Trump revierte en 24 horas la rebelión del Senado
El martes, cuatro republicanos se sumaron a los demócratas para frenar la guerra. El miércoles, después de un almuerzo a los gritos, dos de ellos cambiaron de bando y la resolución cayó.
Los Padres Fundadores diseñaron el sistema de gobierno con la firme intención de evitar que una sola persona tuviera el poder absoluto para llevar a la nueva nación a una guerra. Aunque el cargo de presidente fue concebido pensando en la figura de George Washington, los redactores de la Constitución tuvieron en cuenta que quienes le siguieran podrían carecer de sus virtudes y su humildad.
Por ello, la Constitución otorgó al Congreso la facultad exclusiva de declarar la guerra, un principio considerado por mucho tiempo como un derecho constitucional bien establecido. Esta práctica se mantuvo hasta alrededor de la década de 1950.
Sigue siendo un hecho indiscutible que solo el Congreso posee la autoridad constitucional para declarar la guerra. A lo largo de la historia, lo ha hecho en 11 ocasiones, siendo la más reciente durante la Segunda Guerra Mundial.
Una zona gris de siete décadas
Es comprensible dudar cuando se afirma que la Segunda Guerra Mundial fue la última guerra declarada oficialmente, sobre todo si se piensa en Corea, Vietnam, Afganistán, Irak y otros conflictos vividos en la práctica como guerras. Aunque el Congreso solo ha emitido 11 declaraciones formales, también ha autorizado más de 100 intervenciones militares mediante resoluciones.
En 1950, el presidente Harry Truman eludió al Congreso y acudió directamente a una Naciones Unidas que entonces tenía cinco años de existencia, para autorizar una acción militar en Corea del Norte. La ONU dio el visto bueno, y Truman usó tropas estadounidenses bajo el eufemismo de «acción policial».
En 1990, George H.W. Bush creyó necesaria una respuesta militar después de que Irak invadiera Kuwait. Sostuvo que tenía derecho a desplegar tropas incluso si eso le costaba la destitución. El Congreso terminó aprobando una resolución conjunta, pero la cuestión de fondo —cuándo y cómo puede un presidente actuar sin declaración de guerra— quedó sin resolver.
Ningún presidente de Estados Unidos ha emitido jamás una declaración formal de guerra por cuenta propia. La Constitución le otorga esa facultad solo al Congreso.
A pesar de las firmes declaraciones de Trump, que ha sostenido que Estados Unidos estaría justificado para atacar objetivos en múltiples países, la Constitución impone límites claros al poder ejecutivo, en especial cuando hay tropas estadounidenses en juego. Aun así, su segunda administración se ha caracterizado por una estrategia de acción inmediata, dejando el debate legal para después.
El Senado dice basta
El 23 de junio, por primera vez desde el inicio del conflicto el 28 de febrero, el Senado votó a favor de retirar las tropas estadounidenses y poner fin a las hostilidades, a menos que el presidente pida una autorización explícita al Congreso para continuarlas.
La resolución no tiene categoría de ley, así que no puede forzar un cambio inmediato en la política exterior, y el Congreso ni siquiera necesita enviarla a la Casa Blanca para su firma. Pero envía un mensaje claro a una administración acostumbrada a contar con el respaldo republicano en casi cualquier asunto.
El conflicto ya estaba en pausa cuando se votó, tras un acuerdo preliminar entre Estados Unidos e Irán que abrió una fase negociadora de sesenta días hacia un pacto de paz definitivo. Por eso el resultado es, sobre todo, simbólico. Pero deja claro el malestar no solo entre los demócratas, sino también en ciertos círculos republicanos.
Quiénes rompieron filas
| Senador | Motivo |
|---|---|
| Rand Paul | Opuesto históricamente a las intervenciones de EE. UU. en el extranjero |
| Bill Cassidy | Perdió las primarias después de que Trump respaldara a su rival |
| Susan Collins | Busca la reelección en Maine, una de las batallas más duras de noviembre |
| Lisa Murkowski | Busca la reelección en Alaska, otra contienda muy peleada |
La resolución se ampara en la Ley de Poderes de Guerra de 1973, que exige autorización del Congreso para mantener hostilidades militares prolongadas. Sus promotores señalan que Trump ordenó la ofensiva contra Irán sin el visto bueno del Legislativo. La Casa Blanca, por su parte, sostiene que el presidente actuó dentro de sus atribuciones constitucionales como comandante en jefe, que le permiten actuar unilateralmente ante una emergencia nacional creada por un ataque contra Estados Unidos.
