Jamal Khashoggi: perseguido hasta después de muerto

1958-2018 — Medina / Riad / Londres / Washington / Estambul

Jamal Khashoggi: perseguido hasta después de muerto

Lo espiaron en vida con Pegasus. Lo estrangularon y desmembraron en un consulado. Y cuatro días después de matarlo, siguieron espiando el teléfono de su prometida, que lo esperó afuera sin saber que nunca iba a volver a verlo.

En esta investigación
  1. Del hijo de un médico de la corte al periodista incómodo
  2. Una carrera hecha y deshecha por la censura saudí
  3. El exilio, y el salto a Washington
  4. «Iré tras él con una bala»
  5. La granja de trolls y el primer contacto con Pegasus
  6. 2 de octubre de 2018: la cita que nunca terminó
  7. Lo que las grabaciones turcas revelaron
  8. Los cambios de versión del gobierno saudí
  9. Espiados incluso después del asesinato
  10. Once procesados, ningún castigo para quien ordenó todo
  11. Persona del Año, sin justicia

Jamal Ahmad Khashoggi nació en Medina el 13 de octubre de 1958, con una remota ascendencia turca por parte de su abuelo paterno, que había sido médico personal del rey Abdulaziz al Saud, fundador del país. Cuatro décadas más tarde, ese mismo Estado que su abuelo sirvió terminaría asesinándolo dentro de uno de sus propios consulados.

Del hijo de un médico de la corte al periodista incómodo

Khashoggi se formó en Arabia Saudita y obtuvo una licenciatura en Administración de Empresas en la Universidad Estatal de Indiana, en Estados Unidos, en 1982. Comenzó su carrera como gerente regional de una cadena de librerías, antes de pasar al periodismo: corresponsal de Saudi Gazette, subgerente en Okaz, y después reportero para varios diarios árabes entre 1987 y 1990, incluyendo Asharq Al-Awsat y Al Majalla. En ese mismo período, sirvió también en la Agencia de Inteligencia Saudí, con indicios de haber colaborado con Estados Unidos durante la invasión soviética a Afganistán.

En 1991 se convirtió en editor jefe de Al Madina, cargo que ocupó hasta 1999, cubriendo como corresponsal extranjero conflictos en Afganistán, Argelia, Kuwait y Sudán. Luego fue subdirector de Arab News hasta 2003.

Una carrera hecha y deshecha por la censura saudí

Su primer paso como editor jefe de Al Watan, en 2003, duró menos de dos meses: el Ministerio de Información saudí lo destituyó por haber permitido que un columnista criticara al erudito islámico Ibn Taymiyyah, figura central del wahabismo. Ese episodio construyó su reputación en Occidente como un progresista liberal —una etiqueta que lo perseguiría, para bien y para mal, el resto de su carrera—.

Un patrón que se repitió una década después

Tras su exilio voluntario a Londres —donde trabajó como consejero y asistente de medios del príncipe Turki Al Faisal—, Khashoggi volvió a Al Watan en 2007. En 2010, otra columna considerada demasiado crítica del salafismo le costó su segunda salida del cargo. En 2015 intentó romper el molde por completo: lanzó el canal de noticias satelital Al-Arab, con sede en Baréin —porque Arabia Saudita no permite canales independientes dentro de sus fronteras—, respaldado por el príncipe multimillonario Alwaleed bin Talal y asociado con Bloomberg Television. Estuvo en el aire menos de once horas antes de que Baréin lo cerrara.

El exilio, y el salto a Washington

En diciembre de 2016, según reportó The Independent citando a Middle East Eye, las autoridades saudíes le prohibieron publicar o aparecer en televisión por criticar al entonces presidente electo Donald Trump. En junio de 2017 se trasladó definitivamente a Estados Unidos, donde siguió escribiendo para Middle East Eye y, desde septiembre de ese año, comenzó su columna en The Washington Post —el espacio desde el cual se convertiría en una de las voces críticas más leídas sobre Arabia Saudita en todo el mundo—.

