El ministro de Defensa israelí pidió acelerar el borrado de antecedentes de Elor Azaria, el médico de combate que en 2016 mató de un tiro en la cabeza a un atacante palestino ya reducido y sangrando en el piso. Las FDI se oponen. El camarógrafo que filmó todo relata, en primera persona, lo que vio esa mañana.
El ministro de Defensa israelí, Israel Katz, confirmó el martes que presentó ante el presidente Isaac Herzog una solicitud de indulto para Elor Azaria, el exsoldado condenado por matar a un atacante palestino que ya estaba incapacitado en el suelo, en Hebrón, en 2016. El propio ejército israelí salió a decir que no respalda el pedido.



Lo que muestra el video: once minutos, un tiro en la cabeza
Elor Azaria era médico de combate de la Brigada Kfir. El 24 de marzo de 2016, Abdel-Fattah al-Sharif había apuñalado a un soldado israelí en Hebrón. Al-Sharif fue baleado y reducido de inmediato por otros efectivos —quedó tendido en el piso, herido, desarmado y sin capacidad de representar ninguna amenaza. Fue entonces, unos once minutos después de que al-Sharif ya estuviera neutralizado, cuando Azaria se acercó y le disparó un tiro en la cabeza a quemarropa. Toda la secuencia quedó grabada en video por un vecino de la zona.
El testimonio del hombre que filmó todo
Imad Abu Shamsiyah, vecino de la zona y voluntario de la organización de derechos humanos B’Tselem, fue quien grabó la ejecución desde la calle y después desde la azotea de un vecino. Su relato, registrado en su momento, describe la secuencia completa minuto a minuto.
«Eran alrededor de las 8 de la mañana y estaba tomando un café con mi mujer. Oí el sonido de disparos fuera, muy cerca de mi casa. Salí inmediatamente a ver qué pasaba, y mi esposa me siguió. Ella trajo la cámara con ella.»
«Descubrí que una persona estaba tirada en la calle (…) Vi que también había otra persona en el suelo. Moví mi cámara para grabarlo en video y noté que sangraba por la cara.»
«Observé a algunos soldados israelíes acercándose (…) Me di cuenta de que Abdul Fattah al-Sharif era palestino solo cuando vi a un soldado israelí pateándole. Cuando el soldado israelí le dio una patada, al-Sharif movió ambas piernas y manos; y lo capturé con mi cámara.»
«En ese momento, mi esposa empezó a gritar, diciendo: ‘Haram, haram’ [pecado, en árabe], e intentó ayudar al joven herido. Cuando los soldados oyeron sus gritos, notaron nuestra presencia en la calle. Así que nos obligaron a salir.»
«Me fui a casa, pero empecé a pensar en otra forma de seguir grabando. Subí al tejado de la casa de un vecino y reanudé la grabación.»
«Vi una ambulancia israelí llegar a la zona, pero no fue hacia al-Sharif; en su lugar, fue hacia la otra persona que seguía tirada en el suelo. Solo entonces me di cuenta de que la otra persona era, en realidad, un soldado israelí (…) que parecía estar levemente herido.»
«La ambulancia empezó a dar la vuelta para abandonar la zona. Fue entonces cuando oí el sonido de uno de los soldados cargando su arma. Se acercó cada vez más a donde estaba al-Sharif (aún tumbado). Cuando estaba a un metro de distancia, apuntó con el arma a la cabeza de al-Sharif.»
«Al-Sharif no representaba ninguna amenaza para el soldado, cuyo nombre fue revelado más tarde en los medios como Elor Azaria. Fue Azaria quien disparó en la cabeza al palestino herido.»
«Fui inmediatamente a los ‘Defensores de los Derechos Humanos’, donde subí el video y mucha gente lo vio. Los soldados israelíes matan a palestinos a sangre fría, mientras acusan a los palestinos de intentar apuñalar a soldados.»
Ese video —filmado de forma casi accidental por un vecino que salió a ver qué pasaba con su propia cámara— terminó siendo la prueba central de todo el proceso judicial posterior, precisamente porque contradecía de plano cualquier versión que planteara que Azaria había actuado por miedo o en defensa propia.
