Dignatario asiático hablando en podio de la ONU con traje y corbata.

Discurso completo de Corea del Norte ante la ONU

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Discurso completo de Corea del Norte ante la ONU

Transcripción completa del discurso pronunciado por el viceministro de Asuntos Exteriores, Kim Son Gyong, el 28 de septiembre de 2026.

Señor Presidente, Señor Secretario General, y distinguidas delegaciones, permítaseme ante todo presentar mi enhorabuena a su persona, al Señor Khalilur Rahman, por su elección como Presidente del 81.o período de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas.

Confío en que, bajo su capaz liderazgo, este período de sesiones alcance resultados excelentes. Señor Presidente, el año pasado celebramos, y de forma muy significativa, los 80 años de la fundación de las Naciones Unidas; un momento histórico en el que pudimos echar la vista atrás al recorrido de estos últimos 80.

Y con la vista puesta también en el futuro, con una humanidad deseosa de poner fin al actual caos de las relaciones internacionales para recobrar la paz y la estabilidad. Sin embargo, lamentablemente, en el último año lo que hemos visto cada día ha sido la dura realidad de una desconfianza mutua sin precedente, de los enfrentamientos, de las violaciones de la soberanía y los conflictos militares que desembocaron en situaciones de levantamientos extremos y de caos global. Este nuevo año ha empezado con uno de los actos más despreciables y desestabilizadores de terrorismo patrocinado por un Estado, y le siguieron nuevos brotes de incidentes igualmente lamentables que cualquier persona con sentido común y algo de conocimiento necesariamente se vería obligada a repudiar: crisis que causaron inseguridad e inestabilidad, y además han alimentado las llamas del conflicto y la guerra en todas partes.

Los efectos de este ambiente anómalo, tendiente también a generar catástrofes sucesivas, dio lugar a otras crisis que acompañaron también a las altas temperaturas: sequías, precipitaciones abundantes e inundaciones que han sufrido además muchos países y regiones, lo que ha amenazado gravemente la supervivencia de toda la humanidad.

Junto con la difusión de enfermedades transmisibles y el despunte de los precios de los combustibles, las crisis socioeconómicas también se han ido agravando. La humanidad desea que las Naciones Unidas cumplan su misión y asuman su responsabilidad como organización encargada de salvar a las generaciones sucesivas del flagelo de la guerra. Lamentablemente, sin embargo, la organización sigue sin recuperarse de su parálisis funcional debido al unilateralismo y al sesgo de un puñado de países que tan solo buscan defender sus propios intereses. Todas estas crisis que la comunidad internacional está afrontando apuntan a un mismo y claro hecho: que se viola la soberanía, se amenazan los intereses de seguridad de los países, se niega el derecho al desarrollo de los demás, y esto necesariamente alimenta la inestabilidad regional, generando crisis y desembocando en agresiones o guerras.

Para superar todas estas crisis y estos retos, promoviendo la paz, la seguridad y el desarrollo sostenible, todos los Estados miembros deben buscar soluciones adecuadas a los problemas, sin dejar de aplicar a carta cabal las finalidades y principios intrínsecos de la Carta de las Naciones Unidas, dando prioridad a la unidad y la cooperación entre las naciones. Señor Presidente, el histórico IX Congreso del Partido de los Trabajadores de Corea se celebró con esplendor en febrero de este año en Pyongyang, capital de la República Popular Democrática de Corea. El Congreso examinó con orgullo los logros que en los últimos cinco años se habían alcanzado, sentando también las bases de nuevos objetivos innovadores para nuestro desarrollo en la siguiente etapa.

Durante estos cinco años, la existencia y desarrollo de la humanidad se vieron gravemente limitados por la pandemia global, las anomalías climáticas, los enfrentamientos geopolíticos y las crisis económicas relacionadas entre sí. Han sido tiempos también duros para nuestro Estado. Sin embargo, hemos mantenido de forma coherente y constante el enfoque característico y de principios de nuestra autosuficiencia.

Nuestra resiliencia ha aumentado, hemos superado todas las dificultades y retos que hemos tenido que enfrentar, y en última instancia hemos conseguido avances extraordinarios y a grandes pasos. El Plan Quinquenal para el desarrollo de la economía nacional se cumplió exitosamente.

