65% de los Patriot, agotados: la negación de Trump

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65% de los Patriot, agotados: la negación de Trump
Reuters revela que Estados Unidos usó «prácticamente todos» sus misiles ATACMS y PrSM, agotó 65% de los interceptores Patriot y perdió 38% de su THAAD en cinco meses de guerra con Irán. Trump lo niega: dice tener «muchas más municiones que nadie en el mundo». Y mientras esto se escribe, casi relanza el mayor ataque desde la Segunda Guerra Mundial —hasta que Arabia Saudita lo frenó con un llamado telefónico.
5 de Agosto 2026 · Lectura: 11 min

Una investigación de Reuters, basada en tres fuentes con acceso directo a los datos del arsenal, confirma con precisión lo que ya veníamos documentando en otro análisis: el Ejército estadounidense agotó gran parte de su arsenal de misiles de largo alcance de alta precisión durante cinco meses de guerra con Irán. Es la primera vez que se revela el grado exacto de la escasez.

→ Este artículo actualiza, con cifras mucho más precisas y una fuente periodística directa, el análisis de «Irán, cinco meses después: el desgaste gana la guerra».

Los números, confirmados con nombre de fuente periodística

65% Interceptores Patriot agotados (feb.-jul., CSIS)
38% Menos THAAD que al inicio de la guerra
~50% Del suministro global de Tomahawk, usado

El dato más nuevo, nunca antes reportado: Estados Unidos usó «prácticamente todos» sus misiles superficie-superficie ATACMS (Sistemas de Misiles Tácticos del Ejército) y PrSM (Misiles de Ataque de Precisión) —municiones que cuestan más de 1 millón de dólares cada una, y que hasta ahora habían sido clave para que Ucrania pudiera atacar objetivos dentro de Rusia—.

El agotamiento de estas armas de largo alcance tiene una consecuencia directa: si Trump relanza ataques a gran escala contra Irán, Washington podría verse obligado a depender más de misiones de bombardeo tripuladas —mucho más riesgosas para sus propios pilotos— en lugar de misiles disparados desde una distancia segura.

La negación, calcada del mismo patrón que ya vimos con las encuestas

Consultada por Reuters sobre estos datos, la Casa Blanca emitió una declaración de Trump negando cualquier problema:

Estados Unidos tiene «muchas más municiones que nadie en el mundo» y «muchas más de las que necesitamos». Nuestras empresas de defensa están, en este momento, fabricando más municiones que nunca antes. Declaración de Trump vía la Casa Blanca

El vocero principal del Pentágono, Sean Parnell, respaldó la misma línea sin aportar cifras concretas: «El ejército estadounidense es el más poderoso del mundo y tiene todo lo necesario para ejecutar en el momento y lugar elegidos por el presidente.» Ni Lockheed Martin (fabricante de ATACMS, PrSM y THAAD) ni Raytheon (fabricante de Tomahawk y Patriot) respondieron las consultas de Reuters sobre los niveles reales de suministro.

Analistas consultados coinciden en un punto intermedio: ciertas municiones sí se están produciendo a niveles récord, pero advierten que los suministros podrían quedar por debajo de lo necesario si la guerra se prolonga. Es el mismo patrón de negación selectiva que ya documentamos con las cifras de aprobación inventadas: cuando el dato real incomoda, la respuesta no es corregir el rumbo, es publicar una versión más favorable de la realidad.

La tensión interna que el propio gobierno reconoce

Según las fuentes de Reuters, las cifras de suministro circularon dentro del gobierno federal durante la última semana, en medio de conversaciones tensas sobre cuánto tiempo más puede Estados Unidos seguir atacando Irán sin reducir el arsenal a niveles que comprometan la capacidad de respuesta ante crisis en otras regiones —una preocupación que incluye explícitamente a Rusia y China como posibles adversarios que podrían aprovechar esa debilidad—.

La versión que circuló, y la que el gobierno desmintió

Varios medios reportaron la semana pasada que Trump decidió no lanzar otra ofensiva masiva contra Irán en parte porque sus propios asesores militares le advirtieron sobre el estado del arsenal. Un funcionario estadounidense lo negó, atribuyendo la decisión en cambio a la presión de los estados del Golfo.

El ataque que casi se relanza, frenado por un llamado de MBS

El episodio más reciente, del fin de semana del 2-3 de agosto, muestra hasta qué punto la escalada estuvo cerca de reactivarse a gran escala.

Fin de semana

Trump se prepara para relanzar ataques contra Irán que él mismo describe como los «mayores desde la Segunda Guerra Mundial».

Último momento

Negociadores sauditas, emiratíes y cataríes llaman a Trump y le dicen que consideran que «un acuerdo era inminente», tanto sobre el Estrecho de Ormuz como sobre la desnuclearización iraní. El propio príncipe heredero saudí, Mohammed bin Salman, le pide personalmente que retrase el ataque, advirtiendo que el resultado sería impredecible y podría causar «muchas cosas malas».

3 de agosto

Trump confirma la suspensión ante periodistas en el Despacho Oval, calificándolo como la «última oportunidad» de Irán antes de «la decapitación». Anuncia que las conversaciones se retoman, con ubicación a confirmar el lunes o martes.

Cuando oí eso, dije: «Bueno, ¿queremos ir y ser tan severos?» Hay un grupo de personas que preferiría que simplemente siguiera adelante con los ataques, y hay otro grupo de personas que no quiere que lo haga. Donald Trump, a bordo del Air Force One

El acuerdo que se negocia para Ormuz

Según Axios, Estados Unidos, Irán y Omán están cerca de un acuerdo provisional para reabrir el Estrecho de Ormuz —el mismo cuello de botella energético que analizamos en profundidad en otro artículo—. El esquema discutido:

Los términos del acuerdo provisional

Un período de al menos 60 días con administración conjunta irano-omaní del estrecho. Los barcos que entran usarían la vía norte (iraní); los que salen, la vía sur, en aguas de Omán. Sin peajes durante ese período. Limpieza de minas en el carril central en un plazo de 30 días, tras lo cual se habilitaría tráfico en ambos sentidos bajo un acuerdo permanente.

Trump, sin embargo, mantiene un discurso de control unilateral que contradice la lógica de «administración conjunta»: «No voy a dejar que ataquen. Si alguien va a cargar, nosotros cobraremos… Tenemos el control total», dijo, insistiendo en que el estrecho ya está «completamente controlado por la Marina de los Estados Unidos» —una afirmación que choca con la propia negociación en curso, que presupone que Irán todavía tiene poder de veto real sobre el tránsito—.

La contradicción que resume todo

Dos discursos que no pueden ser ciertos a la vez

Si Estados Unidos tuviera realmente «el control total» del Estrecho de Ormuz, como dice Trump, no haría falta negociar durante semanas un acuerdo provisional de administración compartida con Irán y Omán.

Y si el arsenal militar estuviera tan sobrado como asegura la Casa Blanca, no habría «conversaciones tensas» dentro del propio gobierno sobre cuánto más se puede seguir atacando sin comprometer la capacidad de respuesta frente a Rusia y China.

Es el mismo patrón que atraviesa toda esta guerra desde que empezó: el relato público insiste en la fuerza y el control absolutos, mientras la evidencia interna —revelada esta vez por fuentes directas dentro del propio gobierno— describe un ejército que gasta municiones de un millón de dólares a un ritmo que ni la industria de defensa, trabajando a toda capacidad, logra reponer. Y la única razón por la que no hubo un nuevo ataque masivo esta semana no fue la fuerza de Estados Unidos —fue un llamado telefónico de Arabia Saudita.


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