Israel desafía a Trump:
«Su acuerdo
no nos obliga»
Netanyahu convenció a Trump de ir a la guerra. Ahora que Trump negoció la paz, el gobierno israelí dice que ese acuerdo no vale nada. Los muertos los pusieron otros. La cuenta la pagan otros. Y los que mandan la guerra nunca fueron al frente.
El 11 de febrero de 2026, Benjamin Netanyahu viajó a Washington y convenció a Donald Trump de atacar Irán. Cuatro meses después, Trump negoció la paz. La respuesta del gobierno israelí fue inmediata: ese acuerdo no los obliga. Los muertos los pusieron las madres israelíes, palestinas, libanesas y estadounidenses. La soberanía, al parecer, es solo para quienes nunca fueron al frente.
Netanyahu fue a Washington a convencer a Trump de ir a la guerra
El 11 de febrero de 2026, Netanyahu llegó a la Casa Blanca acompañado del director del Mosad, David Barnea. En la Sala de Crisis presentaron a Trump cuatro argumentos para atacar Irán: que podían destruir sus misiles balísticos en semanas, que Irán era demasiado débil para cerrar el Estrecho de Ormuz, que protestas impulsadas por el Mosad podían generar una revolución interna, y que era el momento estratégico para actuar.
Trump escuchó. Semanas después, EEUU e Israel atacaron Irán conjuntamente. Lo que Netanyahu no mencionó en esa sala fue lo que el pueblo estadounidense — y el pueblo israelí — pagarían por esa decisión.
No era la primera vez. Netanyahu lleva más de tres décadas advirtiendo que Irán está «a meses» de tener una bomba nuclear — en 1992, en 1995, en 2002, en 2009, en 2012. Cada vez, las agencias de inteligencia israelíes y estadounidenses desmintieron sus plazos. Esta vez, logró lo que buscaba.
«Israel y Estados Unidos han lanzado ataques contra Irán para eliminar la amenaza existencial que ese país representa.»
Quién pagó y quién no
Ben Gvir habla de soberanía — y olvida que EEUU también es soberano
El domingo 14 de junio, Trump anunció un acuerdo provisional con Irán para poner fin al conflicto. La respuesta del ministro de Seguridad Nacional israelí, Itamar Ben Gvir, llegó en horas — publicada directamente en X, sin filtros diplomáticos.

Ben Gvir invoca la soberanía de Israel. El argumento tiene una falla de origen: la soberanía no es un principio selectivo. Si Israel es soberano para rechazar los acuerdos de Trump, Estados Unidos también es soberano — y su pueblo, con el 59% en contra, también habló. Nadie los escuchó.
Tres países ocupados. Sin límite de tiempo.
«Las Fuerzas de Defensa de Israel permanecerán en las zonas de seguridad de Líbano, Siria y Gaza, sin límite de tiempo alguno. Nos oponemos a una retirada, a pesar de todas las presiones existentes y las que llegarán.»
«El acuerdo que Estados Unidos tiene previsto firmar con Irán no ata las manos de Israel en el escenario libanés.»
Líbano, Siria y Gaza. Tres territorios. Ocupación indefinida declarada públicamente. El mismo primer ministro que fue a la Casa Blanca a pedir la guerra ahora le dice al presidente que negoció la paz que ese acuerdo no cuenta.
Los que mandan la guerra nunca fueron al frente
El propio Ejército de Israel lo rechazó cuando intentó hacer el servicio militar obligatorio — sus antecedentes de extrema derecha eran demasiado peligrosos incluso para las FDI. Un exfuncionario de defensa lo resumió con una pregunta: «¿Darle un arma a alguien así?» Ben Gvir hizo una huelga de hambre para que lo aceptaran. No lo aceptaron. Fue condenado ocho veces por delitos que incluyen racismo y apoyo a una organización terrorista. Su primera cita con su futura esposa fue en la tumba de Baruch Goldstein — el colono que en 1994 asesinó a 29 musulmanes en Hebrón. Hoy, desde ese historial, le dice a Trump que Israel no puede aceptar menos que la guerra total. Sus únicos votantes son los colonos de Cisjordania. Sin ocupación, sin él.
Mientras su marido estaba de visita oficial en Washington, escribió en su columna semanal que se sentía «un poco como la esposa de un reservista.» La reacción en Israel fue inmediata. Una legisladora de la oposición respondió: «Una persona que no fue reclutada porque era miembro de una organización terrorista no es un soldado. Usted no es la esposa de un reservista.» Otra diputada fue más directa: «Es la esposa de un evasor. Es la esposa del ministro bajo el cual ocurrió la mayor masacre de la historia de Israel.» Una fundadora del Foro de Esposas de Reservistas señaló que había «una pequeña diferencia» entre la visita diplomática de Ben Gvir y su propio marido — que llevaba más de 270 días en el frente.
Mientras 360.000 reservistas israelíes dejaban trabajo, familia e hijos para ir al frente, Yair Netanyahu — sin experiencia de combate, habiendo hecho el servicio en la unidad de portavoces — se quedó en Miami. Un soldado voluntario que había vuelto desde EEUU para combatir lo dijo al diario The Times: «Yair disfruta de su vida en Miami Beach mientras yo estoy en el frente. Somos nosotros los que dejamos todo para proteger al país, no los responsables de esta situación.»
Tiene causa penal abierta en el Tribunal Penal Internacional. Lleva más de tres décadas advirtiendo que Irán está «a meses» de tener la bomba — en 1992, 1995, 2002, 2009 y 2012, sin que ninguna agencia de inteligencia confirmara sus plazos. En febrero de 2026 fue a la Casa Blanca a convencer a Trump de ir a la guerra. En junio de 2026 le dice que la paz que negoció no lo obliga. La guerra es el único escenario en el que Netanyahu no enfrenta su causa penal. Cada bomba que cae es un día más sin condena.
Fueron a pedir la guerra. Ahora rechazan la paz. Los muertos los ponen otros.
El patrón es claro y documentado. Netanyahu fue a Washington a convencer a Trump de atacar Irán. Trump atacó. El pueblo israelí subió el IVA, perdió reservistas, enterró hijos. El pueblo estadounidense pagó 29.000 millones de dólares y vio sus bases militares destruidas — sin haberlo pedido, con el 59% en contra.
Ahora Trump negoció la salida. Y los mismos que pidieron la guerra dicen que la paz no los obliga.
Ben Gvir dice que Israel ama a EEUU y está agradecido a Trump. En el mismo mensaje en que rechaza el acuerdo que Trump negoció, desconoce su autoridad sobre el conflicto que Netanyahu le pidió que iniciara, y exige continuar una guerra que el pueblo estadounidense financia y rechaza. La soberanía aplica para Israel. Para EEUU y para el pueblo israelí que paga impuestos y manda hijos al frente — parece opcional.
Netanyahu necesita la guerra para no ir preso. Ben Gvir necesita la ocupación para existir políticamente — sin colonos, no tiene votos. Los dos necesitan que la guerra no termine. Los muertos los ponen las madres israelíes que mandan sus hijos al frente, las madres palestinas, las madres libanesas, y las madres estadounidenses cuyos hijos custodian bases que Irán atacó. Ninguna de ellas tomó la decisión de ir a la guerra. Todas pagan sus consecuencias.
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