El próximo 25 de octubre, Brasil elige presidente en una segunda vuelta que hace apenas una semana parecía definida y hoy es un empate técnico. El candidato no es Jair Bolsonaro, condenado por intentar un golpe de Estado y bajo arresto domiciliario, sino su hijo Flávio. Del otro lado, un Lula de 80 años busca un cuarto mandato no consecutivo.
El 4 de octubre, ninguno de los dos candidatos alcanzó la mayoría necesaria para ganar en primera vuelta: Flávio Bolsonaro sumó algo más de 56 millones de votos y Lula da Silva unos 53,7 millones, con tres candidatos menores —Augusto Cury, Ronaldo Caiado y Renan Santos— repartiéndose el resto y negándose, los tres, a respaldar a ninguno de los dos finalistas de cara al balotaje. El propio Lula calificó el resultado de «inesperado», porque esperaba cerrar la elección de entrada.
¿Por qué Flávio y no Jair Bolsonaro?
La ausencia de Jair Bolsonaro de la boleta no es un detalle menor: el expresidente fue condenado por intentar un golpe de Estado para subvertir la democracia tras su derrota electoral de 2022, y el juez de la Corte Suprema Alexandre de Moraes ordenó su arresto domiciliario. Con el padre inhabilitado para competir, la candidatura quedó en manos de Flávio, senador de 45 años, aliado declarado de Donald Trump, que se presentó directamente como la continuidad del proyecto político familiar. Tras el resultado de primera vuelta, Flávio lo definió sin matices: «el fin de la era del Partido de los Trabajadores».
La ventaja que se derrite semana a semana
El escenario, hasta hace pocos días, parecía bastante más favorable para Bolsonaro. La encuesta de Datafolha del 8 de octubre lo tenía en 49% contra 45% de Lula, una brecha de cuatro puntos. Una semana después, el 15 de octubre, esa misma brecha se redujo a la mitad: 47% a 45%, dentro del margen de error de la propia encuesta.
- Datafolha (15/10, 2.520 entrevistados, margen de error 2%): Flávio Bolsonaro 47% — Lula 45% — blanco/nulo 6% — indecisos 2%.
- Quaest (14/10, 2.154 entrevistados, margen de error 2%): Flávio Bolsonaro 46% — Lula 44% — nulos/no votarán 9% — indecisos 1%.
En ambos casos, con un margen de error de dos puntos y una diferencia de apenas uno o dos puntos entre los candidatos, el resultado se ubica en terreno de empate técnico antes del cierre de la campaña.
Un país dividido por género, educación y geografía
Las encuestas muestran un Brasil partido en capas bien definidas. El voto femenino acompaña mayoritariamente a Lula, mientras el masculino se vuelca hacia Bolsonaro. Entre votantes con educación básica, Lula saca ventaja; en los sectores de educación media y superior, gana Bolsonaro. Geográficamente, Bolsonaro domina en el Norte, el Sur, el Sudeste y el Centro-oeste, mientras que Lula concentra su fortaleza en el Nordeste, su bastión histórico desde que irrumpió en la política nacional.
Lo que pesa sobre cada candidato
Ninguno de los dos llega limpio a esta recta final. Casi la mitad de la población brasileña desaprueba directamente al clan Bolsonaro, y una proporción similar rechaza al Partido de los Trabajadores de Lula. Del lado de Lula, pesan el costo de vida —el mismo problema que erosiona gobiernos de todo signo político en la región— y un escándalo en desarrollo alrededor del juez Alexandre de Moraes, señalado por supuestos pedidos de asesoramiento legal al banquero Daniel Vorcaro, del Banco Master, hoy bajo la lupa judicial. Del lado de Bolsonaro, la sombra most evidente es la condena de su propio padre por el intento de golpe de Estado de 2022-2023, un antecedente que Lula va a explotar en campaña hasta el último día.
El resultado del domingo no es solo una cuestión doméstica. Una victoria de Bolsonaro probablemente acercaría a Brasilia hacia Washington, en sintonía con la alianza que Flávio ya cultiva con Trump. Una victoria de Lula, en cambio, mantendría la distancia estratégica que caracterizó a su gobierno respecto a Estados Unidos, y probablemente profundizaría los lazos comerciales con China, ya consolidados como el principal socio comercial de Brasil en los últimos años.
La pelea final es por los votos que sobraron
Con 7,5% de los votos de primera vuelta repartidos entre tres candidatos que decidieron no bajar línea a favor de ninguno de los finalistas, y una abstención histórica del 21%, la elección del domingo se va a definir, en gran medida, por quién logre capturar esos votos dispersos y esos indecisos que todavía no se definieron en las últimas encuestas. Ambos candidatos necesitan, además, hacer concesiones hacia el electorado del otro para sumar ese margen final —algo que ninguno de los dos mostró demasiada disposición a hacer hasta ahora.
Hace apenas dos semanas, buena parte del análisis político daba por hecho que Brasil giraba de nuevo hacia la derecha con comodidad. Hoy, con la brecha reducida a la mitad en solo siete días y con la mitad del electorado rechazando a cada uno de los dos candidatos, la única certeza real es que el domingo se va a definir en el filo, no en el colchón que las encuestas de hace diez días hacían suponer.
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