Perfil — 33 años de silencio, rotos
El manual secreto de Netanyahu: la asesora que lo construyó
Ruth Bar guardó silencio durante tres décadas sobre su romance con Netanyahu en 1993. Ahora rompe ese silencio con algo mucho más grave: los documentos que ella misma escribió para construir su carisma, con instrucciones explícitas para disfrazar el ultranacionalismo de patriotismo.
- La mujer detrás de la confesión televisiva de 1993
- Cómo empezó todo: una elección municipal en 1989
- Los documentos que nunca debieron salir a la luz
- «Busco a alguien que pueda formular un ataque verbal devastador»
- El diagnóstico: superioridad, sin capa de relaciones
- El modelo de las cuatro capas de supervivencia
- «No hay tal cosa como la justicia»
- La tragedia personal detrás de la científica
El 14 de enero de 1993, Benjamin Netanyahu irrumpió sudoroso y sombrío en el estudio del Canal 1 de Israel para confesar en vivo un romance extramatrimonial con su asesora estratégica en la carrera por la presidencia del Likud. Esa mujer era la Dra. Ruth Bar. Treinta y tres años después, Bar rompió el silencio por primera vez —no principalmente para hablar del romance, sino para publicar un libro de 600 páginas con los documentos y estudios que ella misma diseñó para construir la imagen del hoy primer ministro, en los años en que apenas comenzaba su carrera política.
La mujer detrás de la confesión televisiva de 1993
Bar trabajó como asesora estratégica y encuestadora de Netanyahu durante más de tres años, en pleno ascenso del entonces outsider del Likud contra la «aristocracia» del partido —Bennie Begin, Ehud Olmert, Dan Meridor, Roni Milo—, que lo veían como un oportunista extranjero. Alguien llamó a la casa de la entonces joven esposa de Netanyahu, Sara, y le advirtió que su marido tenía un romance con su asesora, amenazando con publicar una cinta comprometedora salvo que se retirara de la carrera. Netanyahu decidió adelantarse al chantajista y confesarlo él mismo, en vivo, en la única cadena de televisión de Israel de la época, con un rating del 100%.
La cinta que nunca existió
Según relató Bar, esa cinta jamás existió: alguien había jugado una broma pesada o amenazado a Netanyahu con una pistola de fogueo. Eso bastó para que corriera a confesar en cadena nacional una infidelidad real, en lo que la propia Bar describe hoy como una decisión «impulsiva, salida del pánico» —pero también, paradójicamente, una demostración perfecta de su instinto político: tomar el control de la narrativa antes de que otro lo hiciera.
Cómo empezó todo: una elección municipal en 1989
Bar se formó en publicidad, trabajando en agencias como Warshavsky y Ariely, con entrenamiento profesional en Manhattan. En 1989 hizo su primer estudio político, sin saber exactamente para quién era —asumió que era para Netanyahu, recién regresado de la ONU y afiliado al Likud—. Su primer encuentro con él fue casual, en la sede de campaña de un candidato a intendente de Ramat Gan, cuando Netanyahu llegó de improviso.
A partir de ahí, Bar hizo investigación política intensiva para él durante más de tres años, cobrando honorarios a través del estudio jurídico Von Weisel, Fischer, Shimron. Según su propio relato, el romance entre ambos duró casi tanto como la relación profesional —no fue un desliz momentáneo, como se entendió públicamente en su momento—.
Los documentos que nunca debieron salir a la luz
Bar conserva, plastificados y ordenados, los estudios que realizó para Netanyahu entre 1989 y 1991, midiendo su «autoritatividad» y carisma frente a sus rivales del Likud. En octubre de 1989, Bennie Begin lideraba con 30,6 puntos, mientras Netanyahu apenas alcanzaba 22,9. Para mayo de 1991, Begin había caído a 25,7 mientras Netanyahu escalaba a 42,9. En carisma, el salto fue todavía más pronunciado: de 32,4 a 51,6 puntos.
