Con más del 98% escrutado, ningún bloque llega a los 61 escaños. Lo que decide ahora quién gobierna Israel no son los votos, sino si Eisenkot, Bennett y Liberman están dispuestos a romper su promesa de no depender de los partidos árabes — que sacaron una cifra récord.
A medida que los resultados de las elecciones del martes 27 de octubre a la Knéset siguen llegando, lo único que queda claro es que ningún bando tendrá suficientes votos para formar un gobierno mayoritario por sí solo. La pregunta de quién será el próximo primer ministro de Israel sigue abierta — y la respuesta depende, en última instancia, de tres hombres y de una promesa de campaña que todos juraron no romper.
El resultado que deja a todos cortos
Con más del 98% de los votos contabilizados, el Likud de Benjamin Netanyahu tiene 26 escaños, y su bloque completo de partidos de derecha y ultraortodoxos suma 53 — lejos de los 61 necesarios para gobernar en el parlamento de 120 bancas. Yashar, el partido del exjefe del Estado Mayor Gadi Eisenkot, se perfila como la segunda fuerza con unos 21 escaños, y el «bloque de cambio» sionista antinetanyahu que lidera llega a 48 — también a mitad de camino de la mayoría. Los partidos árabes de Israel, a los que referentes clave de ambos bloques han dicho que no incluirían en una coalición, están en camino de sumar 19 escaños en conjunto: un récord histórico, y la llave que podría definir si la oposición logra desplazar a Netanyahu.
El proceso formal por el cual cada partido mantiene consultas con el presidente Isaac Herzog para recomendar un candidato a primer ministro comenzaría la semana próxima. Con una participación del 77,7% —la más alta desde 1999, según funcionarios electorales—, los analistas coinciden en un punto: la aritmética puede obligar a los líderes políticos a romper promesas solemnes hechas en plena campaña.
Tres caminos posibles
1. Un gobierno minoritario apoyado desde afuera por los partidos árabes
Todos los partidos del bloque de cambio, salvo Los Demócratas de Yair Golan, prometieron durante la campaña no formar gobierno con partidos árabes —aunque Mansour Abbas, líder de la facción islamista Ra’am, ya rompió ese tabú integrando una coalición diversa en 2021-2022, y vuelve a ofrecerse ahora. «Está claro que esta está emergiendo como una opción matemática y políticamente», dijo Yohanan Plesner, presidente del Instituto de la Democracia de Israel, a la Agencia Telegráfica Judía el miércoles 28 de octubre. Pero advirtió: «Obviamente no solo es una violación de las promesas de campaña, sino que creo que la opinión pública israelí está profundamente despreparada para tal opción». La tolerancia a trabajar con un partido islamista disminuyó notablemente desde el ataque liderado por Hamás el 7 de octubre de 2023.
Una variante de este escenario sería un gobierno minoritario formal —Yashar, B’Yachad (de los ex primeros ministros Naftali Bennett y Yair Lapid), Yisrael Beytenu de Avigdor Liberman y Los Demócratas— que gobierne sin mayoría propia pero con el respaldo externo de los partidos árabes en votaciones clave, sin que estos integren el gabinete. Esa combinación le daría al bloque de cambio hasta 67 escaños cuando se cuenta ese apoyo a distancia. Incluso este paso más moderado fue rechazado por Liberman, aunque el profesor Jonathan Rynhold, del Departamento de Estudios Políticos de la Universidad Bar-Ilan, no lo descarta: «Aunque Liberman ha dicho que no a esa opción, podría decir que sí si es el primer ministro». Del otro lado, los partidos árabes —en especial la Lista Conjunta— podrían exigir concesiones que el propio Eisenkot encuentre difíciles de aceptar.