Lo que dijo el tribunal: no fue miedo, fue venganza
Azaria fue condenado en enero de 2017 por homicidio, en un fallo poco habitual de una corte militar israelí en contra de un soldado de combate por el uso de fuerza letal en acto de servicio. La coronel Maya Heller, al frente del panel de tres jueces, fue explícita en un punto que resulta central para entender por qué el indulto genera tanto rechazo: determinó que Azaria no abrió fuego por peligro, sino con la intención de causarle daño al agresor ya reducido — es decir, describió el móvil como venganza, no como defensa.
El tribunal también señaló que Azaria nunca expresó arrepentimiento por sus actos. Fue sentenciado a 18 meses de prisión —una pena que generó fuertes críticas desde el ala más progresista israelí por considerarla demasiado leve—. Cumplió alrededor de nueve meses y fue liberado en mayo de 2018.
El pedido de indulto: acortar el reloj del historial penal
Casi una década después, Katz pidió formalmente a la Oficina del Presidente que acelere el borrado del antecedente penal de Azaria, algo que —de no mediar ninguna intervención— ocurriría recién en 2032 según los plazos legales estándar.
Katz argumentó además que la condena «envía un mensaje negativo a nuestros hijos e hijas que son enviados a enfrentarse al peligro y a servir en unidades de combate y lugares peligrosos» — un argumento que equipara, en los hechos, el disparo de venganza que el propio tribunal describió con una acción legítima de combate.
Las propias FDI dicen que no
La oposición más contundente al indulto no vino de organismos de derechos humanos ni de la oposición política, sino de la cúpula militar israelí. El jefe del Estado Mayor, teniente general Eyal Zamir, y el jefe de la Dirección de Personal, mayor general Dado Bar Kalifa, enviaron una carta formal —firmada por el coronel Alon Laniado— rechazando el pedido.
Esa postura se apoya, según la propia carta, en la opinión del fiscal general militar adjunto, que citó tres razones concretas para oponerse: que Azaria nunca expresó remordimiento ni asumió responsabilidad por sus actos, incluso casi una década después de la condena; que no existen circunstancias nuevas que justifiquen revertir decisiones presidenciales anteriores sobre el caso; y que no hay circunstancias personales concretas de peso suficiente para justificar la excepción.
Para que la Oficina del Presidente pueda avanzar con el trámite, todavía debe recibir las opiniones formales del jefe del Estado Mayor, del Abogado General Militar (mayor general Itai Ofir) y del jefe de la Dirección de Personal — hasta el momento, la única opinión recibida es la de Katz, a favor.
Una ficha electoral, no solo un trámite legal
El momento elegido para el pedido no es casual: llega antes de las primarias del Likud y de las elecciones nacionales de octubre. Y tiene, además, una conexión directa con la carrera presidencial en marcha: Gadi Eisenkot, hoy el principal rival de Netanyahu según las encuestas, era precisamente el jefe de Estado Mayor de las FDI en el momento del incidente de 2016, y fue quien sostuvo el enjuiciamiento militar de Azaria pese a la fuerte presión de sectores de derecha —incluido el propio Netanyahu— para frenarlo.
El caso, de hecho, nunca dejó de tener repercusión internacional. En 2024, la administración Biden impuso una prohibición de visado a Azaria, como parte de un esfuerzo más amplio para promover la rendición de cuentas por hechos de violencia contra palestinos en Cisjordania cometidos por extremistas israelíes — un colectivo que, según el propio comunicado estadounidense de entonces, disfruta de una impunidad «abrumadora» pese a que el incidente había ocurrido ocho años antes.
Línea de tiempo del caso
Casi diez años después de aquel disparo grabado por un vecino que salió a la calle con su propia cámara, el caso Azaria sigue funcionando como un espejo de las mismas divisiones que atraviesan a Israel en cada uno de los temas que fuimos documentando: qué se castiga, a quién se le exige remordimiento, y quién termina pagando el costo real cuando la violencia queda filmada pero el sistema decide, de todos modos, mirar para el costado.
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