Hombre con barba y gafas en un entorno interior.

Pollard: el expediente que la CIA desclasificó

Documento desclasificado — CIA, 30 de octubre de 1987

Pollard: el expediente que la CIA desclasificó

La pistola en Stanford, la cuenta suiza a nombre de «Danny Cohen», la boda en Venecia pagada con fondos de espionaje, y el intento de fuga de sus propios contactos mientras lo interrogaban.

Sobre este documento: es la evaluación de daños que la CIA elaboró sobre el caso Pollard —»The Jonathan Jay Pollard Espionage Case: A Damage Assessment»—, fechada el 30 de octubre de 1987 y desclasificada décadas después. Se construyó a partir de extensos interrogatorios posteriores a su declaración de culpabilidad, cuya veracidad fue contrastada, según el propio documento, mediante «una serie de entrevistas de polígrafo que tendieron a confirmar que su cooperación con las autoridades estadounidenses era genuina». Buena parte del texto original permanece tachado por motivos de seguridad nacional. Al pie el enlace del documento original.

Ya contamos la biografía general de Jonathan Pollard y su reciente candidatura a la Knéset. Este documento —la evaluación de daños que la CIA preparó apenas dos años después de su arresto— agrega una capa mucho más incómoda y detallada: no es la versión pulida que Pollard cuenta de sí mismo, sino la reconstrucción que hicieron sus propios interrogadores, cruzando registros documentales con sus confesiones bajo polígrafo.

La pistola en Stanford

Antes de convertirse en espía, Pollard ya daba señales que sus superiores prefirieron pasar por alto. Durante sus años en Stanford (1972-1976), donde se graduó con un promedio de 3,5, excompañeros contaron a los investigadores que Pollard alardeaba de trabajar para el Mossad y de estar siendo preparado para infiltrarse en el gobierno estadounidense. En una ocasión, según esos mismos testimonios, agitó una pistola en el aire gritando que todos estaban en su contra.

El origen de su obsesión con Israel, según su propio relato a los investigadores, se remonta a los 12 años, con la victoria israelí en la Guerra de los Seis Días de 1967. Un campamento científico de tres meses en Israel en 1971, organizado por el Instituto Weizmann y con fuerte impronta de estímulo a la emigración, reforzó esa fijación. En 1973, durante la Guerra de Yom Kipur, llegó a ofrecerse como voluntario para trabajar en un kibutz —parte de un programa para liberar a hombres israelíes hacia el frente—, y esperó cinco días en el aeropuerto de Los Ángeles a que le confirmaran un vuelo de El Al que nunca llegó: la necesidad ya había pasado cuando Ariel Sharon cruzó el Canal de Suez.

La mentira sudafricana y el primer polígrafo

Mucho antes de espiar para Israel, Pollard ya había protagonizado un episodio que debió encender todas las alarmas. En febrero de 1980 fue asignado, dentro del Grupo de Tareas 168 de inteligencia naval, a recolectar información de un agregado de defensa sudafricano. Para ganar credibilidad interna, mintió sobre tener contactos personales en Sudáfrica y llegó a afirmar que su padre había sido jefe de estación de la CIA en ese país —una fabulación completa—. El expediente confirma que violó repetidamente sus instrucciones, incluyendo reuniones no autorizadas, y que divulgó información clasificada al propio agregado sudafricano sin autorización.

Esto derivó en una investigación de contrainteligencia con nombre en código: «Operation Swan Song». En julio de 1980, durante un interrogatorio previo a un examen de polígrafo, Pollard admitió que había mentido sobre sus vínculos con Sudáfrica «para impresionar a otros y mejorar su estatus profesional». Un psicólogo clínico de la Fuerza Aérea lo examinó después y lo describió como «grandioso, manipulador, y en ocasiones inseguro de qué era real, qué exagerado, qué imaginado y qué falso» —recomendó terapia y tareas no sensibles. Le suspendieron el acceso a información clasificada por un tiempo, pero para 1982 ya se lo habían restituido.

