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Discurso completo de Alemania ante la ONU
Transcripción completa del discurso pronunciado por el ministro de Asuntos Exteriores, Johann Wadephul, el 26 de septiembre de 2026.
Señor Presidente, Excelencias, Damas y Caballeros, imagínense si las empresas privadas desarrollaran las armas nucleares, si las existencias estuvieran en las instalaciones de las empresas, y los códigos de lanzamiento estuvieran en una caja fuerte del director. Esa idea es estremecedora.
Cuando la tecnología tiene la capacidad de cambiar el mundo de cuajo, incluso el destino de la humanidad, tenemos que plantearnos lo siguiente: ¿quién la controla? ¿Quién establece las reglas? ¿Y quién rinde cuentas?
Hoy, la humanidad está ante otra revolución tecnológica que justamente detona esas preguntas. Los ingenieros han desarrollado una tecnología que no necesita ser lanzada como un cohete o desde un submarino para cambiar el curso de la historia; por supuesto, sabrán que me estoy refiriendo a la inteligencia artificial.
Es una tecnología que aparentemente no tiene límites en cuanto a su poder: si cae entre las manos equivocadas, puede perturbar nuestras economías y amenazar nuestros medios de sustento. Puede también socavar la confianza en las sociedades, divulgando información que parece certera pero que en realidad es falsa. La IA puede poner en jaque la infraestructura que permite que funcione nuestra sociedad, y también puede influir en las decisiones que llevan a determinar la paz y la seguridad en el mundo.
Por otra parte, la inteligencia artificial encierra muchas promesas: le puede dar un impulso a los hallazgos científicos, aportar mejoras a la atención médica y a la educación en el mundo entero, abrir oportunidades de desarrollo económico, permitirnos superar desigualdades, y hacer frente a desafíos que los países no pueden resolver por sí solos. Imagínense un mundo en el cual, con la ayuda de la IA, podamos evitar el hambre y curar el cáncer.
Esto es lo que justamente hace que la IA sea tan poderosa, para bien y para mal. Pero hay una tensión en esta situación: solo dos países son sede de la mayoría de las patentes de la IA en el mundo. Esto significa que hay un puñado que tienen una influencia enorme.
Ahora bien, este poder conlleva responsabilidad no solo para con los usuarios, los accionistas y los gobiernos, sino también para con la humanidad. Y si el poder se transforma en un poder mundial, la responsabilidad también debe ser mundial. Las Naciones Unidas fueron establecidas justamente para situaciones como esta: cuando un desafío tiene una envergadura tan grande que ningún país la puede resolver solo.
Cuando los riesgos tienen que ser gestionados para proteger a las personas y al mundo, cuando las oportunidades se tienen que orientar a beneficiar a la mayoría y no a un puñado, tanto a los Estados miembros pobres como ricos. Hoy, las Naciones Unidas justamente también está bajo presión. Hay poderes con más peso que creen que les va a ir mejor si hacen caso omiso de las reglas consagradas en la Carta de las Naciones Unidas.
Se ve erosionado el derecho internacional, lo cual pone en jaque los importantes progresos que ha logrado la civilización y que son los que personifican las Naciones Unidas: el compromiso con la paz, el principio de la igualdad soberana de los Estados, el respeto a las normas y las reglas, la convicción de que la dignidad es inherente a cada ser humano. La erosión de todos estos principios puede efectivamente ir en el sentido de los intereses de un puñado, los que creen que tienen suficiente poderío para sobrevivir a un mundo de anomia y, si no, también escribir sus propias reglas.
Para nosotros, es decir, para la abrumadora mayoría de 193 Estados representados en esta Asamblea General, esto será nocivo. Sabemos que los pueblos del mundo pagarán un precio alto en cuanto a una situación de socavamiento del derecho internacional. Y para algunos, esto también supone la erosión del orden internacional, que ya es catastrófico.