2. Un gobierno de unidad
Un repaso rápido del mapa político post-electoral muestra que los partidos de centro-derecha —desde el Yashar de Eisenkot hasta el Yisrael Beytenu de Liberman, pasando por Likud y B’Yachad— concentran gran parte de los escaños. Un escenario posible es que algunos de ellos, pese a ser declarados enemigos políticos, terminen uniendo fuerzas. «Creo que quizá sea más probable que haya negociaciones serias en torno a un gobierno de unidad», dijo Plesner. «Imagino que Netanyahu preferiría la unidad basada en formar una coalición con todos sus miembros del bloque y luego atraer a uno de los partidos del bloque de cambio a su gobierno» —lo que implicaría mantener a los partidos ultraortodoxos Shas y Judaísmo Unido de la Torá, además de las formaciones de extrema derecha de Itamar Ben-Gvir y Bezalel Smotrich.
Plesner cree, sin embargo, que los partidos del bloque de cambio presionarían por un «gobierno de unidad real», en el que Netanyahu «renuncie a uno de los partidos de extrema derecha que ha causado muchos desafíos para la imagen internacional de Israel, o quizás a un partido ultraortodoxo que se ha negado a aprobar una ley de reclutamiento militar» —en referencia a la ley que obligaría a más hombres jaredíes a prestar servicio militar, del que tradicionalmente están exentos. Eso, según Plesner, crearía una «opción sionista y más centrista»: «Creo que esto es algo con lo que la opinión pública israelí podría convivir e incluso preferiría, pero no puedo decir nada sobre la viabilidad política de ello».
3. Nuevas elecciones
El bloque de cambio se presentó explícitamente para reemplazar a Netanyahu, y buena parte de sus votantes se sentiría traicionada ante una repetición electoral. En su discurso de la noche del martes, el propio Eisenkot lo dijo sin rodeos: «Tras unas elecciones con una participación electoral tan alta, sería un error celebrar otra elección». Aun así, sin que ningún bloque alcance la mayoría y con desacuerdos ideológicos profundos entre los partidos, una nueva ronda electoral podría terminar siendo el desenlace más probable. Para Netanyahu en particular, dejar que el proceso se estire mientras él permanece como primer ministro interino hasta la próxima votación podría ser, según Plesner, el resultado más favorable para su propia supervivencia política.
Israel ya transitó este guion. En 2019, el bloque de Netanyahu tampoco logró mayoría, y el país encadenó una serie de elecciones que culminaron en marzo de 2021, cuando una alianza de centro-izquierda liderada por Bennett y Lapid finalmente lo desplazó del poder. La elección de noviembre de 2022 lo devolvió a la jefatura de gobierno. «Realmente no sé cuál es el camino a seguir ahora», dijo Gideon Rahat, politólogo de la Universidad Hebrea de Jerusalén. «Si estuviéramos hablando de hace 10 años, diría que podría ocurrir algo más, un gobierno de unidad o quizás una solución diferente. Pero dado el arraigamiento político en este momento, podría dirigirse el país a otra ronda de elecciones». Plesner, en cambio, deja una puerta abierta a lo imprevisible: «No me sorprendería que en las próximas semanas surgieran todo tipo de ideas que no hemos pensado antes», y calcula que podrían pasar «semanas y quizás meses» antes de que se defina el próximo primer ministro.
Tres hombres, una llave
Lo que los números casi finales muestran sin ambigüedad es que una clara mayoría de israelíes votó por partidos contrarios a que Netanyahu continúe en el poder. Pero el primer ministro podría mantenerse de todos modos —no porque sus opositores carezcan de los votos para reemplazarlo, sino porque algunos de ellos se niegan a reconocer a los legisladores árabes como socios políticos legítimos. Los partidos árabes manifestaron su disposición a colaborar en un cambio de gobierno; lo que falta es que Eisenkot y sus posibles socios reviertan sus propias promesas de campaña de no depender de ellos. Sin ese apoyo, la oposición sionista no tiene los números para asegurar una mayoría parlamentaria.
En ese sentido, si Netanyahu sigue o no en el poder podría terminar decidiéndolo, en última instancia, la disposición de solo tres hombres —Eisenkot, Bennett y Liberman— a cooperar con los partidos árabes para reemplazarlo. Si el bloque antinetanyahu se niega a esa cooperación, las únicas alternativas visibles son nuevas elecciones o un gobierno de unidad con el propio Netanyahu: ambos desenlaces lo dejarían en el poder, al menos en el corto plazo, y ambos podrían generar una reacción airada entre los votantes que acudieron en números extraordinarios buscando un cambio, solo para verlo diluirse.