Los cimientos económicos de nuestra mayor productividad también se fortalecieron. Numerosos proyectos monumentales fueron llevados a cabo. Las políticas a favor del pueblo que nuestro Gobierno persigue constantemente se están aplicando al más alto nivel, y estamos viendo también tendencias al alza de nuestro abarcador de desarrollo, conducente a un crecimiento simultáneo y equilibrado en todos los sectores, campos y regiones. También hemos sido testigos de primera mano de estas realidades, y también han sido testigos de primera mano de estas realidades nuestros ciudadanos, que han avanzado con mayor confianza por la senda de la autonomía y el autosostenimiento, a la que hemos elegido como vía más segura hacia la prosperidad.

Bajo el liderazgo único del camarada Kim Jong-un, Presidente de Asuntos de Estado de la República Popular Democrática de Corea, nuestro pueblo se ha embarcado con confianza en proyectos masivos, nuevos, con los que construir nuevos éxitos y avanzar hacia una era de desarrollo completo que nos elevará nuevamente. La vía que tenemos ante nosotros constará de numerosos retos y dificultades, debido a los actos inhumanos de algunas fuerzas desfavorables a la existencia de la RPDC y también, por supuesto, a su desarrollo. Sin embargo, lograremos todo lo que hemos previsto, dependiendo únicamente de nuestros propios esfuerzos, independientemente de cómo vaya cambiando la situación.

Y en ello pueden confiar todos los coreanos y coreanas. Señor Presidente, la soberanía, los intereses de seguridad e integridad territorial de los Estados soberanos se ven pisoteados incansablemente, y el derecho internacional y el orden internacional se debilitan debido a la tiranía de un Estado hegemónico y debido también a su unilateralismo. Esta sombría realidad de las relaciones internacionales nos enseña importantes lecciones. Una de ellas es que debemos abogar de forma justa y firme por el derecho y el orden.

Es la única forma de defender todos estos principios. Al igual que en otras partes del mundo, hemos visto en nuestro propio panorama regional enfrentamientos entre la justicia y la injusticia, entre fuerzas hegemónicas y fuerzas independientes en el noreste asiático. La península coreana y su región en particular afrontan inestabilidad extrema y tensiones cada vez más graves en niveles distintos de los del año pasado, debido a la persistente hostilidad contra la RPDC y el enfrentamiento militar creciente de los Estados Unidos y sus seguidores. Estados Unidos, Japón y la República de Corea son una alianza militar que, sin duda, pretende afrontar a la RPDC y que ha evolucionado desde que los Estados Unidos la ha convertido en un bloque militar agresivo y más ofensivo, con un elemento nuclear.

Los Estados Unidos conspiran con sus aliados para ahondar de forma sistemática los escenarios de guerra nuclear contra la RPDC, cultivando también capacidades cada vez mayores de provocación con esos ensayos que llevan a cabo con tintes militares cada vez más marcados. Este año, Estados Unidos puso en escena ejercicios militares multilaterales y bilaterales; por ejemplo, su Escudo por la Libertad o su Eje por la Libertad, simulando escenarios reales de guerra. Ni siquiera se preocupó por encubrir esos intentos peligrosos de enfrentamiento militar contra la RPDC. Estados Unidos ha aprobado y ha alentado la ambición de Seúl de poseer submarinos nucleares, reubicando y desplegando instalaciones militares nuevas, incluidos sus últimos misiles y drones, en la península de Corea y sus alrededores.

Esta inclinación militar se agrava aún más debido a la seguridad cada vez más vulnerable de nuestra región. Y por otra parte, el Japón, un criminal de guerra de primera categoría, ha infligido sufrimiento y catástrofes a toda la humanidad en el último siglo, y sigue ahora aprovechando las turbulencias internacionales para acelerar el paso hacia el rearme, con un compromiso sin precedentes de revisar la Constitución de la Paz, abandonando su política de defensa exclusiva, reformando sus estructuras militares y rearmándose; acciones que generan también sombrías perspectivas para toda nuestra región. El Japón, con pretexto de dotarse de capacidades de contraataque, también ha obtenido nuevas armas de ataque de gran alcance y desarrollado otras armas, con el objetivo de cometer ataques de gran alcance, en contra de sus obligaciones como nación derrotada y desvergonzada, que pasa por alto la Carta de las Naciones Unidas y amenaza gravemente a la paz global.

El contexto político y militar global está empeorando día a día, y los abusos del poder se han convertido en algo común. En estas circunstancias, la amenaza militar arriesgada de los Estados Unidos, el Japón y la República de Corea no tiene precedentes, y sigue rompiendo récords históricos, generando peligros, inseguridad e inestabilidad en la península coreana en un nivel aún distinto del de años anteriores.