El reclutamiento: una llamada sobre Osirak

El gancho inicial de Israel fue quirúrgico. A fines de junio de 1984, poco después de que Pollard fuera destinado al recién creado Centro de Alerta Antiterrorista de la Marina, recibió una llamada de un contacto que quería presentarle a un alto oficial de la Fuerza Aérea israelí involucrado en «el ataque al reactor» —el bombardeo israelí de 1981 contra la planta nuclear iraquí de Osirak—. Pollard entendió de inmediato la propuesta como una oportunidad para ofrecer sus servicios a Israel.

Días después lo llamó «Avi» —el coronel Aviem Sella, piloto de combate condecorado, entonces en Estados Unidos cursando un doctorado en la Universidad de Nueva York—. Se encontraron en un bar del Hilton de Washington. Pollard, hablando en hebreo, le describió su trabajo y su acceso a material clasificado. Sella, todavía escéptico de que la seguridad estadounidense pudiera ser tan laxa, le pidió una muestra: documentos sobre Arabia Saudita, sistemas de defensa aérea soviéticos, y fotografías satelitales del daño causado en Osirak.

El código de los teléfonos públicos

Para las citas siguientes, Sella diseñó un sistema de seguridad casi cinematográfico: le pidió a Pollard una lista de teléfonos públicos cercanos a su residencia, le asignó una letra del alfabeto hebreo a cada uno, y estableció que lo llamaría a su casa para mencionar una letra —la señal para que Pollard fuera a esperar una llamada operativa en ese teléfono específico—. En el segundo encuentro, en un lugar apartado cerca de Dumbarton Oaks, Pollard entregó un maletín con un estudio de tres volúmenes sobre las fuerzas militares sauditas y las imágenes satelitales de Osirak. Sella comentó que el material era muy superior a lo que tenía disponible Israel.

París: el pedido que lo cambió todo

En noviembre de 1984, Pollard viajó a París —con su prometida Anne Henderson, a quien los israelíes le ocultaron el verdadero motivo del viaje inventando a un «tío Joe Fisher» que financiaba el paseo como regalo de compromiso; llegaron incluso a comprarle un anillo de diamante y zafiro como parte de la cobertura—. Allí conoció a Rafael «Rafi» Eitan, asesor de contraterrorismo del primer ministro Yitzhak Shamir y responsable directo de la operación, y a Joseph Yagur, quien pasó a ser su manejador permanente.

Lo que Eitan y Yagur le pidieron explícitamente en París:

— Inteligencia militar y científica sobre los estados árabes, Pakistán y la Unión Soviética como patrón militar de los árabes.

— El «Manual RASIN» (Radio Signal Notation), el único documento pedido por su nombre específico.

— Información sobre Force 17, la unidad de élite de la OLP.

— «Suciedad» sobre figuras políticas israelíes.

— Cualquier dato que permitiera identificar a funcionarios israelíes que estuvieran pasando información a Estados Unidos.

— Información sobre operaciones de inteligencia estadounidenses dirigidas contra el propio Israel.

Este último punto es, quizás, el dato menos difundido de todo el caso: Israel no solo pedía secretos sobre sus enemigos árabes. También quería usar a Pollard para vigilar a su propia clase política, y para detectar si Estados Unidos lo estaba espiando a él. Eitan, además, le insistió en que renunciara a la inteligencia naval antes que someterse a un examen de polígrafo de rutina —sabía exactamente qué tipo de pregunta no podía sobrevivir.

«El objetivo principal de la operación, según lo describió Yagur, era proporcionarle a Israel la mejor inteligencia estadounidense disponible sobre los adversarios árabes de Israel y el respaldo militar soviético que recibían.» Evaluación de daños de la CIA, párrafo 6

«Danny Cohen»: el trato de 300.000 dólares y una identidad falsa

En julio-agosto de 1985, Pollard y Anne Henderson viajaron a Israel, donde se reunió con Eitan y Yagur. Eitan revisó un listado computarizado de todo el material entregado hasta entonces —Pollard creía que faltaba un solo documento: una fotografía del daño en el reactor de Osirak que, según sospechaba, Sella había guardado como souvenir personal—. Eitan lo felicitó, diciéndole que el material había sido crucial para la seguridad de Israel y había superado ampliamente las expectativas.