Pero el documento más revelador de todos es uno titulado «Formas de aumentar el carisma», con afirmaciones que Bar describe como directamente escalofriantes.
El mismo documento explica cómo satisfacer «la necesidad de contundencia», especialmente prominente entre votantes indecisos y del propio Likud —recomendando demostrar «fuerza y control»— y agrega una instrucción todavía más directa sobre el uso calculado del nacionalismo.
«Busco a alguien que pueda formular un ataque verbal devastador»
Bar identifica el origen de lo que hoy describe como «la máquina del veneno» —la maquinaria de ataques digitales que hoy inunda la política israelí— en un pedido explícito que Netanyahu le hizo hace más de 30 años.
Bar conecta esa frase directamente con episodios recientes de descrédito público hacia rivales políticos —mencionó específicamente las campañas contra Benny Gantz, incluido un supuesto tartamudeo y rumores infundados—.
El diagnóstico: superioridad, sin capa de relaciones
Consultada sobre su impresión personal de Netanyahu tras tres años de trabajo cercano, Bar no matiza.
Ese «todos» incluye, según la propia Bar, a militares y jefes del Estado Mayor, periodistas, rivales políticos, votantes propios —»y su superioridad se extiende también sobre el presidente de Estados Unidos. Está por encima de todos»—.
El modelo de las cuatro capas de supervivencia
El núcleo teórico del libro de Bar es lo que ella llama el «modelo de capas de supervivencia»: impresión, relaciones, protección y emociones. Según su análisis, la fortaleza histórica de Netanyahu está en la capa de «impresión» —la imagen de ser grande, exitoso, un líder—, mientras su debilidad crónica está en la capa de «relaciones»: credibilidad, empatía, conexión personal.
Bar sostiene que esa debilidad explica por qué el escándalo de octubre de 2023 lo golpeó de forma distinta a crisis anteriores: por primera vez, el daño alcanzó también su capa fuerte, la de «protección» e «impresión», dejándolo sin el refugio narrativo que siempre le había funcionado. «No es como antes. Ya no juega solo en ese campo», dijo.
«No hay tal cosa como la justicia»
El pasaje más inquietante de la entrevista llega cuando Bar recuerda una conversación personal con Netanyahu, hace más de tres décadas, que dice no haber podido superar.
Y remató con una advertencia directa sobre las elecciones que Israel enfrenta en los próximos meses:
La tragedia personal detrás de la científica
La segunda mitad de la entrevista revela una historia personal devastadora, ajena a la política. Bar y su esposo, el Dr. Shmuel Bar —cirujano oftalmólogo y médico de rescate aéreo, pionero en realizar una traqueotomía quirúrgica completa en pleno campo de batalla— perdieron a dos de sus tres hijos: su hija Shoham murió en 2004, a los 21 años, en un accidente de moto en India; once años después, en 2015, su hijo Omer murió a los 37 años en un accidente con un arma de fuego.
Cómo describe haber sobrevivido a ambas pérdidas:
— Tras la muerte de Shoham, tuvo a su tercer hijo, Matan, a los 50 años —»nos inundó de felicidad dentro del duelo interminable que estábamos viviendo», dijo—.
— Tras la muerte de Omer, se negaron deliberadamente a «aferrarse al dolor» como forma de mantener viva la memoria de sus hijos: «Decidimos soltar eso».
— Su consejo para quienes atraviesan pérdidas similares: «Dense permiso para vivir. Denles un respiro. Ámense. Díganse que fueron excelentes padres, que hicieron todo, que dieron todo. No se hundan en la culpa. Eso es lo que los hijos hubieran querido».
Su matrimonio con Shmuel sobrevivió tanto al escándalo de 1993 como a las dos tragedias posteriores —algo que la propia Bar reconoce como estadísticamente inusual: «Usualmente, los matrimonios no sobreviven algo así. Sobrevivimos en gran parte gracias a él».
