Israel por dentro: la bomba demográfica que nadie quiere nombrar

Israel por dentro: la bomba demográfica que nadie quiere nombrar
Bastión · Análisis · Israel
Análisis · Israel · Sociedad · Geopolítica

Israel por dentro: la bomba demográfica que nadie quiere nombrar

La amenaza existencial para Israel puede no ser Irán, Hamas ni Turquía. Puede ser la implosión interna: un Estado fundado por ateos y comunistas siendo tomado por dentro por ultraortodoxos que no trabajan, no van al ejército y tienen 6,6 hijos por mujer. Y en el medio, Ben-Gvir — del partido terrorista Kach al gabinete ministerial.

Bastión · Análisis · Junio 2026

Israel tiene dos guerras simultáneas. Una es la que todo el mundo ve — Gaza, Líbano, Irán, la presión internacional, la CPI. La otra es la que ocurre adentro, sin bombas pero con una lentitud demográfica e ideológica que muchos analistas consideran más peligrosa a largo plazo.

En 2065, según las proyecciones demográficas actuales, los ultraortodoxos — los jaredíes — serán el 40% de la población judía israelí. No trabajan en su mayoría. No aprenden inglés ni ciencias. No van al ejército. Tienen una tasa de pobreza del 44%. Y tienen 6,6 hijos por mujer, frente a 2 de los israelíes laicos.

El catedrático constitucionalista Asher Maoz lo dijo en Haaretz en 2008 con una claridad que sigue sin respuesta: «En este país viven dos pueblos, ambos judíos: ellos y nosotros.»

El origen: una paradoja fundacional

Para entender la fractura hay que entender su origen. Los fundadores de Israel — quienes construyeron los primeros asentamientos en Palestina bajo mandato británico — eran en su mayoría laicos, ateos, a menudo comunistas. Procedían de las clases intelectuales de Alemania y Austria. Creían que ser judío era una condición étnica, no religiosa. Preferían llamarse «hebreos» y desterraban lo religioso de sus comunidades agrícolas — los kibbutz.

La mayoría de los rabinos de Europa oriental se oponían al proyecto sionista — consideraban una herejía construir un Estado judío sin esperar al Mesías. Solo el Holocausto cambió el cálculo: los supervivientes buscaron refugio en Palestina.

David Ben-Gurión, fundador del Estado, necesitaba su apoyo político. El acuerdo que selló entonces tiene consecuencias hasta hoy: exención del servicio militar para quienes estudiaran la Torá a tiempo completo, sistema educativo propio financiado por el Estado, control sobre matrimonios y divorcios, cierre de transportes públicos en sábado.

Era una concesión menor en 1948 — los ultraortodoxos eran una minoría pequeña y traumatizada por el Holocausto, que había eliminado al 90% de la comunidad ortodoxa de Europa del Este. Setenta y ocho años después, la concesión se convirtió en arquitectura de poder.

Los números que cambian todo

La demografía que redefine Israel

  • Tasa de fertilidad jaredí: 6,6 hijos por mujer
  • Tasa de fertilidad laica: 2 hijos por mujer
  • Crecimiento anual jaredí: 4% — duplican población cada 17 años
  • Población actual: 14% del total israelí, 20% de la población judía
  • Proyección 2065: 40% de la población judía israelí
  • En Jerusalén hoy: 2 de cada 3 niños que empiezan la escuela son jaredíes
  • Tasa de pobreza jaredí: 44% — el doble de la media israelí
  • Empleo masculino jaredí: solo la mitad tiene algún trabajo
  • Empleo femenino jaredí: 3 de cada 4 mujeres trabajan para mantener la familia mientras el marido estudia la Torá

El sistema educativo jaredí, financiado por el Estado israelí con más de 600 millones de euros anuales, enseña casi exclusivamente religión. Muy pocas matemáticas, ciencias o inglés. El resultado es una comunidad que crece a ritmo explosivo pero que no puede sostener la economía de alta tecnología que es la base material del Estado israelí.

Loading…

El servicio militar: la línea roja que lo explica todo

La tensión más visible entre los mundos jaredí y laico es el servicio militar. En Israel es obligatorio para hombres y mujeres. Los ultraortodoxos están exentos desde la fundación del Estado — primero por acuerdo político, luego con prórrogas, hasta que en 2024 el Tribunal Supremo falló que debían incorporarse.

No se incorporaron. En las calles hubo protestas. Se apedreó el coche de un ministro. En el Parlamento se acumularon propuestas de leyes imposibles de aprobar.

«Ya no nos fiamos de Netanyahu. Dejamos de ser socios. Hay que celebrar elecciones.» — Dov Lando, rabino guía espiritual del principal movimiento ultraortodoxo de Israel, mayo 2026

El partido Degel Hatorah — con apenas 3 diputados — tiene poder de veto sobre la coalición de Netanyahu. Sin ellos y sin Smotrich y Ben-Gvir, el gobierno cae. Y si el gobierno cae, Netanyahu enfrenta sus juicios por corrupción.

La trampa es perfecta: Netanyahu no puede aprobar la ley de exención militar sin romper la coalición por el lado laico. No puede negarse sin romperla por el lado ultraortodoxo. Lleva años dando largas a ambos — y esa táctica tiene fecha de vencimiento.

Mientras tanto, los 13.000 potenciales reclutas jaredíes que no se incorporan representan el 23% de los jóvenes que deberían ir a filas cada año. En más de dos años de guerra en Gaza, el ejército ha tenido que rotar reservistas con turnos extenuantes para compensar su ausencia.

