Persona votando en urna con bandera de Israel de fondo.

Israel, empatada: el respaldo de Trump que no alcanzó

Israel, empatada: el respaldo de Trump que no alcanzó
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Israel, empatada: el respaldo de Trump que no alcanzó

A días de una elección que puede no resolver nada, Netanyahu y su principal rival están empatados escaño a escaño. Trump salió a respaldarlo públicamente y apenas le movió la aguja un punto — exactamente el tipo de ayuda que Netanyahu, con la memoria de 2015 todavía fresca, nunca se animaría a devolver.

A cuatro días de las elecciones legislativas israelíes del martes 27 de octubre, la encuesta final de Zman Yisrael muestra un empate técnico que amenaza con no resolver absolutamente nada: los dos bloques liderados por partidos judíos obtienen 51 escaños cada uno, muy por debajo de los 61 necesarios para formar una coalición mayoritaria en una Knéset de 120 bancas. Si ninguno logra formar gobierno, Israel va camino a elecciones repetidas a principios de 2027 —con Netanyahu como primer ministro interino mientras tanto—.

Eisenkot adelante, pero perdiendo impulso

El partido Yashar, liderado por el ex jefe del Estado Mayor israelí Gadi Eisenkot, encabeza la encuesta con 23 escaños —el número más alto de cualquier partido individual, pero tres menos que en la encuesta de la semana anterior—. El Likud de Netanyahu quedó segundo con 21, un escaño más que la semana pasada. Detrás vienen B’Yachad, del ex primer ministro Naftali Bennett (11 escaños), el ultranacionalista Yisrael Beytenu (9) y la Lista Conjunta árabe (también 9). Cuatro partidos —los ultraortodoxos Shas y Judaísmo Unido de la Torá, la izquierda de Los Demócratas, y la extrema derecha de Otzma Yehudit— aparecen empatados en 8 escaños cada uno.

El respaldo de Trump: subió un escaño, y poco más

El Likud subió de 20 a 21 escaños en la semana inmediatamente posterior a que Donald Trump anunciara públicamente, el 18 de octubre, su respaldo a Netanyahu para la reelección. Es un movimiento modesto —casi nada, en términos de lo que suele reclamarse como «efecto Trump» en otras elecciones donde intervino—, y plantea una pregunta incómoda para la propia campaña de Netanyahu: si ese fue el resultado completo de que el presidente de la principal potencia aliada saliera a respaldarlo en público, ¿valió la pena el costo político de pedirlo?

El precedente que Netanyahu no olvida

Hay una asimetría real entre lo que Trump hizo y lo que Netanyahu mismo evitaría hacer al revés. En 2015, Netanyahu aceptó la invitación de republicanos del Congreso para dar un discurso atacando directamente el acuerdo nuclear que Barack Obama estaba negociando con Irán, sin coordinarlo con la Casa Blanca. Le costó caro: tensó la relación con el Partido Demócrata durante años, y quedó marcado como el ejemplo de un líder extranjero metiéndose abiertamente en la política doméstica de Estados Unidos para favorecer a un bando. Desde entonces, Netanyahu aprendió a ser mucho más cauteloso con no tomar partido público en elecciones de otros países —la razón por la que, si los roles se invirtieran, probablemente nunca haría en EEUU lo que Trump acaba de hacerle a él en Israel—.

El riesgo para Netanyahu no es solo que el respaldo haya rendido poco. Es que le da munición directa a la oposición: cualquier candidato puede usarlo para presentarlo como alguien que necesita el padrinazgo de un líder extranjero para sostenerse, justo en una elección donde cada punto de percepción de debilidad puede inclinar una balanza empatada al milímetro.

La ofensiva final: el Muro Occidental y un alcalde «bajo presión»

Ambos bandos salieron a buscar los últimos votos indecisos con gestos simbólicos. Eisenkot visitó el jueves el Muro Occidental, el lugar de oración más sagrado del judaísmo, donde recibió una recepción mixta —seguidores que lo saludaban como «el próximo primer ministro» y opositores que respondían con «Bibi, rey de Israel»—. Netanyahu, por su parte, grabó un video de campaña junto al alcalde de Kiryat Shmona, la ciudad asediada en la frontera con Líbano, que según trascendió habría accedido a aparecer «bajo presión» —un dato que, de confirmarse, no ayuda precisamente a la imagen de una campaña que necesita verse fuerte, no forzada—.

Una interferencia extranjera más, en una lista que ya viene larga

El Shin Bet informó que eliminó varias cuentas de redes sociales vinculadas a una «campaña de influencia extranjera» en el tramo final de la campaña. No es un hecho aislado: en septiembre, una investigación independiente (Golden Owl) ya había identificado una red de cerca de doce mil cuentas vinculadas a Irán, haciéndose pasar por votantes israelíes de distintos perfiles —religiosos, seculares, reservistas— para difundir desinformación electoral, incluida la falsa afirmación de que la votación se postergaría. Varias de esas cuentas fueron rastreadas hasta ubicaciones en Egipto, Yemen, Alemania y Finlandia. El episodio confirma que Israel llega a esta elección bajo un nivel de interferencia digital externa que ya no es ninguna sorpresa, sino un patrón sostenido.

La decisión está tomada, pero nadie sabe qué pasa si no hay ganador

87%
ya decidió su voto
2,4%
sigue indeciso entre bloques
60%
cree que Netanyahu debería retirarse si no forma gobierno
51-51
empate entre bloques judíos, sin llegar a 61

El 87% de los encuestados ya tomó una decisión final, y solo el 2,4% sigue indeciso entre los bloques pro y anti-Netanyahu —aunque más de un cuarto admitió haber cambiado de opinión en algún momento de la campaña—. El dato más duro para Netanyahu personalmente: casi el 60% de los israelíes consultados cree que debería retirarse de la política si no logra formar gobierno después de esta elección, frente a apenas un 29% que piensa que debería continuar. Son los mismos encuestados que, en conjunto, le dan a él y a Eisenkot un empate casi perfecto —lo que sugiere que buena parte del electorado quiere verlo competir por última vez, gane o pierda esta ronda.

Si la encuesta se confirma el martes, Israel puede terminar exactamente donde empezó: sin mayoría para nadie, con Netanyahu aferrado al cargo de forma interina mientras negocia una coalición imposible, y con la decisión sobre si reanudar o no la guerra con Irán —la misma que venimos siguiendo todo esta semana— suspendida en el limbo de un resultado que no resuelve nada. El respaldo de Trump, en ese contexto, no fue el salvavidas que necesitaba: fue apenas un escaño más, pagado con el riesgo de parecer, una vez más, el candidato que necesita que lo rescaten desde afuera.


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Fuentes: Encuesta de Zman Yisrael (14-15 de octubre de 2026, margen de error 4,4%). The Times of Israel. Arutz Sheva (cobertura de la visita de Eisenkot al Muro Occidental). Al Jazeera, Israel Hayom y AP (respaldo de Trump a Netanyahu, 18 de octubre de 2026). Jerusalem Post / investigación Golden Owl sobre interferencia digital vinculada a Irán (septiembre de 2026).

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