Alemania despierta:
el rearme que cambia Europa
Boris Pistorius creció en un hogar pacifista donde no había pistolas de juguete. Hoy es el ministro de Defensa que está armando a Alemania como no se hacía desde 1945. Lo que cambió no es Pistorius — es el mundo.
Hay momentos en la historia en que las convicciones más arraigadas se quiebran en días. Para Alemania, ese momento llegó el 24 de febrero de 2022, cuando los tanques rusos cruzaron la frontera de Ucrania. Tres días después, el canciller Olaf Scholz pronunció ante el Bundestag la palabra que lo cambiaría todo: Zeitenwende. Un punto de inflexión. El fin de una era. El comienzo de otra.
Lo que siguió no fue un ajuste presupuestario ni una declaración de intenciones. Fue el mayor programa de rearme que Alemania ha anunciado desde la Segunda Guerra Mundial: 460.000 millones de euros para modernizar la Bundeswehr, endeudamiento público ilimitado para la industria de defensa, y el primer despliegue permanente de tropas alemanas en el extranjero desde 1945 — en Lituania, a treinta kilómetros de la frontera con Bielorrusia.
Para entender lo que significa este giro hay que entender de dónde viene Alemania. Y eso requiere retroceder ochenta años.
Ochenta años de pacifismo no se deshacen en un día
La relación de Alemania con sus propias fuerzas armadas ha pasado por tres etapas bien definidas desde 1945. El presidente democristiano Horst Köhler las llamó, por orden cronológico: rechazo profundo, desinterés amistoso y despertar estratégico.
Rechazo profundo. La sociedad alemana salió de la guerra marcada por el militarismo. El movimiento Ohne Mich — «Sin Mí» — protestó contra cualquier rearme. El uniforme era sinónimo de vergüenza.
Desinterés amistoso. Tras la caída del Muro, la amenaza se evaporó. El gasto en defensa cayó. Los despliegues en los Balcanes y Afganistán se vivían como algo ajeno al día a día alemán.
Despertar estratégico. La invasión de Ucrania y la ambigüedad de Trump rompieron décadas de consenso pacifista. Alemania ya no puede permitirse el lujo de no tener ejército.
El pacifismo alemán no era superficial. Tenía raíces profundas — el trauma nazi, el miedo nuclear, la Ostpolitik de Willy Brandt que apostaba por el diálogo con Moscú como camino a la paz. Boris Pistorius, el actual ministro de Defensa, es el producto perfecto de esa cultura: creció sin pistolas de juguete, se hizo socialdemócrata para acercarse a Rusia, y hoy es el hombre que está reclutando soldados para la Bundeswehr.
Lo que cambió no son las convicciones de los alemanes. Es que el mundo en que esas convicciones tenían sentido dejó de existir.
Cincuenta años de acercamiento a Moscú — y su final
Para comprender el Zeitenwende hay que entender la Ostpolitik — la política de acercamiento al Este que definió la política exterior alemana durante medio siglo. Lanzada por Willy Brandt a finales de los años sesenta, la Ostpolitik partía de una premisa simple: Rusia es una realidad geopolítica que no va a desaparecer. Mejor dialogar que confrontar.
La política funcionó. Alemania firmó tratados con la URSS y Polonia, reconoció la realidad de las dos Alemanias, empezó a importar gas ruso en 1973 y construyó una relación económica tan profunda que décadas después el canciller Gerhard Schröder terminaría en el consejo de administración de Gazprom. Angela Merkel, pese al enfriamiento tras Crimea en 2014, pactó con Moscú la construcción del Nord Stream 2 para aumentar la importación de gas.
Alemania importó gas ruso desde 1973. Cincuenta años de dependencia energética crearon una relación que parecía irrompible — y que Rusia usó como palanca política. Cuando Putin invadió Ucrania, Berlín tuvo que elegir entre sus principios y su calefacción. Eligió sus principios — pero el precio fue enorme. La dependencia energética de Rusia fue el mayor error estratégico de la Alemania de posguerra.
Willy Brandt lanza la Ostpolitik. Tratados con la URSS y Polonia. Reconocimiento de la RDA. Alemania apuesta por el diálogo con el Este.
Alemania comienza a importar gas ruso. El inicio de una dependencia energética que durará cincuenta años.
Reunificación alemana. La Ostpolitik alcanza su objetivo histórico. El Muro cae. La amenaza soviética desaparece. El gasto en defensa cae con ella.
Rusia anexiona Crimea. Alemania anuncia que incrementará el gasto en defensa al 2% del PIB. Promesa que cumplirá solo parcialmente.
Rusia invade Ucrania. Tres días después, Scholz anuncia el Zeitenwende ante el Bundestag. La Ostpolitik muere oficialmente.
JD Vance compara las democracias europeas con regímenes autoritarios en la Conferencia de Seguridad de Múnich. Merz llega a la conclusión de que EEUU podría abandonar a Europa. Alemania acelera el rearme.
El Bundestag aprueba endeudamiento ilimitado para defensa. 460.000 millones de euros para modernizar la Bundeswehr. Primera brigada alemana desplegada en Lituania.
460.000 millones de euros y un ejército que crece
El rearme alemán no es retórica. Es dinero, soldados y acero. Los números concretos no dejan dudas sobre la seriedad con la que Berlín está tomándose el proceso.
