Keiko Fujimori riendo sobreimpresionada en el Congreso peruano.

La ironía de Fujimori: ahora sufre el Congreso que ella usó

Ampliación — Lima, octubre de 2026

La ironía de Fujimori: ahora sufre el Congreso que ella usó

Su partido ayudó a destituir a cuatro mandatarios en diez años manejando una mayoría parlamentaria. Hoy gobierna con 41 de 130 diputados, su propio primer ministro tuvo que salir a negociar como antes negociaban sus rivales, y hasta sus aliados la dejaron sin los votos que pedía.

En este artículo

  1. El cambio de papeles
  2. Lo que el fujimorismo le hizo a otros
  3. Galarreta, del otro lado del mostrador
  4. Las acusaciones de traición, puertas adentro
  5. Lo que quedó afuera, y por qué
  6. La oportunidad en el Senado

Durante años, Keiko Fujimori utilizó el poder de su partido en el Congreso para poner contra las cuerdas a los gobiernos de sus adversarios. Ahora que ella está en Palacio de Gobierno, los papeles se invirtieron. A apenas dos meses de haber asumido, sufrió esta semana un revés político que deja a la vista un cambio de escenario para el que su propio partido no parece preparado.

El cambio de papeles

El dato central es simple y brutal: la agrupación que llegó a tener la mayoría absoluta del Parlamento cuenta hoy con 41 de los 130 diputados. Necesita los votos de otras bancadas para aprobar sus reformas, y su promesa central de campaña —mano dura contra la inseguridad— depende de esas negociaciones.

«Cuando estaban en el Congreso, tenían mayoría suficiente, por sí solos o en alianzas, para subordinar al Ejecutivo. Pero nunca han estado en un escenario como este. Es como si ahora no supieran manejarse en una situación donde la negociación es obligatoria.» Fernando Tuesta, politólogo, Pontificia Universidad Católica del Perú

Lo que el fujimorismo le hizo a otros

El contraste histórico es lo que vuelve llamativo el momento. En 2016, cuando el liberal Pedro Pablo Kuczynski llegó a la presidencia, Fuerza Popular obtuvo 73 de los 130 escaños de un Congreso entonces unicameral. Keiko Fujimori no era parlamentaria, pero su bancada censuró al ministro de Educación y, en septiembre de 2017, negó la confianza a todo el gabinete, que tuvo que renunciar en bloque.

Más tarde, ya sin mayoría absoluta, el fujimorismo mantuvo su poder mediante alianzas, y durante la presidencia del izquierdista Pedro Castillo respaldó la censura de cinco ministros. El poder del Congreso llegó a tal extremo que, en los últimos diez años, el fujimorismo —solo o aliado con otros partidos— participó en la destitución de cuatro presidentes: Martín Vizcarra, Pedro Castillo, Dina Boluarte y José Jerí.

4Presidentes destituidos con participación fujimorista en 10 años
73/130Escaños que tuvo Fuerza Popular en 2016
41/130Diputados con los que gobierna hoy
Vizcarra, Castillo, Boluarte, Jerí: cuatro presidentes en diez años, tumbados con participación directa o indirecta del fujimorismo parlamentario. Hoy Keiko Fujimori gobierna bajo las mismas reglas que ayudó a convertir en un arma política.

Galarreta, del otro lado del mostrador

Nadie encarna mejor el cambio de papeles que el primer ministro de Fujimori, Luis Galarreta, quien presidió el Congreso durante parte del enfrentamiento con Kuczynski. Entonces formaba parte del partido que presionaba al Ejecutivo. Hoy le toca negociar en nombre de la presidenta: durante semanas se reunió con representantes de distintos partidos para defender las 66 medidas solicitadas, pero no logró reunir los apoyos necesarios.

Tras la votación, Galarreta se quejó a través de un comunicado oficial de la Presidencia del Consejo de Ministros:

«Lo aprobado no brinda al Ejecutivo las herramientas más importantes que el país necesita.» Luis Galarreta, primer ministro de Perú

Las acusaciones de traición, puertas adentro

La resistencia al pedido de facultades no vino solo de la oposición declarada: apareció entre quienes parecían aliados. Renovación Popular, el partido de ultraderecha de Rafael López Aliaga, se unió a otras tres agrupaciones para reducir las facultades. El martes 6 de octubre, el fujimorismo intentó recuperar terreno negociando una propuesta para elevar de 20 a 29 las medidas autorizadas. El acuerdo fracasó entre acusaciones cruzadas de traición: el diputado fujimorista César Revilla aseguró que otro legislador retiró su firma de una propuesta de consenso que había aceptado apoyar.