Cómo se mueve un voto, en la práctica: los «votos saltarines»
Más allá del diagnóstico psicológico de Netanyahu, la parte más técnica de la entrevista es también la más descarnada: Bar explica, con el mismo rigor con el que describiría un experimento de laboratorio, el mecanismo concreto por el cual un asesor de imagen mueve votos reales el día de una elección.
A esa franja de votantes, Bar la bautizó «votos saltarines» —distintos del clásico «voto flotante» o indeciso—. La diferencia es clave: el votante indeciso dice «no sé»; el voto saltarín, en cambio, ya se identifica con un bando, pero puede saltar por completo al bando contrario si se activan los estímulos correctos.
La receta técnica para mover esos votos
Según Bar, cada bloque electoral tiene entre un 5% y un 15% de votos saltarines propios. La tarea del asesor es doble: retener los votos saltarines del propio bando, y capturar los del rival. Las herramientas concretas que describe: manifestaciones masivas («generan involucramiento emocional dramático»), control estricto de los mensajes públicos para que activen la capa donde el propio candidato es fuerte, y evitar a toda costa entrar en el terreno temático donde el rival tiene ventaja. «Control de la agenda es control de la gente», resume.
Los ejemplos que Bar usa para probar su teoría
Bar respalda su modelo con casos electorales israelíes concretos, mostrando cómo el mismo hecho objetivo puede beneficiar o perjudicar a un candidato según en qué «capa de supervivencia» caiga.
2019 — El video de seguridad que le salió mal a Gantz: Benny Gantz lanzó un video mostrando un contador con la cantidad de terroristas eliminados durante su gestión como jefe del Estado Mayor. Un video de seguridad «por excelencia» —pero, según Bar, eso cae exactamente en el terreno donde Netanyahu es más fuerte (impresión y protección). Resultado: Gantz se estancó en 13 bancas y Netanyahu subió.
Marzo de 2019 — Los mismos misiles que no le hicieron daño: Hamás lanzó misiles hacia el centro de Israel, Gantz dio una entrevista que se volvió motivo de burla, y Trump reconoció la soberanía israelí sobre los Altos del Golán. Los tres hechos «caían» en las capas fuertes de Netanyahu. Pese a los misiles sobre el centro del país, Netanyahu no sufrió ningún desgaste —al contrario, amplió la diferencia en las encuestas—.
2015 — La movilización árabe como gatillo emocional: con todas las encuestas dando ganador a Isaac Herzog, Netanyahu revirtió el resultado con una sola frase el día de la votación: advertir que los votantes árabes estaban «yendo en masa» a las urnas. Es la capa de impresión, activada como amenaza.
1996 — La palabra prohibida: en su propia investigación para Netanyahu contra Shimon Peres, Bar descubrió que la palabra «paz» —de la que Peres hacía bandera— incomodaba a los votantes de Netanyahu y fortalecía a Peres. La campaña de Netanyahu redujo deliberadamente el uso de esa palabra a medida que avanzaba la campaña.
La base biológica de la manipulación
Lo más inquietante, quizás, es que Bar no describe esto como simple intuición de campaña: sostiene que cada una de las cuatro capas de su modelo tiene una base hormonal medible.
Según esta lógica, activar la capa correcta en el momento correcto no es solo persuasión retórica: es, literalmente, provocar una respuesta hormonal medible en el cerebro del votante —el mismo mecanismo, dice Bar, que determina qué producto elegimos en un estante de supermercado—.
La receta que le da hoy a la oposición
Consultada sobre la estrategia que debería seguir el candidato opositor Gadi Eisenkot en la elección de octubre de 2026, Bar aplica exactamente el mismo modelo, en tiempo real.
Es, en los hechos, el mismo manual que ella misma escribió para construir a Netanyahu hace tres décadas, ahora recomendado para derrotarlo —la prueba más contundente de que, para Bar, esto nunca fue ideología: es una tecnología de persuasión que funciona igual, sin importar quién la use.
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