Esta presión que sufre el orden internacional no viene de actores políticos únicamente, sino también de las fuerzas de la revolución tecnológica. Y esto nos lleva a plantearnos una pregunta fundamental: ¿cómo permitimos a las instituciones internacionales seguirle el ritmo a las tecnologías que están redefiniendo al mundo? Ante este interrogante, no alcanzará con invocar que seguimos contando con las Naciones Unidas, ni tampoco que hagamos caso omiso de sus flaquezas.
Tenemos que obrar con honestidad, realismo y cooperación. La honestidad para llevar adelante un análisis, el realismo con el que establecemos nuestras ambiciones, y la cooperación deben ser lo que guíe nuestro método. Tenemos que reconocer que muchos de los ejes de los cimientos de nuestra casa común no pueden cargar con todo el peso que le estamos poniendo.
Y entonces tenemos que decidir qué parte de la casa queremos apuntalar y cuál queremos reconstruir. Y por eso necesitamos un nuevo Secretario General que lidere un proceso profundo de cambio. Por sobre todo, tenemos que colmar la brecha entre lo que esperamos de las Naciones Unidas y las capacidades que ponemos a disposición de la organización.
En primera instancia, tenemos que contar con las Naciones Unidas que funcionen y puedan desempeñar su papel en la resolución de conflictos, en lugar de quedarse en gestionarlos. En un momento en el que el Consejo de Seguridad, el principal órgano decisorio, está en una impasse, esto es más complejo que nunca. Tenemos que mantener viva la agenda de la reforma. Alemania defiende la paz y la seguridad.
Hoy hay muchísimos conflictos violentos y, por otra parte, los Estados miembros tienen recursos limitados. Por eso tenemos que mancomunar nuestros esfuerzos para llevar a su fin a los conflictos. Hoy, Alemania es el principal socio de apoyo de Ucrania en defensa en contra de la agresión de Rusia, y esta agresión ha sido repudiada una y otra vez por la abrumadora mayoría de la Asamblea General.
Los blancos de guerra de Rusia atentan contra la vida de millones de personas inocentes, y también esto perturba el tránsito de cereales, alimentos, entre otros. Por eso es que vamos a seguir instando a Rusia a que se siente a la mesa de negociación. Pido a todos los Estados miembros que se sumen a nosotros para convencer a Rusia de que el futuro va a salir de la mesa de negociación y no de los cadáveres que se apilan en las ciudades y los pueblos.
El día en el que comiencen las negociaciones será un muy buen día para las Naciones Unidas. Alemania también asume su responsabilidad en lo que hace a la paz y la seguridad más allá de Europa. Por ejemplo, en Haití, donde hemos incrementado nuestras contribuciones a la misión internacional para luchar en contra de las bandas armadas.
También no podemos olvidarnos de Sudán. De hecho, se celebró una conferencia en Berlín en abril. Junto con nuestros socios, movilizamos más de 1.700 millones de dólares estadounidenses para aportar alivio humanitario a la mayor catástrofe de nuestra época.
Por otra parte, estamos a favor de una cooperación internacional pacífica, justa y que parte de la equidad. El nuevo nacionalismo sería una dirección equivocada que tomar. Lo que sea que prediquen sus profetas, la verdad es que lo que haría es estrechar nuestras vidas y hacer que sean más pobres y menos seguras.
Mientras que las relaciones comerciales mundiales deben ser diversificadas, reforzadas en el marco de un orden de comercio justo. No hay país alguno que pueda aceptar que sus materias primas se utilicen para imponer obediencia. Las cadenas de suministro se han vuelto instrumentos de presión, y ninguno de nosotros está impotente ante esto.
Debemos cooperar. Con nuestros socios de la Unión Europea hemos empezado a trabajar en nuevos acuerdos comerciales de cooperación y alianzas, todo esto partiendo del respeto mutuo de reglas comunes y de un respeto por el derecho internacional compartido. También se toma en cuenta el hecho de que muchos países del Sur Global están encaminándose hacia importantes éxitos.