Fue en ese viaje cuando se formalizó el verdadero acuerdo económico: Eitan le informó a Pollard que Israel le abriría una cuenta bancaria en Suiza, con depósitos de 30.000 dólares anuales durante diez años —90.000 dólares corrientes, más de 300.000 dólares en un total no ajustado por diez años—, con la condición de que al cabo de esa década él y su familia emigraran a Israel para usar el dinero allí. La cuenta estaría a nombre de «Danny Cohen», la identidad israelí que también adoptaría Pollard.

Pollard, lejos de sentirse honrado, forzó un segundo encuentro con Eitan para plantearle su preocupación por ser descubierto y su malestar porque un compromiso de diez años le parecía excesivo. Eitan, molesto, le aseguró que no tenía nada de qué preocuparse en materia de seguridad y le ordenó a Yagur que le diera «un par de miles de dólares más» para gastos del viaje. Pollard terminó recibiendo 12.000 dólares por ese viaje —que incluyó, además de las reuniones operativas en Israel, su casamiento y luna de miel en Europa: se casó con Anne Henderson el 9 de agosto de 1985 en Venecia, Italia.

La excusa del IRA

Poco después, ya en el otoño boreal de 1985, Pollard cometió uno de sus errores más incomprensibles: volvió a postularse para el mismo Grupo de Tareas 168 del que ya lo habían apartado años antes por su comportamiento errático. Llegó tarde y desaliñado a la entrevista, y ofreció una explicación tan inverosímil como reveladora de su patrón de fabulación: dijo que el IRA había secuestrado a su esposa y que había pasado el fin de semana negociando su liberación. Lo rechazaron.

El intento de fuga de sus propios contactos

Cuando el FBI y el Servicio de Investigación Naval finalmente lo interrogaron, entre el 18 y el 19 de noviembre de 1985, Pollard hizo algo que agravó su situación legal: llamó por teléfono a Yagur para alertarlo, y entregó deliberadamente información falsa a los investigadores durante los tres días de interrogatorio —tiempo que le permitió a Yagur, a la secretaria Irit Erb y al propio Sella escapar de Estados Unidos antes de que se cerrara el cerco. Su esposa, mientras tanto, intentó remover y esconder material clasificado que Pollard guardaba en el departamento. El 21 de noviembre, tras un intento fallido de pedir asilo en la embajada israelí —un guardia de seguridad les negó la entrada—, ambos fueron arrestados. Para entonces, Yagur y Sella probablemente ya habían salido del país.

La publicidad que le salió cara

Durante los quince meses entre el arresto y la sentencia, Pollard cooperó extensamente con los interrogadores —incluido el propio director de este estudio de daños—, respondiendo con aparente buena fe sobre sus métodos y los de sus manejadores. Pero su defensa se autoinfligió un daño enorme: el 20 de noviembre de 1986, en la Penitenciaría Federal de Petersburg, concedió una entrevista al periodista Wolf Blitzer para The Jerusalem Post sin la aprobación previa del Departamento de Justicia que exigía su acuerdo de culpabilidad. La entrevista, replicada después por The New York Times y The Washington Post, detalló ejemplos concretos de la inteligencia que había pasado a Israel: el cuartel de la OLP en Túnez, plantas de producción de armas químicas de Irak y Siria, envíos de armas soviéticas a Siria y otros países árabes, el programa nuclear pakistaní, y la evaluación estadounidense de un nuevo caza soviético.

Anne Henderson-Pollard agravó la violación con su propia entrevista no autorizada en el programa «60 Minutes», el 1° de marzo de 1987 —apenas tres días antes de que ambos fueran sentenciados—. Buscaban movilizar simpatía dentro de la comunidad judía estadounidense y del propio gobierno israelí. Consiguieron el efecto contrario: el juez Aubrey Robinson les dictó cadena perpetua a Jonathan y dos condenas concurrentes de cinco años a Anne, y el propio documento de la CIA sugiere que las violaciones al acuerdo de culpabilidad pesaron en esa decisión tanto como la gravedad del espionaje en sí.