La oferta árabe y el desafío de Golan
El miércoles 28 de octubre, la Lista Conjunta ofreció formalmente su apoyo a un gobierno alternativo fuera de la coalición. Su presidente, Yousef Jabareen, prometió usar la nueva fuerza parlamentaria de su facción para destituir a Netanyahu: «Cualquiera que quiera ofrecer una alternativa sustantiva y genuina al gobierno de sangre de Netanyahu tendrá que hablar con nosotros para allanar el camino al cambio que anhela el público israelí», dijo al Canal 13, prometiendo «aprovechar el poder político» para sacar del gobierno a Netanyahu, Ben Gvir y Smotrich. Pese al éxito electoral sin precedentes de los partidos árabes, su capacidad de traducir esa fuerza en poder real depende, de nuevo, de si Eisenkot, Bennett y Liberman están dispuestos a revertir su rechazo declarado. Bennett y Liberman ya integraron un gobierno con Ra’am en el pasado —con Bennett como primer ministro— pero esta vez prometieron no volver a sentarse con partidos árabes.
El líder de Los Demócratas, Yair Golan —la única excepción dentro del bloque de cambio que no descartó esa cooperación— instó públicamente a sus eventuales socios a aceptarla, desafiando lo que calificó de doble estándar racista de Netanyahu: tratar a los legisladores árabes como ilegítimos mientras depende de partidos ultraortodoxos no sionistas que promueven exenciones del servicio militar. «Si Netanyahu insiste en contar solo con una mayoría sionista, que primero resten de su propio bloque a los 16 miembros de la Knéset de los partidos jaredíes no sionistas. No nos predicarán sobre el sionismo», escribió Golan en X el miércoles, remarcando además que Ra’am respalda públicamente el servicio nacional universal, bajo el cual los ciudadanos árabes podrían optar entre servicio civil y militar. «Tenemos mayoría. Tenemos responsabilidad. Y tenemos la oportunidad de formar un gobierno de cambio en asociación con los ciudadanos árabes de Israel», sostuvo, reclamando el fin de «la división racista de Netanyahu entre los votos judíos y los árabes».
Las alternativas conllevan riesgos considerables para Eisenkot y sus posibles socios. Una nueva elección no garantiza repetir la participación extraordinaria del martes, en especial entre votantes árabes y las decenas de miles de israelíes que viajaron desde el exterior para votar. Los votantes frustrados también podrían castigar a los líderes opositores a los que responsabilicen de haber desperdiciado la oportunidad de reemplazar a Netanyahu. Un gobierno de unidad con él, por su parte, traicionaría la premisa central de la campaña de Eisenkot y pondría en riesgo su apoyo público —además de evocar el precedente incómodo de la decisión de Benny Gantz, en 2020, de entrar en un gobierno rotativo con Netanyahu que se derrumbó antes de que Gantz llegara a asumir como primer ministro.
Una encuesta realizada entre votantes del bloque opositor encontró que más del 61% quiere que Eisenkot forme gobierno con Ra’am. Solo el 20% de esos votantes prefiere ir a nuevas elecciones, el 12% se inclina por un gobierno con alternancia en el cargo de primer ministro junto a Netanyahu, y apenas el 7% favorece un gobierno con los partidos ultraortodoxos. Es un dato que tensiona directamente la posición pública de dirigentes como Liberman y Bennett, que rechazan la opción que la mayoría de su propio electorado parece preferir.
Los discursos de la noche electoral
Apenas se conocieron las proyecciones de las encuestas a pie de urna, tanto Eisenkot como Netanyahu hablaron ante sus seguidores. A continuación, ambos discursos completos.
Estoy ante ustedes profundamente conmovido. Esta mañana el pueblo de Israel celebró un referéndum sobre quién liderará este país en los próximos años. Esta noche tenemos nuestra respuesta.