El mensaje de la única rama del gobierno con la autorización para declarar la guerra es inequívoco: la administración Trump debe retirar a las fuerzas estadounidenses de las hostilidades en Irán. La presión sobre los republicanos aumenta. Chuck Schumer · Líder de la minoría demócrata en el Senado
Schumer fue más lejos: «Trump prometió ‘máxima presión’ sobre Irán. Lo que entregó con esta guerra imprudente fue máxima confusión, máximo caos, y máximos costos para el pueblo estadounidense».
El almuerzo que terminó en gritos
Lo que iba a ser una comida de confraternización a puerta cerrada entre los republicanos del Senado y Trump terminó, en palabras de varios de los presentes, «como el rosario de la aurora». El magnate neoyorquino ha dado sobradas muestras de un carácter colérico: insulta a periodistas que le hacen preguntas incómodas, avergonzó en pleno Despacho Oval al presidente ucraniano, y ataca sin piedad a los colegas que no le siguen la corriente.
Ese mismo miércoles por la mañana, antes del almuerzo, Trump ya había mostrado su descontento de otra forma: se negó a firmar una ambiciosa ley bipartidista de vivienda, aprobada por amplia mayoría, hasta que el Congreso aprobara la Save Act, una regla electoral que exige prueba de ciudadanía para votar en elecciones federales.
En el almuerzo, las tensiones acumuladas durante semanas salieron a flote. «Pareció una reunión de la junta directiva de un hospital donde un grupo de médicos se gritan entre sí», describió el senador por Kansas, Roger Marshall.
Está furioso como un avispón asesino por la votación. Está en medio de unas negociaciones delicadas y de una votación del Senado para retirarse de Irán. John Kennedy · Senador por Luisiana
Trump vs. Cassidy
El enfrentamiento más ácido fue entre el presidente y el senador Bill Cassidy. Según relató el propio Cassidy, Trump preguntó por qué alguien votaría a favor de la Ley de Poderes de Guerra. Cassidy se puso de pie: «No le han dicho al pueblo estadounidense lo que está pasando. Se suponía que la guerra duraría cuatro semanas, pero ya lleva cuatro meses. No hemos alcanzado nuestros objetivos iniciales y quiero saber qué está sucediendo».
Trump lo interrumpió y ambos se enzarzaron en un agrio intercambio. «No me importaba que me interrumpieran. Sentía que estaba tratando de obtener respuestas para el pueblo estadounidense, y no iba a permitir que me intimidaran», contó después Cassidy, quien reconoció haber «perdido los estribos».
Consultado por los periodistas sobre si Trump lo había llamado lunático, el senador no lo negó: «¿Puedo imaginarme que el presidente me haya llamado con palabras que se dirían en un patio de recreo? Sí, puedo imaginarlo. No me disculpo por enfrentarme al presidente, por así decirlo, al intentar exigir que se comparta más información con el Senado y con el pueblo estadounidense».
El senador por Texas, John Cornyn, resumió el clima: «El presidente concluyó predicando la unidad en el partido, pero dedicó toda la hora a hablar de temas en los que no estábamos precisamente unidos».
Un partido que ya no es tan suyo
Cassidy y Cornyn comparten algo más que el malestar de esa comida: ambos perderán su escaño en noviembre, porque Trump respaldó a sus rivales en las primarias republicanas. A esto se suma que el presidente apoyó en otras primarias a candidatos seguidistas frente a algunos de los senadores más independientes de su propio partido.
Más allá de la resolución de poderes de guerra, Trump también quedó defraudado al comprobar que, pese a tener la mayoría, los republicanos carecen de los votos necesarios para aprobar la reforma electoral que tanto ansía. «Les dije que así están las cosas hoy en día. Soy un hombre de negocios. Hay que vivir con los pies en la tierra», resumió el senador por Florida, Rick Scott.
El acuerdo provisional de paz con Irán, mientras tanto, ya levantó la prohibición que pesaba sobre el país persa para vender su petróleo en el exterior, y abre la puerta a levantar todas las sanciones, descongelar unos 100.000 millones de dólares en fondos iraníes en el extranjero y crear un fondo de reconstrucción de al menos 300.000 millones de dólares. Son términos que inquietan incluso a algunos republicanos.
