El sábado, quince colonos volvieron a entrar en Qusra pese a una orden militar de cierre de área. El ejército los hizo retirarse leyéndoles el aviso, otra vez sin arrestar a nadie. Un alto funcionario militar explicó por qué: «de todos modos son liberados tras poco tiempo». No es un vacío legal. Es una descripción, dicha desde adentro, de un sistema que decidió no producir consecuencias.
Otra vez: quince colonos, una orden, ningún arresto
El sábado, unos 15 colonos volvieron a entrar en la aldea palestina de Qusra, cerca de Nablus, pese a que las FDI ya habían declarado la zona «área militar cerrada» —una designación legal que, en teoría, debería bastar para impedir el acceso. Según informó la Radio del Ejército, las tropas llegaron hasta el punto donde se habían reunido los colonos y les leyeron la orden de cierre. Los colonos se retiraron. Ese fue, una vez más, el techo completo de la respuesta: leerles un papel, no esposar a nadie.
Los residentes palestinos que permanecen en la zona le dijeron a la cadena KAN que siguen sintiéndose amenazados por los mismos extremistas, incluso con el ejército desplegado a metros de distancia. «El ejército y la policía están a pocos metros de aquí, en una casa sitiada. Se les puede ver con ropa civil paseando y haciéndose notar», relató Marmar Odeh, vecino local, sobre la presencia de los colonos incluso durante el operativo militar.
La frase que lo explica todo
Hay una explicación oficial para por qué no hay arrestos, y no vino de un activista ni de un vecino: la dio un alto funcionario militar israelí, consultado esa misma semana por la propia Radio del Ejército. Según sus palabras, las fuerzas se abstienen de detener a los colonos porque «de todos modos son liberados tras poco tiempo, y la policía no detiene a quienes violan la orden de cierre de áreas militares.»
Esa frase, dicha desde adentro de la propia cadena de mando, no describe un vacío legal accidental. Describe un sistema que ya calculó el costo de arrestar —trámite, tiempo, liberación casi inmediata— y decidió que no vale la pena. La orden de cierre de área existe en el papel; la voluntad de hacerla cumplir con una detención real, no.
Vivir sitiado, incluso con soldados al lado
Odeh describió cómo era la rutina de los colonos antes de que el ejército tomara las casas: circulaban con camionetas, cuatriciclos, ovejas y cabras, una presencia cotidiana y naturalizada en su propia calle. «Antes de que el ejército entrara en las casas, los colonos se movían con camionetas, quads, ovejas y cabras, y ahora los han ahuyentado», dijo —aunque «ahuyentar» no significa, como quedó claro el sábado, que dejen de volver.
Para protegerse, Odeh tuvo que levantar vallas metálicas alrededor de su casa y poner barrotes en las ventanas. En una pared junto a su vivienda, alguien pintó con aerosol, en hebreo, la frase «Muerte a los árabes». Hace cinco meses, contó, su sobrino fue asesinado a tiros por un colono en un ataque en el que su hermano también resultó herido. Su temor no es retórico: «si las FDI abandonan la zona, los colonos intensificarán sus ataques», advirtió a KAN. «Siguen por la zona. Se están escondiendo, saliendo de todo tipo de lugares. Quieren expulsarnos, quieren matarnos.»
Un patrón, no un incidente
Organizaciones de derechos humanos vienen documentando esto como una estrategia deliberada, no como hechos sueltos. «Están yendo de forma muy provocativa y literalmente tomando el control de casas», dijo Ezra Brownstein, investigador de la ONG israelí Rabbis for Human Rights, en línea con los registros de la ONU que ya habían identificado a Qusra como la comunidad con más ataques de colonos de toda Cisjordania durante 2026.
La herramienta que ya funcionó, y que nadie usa
Hay un antecedente concreto que le da peso a cualquier reclamo de sanciones internacionales frente a este patrón: en 2024, Estados Unidos impuso sanciones directas a un grupo de colonos violentos en Cisjordania —congelamiento de activos, restricciones de visa— y esa medida tuvo un efecto disuasorio real y medible mientras estuvo vigente. La administración Trump la revirtió apenas asumió, a comienzos de 2025, eliminando el único freno material externo que existía sobre la conducta de los colonos más violentos.
La frase del funcionario militar sobre por qué no arrestan confirma, con las palabras de la propia cadena de mando israelí, algo que va más allá de la hipocresía discursiva de un comunicado tardío: el sistema que debería producir la consecuencia —arresto, proceso, condena— ya explicó por qué no la va a producir. Frente a un mecanismo interno que se declara a sí mismo inútil, la pregunta deja de ser qué hará Israel, y pasa a ser qué están dispuestos a hacer, otra vez, quienes tienen la palanca desde afuera: Naciones Unidas, Estados Unidos y la Unión Europea, con una herramienta que ya demostró funcionar y que hoy permanece guardada.
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