La líder opositora y premio Nobel de la Paz dice que Washington la mantiene al margen desde la captura de Maduro, mientras favorece a Delcy Rodríguez y cierra acuerdos petroleros con un empresario al que ella misma acusa de «corrupción obscena».
María Corina Machado denunció que la Administración de Donald Trump no la incluyó en las conversaciones políticas que se celebran esta semana en Caracas entre el Gobierno interino de Delcy Rodríguez y otras facciones de la oposición venezolana. La líder opositora y premio Nobel de la Paz asegura que regresará a Venezuela «más pronto de lo que se espera» para impulsar una transición democrática.
El reclamo: la dejaron afuera
En una entrevista con The New York Times desde Panamá, Machado expuso el distanciamiento con la Casa Blanca. Según la dirigente, Washington la mantuvo al margen durante meses mientras favorecía la continuidad de Rodríguez como presidenta encargada, tras la captura de Nicolás Maduro en enero.
Machado sostuvo que el proceso de estabilización «se podría haber hecho sin Delcy Rodríguez» y calificó a la presidenta encargada como «parte del sistema criminal». También señaló que la Constitución venezolana recoge delitos «que no son objeto de amnistía ni de perdón».
«Entiendo la lógica y la razón» para ir despacio. «Pero creo que podría haberse hecho, sin duda, sin Rodríguez porque forma parte del sistema penal. Es lo que hay, y aquí es donde estamos.»
María Corina MachadoUna portavoz del Departamento de Estado respondió que el partido de Machado sí fue invitado a participar en las negociaciones de Caracas, en lo que es una versión directamente contradictoria con el reclamo de la opositora.
El nombre que Machado puso sobre la mesa: Betancourt
Lo más fuerte de la entrevista no fue la queja por su exclusión, sino el ataque directo a Alejandro Betancourt, el empresario que semanas atrás firmó con la Administración Trump un acuerdo para controlar aproximadamente una quinta parte de las reservas petroleras de Venezuela. Fue la primera vez que Machado se pronunció públicamente sobre él.
Betancourt es responsable de «corrupción obscena» y no sería «un socio comercial viable» si ella llegara al poder — uno de los principales «responsables» de lo que «nuestro pueblo está sufriendo ahora mismo», por beneficiarse de contratos energéticos sin resolver la red eléctrica del país.
María Corina Machado, sobre Alejandro BetancourtSegún un auditor energético venezolano independiente, Betancourt hizo fortuna con contratos sin licitación para centrales eléctricas, sobrefacturando a entidades estatales. Es blanco de investigaciones de corrupción, aunque su vocera, Sara Chouraqui, afirma que nunca fue acusado de ningún delito en ninguna jurisdicción. Un funcionario de la Administración Trump, que pidió anonimato, dijo que su empresa fue elegida «por su historial exitoso» y que el acuerdo estará sujeto a «estrictas auditorías».
La versión de Washington
El portavoz del Departamento de Estado, Tommy Pigott, reiteró el respaldo «al cien por cien» de Washington a las conversaciones de reconciliación «lideradas por los propios venezolanos», enmarcadas en el plan de tres fases del secretario de Estado Marco Rubio: estabilización, recuperación económica y transición democrática.
«Avances reales» y «resultados concretos» — entre ellos, reformas hacia un Tribunal Supremo independiente y la modificación de leyes represivas usadas contra el discurso político.
Tommy Pigott, portavoz del Departamento de EstadoPigott describió el objetivo de la Administración como consolidar una Venezuela «libre, próspera y socia» que deje atrás el legado de Maduro — un objetivo declarado que convive, sin embargo, con elogios de Trump hacia Rodríguez («está haciendo un gran trabajo») y con el levantamiento esta semana de las sanciones a su hermano, jefe de la legislatura.
Dos lecturas de un mismo distanciamiento
Washington la bloqueó en siete intentos de regreso a Venezuela —dos de ellos tras los terremotos de junio—, la dejó fuera de las negociaciones de Caracas y cerró, en su lugar, acuerdos a puerta cerrada con Rodríguez y con un empresario señalado por corrupción. Para ella, eso demuestra que EE.UU. prioriza la estabilidad y los negocios por encima de la democracia que dice perseguir.
El Departamento de Estado niega haber bloqueado su regreso —»no facilita el retorno de figuras de la oposición», pero «tiene derecho a volver cuando lo desee»— y afirma que su partido sí fue invitado a las conversaciones de Caracas. Sostiene que ir despacio con Rodríguez es parte de una estrategia deliberada de tres fases, no una traición a los principios democráticos.
La respuesta chavista: «que se venga»
El 14 de octubre, el secretario general del PSUV, Diosdado Cabello, retó a Machado a regresar de inmediato y calificó de «pura paja» sus denuncias sobre un supuesto veto fronterizo.
«¿Por qué no se viene? Que se venga para Venezuela, nadie le impide venir.»
Diosdado Cabello, secretario general del PSUVCabello sostuvo que el verdadero «problema» de Machado no es un veto de nadie, sino el escenario político que tendría que enfrentar una vez que pisara territorio venezolano — una lectura que coincide, aunque desde el bando opuesto, con la sospecha de que Washington prefiere mantenerla lejos del tablero mientras se resuelven los asuntos de fondo.
Lo que Machado evitó responder
En la entrevista, Machado se negó a hablar de su relación actual con Rubio, a quien conoce desde hace años, y evitó decir si Rodríguez podría enfrentar prisión, aunque adelantó una hoja de ruta: una comisión de la verdad para recoger testimonios y reparaciones, y tribunales ordinarios con jurisdicción especial para juzgar los abusos. También dejó una advertencia apenas velada sobre cómo podría convencerse a Rodríguez de irse: «Estados Unidos tenga actualmente a miembros destacados del régimen enfrentándose a la justicia en Estados Unidos deja muy claro cuál es la alternativa» — en referencia a Maduro, hoy preso en Nueva York por cargos de narcotráfico y tortura.
Machado pidió democracia y una transición ordenada; Washington responde que eso es exactamente lo que está construyendo, solo que a su propio ritmo y con sus propios socios. Entre esas dos versiones queda un hecho que no depende de ninguna de las dos partes para confirmarse: mientras la discusión sea sobre peticiones y plazos, Machado sigue en Panamá; mientras sea sobre petróleo y contratos, otros ya están sentados a la mesa en Caracas.
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