Sello del Departamento de Seguridad Nacional de EE.UU. en verja.

El arma de calor que el Pentágono presta a la frontera

El arma de calor que el Pentágono presta a la frontera
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Seguridad fronteriza
El arma de calor que el Pentágono presta a la frontera

El Departamento de Defensa autorizó el préstamo de un sistema de energía dirigida —un haz invisible que quema la piel para hacer huir a quien lo recibe— al Departamento de Seguridad Nacional, para evaluar su uso en la frontera sur. La misma idea ya había sido descartada en 2018 por riesgos legales y humanitarios.

El Departamento de Defensa de Estados Unidos autorizó al Departamento de Seguridad Nacional (DHS) a probar un sistema militar de energía dirigida conocido como Active Denial System (ADS) —un dispositivo que emite ondas milimétricas capaces de producir una intensa sensación de ardor sobre la piel— con la mira puesta en un eventual uso en operaciones de la frontera sur. La autorización quedó asentada en un memorando firmado por el secretario de Defensa, Pete Hegseth, al que accedió CNN.

Un préstamo de siete meses, con letra chica

El memorando, firmado el mes pasado —septiembre de 2026—, concede al DHS el préstamo temporal de un sistema ADS durante siete meses, para realizar pruebas y desarrollar procedimientos sobre un eventual uso operativo. La letra chica es importante: el documento establece explícitamente que el personal militar no operará el sistema, y que toda la responsabilidad del empleo, uso y desarrollo de tácticas recae sobre el DHS. Al concluir el período de préstamo, la agencia podrá solicitar extender su uso.

Las autoridades no precisaron dónde ni cómo se realizarán las pruebas, ni en qué circunstancias podría llegar a usarse el dispositivo si finalmente se incorpora a las operaciones fronterizas. Un portavoz actual de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP) se limitó a decir que la agencia «evalúa constantemente nuevas tecnologías que mejoren su eficacia operativa».

Cómo funciona: el principio del microondas, pero en la piel

Sistema V-MADS (Vehicle-Mounted Active Denial System)

El V-MADS (Vehicle-Mounted Active Denial System): montado sobre un vehículo, no es portátil.

El sistema no es portátil: va montado sobre un vehículo designado, por lo que también se lo conoce como V-MADS (Sistema de Denegación Activa Montado en el Vehículo). Su funcionamiento es, en esencia, el mismo principio de un horno microondas doméstico, pero aplicado de una forma muy distinta. Así como un microondas usa un magnetrón para calentar comida, el V-MADS usa un girotrón que emite ondas milimétricas a 95 GHz con ayuda de un reflector, dirigidas mediante un joystick por un operador que ve el objetivo a través de una cámara diurna o infrarroja nocturna.

Por qué no es lo mismo que un microondas

Un microondas doméstico funciona a 2,45 GHz, con una longitud de onda de unos 12 cm, que penetra decenas de milímetros en el tejido. El ADS funciona a 95 GHz —una longitud de onda de apenas 3,15 mm, del grosor de una pila de 30 hojas de papel—, lo que hace que solo penetre los 0,4 milímetros superiores de la piel: unas 30 a 40 veces menos profundo que una microonda convencional. Esa diferencia es, según sus desarrolladores, la clave de su carácter «no letal»: la energía alcanza para excitar las moléculas de agua de la superficie de la piel y generar una sensación intolerable de ardor, pero no tiene la profundidad para dañar tejido en serio ni es ionizante —no interrumpe procesos a nivel celular—.

El objetivo del sistema, dicho sin vueltas, es desencadenar una respuesta refleja de huida: la persona expuesta al haz siente un calor insoportable, similar al de un horno al abrirse, y se aleja instintivamente de la zona. El efecto suele desaparecer entre 10 y 15 minutos después de terminada la exposición.

