Gran Israel:
cien años de expansionismo
No es una conspiración ni una teoría marginal. El proyecto del Gran Israel tiene autores identificados, fechas precisas y un mapa que se ha ido cumpliendo, territorio a territorio, desde 1948 hasta hoy. Lo que cambia es que ya casi nadie lo niega.
«Israel sigue expandiéndose y expandiéndose, y el mundo aplaude.» Estas palabras no las dijo un crítico de Israel ni un dirigente árabe. Las pronunció Abba Eban, ministro de Exteriores israelí del Partido Laborista, en plena guerra de los Seis Días, en 1967. Seis décadas después, Benjamin Netanyahu enumeró con orgullo todos los territorios que Israel pasó a controlar como consecuencia de su ofensiva en Oriente Próximo. Una bandera israelí ondea en la mitad de la Franja de Gaza, el sur de Líbano hasta el río Litani y los Altos del Golán sirios hasta la cumbre del monte Hermón.
La historia se repite. Y la victoria, por ahora, es del sionismo más radical.
Nada de lo que ocurre hoy es fruto del 7 de octubre de 2023 ni de los ataques de Hezbollah ni de la amenaza nuclear iraní. La voluntad de expandirse territorialmente por el norte hasta el río Litani aparece ya en un ensayo de David Ben-Gurión de 1918. Lo que en las primeras décadas del siglo XX eran ideas radicales en un cuaderno se ha convertido en la política dominante del Estado de Israel.

De utopía marginal a ideología de Estado
El sionismo surgió a finales del siglo XIX en suelo europeo, fruto de un contexto marcado por la violenta persecución a la que estaban sometidos los judíos y por el auge de los nacionalismos. El político austrohúngaro Theodor Herzl, considerado el fundador de la ideología, llegó a la conclusión de que la asimilación de la población judía en Europa no era viable y que para liberarse de la persecución necesitaban su propio Estado. En un primer momento ni siquiera estaba claro que fuera en Palestina: se barajaron Uganda y Argentina.
Para cuando se celebró el Primer Congreso Sionista en Basilea, en 1897, el proyecto ya estaba irremediablemente unido a la colonización de una Palestina todavía en manos otomanas. Pero la postura de Herzl era entonces rechazada por el grueso de la población judía. Para los más religiosos, era un proyecto herético — había que esperar al Mesías para regresar a la Tierra Prometida. Para muchos laicos y socialistas, era un sueño irrealizable. La niñez del sionismo no daba pistas de lo que vendría.
Lo que en las primeras décadas del siglo XX eran ideas radicales en un cuaderno se ha convertido en la política dominante del Estado de Israel.
Primer Congreso Sionista en Basilea. Herzl propone un Estado judío en Palestina. El movimiento es minoritario y cuestionado.
Se crea el Fondo Nacional Judío, encargado de comprar tierras en Palestina y facilitar el desahucio de los palestinos que vivían en ellas.
Ben-Gurión escribe que el espacio natural de Israel debe abarcar hasta el río Litani por el norte — la misma frontera que Netanyahu invocará cien años después.
Creación del Estado de Israel y la Nakba: expulsión de aproximadamente 750.000 palestinos de sus hogares. El sionismo logra su primera gran victoria.
Guerra de los Seis Días. Israel ocupa Cisjordania, Gaza, el Sinaí, los Altos del Golán y Jerusalén Este. Comienza la era del sionismo territorial expansivo.
El Likud gana las elecciones. El sionismo revisionista — heredero de Jabotinsky — se hace con el poder por primera vez y no lo soltará.
Tras el 7 de octubre, Israel ocupa el norte de Gaza, el sur de Líbano y refuerza el control de los Altos del Golán. Netanyahu presenta cada avance como una «zona de seguridad«.

Socialistas, religiosos y revisionistas: un mismo destino
El sionismo nunca fue un movimiento uniforme. Desde el principio coexistieron tres grandes corrientes con visiones distintas sobre cómo construir el Estado. Lo que las une no es la ideología sino el resultado: el avance territorial continuo.
Dominó hasta los años 70. Liderado por Ben-Gurión, impulsó los kibutz, la inmigración masiva y la expulsión palestina de 1948. Construyó el Estado pero también trazó sus ambiciones territoriales.
Fundado por Jabotinsky, inspirado en el fascismo europeo. Plantea que la colonización armada es inevitable. Es el origen del Likud, del IDF y del actual gobierno Netanyahu.
En auge desde los 80. Usa las Escrituras para justificar la expansión. Figuras como Smotrich defienden la anexión de Cisjordania y la pena de muerte contra palestinos.
No hay compensación suficiente que podamos ofrecer a los árabes palestinos a cambio de quedarnos con Palestina. La colonización sionista debe continuar sin tener en cuenta a la población nativa. Solo podemos avanzar detrás de un muro de hierro que los nativos no puedan atravesar.
— Zeev Jabotinsky, El muro de hierro, 1923
Jabotinsky anticipaba que el enfrentamiento con los árabes era inevitable. Lo que en su época sonaba a extremismo se convirtió en doctrina de Estado. Del Irgún — grupo paramilitar considerado terrorista por Estados Unidos y la ONU tras el atentado contra el hotel Rey David en 1946 — salieron algunas de las figuras más prominentes del Likud. Cuando el revisionismo llegó por primera vez al poder en 1977, el primer ministro Menájem Beguín había sido tiempo atrás el sucesor de Jabotinsky.
Del cuaderno de Herzl al mapa que llevan en el uniforme

