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La caída de Adorni: anatomía de un naufragio

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La caída de Adorni: anatomía de un naufragio

Más de cien días de escándalo patrimonial, una interna feroz entre Karina Milei, Santiago Caputo y Patricia Bullrich, y un presidente que tardó tres meses en soltar a uno de sus funcionarios más visibles. Así fue la caída de Manuel Adorni.

Bastión · Argentina · Junio 2026

El sábado 27 de junio, después de más de cien días de desgaste político y judicial, Manuel Adorni presentó su renuncia como jefe de Gabinete a través de una carta publicada en sus redes. La salida llegó después de meses de investigaciones por un crecimiento patrimonial que nunca logró explicar de manera convincente, y de una presión política creciente que terminó devorando tanto su autoridad dentro del gobierno como su imagen pública.

El detonante formal fueron las denuncias por presunto enriquecimiento ilícito: entre los episodios que lo complicaron estuvieron la inclusión de su esposa, Betina Angeletti, en el avión presidencial durante un viaje de Javier Milei a Nueva York, y la filtración de un viaje familiar a Punta del Este en jet privado. Pero el desenlace, según reconstruyeron distintas fuentes consultadas por la prensa, fue sobre todo el resultado de una pulseada de poder dentro del propio oficialismo que se prolongó durante meses.

El funcionario que nadie quería soltar (hasta que sí)

Desde marzo, Javier y Karina Milei habían insistido en sostener a Adorni en el cargo, pese al goteo constante de revelaciones sobre su patrimonio —su imagen negativa llegó a superar el 80%—. Una parte de esa resistencia tenía que ver con el cálculo político interno: mantenerlo en el puesto funcionaba, durante un tiempo, como un freno a la creciente influencia del asesor presidencial Santiago Caputo, con quien Karina Milei sostenía una disputa silenciosa por el control del organigrama del gobierno.

Pero ese cálculo se volvió insostenible. La parálisis legislativa que generaba el escándalo —pedidos de interpelación, mociones de censura, incomodidad creciente entre los propios aliados— empezó a filtrarse hacia los mercados: el riesgo país no bajaba de los 400 puntos, y dentro de la mesa política empezaron a temer que la crisis terminara afectando la agenda de reformas.

El punto de quiebre llegó la semana del 22 de junio, con un choque interno en el bloque de senadores libertarios. Patricia Bullrich se negó a blindar a Adorni en el Senado, y le advirtió a Karina Milei que alcanzaba con que cayera un solo apoyo para que cayeran todos: un «efecto dominó».

Bullrich le puso fecha límite a la decisión: el 1 de julio, cuando el Congreso reuniría los votos necesarios para una interpelación formal a Adorni.


La negociación secreta con Santilli

Mientras esa presión se acumulaba, Karina Milei ya había tomado una decisión en paralelo: el jueves 26 de junio le ofreció a Diego Santilli, entonces ministro del Interior, asumir como nuevo jefe de Gabinete. La conversación se mantuvo en absoluto secreto —Adorni ni siquiera lo sabía—. Recién al día siguiente el todavía jefe de Gabinete se enteraría de que su salida ya estaba decidida, aunque, según trascendió después, él mismo venía considerando presentar la renuncia desde hacía tiempo.

Javier Milei, que se encontraba de viaje en España, recibió el consenso de todas las alas del gobierno y dio su visto bueno sin oponer resistencia —algo inusual en él, que históricamente evitó pedirle la renuncia en forma directa a sus colaboradores, como ya había ocurrido con Guillermo Francos y José Luis Espert—.

Si la Justicia lo considera culpable, lo eyecto de una patada, pero yo creo en su honestidad. Javier Milei · Presidente de Argentina, en Madrid, días antes de la renuncia

La interna que sigue viva

La salida de Adorni no cerró la disputa de poder dentro del oficialismo: la reabrió. Karina Milei fue, paradójicamente, la única figura del gobierno que defendió públicamente al funcionario saliente, calificándolo de persona «íntegra, valiosa y muy querida» —ni sus propios excolaboradores usaron palabras tan elogiosas—. El presidente, por su parte, se limitó a republicar la carta de renuncia sin agregar ningún comentario propio.

Bullrich, en cambio, eligió un mensaje mucho más frío y deliberadamente ambiguo: «La confianza y la ética son dos elementos fundamentales» para profundizar el cambio que el gobierno dice estar construyendo. Fue, según reconstruyó la prensa especializada en la interna libertaria, la gran ganadora política del episodio: terminó imponiendo el límite de tiempo que apuró toda la salida, y quedó posicionada como la voz que desde el primer momento había marcado distancia del escándalo.

El nuevo organigrama

Con la salida de Adorni se consolida un nuevo triángulo de poder operativo dentro de la Jefatura de Gabinete: Diego Santilli, Ignacio Devitt y «Lule» Menem. El objetivo inmediato es destrabar en el Congreso la reforma electoral y la eliminación o suspensión de las PASO.

La estructura de comunicación del gobierno también se reordena: la nueva Secretaría de Comunicación y Prensa, a cargo de Fabián Fernández —ex YPF, convocado en su momento por recomendación del propio Adorni—, gana peso institucional, en lo que se interpreta como una señal de que Karina Milei busca consolidar un control más directo sobre el área.


Las reacciones: de la ironía a la indignación

Las reacciones políticas a la renuncia recorrieron todo el espectro.

PROLa salida «era lo que correspondía» y «nunca debió llegar a este punto»; la situación fue «completamente evitable».
UCRHabló de «un crecimiento patrimonial inexplicable» y una «sucesión de mentiras»; pidió que ahora actúe la Justicia «sin presiones de ningún tipo».
Victoria Villarruel (vicepresidenta)Comentó con ironía el posteo de elogio de Karina Milei: «Solo entré para leer los comentarios».
Maximiliano Ferraro (Coalición Cívica)Compartió la clásica placa de «Fin» del canal Crónica.
Hernán Reyes (Coalición Cívica)Calificó a Adorni de «corrupto y evasor confeso» y celebró que «los argentinos lo echamos».
Myriam Bregman (Frente de Izquierda)Lo comparó con la caída previa de José Luis Espert: «Todos sucios, todos manchados».
Itaí Hagman (Fuerza Patria)Describió un giro hacia un estilo de vida de «nuevo rico» —mudanza a un country, jet privado— hasta que sus propios aliados «le soltaron la mano».

Lo que la salida no resuelve

Más allá de las reacciones cruzadas, el episodio deja una pregunta de fondo flotando dentro del propio oficialismo: por qué, si Javier Milei no dudó en desplazar rápidamente a otros funcionarios —incluso a colaboradores más cercanos y de mayor trayectoria personal, como Nicolás Posse o Guillermo Francos—, tardó más de tres meses en resolver el caso del dirigente que, según la lectura de varios dentro de su propio espacio, más daño político le causó a la gestión.

La salida de Adorni resuelve, en lo inmediato, una crisis de desgaste que empezaba a contagiar a los mercados y a la agenda legislativa. Lo que no resuelve es la causa judicial por presunto enriquecimiento ilícito, que sigue su curso, ni la interna de poder entre el entorno de Karina Milei y el de Santiago Caputo, que el propio escándalo había mantenido en un segundo plano y que, con la salida del protagonista que la encubría, vuelve a quedar completamente expuesta.



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