Howard Lutnick negocia como Secretario de Comercio un acuerdo minero en Kazajistán. Sus hijos cobran comisiones por el mismo acuerdo. Los hijos de Trump invierten en él seis días antes de que se firme. Y Lutnick le debe dinero a Tether, la empresa cuya regulación supervisa desde el gobierno. No es corrupción en el sentido clásico — todo está declarado, todo es «legal». Es algo más sistemático: la fusión entre el aparato del Estado y el negocio familiar.

Firma del acuerdo entre Estados Unidos y Kazajistán sobre el proyecto minero de tungsteno, noviembre de 2025.
El 6 de noviembre de 2025, Howard Lutnick, Secretario de Comercio de Estados Unidos, firmó en Washington el acuerdo definitivo que otorgaba a la empresa Kaz Resources acceso exclusivo a una de las mayores reservas de tungsteno no explotadas del mundo, en Kazajistán. Era el resultado de meses de negociaciones personales: Lutnick había enviado cartas al presidente kazajo, había comprometido hasta 1.600 millones de dólares en financiación federal, y había conseguido que el propio Trump llamara por teléfono al presidente Tokáyev para cerrar el trato.
Seis días antes de esa firma, inversores vinculados a los hijos de Trump — Donald Trump Jr. y Eric Trump — habían adquirido, a través de una entidad corporativa relacionada con el proyecto, una participación del 20% en la estructura que se beneficiaría directamente del acuerdo. Cantor Fitzgerald, la empresa que Lutnick dirigía antes de convertirse en Secretario de Comercio y que ahora dirige su hijo Brandon, había recaudado entretanto 210 millones de dólares para uno de los principales inversores del mismo acuerdo.
The New York Times identificó, a partir de documentos federales, al menos 14 empresas en las que una o ambas familias — Trump y Lutnick — tienen vínculos financieros y que se benefician directamente de contratos o financiación federal supervisados por el propio Departamento de Comercio. El total de fondos federales otorgados o en consideración para esas 14 empresas supera los 8.900 millones de dólares.
El tungsteno y la carrera por los minerales críticos
China domina el comercio mundial del tungsteno — un metal conocido como «el metal de la guerra» por sus aplicaciones en municiones, ojivas de misiles, aviación y chips informáticos. Cuando Trump volvió a la Casa Blanca, Beijing empezó a restringir las exportaciones de tungsteno y otros minerales críticos. El precio de referencia de ese metal fuera de China se multiplicó por seis en un año.
La respuesta de Washington fue una avalancha de financiación federal para empresas mineras: desde que Trump volvió al cargo, el gobierno aprobó 60 proyectos de minerales críticos respaldados por 18.600 millones de dólares — la mayor cantidad en la historia de Estados Unidos, según BMO Capital Markets. El Pentágono y el Banco de Exportación e Importación, donde Lutnick forma parte de la junta directiva, están entre los principales financiadores. Esa iniciativa desató, según el propio sector, «una auténtica fiebre del oro moderna».
En ese contexto llegó Pini Althaus, un rabino nacido en Australia que había puesto sus miras en los depósitos de tungsteno de Kazajistán. Los cráteres llenos de agua en las afueras del pueblo de Unrek — 407 habitantes — marcan los lugares donde la Unión Soviética intentó extraer el metal décadas atrás. El colapso soviético interrumpió los planes. Con el precio del tungsteno disparado y China cerrando el grifo, esos cráteres valen ahora una fortuna: según los cálculos de la propia empresa, el tungsteno allí podría valer hasta 80.000 millones de dólares.
Althaus necesitaba algo que su empresa no tenía: el respaldo del gobierno de Estados Unidos para convencer a Kazajistán de darle el contrato por encima de los postores chinos.
El hotel, el teléfono y los hijos
En septiembre de 2025, en el Hotel St. Regis de Nueva York, el presidente Tokáyev se reunía en una serie de «citas rápidas» con ejecutivos de Citigroup, Amazon y Chevron. Althaus también estaba ahí. Lutnick tuvo su propia reunión con Tokáyev ese mismo día.
Tienen minerales críticos fantásticos en los que podemos invertir juntos. Howard Lutnick · Secretario de Comercio, al presidente de Kazajistán Tokáyev, Hotel St. Regis, septiembre de 2025
Lutnick no llegó solo a esa reunión: ya había enviado previamente una carta al presidente kazajo declarando que el gobierno de Trump «apoya plenamente» a la empresa de Althaus, y había gestionado cartas de interés del Banco de Exportación e Importación y de la Corporación de Financiación Internacional — dos agencias en cuyas juntas también participa Lutnick — por un total de hasta 1.600 millones de dólares en financiación provisional. Cuando faltaba el último empujón, Trump intervino directamente por teléfono para cerrar la negociación con Tokáyev.
