Hombre con traje, corbata y pin de bandera chilena en un podio.

Discurso completo de Chile ante la ONU

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Discurso completo de Chile ante la ONU

Transcripción completa del discurso pronunciado por el presidente José Antonio Kast el 22 de septiembre de 2026.

Muy, muy buenas tardes, Señor Secretario General, Señor Presidente de la asamblea, Señoras y Señores jefes de Estado y de Gobierno, distinguidos delegados.

Un saludo muy especial a la delegación que me acompaña desde Chile; a nuestro canciller; a nuestras ministras de Medio Ambiente, de Desarrollo y de Familia; a nuestros embajadores; a nuestros senadores y diputados; y a cada uno de los chilenos que trabajan en este edificio, un gran saludo y un abrazo.

Hace 64 años, en este mismo foro, el entonces Presidente de Chile, Jorge Alessandri, describió nuestro país, Chile, como una tierra larga y angosta, tendida entre los Andes y el Pacífico hasta la conmovedora inmensidad de la Antártida. Esa tierra sigue ahí; lo que ha cambiado es el mundo que la rodea, y lo que ha cambiado, sobre todo, es Chile. Durante buena parte de los años 90 y principios de los años 2000, Chile fue un caso de éxito y un modelo para muchas regiones. Nuestro país implementó políticas económicas que priorizaron la estabilidad económica, la apertura comercial y la inversión privada, en el contexto latinoamericano donde muchas naciones enfrentaban crisis inflacionarias y una deuda externa.

Chile destacó por mantener una gestión fiscal responsable, altas tasas de crecimiento y reducción de la pobreza. ¿Qué pasó después? Chile se estancó. Chile tomó malas decisiones.

Se impulsaron políticas públicas que aumentaron los impuestos, las regulaciones y los obstáculos para emprender. También pasamos un momento muy duro en octubre del año 2019. Chile, en ese momento, se quebró. Se instaló en nuestras calles por meses un estallido violento, donde reinó el caos y se impuso el desorden.

Todo lo anterior trajo consecuencias: la inversión se marchó, el empleo se estancó y la violencia homicida escaló a niveles que Chile no conocía en su historia moderna por el avance del crimen organizado. Y eso hasta ahora. Estimados delegados, he venido hasta este foro a contarles que Chile está de vuelta. Y no es una consigna; es la constatación de un país que hoy comienza a caminar hacia el desarrollo.

Nuestro Gobierno partió con una convicción: el orden no es contrario a la libertad; el orden es una de las condiciones de la libertad. Libertad para poder volver tranquilo a casa y no ser víctima del crimen; libertad para emprender y no ser obstaculizado por la acción del Estado; libertad para invertir y no enfrentar el continuo cambio de las reglas del juego. Llevamos seis meses en el Gobierno y estamos ordenando la casa. Hoy, Chile es un país más seguro, más competitivo y menos burocrático.

Es un país más seguro. En Chile, en el primer semestre de este año, la tasa de homicidios registró una baja del 11,5% y nos acercamos a los niveles que teníamos antes de la pandemia. Nuestras fronteras están más controladas. El plan de escudo fronterizo ha permitido reducir en un 86% el ingreso irregular y se ha expulsado un 50% más de personas que en el año anterior.

A Chile, y lo vuelvo a reiterar, se entra por la puerta, no por la ventana, con los documentos ordenados. En esa línea, hemos impulsado el Compromiso de Santiago. Agradezco a nuestro canciller, que ha sido quien ha llevado adelante esta gestión. Y esto, en materia de seguridad, ha sumado ya a varios países de Sudamérica para coordinarnos efectivamente a la hora de combatir el crimen transnacional.

La tarea no está terminada; recién comienza. Un país más seguro es un país con más confianza, y donde hay confianza, hay más crecimiento, empleo e inversión. También somos hoy día un país más competitivo. Hace solo algunas semanas, Chile aprobó una reforma económica que es la más importante en las últimas décadas.

Aprobamos una rebaja del impuesto a las empresas del 27 al 23%, un impuesto que desde 1990 solo venía subiendo. Además, se estableció invariabilidad tributaria por 20 años para las grandes inversiones. Liberamos también, de manera temporal, de impuestos la compra de viviendas y abrimos un camino para la repatriación de capitales. También Chile, hoy día, es un país con menos burocracia.

Estamos desmontando lo que en Chile llamamos la «permisología», esa regulación burocrática oculta que impide que los proyectos puedan avanzar. En seis meses han ingresado solicitudes de inversión por más de 44.000 millones de dólares para ser evaluados en nuestro sistema de evaluación ambiental. También se han aprobado más de 33.000 millones de dólares en proyectos que llevaban años esperando, y se han destrabado más de 17.000 millones de dólares en las instancias de definición ambiental. Hechos y no palabras: acciones concretas que están cambiando el rumbo de Chile y que nos orientan cada vez más hacia el desarrollo.

