco pasos
Fase «no es una guerra»
Si no la llamas guerra, no aplica la Ley de Poderes de Guerra. No hay que informar nada.
Problema
Al desplegar tropas en combate, la ley se activa automáticamente. El cronómetro empieza igual.
Fase «el reloj está pausado»
Hegseth argumenta que el alto al fuego congela los 60 días. La ley no dice nada de esto.
Fase «las hostilidades terminaron»
Trump envía carta al Congreso diciendo que el conflicto concluyó. Simultáneamente, la Marina bloquea puertos iraníes y el ejército está «listo para actuar al toque de un botón».
Fase final «la ley es inconstitucional»
Trump dice directamente que la Resolución de Poderes de Guerra es inconstitucional. Nixon dijo lo mismo en 1973. El Congreso lo ignoró y la aprobó igual.
Lo que dicen los expertos legales
La recepción jurídica del argumento fue, digamos, escéptica. Katherine Yon Ebright, del Brennan Center for Justice, fue directa: nunca habíamos visto un intento tan audaz de detener el cronómetro en un conflicto que es, inequívocamente, una guerra. Otros presidentes usaron maniobras similares en conflictos de baja intensidad. Esto es diferente.
«Un alto al fuego no suspende automáticamente el cronómetro de los 60 días.»
John Bellinger — ex asesor legal del Departamento de Estado (administración Bush)«No hay botón de pausa en la Constitución ni en la Ley de Poderes de Guerra. Llevamos 60 días en guerra. El bloqueo naval solo ya es un acto de guerra continuo.»
Sen. Richard Blumenthal (D-CT)El problema de fondo es geométrico: el bloqueo naval que la Marina estadounidense mantiene sobre los puertos iraníes es, bajo el derecho internacional, un acto de guerra. Es difícil argumentar que las hostilidades «terminaron» cuando todavía se impide a un país sacar sus barcos al mar.
El alto al fuego del 7 de abril interrumpió las hostilidades, reseteando el plazo.
Las hostilidades «terminaron».
La ley es de todas formas inconstitucional.
Otros presidentes tampoco la respetaron.
La Resolución no contempla «pausas».
Un bloqueo naval es un acto de guerra activo.
La ley fue aprobada precisamente para evitar que los presidentes decidan solos cuándo hay o no hay guerra.
El Congreso republicano mira para otro lado
La oposición demócrata presentó resoluciones para limitar los poderes de guerra de Trump. Seis veces. Seis veces fueron bloqueadas. El Senado republicano salió de vacaciones el jueves, un día antes del vencimiento del plazo del viernes. La señal era clara.
Algunos senadores republicanos empezaron a mostrar incomodidad, especialmente con una guerra que Trump prometió duraría «pocas semanas» y ya lleva más de dos meses sin resolución clara. La senadora Susan Collins votó por primera vez con los demócratas. El senador Rand Paul también. Pero no alcanzó.
La Ley de Poderes de Guerra lleva cincuenta años siendo ignorada con distintos grados de creatividad por republicanos y demócratas por igual. Obama usó argumentos similares en Libia. Clinton en Kosovo. Reagan en el Golfo Pérsico. Lo que distingue este episodio no es la violación en sí, sino la escala del conflicto y la transparencia casi desafiante del argumento: en lugar de intentar que el abuso pase inadvertido, la administración lo enunció públicamente y con nombre y apellido.
«¿Se espera que la administración Trump siga la ley? No tengo esa expectativa.»
Rep. Adam Smith (D-WA) — miembro del Comité de Fuerzas Armadas de la CámaraLa historia tiene un dato adicional que agrega cierto sabor irónico: fue el propio Nixon quien vetó la Resolución de Poderes de Guerra en 1973, argumentando exactamente lo que Trump argumenta hoy: que la ley es inconstitucional y constriñe indebidamente al ejecutivo. El Congreso ignoró el veto y la promulgó igual. Ahora, cincuenta y tres años después, su sucesor espiritual en el ala Oeste intenta otra vez lo mismo.
¿Y ahora qué?
Los tribunales han evitado sistemáticamente pronunciarse sobre la constitucionalidad de la Resolución de Poderes de Guerra. El Congreso no tiene voluntad política de forzar el tema mientras los republicanos controlen ambas cámaras. Y la administración tiene un argumento de reserva para cada escenario posible.
Lo que queda es una paradoja clásica: una ley aprobada precisamente para que el Congreso tenga la última palabra sobre la guerra, que en la práctica nunca ha podido ejercer esa palabra. El cronómetro corre, se pausa, se resetea o se declara inconstitucional según convenga. Y el bloqueo naval continúa.
Porque a fin de cuentas, nadie discute si hay 50.000 soldados en la región, si la Marina bloquea el Estrecho de Ormuz, o si el propio secretario de Defensa dijo que pueden reanudar los ataques «al toque de un botón». La única pregunta es cómo se llama eso. Y en Washington, los nombres importan más que los hechos.
