Israel pagó 1,5 millones de dólares mensuales a la empresa del exdirector de campaña de Trump para mejorar su imagen entre jóvenes conservadores estadounidenses — y hasta para influir en cómo la inteligencia artificial describe la guerra. La operación terminó chocando de frente con los propios objetivos de paz de la Casa Blanca.
Un alto funcionario estadounidense vinculó a Brad Parscale, exdirector de campaña de Donald Trump, con una operación de redes sociales que denunciaba el alto el fuego entre Estados Unidos e Irán, según reveló Time en una extensa investigación. El hallazgo no fue casual: tras el acuerdo de tregua del 17 de junio, los propios asesores de Trump esperaban que sus seguidores lo celebraran — pero en cambio, una ola de influencers vinculados al movimiento MAGA lo denunció en redes, con publicaciones que aparecieron casi simultáneamente y con un lenguaje llamativamente similar entre sí.
Un funcionario, sospechando que no era coincidencia, empezó a recopilar capturas de pantalla y terminó rastreando el patrón hasta Parscale.
El contrato: 100 piezas de contenido al mes
Según documentos presentados ante la Ley de Registro de Agentes Extranjeros (FARA) que Time revisó, la agencia global de publicidad Havas contrató en septiembre a Clock Tower X, la empresa de Parscale, para ejecutar una campaña digital en nombre de Israel. El acuerdo comprometía a producir 100 piezas originales de contenido cada mes, con al menos el 80% dirigido específicamente a audiencias de la Generación Z en TikTok, Instagram, YouTube y podcasts.
El acuerdo también incluía la «integración de mensajes narrativos» en las propiedades de Salem Media Network —la cadena cristiana conservadora donde el propio Parscale se desempeña como director de estrategia— y en otros canales de distribución alineados. Públicamente, la campaña se presentó como un esfuerzo para combatir el aumento del antisemitismo en línea.
El objetivo que no aparecía en los papeles
Pero según un funcionario del Ministerio de Asuntos Exteriores israelí citado por Time, el verdadero propósito estratégico era otro: «evitar que los jóvenes conservadores se vuelvan contra Israel». Parscale se presentó a sí mismo como especialmente posicionado para esa tarea, apoyándose en su experiencia liderando la operación política de Trump y en lo que describió como su comprensión tanto de la arquitectura de internet moderna como del movimiento político que el propio Trump construyó.
El punto más inquietante: influir en la IA
Uno de los objetivos más llamativos del acuerdo, según la documentación de FARA revisada por Time, era influir en cómo herramientas de inteligencia artificial —nombrando específicamente a ChatGPT de OpenAI, Claude de Anthropic y Gemini de Google— caracterizaban a Israel y a la guerra en curso. Es un objetivo que excede por completo el terreno tradicional de una campaña de relaciones públicas: apunta directamente a moldear la fuente de información que millones de personas ya consultan a diario para entender un conflicto en tiempo real.
La defensa de Parscale
Consultado por Time, Parscale reconoció que la operación buscaba evitar que los jóvenes conservadores se alejaran de Israel, pero negó tajantemente cualquier responsabilidad en inclinar la opinión pública en contra de los objetivos de Trump.
Sin embargo, tres personas familiarizadas con la campaña describieron a Time una operación de mensajería gestionada a través de una red de empresas interconectadas supervisadas por Parscale o por firmas que él mismo posee o creó —entre ellas, Campaign Nucleus e Influenceable, esta última donde hoy mantiene una participación minoritaria—. Según esas fuentes, los influencers conservadores debatían en chats privados de grupo qué lenguaje usar en sus publicaciones, y recibían compensación en función de las impresiones e interacción que generaba su contenido.
Parscale sostuvo ante Time que ningún dinero del contrato registrado en FARA se usó para pagar a los influencers, ya que hacerlo habría requerido revelar el origen de esa financiación. También reconoció que otras organizaciones cristianas contrataron a sus empresas para apoyar a Israel tras el 7 de octubre, aunque se negó a identificarlas ante la revista.
Cuando el cliente se queja del resultado
Lo llamativo es que ni siquiera el propio gobierno israelí —que además contrató directamente a Parscale para mejorar su posición entre conservadores— quedó satisfecho con el resultado final.
Los números que Parscale usa para defenderse
El propio Parscale argumentó que la campaña buscaba evitar que «los enemigos de Israel y Occidente» abrieran una brecha entre el país y los estadounidenses que tradicionalmente lo apoyaron —sobre todo en la derecha política—, algo que según él ya habían logrado hacer en sectores de la izquierda.
Por qué la Casa Blanca terminó frustrada igual
Pese a esos números, funcionarios de la Casa Blanca quedaron frustrados por otro motivo, según Time: lo que había arrancado como una campaña para sostener el apoyo de la derecha estadounidense hacia Israel terminó convirtiéndose en una maquinaria de influencia que chocó de frente con los propios intereses políticos de Trump, en la medida en que sus objetivos bélicos y los de Netanyahu empezaron a divergir. Los funcionarios llegaron a creer que el propio ecosistema mediático que Parscale había prometido construir terminó amplificando argumentos que socavaban los esfuerzos de Trump para poner fin a la guerra con Irán.
Tanto la oficina de Netanyahu como un vocero de la Casa Blanca declinaron hacer comentarios ante Time; este último agregó que la administración «desconocía la campaña» — una afirmación que resulta llamativa considerando que fue un alto funcionario estadounidense quien originalmente rastreó el patrón hasta Parscale.
Lo que muestran las encuestas de fondo
Más allá de la disputa puntual sobre la campaña, los datos generales de opinión pública citados por Time a través del Pew Research Center pintan un panorama de erosión sostenida: la imagen favorable tanto de Israel como de Netanyahu viene cayendo desde 2025.
A ese deterioro se suma un dato final, quizás el más grave de toda la investigación: los incidentes antisemitas en todo el mundo aumentaron un 34% desde el inicio de las operaciones militares «Roaring Lion» y «Epic Fury», el 28 de febrero, según datos del Centro de Investigación del Antisemitismo del Movimiento de Combate al Antisemitismo citados por Time. Es decir: incluso con una campaña de millones de dólares mensuales oficialmente diseñada para «combatir el antisemitismo en línea», el fenómeno que decía combatir creció durante el mismo período en que la operación estuvo activa.
Lo que queda, en definitiva, es una operación que prometía blindar la relación entre Israel y la derecha estadounidense joven, y que terminó, según las propias fuentes de la Casa Blanca, erosionando esa misma relación desde adentro — mientras el gobierno que la pagó tampoco quedó conforme con el resultado.
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