Y si bien la economía aún no despega y el desempleo que angustia a miles de familias se mantiene alto, el cambio va a llegar. Los resultados tardan, pero las reformas que estructuran el futuro ya están en marcha. Esa es la diferencia entre una dirección que sabe dónde va a una que solo reacciona sin rumbo alguno. Como decimos, después de la tormenta sale el sol; después del invierno siempre llega la primavera.

Y después de años de estancamiento, Chile está de vuelta. Hay muchas razones que explican cómo llegamos hasta acá, pero hay un solo camino para que Chile vuelva a despegar, y es la unidad. La unidad entre todos aquellos que defienden la libertad y que quieren que Chile vuelva a progresar. Hay muchas cosas que nos separan, entre derechas e izquierdas, pero nos une la voluntad de que Chile vuelva a crecer y ser un país más seguro.

Estimados delegados, a quienes nos escuchan desde el mundo de la inversión les digo: elijan Chile para invertir. Encontrarán reglas claras que no cambian de un día para otro, tribunales que funcionan, contratos que se cumplen y un Estado dispuesto a facilitar la inversión. Chile entiende que, en un mundo multipolar, la estabilidad institucional no es un lujo; es una necesidad. Somos, por ejemplo, un actor clave en la transición energética.

Chile posee cerca de un cuarto de las reservas mundiales de litio, y somos el primer productor de cobre del planeta. Chile, además, tiene un sol intenso, una larga costa que da al océano Pacífico, lagos, ríos, volcanes que pueden generar una energía impresionante. Chile también tiene el Estrecho de Magallanes, una alternativa indispensable para el comercio mundial. Nuestra nación se convertirá en el puente y el puerto de los corredores bioceánicos que unirán América con Asia.

Esa riqueza no es solo nuestra fortuna; es nuestra responsabilidad con ustedes. Chile no renuncia a una soberanía, y tampoco renuncia a la explotación de sus minerales. Al mismo tiempo que tenemos nuestra soberanía, decimos que la energía del futuro debe servir a la humanidad y no quedar rehenes de monopolios ni de actores que no se ciñen a las reglas. Y que nadie se confunda: es posible y necesario conciliar el crecimiento con la sustentabilidad.

Son inseparables. Chile entiende que la protección del medio ambiente y el progreso económico forman parte de una misma estrategia de desarrollo, donde la inversión y la innovación son esenciales para mejorar la calidad de vida de las personas. El desarrollo sustentable requiere instituciones sólidas, reglas claras, decisiones oportunas y una gestión eficaz, capaz de convertir compromisos y diagnósticos en resultados concretos para las personas y el medio ambiente. Señor Presidente, quiero hablar ahora de nuestro continente, América Latina, porque creo sinceramente que la próxima década puede ser la nuestra.

Por primera vez en mucho tiempo, gobiernos latinoamericanos se están coordinando de verdad, no solo mediante comunicados, sino conociéndonos y articulándonos para generar acciones concretas contra el crimen organizado transnacional, el control migratorio y forjando oportunidades de desarrollo conjunto. América Latina es el continente del futuro, y quienes lideramos el continente hoy estamos dispuestos a impulsar ese cambio. Las relaciones con nuestros países vecinos, de manera directa, Perú, Bolivia y Argentina, están en un buen momento. Y estamos reanudando nuestro relacionamiento con Venezuela.

Bajo un nuevo liderazgo, se han abierto puertas que estuvieron cerradas durante muchos años. Algunos nos dirán que no reconozcamos ese cambio; otros nos dirán que nos alineemos incondicionalmente con él. Chile no hace ni una cosa ni la otra. Reconocemos la realidad como es, valoramos el cambio donde existe y ofrecemos acompañamiento.

Consideramos que Venezuela tiene por delante una oportunidad histórica de reencontrarse con sus mejores tradiciones democráticas, con sus instituciones, con sus millones de hijos dispersos por todo el continente que sueñan con regresar a su patria. Ese camino será exigente, y Chile manifiesta su disposición y quiere brindar la ayuda que ellos requieran en cada paso. Después de dos décadas de tensiones, América Latina quiere que esta historia termine bien. Distinguidos delegados, esta Asamblea no puede mantenerse indiferente frente a las guerras y conflictos que están ocurriendo en el mundo.

Estos conflictos abiertos no solo amenazan la estabilidad de diversas regiones, sino que perjudican al mundo entero. Chile, al igual que varios países representados en esta sala, importa prácticamente todo el petróleo que consume y ha sido impactado directamente por distintas guerras. Eso no es geopolítica abstracta; se expresa en el costo del pan, del transporte y de las cosechas. Es inflación que no cede, tasas que no bajan, inversión que se posterga y empleo que no se crea.