De Kahane a Ben-Gvir: el kahanismo normalizado

La línea directa del extremismo israelí

De un partido terrorista al gabinete ministerial

Meir Kahane — rabino de origen estadounidense, fundador del partido Kach en los años 80. Racista, defensor de la violencia contra los árabes, partidario de expulsar a los palestinos y establecer una teocracia en el Gran Israel — que incluía Jordania y partes de Siria, Irak, Arabia Saudita y Egipto. El Tribunal Supremo israelí prohibió al Kach presentarse a elecciones en 1988 por su ideología racista. Kahane fue asesinado en Nueva York en 1990.

Baruch Goldstein — colono judío de origen americano, miembro del Kach y admirador de Kahane. En 1994 abrió fuego sobre palestinos que rezaban en la Cueva de los Patriarcas en Hebrón durante el Ramadán. Mató a 29 personas, hirió a un centenar y murió apaleado por los supervivientes. Su tumba se convirtió en lugar de peregrinaje para los supremacistas judíos. Ben-Gvir tenía su retrato en casa.

Itamar Ben-Gvir — condenado por los propios tribunales israelíes por apoyo al Kach — organización designada terrorista por Israel, EEUU y la UE. Tan extremista que el IDF lo rechazó. Hoy es Ministro de Seguridad Nacional de Israel. Celebró la aprobación de la pena de muerte con una torta decorada con una horca.

El kahanismo no desapareció — se normalizó. El mismo proceso que el Jerusalem Post llama «trauma nacional acumulado» y «realismo.» La Ventana de Overton funcionando durante décadas hasta que lo impensable se volvió cotidiano.

Dos Estados dentro de un Estado

La comunidad ultraortodoxa no es solo una minoría religiosa — es un Estado dentro del Estado. Degel Hatorah tiene su propio banco con préstamos de 1.000 millones de euros. Su propio sistema educativo. Su propio periódico — Yated Ne’eman — que es casi la única fuente de información de la comunidad. Su propio sistema de certificación kosher. Comités rabínicos que deciden dónde vivirás, si te dan una hipoteca, a quién puedes llamar.

Lo que describió la abogada Naomi Abraham en Haaretz

«Degel Hatorah no es un partido. Es un Estado. Tiene su propio banco, que otorga préstamos que suman 4.000 millones de shekel. Tiene su sistema educativo propio y controla toda la red de enseñanza jaredí. Tiene un periódico que es casi la única fuente de información de la comunidad. Controla lo que comes. Los comités rabínicos gestionan todo. El comité de vivienda decide dónde vivirás. El de préstamos decide si te dan una hipoteca. El de comunicación, a quién puedes llamar.»

«La oligarquía que gestiona Bnei Brak no negocia con teología: negocia con inmuebles, terrenos y bancos.»

En los barrios donde los ultraortodoxos alcanzan masa crítica, se impone su ley: calles cerradas al tráfico en sábado, ningún negocio abierto ese día, prohibición de carteles electorales con caras de mujeres, centros comerciales solo para mujeres. El Tribunal Supremo israelí suele fallar en contra — pero aplicar las sentencias es otra cosa cuando los partidos ultraortodoxos tienen la llave de toda coalición gubernamental.

La pregunta que nadie quiere responder

La amenaza mortal para Israel puede no ser ni Hamas ni Irán. Puede ser la implosión interna — una bomba demográfica que estallará en cuanto alcance una masa crítica que nadie sabe definir con precisión.

Si los jaredíes son el 40% de la población judía israelí en 2065 y la mitad de sus hombres no trabaja, ¿quién sostiene la economía de alta tecnología que es la base material del Estado? Si no saben inglés ni ciencias, ¿pueden mantener las empresas de semiconductores, ciberseguridad y biotecnología que hacen a Israel relevante para Occidente?

¿Puede contar con la simpatía y el comercio preferente de América del Norte y Europa un Estado gobernado por los herederos ideológicos de Kahane, con Ben-Gvir como ministro y Smotrich manejando las finanzas — un hombre que tiene en su despacho un mapa que incluye Jordania dentro de Israel?

Los laicos israelíes — los jiloní — representan hoy el 45% de la población judía adulta. Tienen en promedio un nivel académico superior. Y están emigrando. No en números masivos todavía — pero los que se van son exactamente los que sostienen la economía que el Estado necesita para funcionar.

Israel fue fundado por personas que huían de la persecución. La ironía histórica que nadie quiere nombrar es que el proyecto sionista — construido sobre la idea de un hogar seguro para el pueblo judío — puede estar generando las condiciones para una nueva crisis existencial, esta vez desde adentro.

No con bombas. Con demografía, con ideología y con la lenta captura de las instituciones por parte de quienes creen que Dios prometió esa tierra y que los que murieron en Gaza murieron porque no leyeron suficiente la Torá.


Fuentes principales: Haaretz, cobertura de la comunidad jaredí 2024-2026. Pew Research Center, «Israel’s Religiously Divided Society» (2016, actualización 2024). Menahem Friedman, teoría de la «sociedad de aprendices». Emmanuel Sivan, «cultura enclave». Naomi Abraham, declaraciones a Haaretz sobre la estructura de poder en Bnei Brak. Instituto Central de Estadísticas de Israel, proyecciones demográficas 2026. B’Tselem, datos sobre colonos y extremismo. El País, análisis de la sociedad ultraortodoxa israelí.

Este artículo tiene propósito analítico e informativo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio
♥ Apoyá a Bastión

Periodismo independiente sin trinchera