Para el sionismo fundacional, la reinterpretación religiosa de la historia judía fue el motor que unió el renacimiento nacional con la Palestina histórica. Los límites geográficos bíblicos de la Tierra Prometida no están claramente definidos — lo que permite que la reclamación territorial se amolde tanto a las necesidades prácticas como a las demandas más expansionistas.
En 1949 se implantó una política de renombrar todos los lugares dentro de las nuevas fronteras de Israel, eliminando el nombre árabe y adoptando denominaciones bíblicas o similares fonéticamente. El desierto del Naqab pasó a llamarse Neguev. Cisjordania es conocida en Israel — sobre todo desde la derecha — como Judea y Samaria, en referencia al territorio bíblico.
Más allá de los nombres, la construcción bíblica del nacionalismo israelí permeó en otras capas. La ley del retorno de 1950 concibe que cualquier judío del mundo puede inmigrar a Israel y obtener la ciudadanía — porque no emigra, sino que regresa. El proceso deja de ser un acto político del presente para convertirse en una continuación de la historia.
A tu descendencia daré esta tierra, desde el río de Egipto hasta el río grande, el Éufrates.
— Génesis 15:18
Fijaré tus límites desde el mar Rojo hasta el mar de los filisteos y desde el desierto hasta el río Éufrates.
— Éxodo 23:31
Como los límites geográficos bíblicos no están claramente definidos, la reclamación territorial puede abarcar desde el canal de Suez hasta la parte occidental de Irak — incluyendo Líbano, Siria, Jordania y partes de Arabia Saudí.
El giro que nadie quiso ver venir
El giro hacia posturas más extremas comenzó con la victoria en la guerra de 1967, cuando la sensación de triunfo favoreció un nacionalismo más agresivo. Ya en ese momento el filósofo israelí Yeshayahu Leibowitz anticipó lo que vendría: «Pasaremos de un nacionalismo orgulloso a un ultranacionalismo extremo y mesiánico.»
Este giro se institucionalizó en 1977 con la primera victoria del Likud. Y se ha repetido como patrón en cada crisis posterior: el ataque no se interpreta como consecuencia del proyecto colonizador, sino como un fracaso personal del líder de turno que justifica avanzar hacia posturas más extremas.
Si no los matas primero, ellos te matarán a ti. Los terroristas de hoy y sus hijos. En realidad, son las mujeres las que crean a estos terroristas. No hay personas inocentes en Gaza.
— Rabino Eliyahu Mali, director de la escuela religiosa Shirat Moshe, Jaffa, 2024
La diferencia entre la retórica de Moshe Dayan en 1956 — que al menos comprendía el origen de la resistencia palestina — y la del rabino Mali en 2024 es reveladora. El mensaje de fondo es el mismo: hay que actuar con brutalidad. Pero la comprensión sobre las causas ha desaparecido. Lo que queda es la deshumanización: el ministro de Defensa Yoav Gallant se refirió a los palestinos como «animales».
51 vetos y una carta blanca permanente
El sionismo no encuentra freno real porque no lo ha encontrado en ningún momento de su existencia. Estados Unidos lleva desde los años setenta utilizando su poder de veto en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas para bloquear acciones contra Israel — una herramienta que ha empleado un total de 51 veces con ese propósito.
Alemania, que desde el final de la Segunda Guerra Mundial ha apoyado a Israel militar, industrial y económicamente, ha hecho de la seguridad israelí una cuestión de Estado, bloqueando cualquier intento europeo de crítica o sanción. Su oposición a la suspensión del acuerdo de asociación UE-Israel es el último ejemplo. Hungría se negó a cumplir la orden de arresto de la Corte Penal Internacional contra Netanyahu.
Israel es una referencia global en industria militar y tecnología de vigilancia — ambas perfeccionadas mediante el control y la ocupación de territorios palestinos y sirios. Sus socios comerciales, que incluyen a los principales países occidentales, hacen oídos sordos. La ocupación no es un obstáculo para el negocio: es su laboratorio.
Para cerrar
El sionismo ha conseguido algo que pocos movimientos políticos del siglo XX lograron: convertirse en incuestionable. A diferencia del panarabismo o incluso del nazismo, no solo evitó su muerte — pasó de ser una propuesta minoritaria y casi utópica a convertirse en el motor político de una nación que se siente impune ante el derecho internacional.
La destrucción de Gaza, la invasión de Líbano, los bombardeos en Siria y Yemen no han provocado una ruptura. Han afianzado en el poder a las figuras más mesiánicas. Y han acercado al conjunto de la sociedad israelí a posturas que hace tres décadas habrían sido consideradas extremistas.
Todo el espectro político israelí se ha derechizado. La izquierda es prácticamente inexistente. Y el camino que toda la cúpula política está tomando — esté con o contra Netanyahu — es el de mantener los mismos leitmotivs del pasado y llevarlos a su máxima expresión. Lejos de estar cerca de su final, el sionismo ha logrado hacer realidad los sueños de Herzl, Ben-Gurión y sobre todo de Jabotinsky: convertir a Israel en una fortaleza militar con cada vez más territorio bajo control.
El mapa se sigue cumpliendo. Y el mundo, como siempre, aplaude.
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☕ Invitame un caféFuentes y referencias: Ilán Pappé, La limpieza étnica de Palestina (Crítica, 2009). Nur Masalha, La Biblia y el sionismo. Itxaso Domínguez, Palestina: ocupación, colonización, segregación (Catarata, 2022). Zeev Jabotinsky, El muro de hierro (1923).
Los datos de encuestas provienen de All Israel News (2023) y estudios demográficos publicados entre 1998 y 2024. El recuento de vetos de Estados Unidos en el Consejo de Seguridad de la ONU está documentado en los registros oficiales del organismo.
Este artículo tiene propósito periodístico e histórico. No toma posición sobre las soluciones al conflicto ni sobre los derechos de ninguna de las partes.