El público ha elegido el cambio. La coalición de fracasos ha perdido la confianza del pueblo. El público israelí votó en contra de que Benjamín Netanyahu continuara como primer ministro.
Siguen siendo solo encuestas a pie de urna, y debemos esperar los resultados reales. Pero esto ya está claro: Netanyahu se enfrenta esta noche a una mayoría sionista y nacional que es mayor y fuerte que la suya. Una mayoría decisiva entre el público en general, y entre quienes sirven y trabajan.
Un líder digno de ese nombre aceptaría el veredicto del pueblo y anunciaría hoy que abandona la vida política.
Después de elecciones con una participación tan alta, sería un error acudir a otra elección. Es nuestro deber, y mi deber personal, hacer todo lo posible para cumplir la voluntad del pueblo.
Millones de israelíes ya están hartos de la cultura de las mentiras, del fracaso, de la división y de la incitación.
A los millones que hoy votaron por la conscripción para todos, por un nuevo liderazgo, les prometo: haré todo lo que esté en mi mano para formar un gobierno sionista que reclute a todos.
Mi intención, y la del equipo de Yashar, es representar a todos los israelíes. Cuando fundé Yashar, cuando aún estaba en encuestas de cifra individual, esta era la visión que tenía delante. Construimos un partido ampliamente confiable entre el público —secular, religioso y tradicional; derecha, izquierda y centro—. Un partido que ofrece un gobierno alternativo serio.
Trabajaré con mis socios para asegurar que la decisión del pueblo se traduzca en un gobierno sionista: estable y bueno para todos los ciudadanos de Israel. Y rápido —porque eso es lo que exige este momento, y porque el país necesita ser reunido de nuevo.
Este será un gobierno fiel a los principios que he expuesto desde siempre: el reconocimiento de Israel como un estado judío y democrático, comprometido con los valores de la Declaración de Independencia, comprometido con la aprobación de una ley de servicio para todos y comprometido con el desmantelamiento de Hamás.
Cambiaremos las prioridades de este país y pondremos a Israel de nuevo en el rumbo. Aportaremos un liderazgo que una y un liderazgo digno del cargo. No buscaremos derrotar a un bando u otro, porque somos un solo pueblo —y un pueblo merece un gobierno que respete y vea cada parte de él.
Los desafíos que se enfrentan son inmensos: en seguridad, en la economía y en asuntos que afectan a nuestra propia supervivencia. Israel necesita un liderazgo estable y responsable.
Esta noche quiero hablar directamente con todos los jefes del aparato de seguridad y de la administración pública. Netanyahu es un primer ministro interino, sin mandato y sin la confianza del público. Recuerda que solo sirves al Estado y a los intereses de los ciudadanos de Israel. Mantente firme ante cualquier intento de presionarte. Tienes todo mi respaldo.
Y Netanyahu —no te atrevas a usar la seguridad de Israel para tus propios fines políticos.
A todos los israelíes les digo esto ahora: puedo prometer que la era de la evasión del servicio militar, del fracaso y de las mentiras ha terminado. La era de nosotros y ellos se acabó. Trabajaré para representar a todos los sectores de la sociedad israelí —tanto a quienes votaron por Yashar como a quienes no.
Demostraremos que esto no es la victoria de un bando sobre otro, sino una victoria para todo Israel. Ahí es donde realmente comienza nuestro nuevo camino. La división y la incitación innecesaria que se convirtieron en parte de nuestra vida diaria han terminado.
Israel se dirige hacia una nueva era —una era de esperanza, de responsabilidad mutua, de compañerismo. Todo lo que tuvimos y volveremos a tener. Estoy decidido a que así sea.
Antes de terminar, déjenme darles las gracias. A todos los que votaron Yashar y pusieron nuestro papel en las urnas. A todos los que depositaron su confianza en mí y recorrieron este largo camino conmigo. A los activistas y voluntarios de Metula a Eilat, que aman a esta gente y a esta tierra —que colgaron los carteles, que lucharon por cada voto, que cruzaron este país sin parar, bajo la lluvia y bajo el sol abrasador.