Desde esa columna, Khashoggi pidió que Arabia Saudita volviera a un clima anterior a 1979, con menos restricciones wahabíes, igualdad de derechos para las mujeres, y libertad de expresión sin temor a la cárcel. Apoyó reformas puntuales del príncipe heredero Mohamed bin Salmán —como el permiso para que las mujeres condujeran—, pero condenó con dureza la detención de activistas como Loujain al-Hathloul, Eman al-Nafjan y Aziza al-Yousef, referentes del movimiento contra la tutela masculina.

«Aunque MBS tiene razón al liberar Arabia Saudita de fuerzas religiosas ultraconservadoras, se equivoca al promover un nuevo radicalismo que, aunque aparentemente más liberal y atractivo para Occidente, es igual de intolerante con la disidencia.» Jamal Khashoggi, en su columna de The Washington Post

También criticó el bloqueo saudí contra Catar, la guerra en Yemen —pidiendo directamente que MBS le pusiera fin—, la disputa con Canadá, la represión egipcia bajo Abdel Fatteh el-Sisi, y hasta la construcción de asentamientos israelíes en territorios palestinos ocupados, señalando la falta de presión internacional real sobre Israel.

«Iré tras él con una bala»

En septiembre de 2017, MBS —que consideraba el trabajo de Khashoggi una amenaza directa a su imagen— le dijo al presentador Turki Aldakhil que iría tras el periodista «con una bala». No fue solo una amenaza verbal: Arabia Saudita ya operaba, según distintas investigaciones, una granja de trolls en Riad con cientos de empleados dedicados a hostigar en redes sociales a Khashoggi y a otros críticos del régimen.

La granja de trolls y el primer contacto con Pegasus

El excontratista de inteligencia estadounidense Edward Snowden fue el primero en denunciar públicamente que el gobierno saudí usaba el software espía Pegasus, de la empresa israelí NSO Group, para monitorear el teléfono de Khashoggi —antes incluso de su asesinato—.

4 díasDespués del asesinato, hackearon a su prometida
5Ataques adicionales al teléfono de Cengiz
50.000+Números en la lista filtrada de Pegasus

2 de octubre de 2018: la cita que nunca terminó

Khashoggi entró al consulado saudí en Estambul el 2 de octubre de 2018 para obtener documentos que le permitieran casarse con su prometida, la periodista turca Hatice Cengiz, tras confirmar la nulidad de un matrimonio anterior. Ella lo acompañó hasta la puerta y lo esperó afuera. Era de mañana. Pasaron las horas. A las cinco de la tarde, desesperada, empezó a llamar a amigos: estaba segura de que algo había pasado. Nunca lo vio salir con vida.

La llamada que lo llevó hasta ahí

Según reveló después The Washington Post citando la investigación de la CIA, fue el propio hermano de MBS, Khalid Bin Salman, quien le dijo por teléfono a Khashoggi que debía viajar a Estambul para completar los trámites de confirmación de su divorcio —un dato que sugiere que la trampa se tejió desde mucho antes de esa mañana de octubre—.

Lo que las grabaciones turcas revelaron

Un informe de la ONU determinó que los servicios de inteligencia turcos —y de otros países— tuvieron acceso a grabaciones que mostraban que Khashoggi fue sedado y luego estrangulado por un escuadrón de 15 agentes saudíes, que después desmembraron su cuerpo. En los archivos de audio del propio consulado, un hombre que parecía ser un forense explicaba, con un detalle escalofriante, cómo se ejecutaría ese proceso.

«Se separarán las articulaciones. No hay problema. El cuerpo pesa. La primera vez que lo corté fue en el suelo. Si usamos bolsas de plástico y las cortamos en trozos, terminaremos. Envolveremos cada una de ellas.» Presunto asesor médico, según grabaciones citadas en el informe de la ONU

Grabaciones de video posteriores mostraron personal del consulado retirando bolsas de basura y una maleta, que se cree contenían los restos del periodista, presuntamente descartados en una zona rural de la provincia turca de Yalova. El cuerpo nunca fue encontrado.