Al final, el propio partido de Fujimori tuvo que aceptar las mismas 20 medidas que el gobierno consideraba insuficientes. Ni siquiera votó en bloque: de los 41 diputados fujimoristas, 34 votaron a favor del texto que habían intentado cambiar —y sin esos votos, el texto ni siquiera habría salido adelante—, mientras los otros siete se abstuvieron.

El propio vocero alterno de la bancada oficialista, Arturo Alegría, minimizó la derrota: «Yo no creo que esto haya sido una pérdida para el Gobierno. Lo único que evidencia es que no tenemos una mayoría en Diputados».

Lo que quedó afuera, y por qué

Entre las facultades rechazadas estaban las que habrían permitido ampliar las operaciones de inteligencia y dar a las Fuerzas Armadas un papel más directo en el resguardo de las cárceles —una propuesta central de Fujimori que terminó cayéndose del texto final—. También quedaron fuera medidas para facilitar la formalización de pequeñas empresas y simplificar trámites administrativos.

La objeción de fondo de varios diputados no fue técnica, sino histórica. Fernando García Huby, del centrista Partido del Buen Gobierno, lo planteó sin vueltas:

«No podíamos darle al fujimorismo un cheque en blanco para que se tomen decisiones que comprometan a las Fuerzas Armadas y se violen los derechos humanos. Ya hay una historia con el fujimorismo en esos temas.» Fernando García Huby, diputado del Partido del Buen Gobierno

La referencia es directa a los abusos cometidos durante el gobierno de Alberto Fujimori en los años noventa, por los que el padre de la actual presidenta fue condenado. Treinta años después, ese antecedente sigue pesando en el Congreso a la hora de decidir cuánto margen darle a su hija.

La votación también dejó a la vista las divisiones dentro de la propia oposición: mientras la izquierda cercana al expresidente Pedro Castillo —encarcelado desde su fallido autogolpe de 2022— pretendía rechazar por completo el pedido, otras agrupaciones opositoras aceptaron conceder facultades limitadas, e incluso hubo bancadas que dividieron su voto internamente.

La oportunidad en el Senado

Esa misma fragmentación opositora puede jugar a favor de Fujimori en la segunda cámara. En el Senado, su partido tiene 22 de los 60 escaños. Si consigue el respaldo de los ocho representantes de Renovación Popular —el mismo partido que lideró el recorte en Diputados—, quedaría a un solo voto de la mayoría absoluta.

22/60Escaños fujimoristas en el Senado
+8Votos de Renovación Popular necesarios
1 votoDe distancia a la mayoría absoluta si se suman

El gobierno intentará recuperar allí algunas de las facultades excluidas en Diputados. Es, para Fujimori, una oportunidad real de recomponer parte de lo perdido. Pero para conseguirlo va a tener que negociar con partidos que ya demostraron, en la primera cámara, que no están dispuestos a darle todo lo que pide.

  • 2016-2017Con 73 de 130 escaños, Fuerza Popular censura al ministro de Educación de Kuczynski y niega la confianza a todo su gabinete.
  • 2018-2022El fujimorismo, ya sin mayoría absoluta, participa en la destitución de Vizcarra, Castillo y Boluarte mediante alianzas parlamentarias.
  • Fines de agosto de 2026Como presidenta, Fujimori pide 66 medidas y 120 días de facultades legislativas.
  • Martes 6 de octubreNegociación de último momento para subir de 20 a 29 medidas fracasa entre acusaciones de traición.
  • 7 de octubreTras 13 horas de sesión, Diputados aprueba el texto recortado: 20 medidas, 90 días (66-34-24). De los 41 fujimoristas, 34 votan a favor y 7 se abstienen.
  • El trámite sigue en el Senado, donde el fujimorismo busca recomponer lo perdido con el apoyo de Renovación Popular.
  • El politólogo Fernando Tuesta resume el riesgo de fondo si esa negociación no se resuelve: «Si no negocian, lo que va a pasar es la parálisis». Para una presidenta cuya bancada pasó una década siendo la que imponía condiciones, aprender a negociar desde la debilidad parlamentaria es, a dos meses de asumir, el verdadero examen de su gobierno.

    Apoyá este trabajo

    Bastión se sostiene con el aporte de quienes leen. Si este artículo te sirvió, podés colaborar para que sigamos investigando y escribiendo.

    Donar vía PayPal

    Deja un comentario

    Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

    Scroll al inicio
    ♥ Apoyá a Bastión

    Periodismo independiente sin trinchera