Lo que dicen las pruebas de décadas

Los estudios sobre exposición a ondas milimétricas vienen de lejos —el primero data de 1947, de los investigadores Morit y Henriques, centrado en el calentamiento intenso de la piel por radiación—. En las pruebas de laboratorio modernas, los sujetos se exponen a un pequeño punto de ondas milimétricas y se mide el tiempo que tardan en sentir el hormigueo y alejarse por reflejo. Según esos estudios, el efecto en la inmensa mayoría de los casos se limita a enrojecimiento e irritación cutánea. Pero no es sin excepciones: de los cientos de personas estudiadas y las miles de exposiciones probadas, ocho sufrieron quemaduras de segundo grado, con una ampolla del tamaño de un guisante.

No es la primera vez que se lo propone para la frontera

Esta no es una idea nueva. Según funcionarios actuales y retirados de la CBP, el sistema se discutió en años anteriores como herramienta para dispersar grupos numerosos de migrantes, aunque nunca llegó a desplegarse en la frontera. De hecho, el sector El Centro de la Patrulla Fronteriza ya lo había evaluado hace varios años —cuando Rodney Scott, hoy comisionado de la CBP, dirigía ese sector— para ver si servía ante los cruces por el río.

2018: la misma propuesta, descartada

Antes de las elecciones de medio término de 2018, funcionarios de la CBP ya habían considerado usar el ADS contra migrantes en la frontera. La entonces secretaria de Seguridad Nacional, Kirstjen Nielsen, descartó la propuesta por preocupaciones legales, de uso proporcional de la fuerza y de seguridad —en particular, el riesgo de empujar a personas hacia zonas peligrosas, como ríos—. Un ex funcionario del DHS lo resumió entonces con una frase que hoy vuelve a ser relevante: el problema de fondo era tratar a inmigrantes y ciudadanos como combatientes enemigos, algo que los tratos inhumanos suelen terminar rechazando por sí solos.

Un ex funcionario de la CBP consultado ahora planteó la misma tensión en otros términos: aunque se persiga a alguien hasta el río, no se lo quiere ahogar — y preguntó, además, si vale la pena el costo, la capacitación y el marco de políticas que exigiría desplegar algo así. Según otro ex funcionario, incluso hay agentes de la Patrulla Fronteriza que dudan de que la herramienta sea necesaria, dado que los cruces fronterizos están en niveles bajos y el personal desplegado ya aumentó.

Un arma con un historial de usos que nunca llegaron a ocurrir

7 meses
duración del préstamo del DHS
95 GHz
frecuencia de las ondas milimétricas
0,4 mm
profundidad máxima de penetración en la piel
2018
año del primer intento, descartado

El ADS tiene casi dos décadas de historia, y lo que más llama la atención es cuántas veces estuvo cerca de usarse y, en los hechos, nunca se usó. Se desplegó brevemente en Afganistán hace casi veinte años, pero jamás se empleó en combate activo. Se evaluó también para el control de disturbios dentro de Estados Unidos —incluidas las protestas de 2020 tras el asesinato de George Floyd— y para instalaciones en el extranjero que alojaban detenidos por terrorismo. En ningún caso llegó a desplegarse realmente.

Esa es, quizás, la clave para entender lo que significa esta nueva autorización: no es la primera vez que el sistema recibe luz verde administrativa para una prueba o una evaluación. Lo que sí sería nuevo, si finalmente ocurre, es el primer uso operativo real del ADS contra población civil en territorio estadounidense —algo que en 2018 un gobierno del mismo signo político decidió no autorizar, por las mismas razones legales y humanitarias que hoy vuelven a estar sobre la mesa, sin que el memorando de Hegseth las resuelva—.

Queda abierta la pregunta de siempre con este tipo de tecnología «no letal»: ¿quién garantiza que una herramienta diseñada para quemar la piel y provocar una huida instintiva no termine empujando a alguien, literalmente, hacia el río que se quería evitar? El memorando resuelve quién es responsable en el papel —el DHS, no el Pentágono—. No resuelve nada de lo que en 2018 bastó para frenarlo.


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Fuentes: CNN (memorando firmado por el secretario de Defensa Pete Hegseth). Declaraciones de funcionarios actuales y retirados de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP). Antecedentes de 2018 bajo la entonces secretaria de Seguridad Nacional Kirstjen Nielsen. Estudios sobre exposición a ondas milimétricas (Morit y Henriques, 1947, y estudios clínicos posteriores sobre el Active Denial System).

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