Los cambios de versión del gobierno saudí

Primeras semanas

Arabia Saudita niega saber qué pasó con el periodista.

Segunda versión

MBS declara que Khashoggi abandonó el consulado poco después de entrar.

Mediados de noviembre de 2018

El gobierno admite que murió resistiéndose a su captura y extradición. El fiscal general saudí, Shalaan al-Shalaan, sostiene que la cúpula de inteligencia había ordenado usar «la fuerza» si el detenido no se sometía.

16 de noviembre de 2018

La CIA concluye, con alta confianza, que MBS ordenó el asesinato.

Espiados incluso después del asesinato

Lo más perturbador de toda la reconstrucción posterior llegó en 2021, con el Proyecto Pegasus —una investigación de un consorcio de más de 80 periodistas de 17 medios, coordinada por Forbidden Stories junto al Laboratorio de Seguridad de Amnistía Internacional—. El análisis forense sobre una lista filtrada de más de 50.000 números de teléfono confirmó algo que hasta entonces solo se sospechaba.

El hallazgo central

El iPhone de Hatice Cengiz, la prometida de Khashoggi, fue infectado con Pegasus apenas cuatro días después del asesinato —y volvió a ser atacado en cinco ocasiones más en los días siguientes—. El teléfono Android de su esposa, Hanan Elatr (de la que Khashoggi ya estaba separado), había sido blanco de un usuario de Pegasus seis meses antes del crimen. Su hijo Abdullah también fue seleccionado como potencial objetivo, junto a otros miembros de la familia radicados en Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos.

Wadah Khanfar, exdirector general de Al Jazeera y amigo cercano de Khashoggi, también fue hackeado —su teléfono seguía infectado hasta julio de 2021—. Él mismo describió la sospecha que lo llevó a pensar que algo andaba mal, mucho antes de que se confirmara técnicamente.

«Sentí que mi teléfono o el de Hatice podrían haber sido hackeados, porque algunas de las conversaciones que tuvimos sobre la desaparición de Jamal salieron a la luz pública en los primeros días.» Wadah Khanfar, exdirector de Al Jazeera

NSO Group negó en repetidas ocasiones cualquier vínculo entre su tecnología y el asesinato, calificando las investigaciones periodísticas de estar «llenas de suposiciones equivocadas». La empresa sostiene que solo vende Pegasus a «agencias gubernamentales verificadas» para combatir terrorismo y crimen organizado —una defensa que resulta difícil de sostener frente al patrón específico de objetivos: la prometida, la esposa, el hijo y los amigos más cercanos de un periodista ya asesinado por el propio Estado que, según las investigaciones, contrató ese software—.

Once procesados, ningún castigo para quien ordenó todo

La respuesta oficial saudí fue abrir procesos contra once ciudadanos señalados por el crimen: cinco fueron sentenciados a muerte, tres a prisión, y el resto resultó absuelto. Ninguna sanción alcanzó al príncipe heredero, que se limitó a declarar públicamente que «lamentaba» la muerte del periodista.

La reacción internacional, con matices

El caso generó un amplio debate en el Congreso estadounidense, pero Donald Trump, entonces en su primer mandato, priorizó sostener las buenas relaciones con Arabia Saudita. Turquía tuvo una respuesta inicial mucho más dura, con una crisis diplomática que llegó a romper relaciones bilaterales —aunque más tarde se estabilizaron, y el caso terminó delegado a la propia justicia saudí—.

Persona del Año, sin justicia

El 11 de diciembre de 2018, apenas dos meses después de su asesinato, la revista Time nombró a Khashoggi póstumamente Persona del Año, junto a otros periodistas perseguidos por su trabajo, describiéndolo como un «Guardián de la Verdad». Fue, en los hechos, el reconocimiento simbólico más alto que recibió —en ausencia total de cualquier consecuencia judicial real para quien las investigaciones de inteligencia estadounidense señalan como responsable último del crimen—.


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