Países enteros que estaban despegando han vuelto a estancarse por guerras que no provocaron y que no pueden detener. Por eso el llamado es directo: las guerras deben cesar. La guerra no solo desangra a quien combate, sino que empobrece al resto del mundo. Todos perdemos con las guerras y ya hemos perdido demasiado.

Naciones Unidas tiene un rol que jugar, y lo tiene que hacer con el carácter y la energía que hasta hoy no hemos visto. Estimados delegados, y aquí llegó lo más incómodo que vine a manifestar: esta organización no ha estado a la altura de los desafíos de nuestros tiempos. No es solamente un problema de liderazgo presente o futuro, sino también un problema de acción. Naciones Unidas, durante las últimas décadas y por distintos motivos, no ha sido parte de la solución a estos problemas.

No es posible mantener vigente el orden mundial del año 1945 en el mundo del año 2026. Se ha construido una arquitectura que delibera en exceso y ejecuta con lentitud. Un Consejo de Seguridad que refleja el escenario político de 1945, no del año 2026. Una burocracia que crece hacia adentro, al igual que en muchos países.

Una proliferación de agendas que, por muy nobles que parezcan, han terminado por desplazar aquello que esta organización se comprometió a hacer en su carta fundamental: mantener la paz, proteger la vida y defender la libertad de los pueblos. Chile cree en Naciones Unidas, y creer en ellas implica exigirles que cumplan con su mandato. Proponemos tres cosas: reducir la burocracia y concentrar el presupuesto donde hay vidas en juego; suspender las agendas que no son prioridad para devolver el foco a las que sí lo son; reformar el Consejo de Seguridad, no como un gesto simbólico, sino como una condición para que sus decisiones vuelvan a ser respetadas. Chile firmó la carta en San Francisco y no se ha ausentado de ninguna de sus causas.

La prueba hoy mismo es nuestro compromiso con el Acuerdo del Mar, conocido como el BVNJ, y la postulación de Valparaíso en Chile para ser sede de su Secretaría Ejecutiva, convirtiéndolo, de lograrlo, en el primer organismo de Naciones Unidas de membresía universal con sede en América Latina. Y esta postulación concita genuinamente el acuerdo nacional entre los distintos sectores. Ese es exactamente el multilateralismo en que creemos: concreto, ambicioso y capaz de mostrar resultados. Un multilateralismo eficaz y efectivo que permita decir por qué esta reforma ya no puede seguir esperando.

Mientras discutimos cómo modernizar instituciones creadas en 1945, está apareciendo la tecnología más poderosa que haya construido la humanidad, y no la gobierna nadie. La inteligencia artificial no es solo un asunto técnico que podamos delegar en los expertos; es un desafío ético y es también una cuestión geopolítica. Chile rechaza el falso dilema entre innovación y responsabilidad. No creemos que ir más rápido sea ir mejor, y tampoco vamos a renunciar a las oportunidades por miedo.

Para nuestro país, la inteligencia artificial puede significar un crecimiento de entre el 10 y el 20% de nuestra economía. Por eso elegimos el camino que llamamos ritmo responsable: avanzar tan rápido como nuestra capacidad de administrar lo que avanzamos pueda. Regulación que habilita, no que prohíbe; inversión en talento, en cómputo y energía; y evaluación rigurosa. Chile quiere liderar desde el conocimiento y no desde el miedo.

Y lo digo aquí, en esta sala, por una razón: Naciones Unidas debe ser capaz de sentar a la humanidad a conversar sobre tecnología, esa tecnología que va a decidir este siglo antes de que todo sea resuelto por un algoritmo. Señor Presidente, vuelvo al comienzo. Aquel Presidente de Chile que habló aquí hace 74 años dijo en nombre de su pueblo y por encima de cualquier ideología que Chile seguiría trabajando con fervor y profunda convicción para que se concreten los principios que inspiran la Carta de Naciones Unidas y la Declaración de los Derechos Humanos. Entonces éramos siete millones de habitantes; hoy somos 20 millones.

El mundo es otro y nosotros también. Pero esa palabra sigue en pie, y yo la renuevo ante ustedes. Chile volvió a poner orden, y con el orden está regresando la libertad. Volvió la confianza, y con la confianza comienzan a volver las ganas.

Volvió la inversión, y con la inversión comienza a volver el trabajo. Un país que se está levantando tan rápido como cayó tiene algo que decirle al mundo. Y lo que Chile viene a decir es que esto se puede hacer. Se puede recuperar un país sin destruirlo, con votos, con acuerdos, con leyes y con resultados.

Pero también tiene algo más que decir: se puede construir un futuro sin ser rehén de las decisiones de otros. América Latina puede ser el continente de la próxima década, no porque alguien lo permita, sino porque tenemos capacidad y voluntad de hacerlo. Chile quiere liderar el camino para lograrlo. Chile está de vuelta.

Muchas gracias.


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