Y este mismo principio de alianza y de cooperación rige para la tecnología, por ejemplo, en la capacidad de computación, de datos, pericia, infraestructura, que será lo que determine quién puede innovar y quién simplemente tiene que atenerse a las reglas impuestas por otros. La cooperación, por ende, debe crear capacidades, no más dependencia. En tercera instancia, queremos responder a una de las preguntas más importantes de nuestra época.
Y, de hecho, nadie puede responder a lo que está ocurriendo por sí solo. Tenemos que sumarnos a quienes estén dispuestos a hacerlo y seguir trabajando para ocuparnos del cambio climático antropógeno y de sus consecuencias devastadoras. Tenemos que buscar nuevas trayectorias, y rápidamente.
Pero esto que planteo resulta imperioso, más que en otra esfera, en el ámbito de la inteligencia artificial. Es nuestra responsabilidad colectiva garantizar que la tecnología se ponga al servicio de la dignidad humana. Esto es sumamente importante porque las tecnologías ya están cambiando los cimientos de nuestra sociedad.
La IA no va a esperar que las instituciones le sigan el tren. Por eso, las instituciones tienen que estar a la altura. Al principio de mi declaración, les pregunté lo siguiente: ¿quién controla las nuevas tecnologías? ¿Quién redacta las reglas? ¿Y quién rinde cuentas?
No podemos responder que quienes tienen la mayor capacidad serán quienes actúen en nombre del interés de todos los demás. Tenemos que garantizar que el progreso tecnológico se rija por un marco del que todos podamos participar a la hora de su diseño. Esto significa que tenemos que tener la capacidad de entender y de evaluar los sistemas de IA que tienen cada vez más capacidades.
Significa que tenemos que asegurarnos de que todas las regiones puedan participar en el delineado de estas reglas. Y también significa que tenemos que pasar de los compromisos voluntarios hacia una mayor transparencia y también a la elaboración de normas comunes. Por eso, Alemania insta a los Estados miembros de las Naciones Unidas a trabajar en pos del establecimiento de requisitos de seguridad comunes para los modelos de la IA con mayores capacidades.
Los proveedores tienen que poder realizar pruebas antes de que se los ponga a disposición e informar sobre los incidentes de seguridad que hayan ocurrido. Esto también debe verse apoyado por un mecanismo de supervisión nacional y regional. La industria de la IA tendrá que hacer lo propio y seguir asumiendo la responsabilidad que le cabe.
Por otra parte, debemos garantizar que se rinda cuentas, sobre todo cuando se podrían ver afectadas la paz y la seguridad mundiales. A lo largo de esta semana, hemos avanzado en el debate sobre todas estas cuestiones. Es decir, cómo encaramos la IA juntos será una prueba por excelencia de si tenemos lo que hace falta y la voluntad para construir las Naciones Unidas que respondan al mundo de hoy.
El siguiente Secretario General puede contar con el apoyo de Alemania en este empeño: en nuestra historia, en nuestra geografía, en nuestra Constitución. Nos vincula con la Carta de las Naciones Unidas y la Declaración Universal de Derechos Humanos. Esto es realmente central para nuestro Estado.
Las tecnologías pueden cambiar, pero hay un principio que se mantiene: el poder debe verse acompañado por responsabilidad, y el progreso debe estar al servicio de la dignidad humana. El mundo está ante una situación de escalada constante, y las Naciones Unidas navegan en aguas tempestuosas.
Por eso tenemos que decidir: ¿realmente queremos que el barco en el que estamos se vaya a la deriva y que luego se hunda? ¿O estamos dispuestos a combinar nuestros esfuerzos para volver a darle un rumbo? Las herramientas las tenemos.
Juntos podemos defender una renovación y crear un nuevo futuro pacífico para las generaciones venideras.
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