Trump mantiene, de todos modos, una influencia enorme sobre su partido: prácticamente todos los candidatos que avaló competirán por un escaño en las elecciones de mitad de mandato, que se celebran en menos de seis meses. Pero varios senadores ya intuyen que su carrera política terminó por culpa suya.
24 horas después, todo cambió
Un día después de aprobar la resolución para retirar las tropas de Irán, el Senado dio marcha atrás. La cámara alta rechazó este miércoles un intento de impulsar una medida similar sobre poderes de guerra, en un giro que llegó horas después del tenso almuerzo entre Trump y su bancada republicana.
El resultado: 47 votos a favor, 50 en contra y una abstención. La pieza clave del cambio fueron justamente dos de los cuatro republicanos que el martes habían roto filas. Rand Paul, que había votado a favor de limitar los poderes bélicos del presidente, esta vez se abstuvo. Bill Cassidy, que horas antes le había plantado cara a Trump en el almuerzo, votó en contra. Susan Collins y Lisa Murkowski, en cambio, repitieron su voto a favor de la resolución, mientras que el demócrata John Fetterman volvió a votar en contra.
| Senador | Martes | Miércoles |
|---|---|---|
| Rand Paul | A favor | Se abstuvo |
| Bill Cassidy | A favor | En contra |
| Susan Collins | A favor | A favor |
| Lisa Murkowski | A favor | A favor |
Trump celebró el resultado en Truth Social, destacando los cambios de Paul y Cassidy y escribiendo: «¡Esta votación pone a Irán en alerta!». Antes de la votación, había fustigado públicamente a los cuatro senadores que respaldaron la resolución del martes, llamándolos «perdedores» y agregando: «Estos senadores solo me han hecho el trabajo más difícil».
La explicación de Cassidy llegó horas después de su enfrentamiento con el presidente. Según contó, esa misma tarde recibió una «sesión informativa exhaustiva» del vicepresidente J.D. Vance y del enviado especial Steve Witkoff sobre la situación con Irán. «Quiero agradecer al vicepresidente Vance y al enviado especial Witkoff por la completa sesión informativa de esta tarde sobre Irán. Agradezco la rápida invitación a la Casa Blanca para abordar muchas de mis inquietudes», publicó en X.
Paul, por su parte, fue más explícito sobre la presión recibida directamente del presidente:
Mi opinión sobre el debate en torno a la guerra y el poder ejecutivo no ha cambiado y he votado en ese sentido en varias ocasiones. Pero dado que las hostilidades parecen haber terminado y el presidente me pidió que considerara su postura negociadora, así lo haré. Mi abstención es una forma de darle al presidente más margen de maniobra para negociar una paz duradera. Rand Paul · Senador por Kentucky
Trump también aprovechó el encuentro en el Capitolio para criticar a los republicanos Dave McCormick y Mitch McConnell por no haber asistido a la votación del martes, aunque ambos tenían justificación: McConnell permanece hospitalizado, y McCormick viajaba con el presidente en el Air Force One rumbo a un evento en Pensilvania.
La votación del miércoles fue, según se supo, la undécima vez que el Senado vota sobre una medida relacionada con los poderes de guerra contra Irán desde principios de año. La resolución había sido aprobada en comisión el mes pasado —también en una sesión con ausencias republicanas—, pero los demócratas prefirieron esperar a una segunda instancia para asegurarse el respaldo necesario. Esta vez fueron los republicanos quienes llevaron el tema a votación, confiados en poder rechazarlo, y lo consiguieron.
No todos los demócratas coinciden en que el tema quede cerrado. El senador Tim Kaine, de Virginia, sostuvo la semana pasada que aprobar una resolución de poderes de guerra sigue siendo necesario incluso después del acuerdo preliminar con Irán: «Creo que es un buen momento para someter a votación la idea de que, si realmente estamos en un período de cierta estabilidad, no permitamos que todo vuelva a empezar sin que el Congreso participe en esa decisión».
En menos de 24 horas, Trump pasó de perder una votación histórica a ganar la siguiente. La diferencia, otra vez, fueron dos apellidos: Paul y Cassidy.
Lo que queda claro es que la pulseada entre el Capitolio y la Casa Blanca por la guerra de Irán no se resolvió: simplemente cambió de mano. Y a juzgar por el historial reciente, no será la última vez que el Senado vote sobre el tema.
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