Septiembre de 2026 — Panamá / Caracas / Washington
Machado, en la cuerda floja con el acuerdo petrolero
La Nobel de la Paz cuestiona la legitimidad de quien lo firmó, pero no pide anularlo. Necesita a Trump para volver al poder, y Trump ya eligió con quién negociar: no fue con ella.
- El acuerdo que la excluyó
- Tres apariciones públicas, un mismo equilibrio imposible
- Lo que sí cuestiona, y lo que evita cuestionar
- Por qué necesita a quien la dejó afuera
- La grieta dentro de su propio movimiento
- Trump y Rodríguez, sin apuro por ninguna elección
María Corina Machado, líder opositora venezolana y Premio Nobel de la Paz, enfrenta desde hace más de una semana uno de los equilibrios políticos más difíciles de su carrera: reaccionar a un acuerdo petrolero histórico entre Estados Unidos y el gobierno interino de Venezuela, sin poder celebrarlo —porque la excluye— ni condenarlo del todo —porque necesita a Washington para sostener cualquier aspiración futura de poder—.
El acuerdo que la excluyó
Donald Trump anunció lo que calificó de «el mayor acuerdo petrolero en la historia mundial» con la presidenta interina Delcy Rodríguez, quien asumió el poder en enero tras el secuestro de Nicolás Maduro por fuerzas especiales estadounidenses. El pacto otorga a Estados Unidos el 20% de las reservas probadas de crudo venezolano —unos 65.000 millones de barriles, en 17 campos, de un total nacional estimado en 303.000 millones—, con una proyección oficial de 209.000 millones de dólares en beneficios para Venezuela a lo largo de 25 años.
Muchos observadores esperaban que Trump respaldara a Machado tras la caída de Maduro —ella misma le había entregado su propio Premio Nobel de la Paz—. En cambio, Trump eligió negociar con Rodríguez, dejándola completamente afuera del proceso, y llegó a advertirle directamente a la presidenta interina: «Si no hace lo correcto, va a pagar un precio muy alto —probablemente más alto que Maduro—».
Tres apariciones públicas, un mismo equilibrio imposible
Machado respondió en al menos tres mensajes públicos sucesivos, cada uno matizando un poco más el anterior sin cambiar la estrategia de fondo: caminar la cuerda floja entre cuestionar el proceso y no provocar a la Casa Blanca.
En una segunda aparición, afinó el cuestionamiento hacia el propio proceso de negociación, más que hacia el acuerdo en sí:
Lo que sí cuestiona, y lo que evita cuestionar
Es notable lo que Machado elige no pedir: en ningún momento reclamó que el acuerdo se anule. Al contrario, se posicionó activamente como defensora de una alianza entre Venezuela y Estados Unidos —presentando además su propio plan alternativo, con licitaciones abiertas y normas aprobadas públicamente para atraer inversión privada—, y pidió una «alianza sólida y mutuamente beneficiosa» para ambos países.
Machado también reconoció, con una franqueza inusual, el malestar de su propia base política ante su exclusión del proceso.
Por qué necesita a quien la dejó afuera
La postura cautelosa de Machado no es casualidad: refleja su posición estructuralmente débil. Vive exiliada en Panamá desde diciembre, tras salir clandestinamente de Venezuela para poder recibir su Nobel. Para regresar al país y competir algún día por el poder, necesita —lo quiera admitir del todo o no— el respaldo de la misma administración Trump que convirtió el acuerdo petrolero en el eje central de su relación con Rodríguez, y que espera que cualquier gobierno venezolano futuro, incluido uno eventualmente liderado por ella, lo siga respetando.
El argumento de fondo de Machado
Su crítica no apunta al contenido del acuerdo en sí —del que insiste en que ni siquiera se conocen todos los detalles—, sino a la falta de legitimidad democrática de quien lo firmó. Su tesis: Rodríguez no tiene mandato popular para negociar los recursos naturales del país, mientras que el propio movimiento de Machado, sostiene, derrotó a Maduro «por una mayoría aplastante» en la última elección real de 2024 —resultado que Maduro nunca reconoció, aferrándose al poder hasta su rendición del 3 de enero de este año—.
La grieta dentro de su propio movimiento
La cautela de Machado no es compartida por todo su espacio político. Otros integrantes de su movimiento adoptaron una postura mucho más dura, sosteniendo que cualquier acuerdo firmado por Rodríguez carece por completo de validez legal, precisamente por su falta de legitimidad de origen. Del otro extremo del tablero, los sectores chavistas más duros acusan a la propia Rodríguez de haber cedido el control de un recurso que consideran central para la identidad nacionalista del movimiento —una pinza que deja a la presidenta interina bajo fuego cruzado desde ambos lados—.
Trump y Rodríguez, sin apuro por ninguna elección
Mientras Machado matiza sus críticas, Trump y Rodríguez coincidieron públicamente en que Venezuela todavía no está en condiciones de celebrar elecciones, tras la firma de acuerdos adicionales con las petroleras Chevron y Eni en Caracas.
El secretario de Energía estadounidense, Chris Wright, describió el objetivo del acuerdo en Caracas: «aumentar masivamente la producción y las oportunidades económicas en Venezuela», enmarcándolo como parte de una misión de «paz, libertad, oportunidad y prosperidad». La Casa Blanca, por su parte, fue más directa sobre el interés geopolítico de fondo: el acuerdo busca asegurar el «dominio energético de EE.UU. para el próximo siglo» y «purgar la influencia extranjera maligna» de la región, en referencia explícita a China y Rusia.
Lo que queda planteado, sin resolver:
— Machado necesita el respaldo de Trump para volver al poder, pero Trump ya demostró que prefiere negociar con quien controla el territorio hoy, no con quien ganó una elección hace dos años.
— Sin fecha para nuevas elecciones, la exclusión de Machado del proceso podría no ser algo temporal, sino la nueva normalidad que Washington prefiere sostener mientras el acuerdo petrolero avance sin sobresaltos.
— Su propio movimiento ya muestra fisuras entre quienes aceptan la cautela diplomática de Machado y quienes exigen un rechazo frontal a cualquier acuerdo firmado por Rodríguez.
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