Para financiar ese esfuerzo, el canciller Friedrich Merz impulsó una reforma constitucional que establece endeudamiento público ilimitado para la industria de defensa doméstica — algo impensable en la Alemania austera de las últimas décadas. El Bundestag la aprobó con rapidez inusual.
En términos comparativos, los 460.000 millones alemanes superan los 413.000 millones que anunció Francia para el período hasta 2030. España, con sus 165.000 millones entre 2025 y 2030, queda muy por detrás — una diferencia que Trump se encargó de señalar públicamente durante la visita de Merz a Washington, mientras el canciller alemán prefería guardar silencio.
El debate que nadie formula con claridad: Europa tiene industria aeroespacial, naval, electrónica y armamentística de primer nivel. Alemania produce tanques Leopard, Francia aviones Rafale, Italia fragatas de clase FREMM. Comprarle armas a EEUU cuando podés producirlas vos es un negocio para Washington, no para Europa. El rearme europeo tiene sentido estratégico real solo si va acompañado de una industria de defensa propia — no de dependencia de repuestos y tecnología americana.
¿Quién quiere ser soldado en 2026?
La Ley de Modernización del Servicio Militar ha generado controversia — pero también una sorpresa. Mientras las protestas estudiantiles cuestionaban el reclutamiento y una cláusula polémica obligaba a los varones en edad militar a informar al ejército de estancias en el extranjero superiores a tres meses — cláusula que Pistorius retiró ante el clamor popular — los números de solicitudes de ingreso a la Bundeswehr no paraban de crecer.
En 2025, las fuerzas armadas alemanas reclutaron 25.000 nuevos soldados — un 23% más que el año anterior. Las solicitudes rozaron las 60.000. La mayoría de los expertos atribuyen este fenómeno no al fervor militarista sino a algo más prosaico: la Bundeswehr es un empleador fiable en tiempos de incertidumbre económica.
Una joven madre me contó que su familia había sufrido bajo las políticas de colectivización soviéticas, que se siente más segura con soldados alemanes cerca.
— Isaac Stanley-Becker, The Atlantic, sobre los habitantes de Vilna, Lituania
En los países del antiguo telón de acero — Polonia, los bálticos, la República Checa — el rearme alemán se ve con buenos ojos. La sensación de que Berlín ha despertado de su letargo es bienvenida, especialmente cuando al otro lado del Atlántico EEUU se percibe como un aliado cada vez menos confiable.
Lo que nadie quiere decir en voz alta
Y sin embargo, en muchos círculos europeístas persiste una incomodidad que nadie formula con claridad. Una Alemania rearmada y con endeudamiento ilimitado para defensa es una realidad diferente a la que Europa ha conocido en los últimos ochenta años. El «problema alemán» — una Alemania demasiado grande y poderosa para el equilibrio europeo — fue la cuestión central de la política continental desde 1871 hasta 1945.
Ese problema no desapareció en 1945. Fue gestionado mediante la integración europea y la tutela americana. Si la tutela americana se retira — como Kagan acaba de anunciar — y Europa debe rearmarse, ¿quién garantiza que el nuevo equilibrio no reproduzca las tensiones del pasado?
No es un temor irracional. Es la pregunta que Robert Kagan planteó en Der Spiegel cuando habló del rearme europeo y el problema alemán — y que los europeos prefieren no responder todavía.
La amenaza que más me preocupa para Europa no es Rusia ni China. Lo que me preocupa es la amenaza interna.
— JD Vance, Conferencia de Seguridad de Múnich, febrero de 2025
Vance decía una cosa pero apuntaba a otra. La «amenaza interna» que le preocupaba era el auge de la izquierda progresista europea — pero la amenaza interna real que preocupa a los europeístas es más antigua y más estructural: que el rearme sin integración política suficiente reproduzca las dinámicas de poder que ya destruyeron Europa dos veces.
Para cerrar
El rearme alemán es real, es serio y es necesario — dado el mundo en que Europa vive hoy. Rusia ha demostrado que está dispuesta a usar la fuerza. EEUU ha demostrado que puede dejar de ser un aliado confiable de un día para otro. Europa necesita poder defenderse sola.
Pero el rearme sin debate es peligroso. La rapidez con que el Bundestag aprobó la reforma constitucional — con parlamentarios que, según el medio de investigación Correctiv, no habían leído la ley — no es una señal tranquilizadora. La cláusula sobre las estancias en el extranjero que pasó desapercibida tampoco.
Boris Pistorius creció en un hogar donde no había pistolas de juguete. Hoy firma contratos de drones con Ucrania con alcance de 1.500 kilómetros. El mundo que hizo posible su pacifismo de juventud ya no existe. La pregunta es qué mundo estamos construyendo en su lugar — y si esta vez alguien se está leyendo la letra chica.
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☕ Invitame un caféFuentes principales: Isaac Stanley-Becker, «Germany’s Military Revival», The Atlantic. Ministerio de Defensa alemán, datos de reclutamiento 2025. Correctiv, análisis de la Ley de Modernización del Servicio Militar. Yann Wernert, Jacques Delors Centre, Berlín.
Los datos presupuestarios corresponden a anuncios oficiales del gobierno alemán. Las cifras de reclutamiento provienen de los registros públicos de la Bundeswehr.