La publicidad también le costó cara a Israel. La indicación de Sella al mando de la base aérea de Tel Nof, apenas después de ser formalmente acusado de espionaje por un tribunal federal estadounidense en febrero de 1987, generó una ola de presión pública y política —encabezada por líderes judíos estadounidenses exigiendo saber qué funcionarios israelíes de alto rango habían aprobado o conocido la operación—. La investigación oficial israelí, anunciada en marzo y completada en mayo de 1987, careció de poder legal real y no encontró complicidad de ningún ministro, pero la presión forzó de todos modos la renuncia de Sella a su cargo en Tel Nof.

1985: «el año del espía»

El propio informe de la CIA sitúa el caso Pollard dentro de un contexto más amplio: 1985 pasó a la historia de la inteligencia estadounidense como «el año del espía», por la cantidad de casos de espionaje masivo que salieron a la luz casi simultáneamente. El documento agrupa a Pollard junto a otros cuatro casos de la época —Larry Wu-tai Chin, Ronald Pelton, el matrimonio Walker-Whitworth y Edward Howard— como ejemplos compartidos de las mismas fallas estructurales: la eficacia limitada de los exámenes de polígrafo, la seguridad física de instalaciones clasificadas frente al robo interno de personal de confianza, las violaciones al principio de «necesidad de saber», y la vulnerabilidad que representan los «lazos de afecto» hacia otros países para cualquier persona con acceso a información sensible.

Lo que Israel efectivamente obtuvo

A partir de enero de 1985, Pollard entregó material cada dos semanas, los viernes, en el apartamento de una secretaria de la embajada israelí en Washington. Su primera entrega, el 23 de enero, fue de cinco maletas repletas de documentos clasificados. Según el propio Yagur le confirmó en al menos dos ocasiones, parte de esa inteligencia era conocida y apreciada «por los niveles más altos del gobierno israelí».

Entre lo comprometido, el documento —muy tachado en sus partes más sensibles— confirma que el Manual RASIN le permitió a Israel comenzar a intentar monitorear un enlace de comunicaciones entre el Estado Mayor soviético en Moscú y el grupo de asistencia militar soviético en Damasco, Siria. También se entregó información sobre el cuartel general de la OLP cerca de Túnez, las defensas aéreas de Túnez y Libia, y la planta de reprocesamiento de plutonio de Pakistán cerca de Islamabad.

DECLASSIFIED UNDER AUTHORITY OF THE INTERAGENCY
SECURITY CLASSIFICATION APPEALS PANEL.
E.O. 13526, SECTION 5.3(b)(3)

DIRECTOR OF CENTRAL INTELLIGENCE
Foreign Denial and Deception Analysis Committee
Washington, D.C. — 30 October 1987

THE JONATHAN JAY POLLARD ESPIONAGE CASE:
A DAMAGE ASSESSMENT

WARNING NOTICE — INTELLIGENCE SOURCES AND
METHODS INVOLVED

El final de la carrera

Para el otoño de 1985, su supervisor naval ya sospechaba: Pollard manejaba grandes volúmenes de material sobre Oriente Medio, completamente ajeno a su área asignada —Norteamérica y el Caribe oriental—. La investigación derivó en un interrogatorio del FBI y del Servicio de Investigación Naval a partir del 18 de noviembre, y en su arresto el 21, después de un intento fallido de obtener asilo en la embajada israelí.

El propio documento señala algo revelador sobre lo que Pollard planeaba a futuro si no lo hubieran descubierto: en los interrogatorios posteriores a su arresto, dijo que —de no haber sido detectado— habría buscado un puesto en el Buró de Inteligencia del Departamento de Estado, es decir, habría seguido escalando dentro del propio aparato de inteligencia estadounidense mientras continuaba espiando para Israel.

Cuarenta años después de aquel expediente redactado a máquina y tachado con marcador negro, el mismo hombre que Eitan y Yagur reclutaron en un bar del Hilton anunció su candidatura a la Knéset. El archivo que la CIA guardó bajo siete llaves durante décadas es, hoy, el mejor contexto posible para entender con qué clase de historial llega Jonathan Pollard a la política israelí.


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