Que entregaron su corazón y su alma por el bien de Israel. Gracias a todos.
Gracias. Gracias, miembros del Likud, activistas… miembros de la destacada lista del Likud. Y gracias, miembros del gobierno.
Con decisiones valientes, junto con un público israelí que se mantuvo firme y gracias a nuestros heroicos soldados, hicimos maravillas que cambiaron el rostro de Oriente Medio. Eliminamos a Deif, Haniyeh, Sinwar, Nasrallah, Khamenei. Establecimos zonas de seguridad en lo profundo de Gaza, en Líbano, en Siria. Eliminamos una amenaza existencial inmediata que nos pesaba: el peligro de la destrucción inmediata. Atacamos al régimen iraní y lo llevamos al borde del abismo. Irán está más débil que nunca, Israel es más fuerte que nunca.
Gracias a ti. Gracias a nuestros soldados heroicos. Gracias a nuestra gente inquebrantable. Gracias a las valientes decisiones que tomamos.
Y aun así, amigos míos, sigo diciéndoles —esto aún no ha terminado. Porque mientras ese régimen fanático exista, un régimen que ha inscrito en su estandarte, que ha definido el propósito mismo de su existencia como la destrucción de la nuestra, intentará de nuevo aniquilarnos. Y está en nuestro poder, junto con nuestro maravilloso amigo el presidente Trump, eliminar esta amenaza de una vez por todas.
Amigos, esto es solo el principio. Solo el principio.
Seguimos esperando los resultados finales, que tendremos durante uno o dos días, si Dios quiere.
Aquí se han aclarado dos cosas. La primera es inequívoca: Likud es el partido más grande de Israel.
¿Recuerdan cómo los canales de propaganda generaron la conciencia pública? Likud con 18 escaños, 19 escaños. Sabían todo el tiempo que era mentira. Intentaban desmoralizarte para que no fueras a las urnas. Eso es lo que ocurrió aquí. Bueno, lo primero que ha quedado claro, sin lugar a dudas, es que el Likud es el partido más grande de Israel. No hay duda.
Y la segunda cosa que se ha hecho evidente… es que el bloque de derechas tiene una mayoría clara y decisiva entre el público sionista, entre el público judío y entre todos los que apoyan al Estado judío. Eso es lo que ha quedado claro. Una mayoría decisiva.
Y por eso dije, y repito, que debemos formar un gobierno nacional, fuerte y de derechas. Eso es lo que hay que hacer.
Simplemente está prohibido poner en peligro a Israel y formar un gobierno que se base en partidos árabes antisionistas. Partidos que se oponen a nuestra propia existencia, que ven a Hamás como una organización benéfica, que llaman a nuestros soldados criminales de guerra.
Ambos discursos describen la misma elección con marcos casi opuestos, y conviene leerlos como lo que son: discursos de campaña en la noche de un resultado todavía incierto, no relatos neutrales de los hechos. Eisenkot presenta el resultado como un mandato inequívoco de cambio y pide a Netanyahu que renuncie; Netanyahu, con los mismos números parciales sobre la mesa, sostiene que «el bloque de derechas tiene una mayoría clara y decisiva» —una lectura que depende de no contar a los partidos árabes como parte legítima del electorado sionista, algo que Golan cuestionó explícitamente horas después. Los méritos atribuidos a la gestión de seguridad de Netanyahu (la eliminación de figuras de Hamás y Hezbolá, el debilitamiento de Irán) son afirmaciones del propio primer ministro sobre su gestión, no hechos verificados de forma independiente en esta nota, y se presentan aquí como parte de su discurso, no como balance objetivo de la guerra.
La opción de repetir los comicios está sobre la mesa, pero juega en contra del bloque opositor, que no tiene garantías de repetir una participación tan alta la próxima vez. Y por eso mismo es la carta que más le conviene a Netanyahu: no necesita ganar la próxima elección mañana, solo necesita que no haya próxima elección por un rato, mientras sigue siendo primer ministro interino. Las cartas están sobre la mesa. Falta ver quién se anima a jugarlas.
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