El mismo viernes en que Netanyahu admitió en cámara que hay que preparar la economía israelí para sanciones usando criptomonedas, su amigo de cuarenta años y presidente del Congreso Judío Mundial salió a decir que Israel «se siente como una república bananera» y que, si lo reeligen, el país «podría perder estrepitosamente».
A menos de una semana de la elección a la Knéset del martes 27 de octubre, el primer ministro Benjamin Netanyahu dijo algo que ningún candidato en campaña suele admitir en público: que Israel debería prepararse para sanciones bancarias internacionales crecientes, y que el uso de criptomonedas podría ser una forma de eludirlas. Horas más tarde, otra voz —mucho más cercana a él personalmente que cualquier rival político— salió a cuestionarlo con una dureza que no deja margen para la ambigüedad.
«Preparate para sanciones bancarias, y yo también estoy trabajando en eso»
En una entrevista con Channel 10, Netanyahu fue directo: «Hay que entender que podría haber sanciones bancarias. Necesitas preparar una economía que pueda eludirlos… y yo también estoy trabajando en eso.» Cuando el entrevistador sugirió la criptomoneda como posible salida, Netanyahu respondió afirmativamente, y agregó que había pedido a sus asesores preparar un plan para usar blockchain —el sistema descentralizado que no depende de autoridades centrales— precisamente para ese fin.
Un alto funcionario económico israelí, citado por Channel 12, no se guardó la crítica: «La idea ciertamente no alcanzará su objetivo. Incluso hablar de ello podría perjudicar la economía.» Las declaraciones llegaron apenas días después de que el Reino Unido y otros once países occidentales anunciaran sanciones contra productos de los asentamientos israelíes en Cisjordania, en respuesta a los ataques de colonos contra palestinos y la construcción masiva de asentamientos aprobada por el gobierno de Netanyahu. Aunque esas sanciones apuntan específicamente a los asentamientos, economistas consultados por The Times of Israel ya habían advertido que las repercusiones económicas podrían extenderse a Israel en su conjunto.
Netanyahu, que viene pidiendo que Israel se vuelva autosuficiente militarmente, fue más allá y dijo que los paquetes de armas multimillonarios de Washington «no seguirán llegando»: «Si crees que seguiremos recibiendo lo que aseguré dos veces —que son decenas de miles de millones de dólares en ayuda estadounidense para el presupuesto de defensa—, preparate y acostúmbrate al hecho de que ya no ocurrirá porque América ha cambiado. No porque Israel haya cambiado. Se acabó, y se acabará. Es solo cuestión de tiempo.»
La oposición no tardó en usarlo

Yair Lapid, en X, tras la entrevista de Netanyahu.
Yair Lapid, número dos del partido B’Yachad, escribió en X que Netanyahu «ahora admite, con su propia voz: si su gobierno es reelegido, la ayuda de seguridad estadounidense se agotará e Israel estará sometido a sanciones que destruirán nuestra economía y provocarán subidas de precios desmesuradas y daños irreparables.» Y planteó la alternativa en los mismos términos: «Afortunadamente para el Estado de Israel, tiene otra opción: que formemos un gobierno sensato y responsable este martes […] Solo un gobierno correctivo así garantizará la continuidad de la ayuda de seguridad y evitará sanciones que colapsen nuestra economía.»

Yair Golan, líder de Los Demócratas, en X.
Yair Golan, líder del partido Los Demócratas, fue más allá en el tono: «Netanyahu en otro espectáculo desconectado e histérico. El hombre ha perdido la cabeza […] Hay una manera muy sencilla de evitar sanciones económicas, de luchar contra el terrorismo judío que está destruyendo nuestra posición en el mundo […] Esa manera pasa el martes en las urnas, y en la formación de un gobierno nuevo sin Netanyahu, Ben Gvir y Deri.»
No es la primera vez que Netanyahu hace una admisión de este tipo y después intenta bajarle el tono. El año pasado ya había dicho que Israel enfrenta un aislamiento creciente y que debería convertirse en una «super-Esparta» autosuficiente —declaración que generó un revuelo considerable, y que luego intentó matizar destacando el apoyo que Israel todavía recibe de India y de países latinoamericanos—.
El amigo de cuarenta años que rompió el silencio
El mismo viernes, Ronald Lauder —heredero de la empresa de cosméticos Estée Lauder, presidente del Congreso Judío Mundial y confidente personal de Netanyahu desde los años 80— dio una entrevista a Haaretz con una dureza que ninguna figura de ese perfil suele permitirse en público contra un primer ministro en funciones.
Lauder calificó a Netanyahu de «un dictador —un espectáculo de una sola persona—», acusó también al ministro de Seguridad Nacional Itamar Ben Gvir y al ministro de Finanzas Bezalel Smotrich de dañar la imagen de Israel, y responsabilizó a Netanyahu por permitírselo. Dijo que, aunque nunca conoció personalmente a Gadi Eisenkot, lo respeta porque lo ve como «un ser humano real» incapaz de «mentir» —y que si tuviera que votar, aunque dice que no lo hará por «disgusto con el sistema», elegiría a Eisenkot o a Avigdor Liberman—.
Una amistad de cuarenta años con tres quiebres
Lauder conoció a Netanyahu cuando este era embajador de Israel ante la ONU en los años 80, lo conectó con el estratega republicano Arthur Finkelstein cuando se preparaba para entrar en política israelí, y organizó personalmente su despedida en Nueva York. «Éramos muy cercanos. A menudo hablábamos, reíamos, nos divertíamos […] Semanalmente, a veces a diario», le dijo a Haaretz. La relación se fue deteriorando en etapas identificables.
El relato sobre el acuerdo del Golán descansa en la palabra de Lauder, respaldada por la existencia de un documento final del cual —según él mismo— solo existen dos copias, ambas en su poder, nunca publicadas. Netanyahu ha negado públicamente, en otras ocasiones, haber aceptado ceder los Altos del Golán. Es un desacuerdo de una fuente contra la otra que, sin el documento a la vista, no puede saldarse de forma definitiva. El testimonio de Klein en el Caso 1000, en cambio, es declaración bajo juramento en un juicio en curso, con otro estatus probatorio.
Lo que más le preocupa a Lauder no es el pasado
Más allá de las heridas personales, Lauder dedicó buena parte de la entrevista a un diagnóstico sobre el presente: «Israel hoy se encuentra en una posición muy, muy difícil. Más difícil de lo que creen […] La realidad es que Israel ha perdido no solo Europa y otros lugares, sino también a la diáspora. Sí, siguen siendo leales a Israel, pero no sienten que Israel los esté protegiendo.» Como donante republicano de larga trayectoria con relaciones en los niveles más altos del partido, agregó un dato que pesa especialmente viniendo de él: «Han perdido al Partido Demócrata y están perdiendo al Partido Republicano.»
Pese a todo, Lauder cerró reafirmando su identidad: «Sigo siendo sionista hoy, sigo amando a Israel, haré todo lo posible para que tenga éxito […] Estamos en un punto de inflexión. Si la gente en Israel entra en razón, aquí habrá un buen futuro.»
Son dos golpes de naturaleza muy distinta cayendo el mismo día: uno es un error de cálculo político de Netanyahu, admitiendo en cámara el costo económico real de su propia gestión a días de la elección. El otro es el testimonio de alguien que lo conoció antes de que fuera nadie en política, descomponiendo en público cuatro décadas de amistad con el peso de quien no tiene nada que ganar inventando lo que cuenta. Juntos, ninguno le suma un voto a la campaña de Netanyahu en la recta final.
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