Lo que Althaus dijo no saber en ese momento era que los hijos de Trump ya se estaban posicionando en el acuerdo. A través de Dominari Securities — una empresa financiera con sede en la Torre Trump que contrató a Donald Trump Jr. y Eric Trump como asesores remunerados con acciones valoradas en 7 millones de dólares — los hermanos Trump se unieron a una estructura corporativa compleja que incluyó una empresa de construcción de carreteras en quiebra comprada específicamente para tener acceso al Nasdaq.
El 31 de octubre, seis días antes de la firma oficial, esa estructura adquirió una participación del 20% en la entidad de Althaus por 20 millones de dólares. Cantor Fitzgerald — dirigida por Brandon Lutnick, hijo del Secretario de Comercio — recaudó entretanto 210 millones de dólares para uno de los principales inversores del mismo acuerdo.
El patrón de 14 empresas y 8.900 millones de dólares
The New York Times identificó al menos 14 empresas en las que una o ambas familias —Trump y Lutnick— tienen vínculos financieros y que se benefician directamente de decisiones del Departamento de Comercio.
Donald Trump Jr. es socio de una empresa que adquirió participación en Vulcan Elements, una pequeña minera que meses después firmó un contrato de casi 700 millones de dólares con el gobierno federal. USA Rare Earth, fundada por el propio Althaus, recibió compromisos de hasta 1.600 millones de dólares del Departamento de Comercio. Cantor Fitzgerald ganó millones en comisiones ayudando a esa misma empresa a recaudar 1.500 millones de dólares en capital.
La suma total de fondos federales otorgados o en consideración para las 14 empresas identificadas supera los 8.900 millones de dólares.
Tether: el conflicto que la ley no prohíbe
El acuerdo de Kazajistán es revelador. Pero la arquitectura más sofisticada del conflicto de intereses de Lutnick está en otro lugar: en su relación con Tether, el emisor de USDT, la stablecoin más usada del mundo.
Cuando Lutnick fue nominado Secretario de Comercio, transfirió formalmente su participación en Cantor a un fideicomiso en beneficio de sus hijos — cumpliendo el protocolo ético federal. El 18 de marzo de 2026, Bloomberg reveló que ese mismo fideicomiso había tomado un préstamo de Tether para financiar la adquisición del 5% en la empresa. Monto exacto: no divulgado. Garantía: todos los activos del fideicomiso.
La familia Lutnick no solo posee una participación en Tether. Le debe dinero a Tether. Una deuda financiera directa con un actor privado que ahora depende, en parte, de las decisiones regulatorias del Secretario de Comercio de los Estados Unidos. Una experta en ética del gobierno de Washington University lo resumió sin rodeos: la familia Lutnick le debe otro favor a Tether.
El CFO de Tether, Giancarlo Devasini, dijo en 2024 — antes de que Lutnick asumiera el cargo — que Lutnick usaría su influencia política para «desactivar las amenazas que enfrenta Tether». No fue una especulación de un analista externo. Lo dijo el CFO de la empresa que le presta dinero a la familia del regulador.
El GENIUS Act y la silla que nadie preguntó quién puso
En julio de 2025, Trump firmó el GENIUS Act, la primera legislación significativa sobre stablecoins en Estados Unidos. Tiene dos disposiciones que merecen atención particular.
La primera: otorga a Tether — empresa radicada en El Salvador — un período de gracia de tres años antes de tener que cumplir con los requisitos regulatorios que la misma ley establece para todos los demás emisores de stablecoins. Esto mientras Tether lleva años bajo investigación del Departamento de Justicia y del Tesoro por posibles violaciones de normas antilavado. La senadora Elizabeth Warren presentó evidencia documental de que la firma fue usada para evadir sanciones por actores vinculados a Rusia, Corea del Norte e Irán. Tether lo niega. La investigación continúa. Y la ley les da tres años.
La segunda: establece que el Secretario de Comercio es miembro del grupo de trabajo presidencial de activos digitales que define la regulación de las stablecoins. Lutnick tiene asiento formal en esa mesa. Durante su audiencia de confirmación, fue interrogado repetidamente sobre si se recusaría. Respondió que seguiría «las orientaciones de la Oficina de Ética». Nunca respondió directamente.
La gracia regulatoria de tres años está en el texto de la ley. La silla de Lutnick en el grupo de trabajo está en el texto de la ley. La conexión entre ambas no está escrita en ningún lado — pero tampoco hace falta.
Doral, el Escudo y la geografía del interés
El 7 de marzo de 2026, en el Trump National Doral de Miami, doce gobiernos del hemisferio firmaron la Carta de Doral — presentada por la Casa Blanca como el «Escudo de las Américas», un pacto de seguridad regional contra el narcotráfico y los cárteles. El acto tenía todos los elementos de una cumbre de seguridad: uniformes militares, secretarios de Defensa, lenguaje sobre migración. Y entre los funcionarios estadounidenses presentes: Howard Lutnick, Secretario de Comercio.
Los números de adopción de stablecoins en América Latina explican su presencia: en 2025, la región procesó 324.000 millones de dólares en transacciones con stablecoins, un aumento del 89% respecto al año anterior. Argentina tiene más del 40% de su población adulta usando stablecoins. USDT de Tether domina ese mercado con el 68% de participación. No es criptomoneda especulativa. Es infraestructura financiera cotidiana para millones de personas que no confían en sus monedas locales.
Los doce gobiernos que firmaron la Carta de Doral tienen algo en común más allá de su alineamiento ideológico con Trump: todos han abierto o están abriendo sus economías a activos digitales. Los que no fueron — Brasil, Colombia, México — son precisamente los que tienen marcos regulatorios propios más robustos o mantienen distancia de Washington. No fue un accidente la lista de invitados.
Lo que Washington está construyendo es una respuesta a la expansión financiera china en la región — no reemplazando el yuan digital con el dólar físico, sino con dólares digitales, stablecoins, USDT. Una forma de hegemonía monetaria que no requiere bancos centrales cooperativos ni acuerdos formales. Solo necesita que la gente de Buenos Aires, Asunción o San José siga guardando sus ahorros en USDT porque no confía en su moneda local.
Quien controla USDT es Tether. Quien custodia las reservas de Tether y tiene el 5% de su capital es Cantor Fitzgerald, dirigida por el hijo del Secretario de Comercio. Y ese Secretario tiene asiento en el grupo de trabajo que regula las stablecoins, fue puesto ahí por la misma ley que le dio a Tether tres años de impunidad regulatoria, y su familia le debe dinero a la empresa que más se beneficia de ese resultado.
Lo que es legal y lo que es legítimo
La representante demócrata Maxine Dexter lo resumió con la precisión de quien ha leído todos los documentos:
El Congreso tiene que asegurarse de que el dinero de los contribuyentes se utilice en beneficio del interés público y no para beneficiar a familiares o a personas estrechamente vinculadas al gobierno de Trump. Maxine Dexter · Representante por Oregón, principal demócrata en la comisión que investiga irregularidades mineras
La Casa Blanca respondió que «el único interés especial que guía la toma de decisiones del gobierno de Trump es el bien del pueblo estadounidense.» El Departamento de Comercio dijo que Lutnick nunca habló con Cantor sobre el sector minero. Incluso algunos funcionarios del propio gobierno de Trump, que hablaron con el Times bajo condición de anonimato, dijeron que les decepcionaba ver los vínculos entre las familias Lutnick y Trump y los proyectos que el gobierno se ha propuesto financiar.
Todo es legal. Los hijos de Trump declararon sus participaciones. Lutnick siguió el protocolo ético. El GENIUS Act fue aprobado por el Congreso. Los contratos fueron asignados a través de procesos formales.
La pregunta que queda flotando no es si algo es ilegal. Es si un sistema donde el Secretario de Comercio negocia acuerdos que enriquecen a su familia, donde los hijos del presidente invierten en los mismos proyectos que su padre promueve desde el gobierno, y donde la ley que regula una industria fue redactada con disposiciones que benefician directamente a la empresa que le presta dinero al regulador — si ese sistema puede llamarse, con algún rigor, gobierno en beneficio del interés público.
Howard Lutnick empezó su carrera en Wall Street aprendiendo a quedarse con la certeza mientras les vendía la incertidumbre a otros. Cuarenta años después, ese mecanismo opera a escala geopolítica. Y la certeza, como siempre, la tiene él.
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☕ Invitame un caféFuentes: The New York Times, «Trump and Lutnick Family Members Got Rich as the Government Handed Out Billions in Mining Deals» (junio-julio de 2026). Bloomberg, revelación sobre el préstamo de Tether al fideicomiso familiar de Lutnick (18 de marzo de 2026). Investigación propia de Bastión sobre la Cumbre de Doral y la arquitectura financiera del Escudo de las Américas. Declaraciones de la representante Maxine Dexter, la senadora Elizabeth Warren, Pini Althaus, Paul Mann, Allan Evans (Dominari Securities) y Kush Desai (Casa Blanca). BMO Capital Markets, análisis del sector de minerales críticos (mayo de 2026). Oficina de la Embajada de Estados Unidos en Kazajistán, comunicado sobre el acuerdo de Kaz Resources.
Este artículo tiene propósito informativo e investigativo.