Sin embargo, ningún conflicto físico ha ocurrido en la península de Corea ni sus alrededores, un punto candente para el mundo. Y el índice de seguridad se mantiene en niveles aún más altos que en otras regiones del planeta. Se lo debemos al hecho de que la RPDC cuenta con elementos disuasorios de guerra con los que impide que se inicie cualquier guerra de agresión contra la RPDC.

Así hemos podido contener y gestionar la hostilidad de esas fuerzas del mal, impidiendo que recurrieran al uso de la fuerza. Y así el equilibrio regional de poderes se ha mantenido gracias a las capacidades de defensa de la RPDC, que acaban con ese riesgo de conflicto armado. Nadie puede negarlo.

Es un hecho evidente que destaca también la verdad inmutable de que un poder justo significa soberanía nacional, prestigio y garantías fundamentales de paz y estabilidad. El jefe de Estado de la RPDC ha garantizado firmemente nuestra seguridad y soberanía nacional, y lo seguirá haciendo en los próximos años, sin duda alguna.

El elemento disuasorio nuclear de la RPDC es una fuerza irresistible y un poder absoluto con el que salvaguardar nuestra soberanía, seguridad y paz frente a cualquier agresión o amenaza exterior. Quisiera reiterar la posición oficial del Gobierno de la RPDC. El estatuto de la RPDC como Estado poseedor de armas nucleares se ha fijado de forma permanente y sin compromiso alguno, y legalmente es algo en lo que no podremos dar marcha atrás. No se alterará bajo ninguna circunstancia.

Por muy alto que vociferen las fuerzas hostiles con todo tipo de retórica, la RPDC seguirá con su control estricto y gestionando las amenazas externas con su supremacía extraordinaria y con la fe y el compromiso de su misión como Estado nuclear responsable, que defiende firmemente la soberanía nacional y los intereses fundamentales de la paz y la seguridad regional. Las calamidades naturales a gran escala se han cobrado decenas de miles de vidas en distintas regiones del mundo. La comunidad internacional se ha dado cuenta de que el cambio climático es una cuestión que nos debe alertar a todos. La IA y las nuevas tecnologías punteras están transformando también todos los ámbitos de la vida humana, ofreciendo grandes oportunidades y, a la vez, también generando riesgos de uso indebido con fines siniestros.

Esta era de suma volatilidad nos exhorta a fortalecer las capacidades de las Naciones Unidas para gestionar retos y crisis como las que la humanidad debe afrontar en aras de sus intereses comunes. El problema más acuciante que hemos de afrontar no es sino la necesaria construcción de unas Naciones Unidas que sirvan a todos, fieles a sus finalidades y principios, recogidos en la Carta, que garanticen la imparcialidad y objetividad frente a las prácticas arbitrarias de las fuerzas contrarias a la paz, que abusan de las Naciones Unidas como herramienta para sus estrategias hegemónicas. Las Naciones Unidas no pueden seguir utilizándose con las finalidades políticas siniestras que les han impuesto las fuerzas a las que me refiero. Las Naciones Unidas deben garantizar firmemente su autoridad, promoviendo la igualdad y cooperación entre Estados soberanos.

Ha llegado la hora de que las Naciones Unidas lleven a cabo sus reformas, no centrándolas en países específicos, sino en torno al objetivo único de la democratización de las Naciones Unidas en el sentido real de la palabra, para que la organización represente los puntos de vista e intereses de toda la membresía de forma equitativa e igualitaria. Atrás han quedado los tiempos en que un Estado miembro individual podía imponer de forma unilateral por la fuerza su voluntad al resto del mundo, dominando la política internacional. Ahora el multilateralismo y la multipolarización han emergido como aspiración irresistible y tendencia de nuestra época, basada en la justicia y la equidad. La RPDC siempre estará del lado de los países independientes y antiimperialistas, que aspiran a la construcción de un mundo justo y pacífico, comprometida con la histórica misión de encabezar el movimiento a favor de la independencia global y bajo la bandera de la independencia.

Señor Presidente, este año celebramos los 35 años de la entrada de la RPDC en las Naciones Unidas. La RPDC se ha sumado a las Naciones Unidas porque anhelaba defender la paz y la seguridad de la región y el mundo, para lograr la prosperidad común de la humanidad, junto con todos los miembros de las Naciones Unidas. Y por ello nos hemos comprometido con los principios y finalidades de la Carta de las Naciones Unidas.

Como Estado miembro de las Naciones Unidas, el Gobierno de la RPDC mantiene su postura invariable de trabajar activamente en pro de una justicia internacional genuina y un nuevo orden internacional justo, que cumpla con la Carta de las Naciones Unidas y el derecho internacional. En particular, afirmo que el Gobierno de la RPDC, encabezado por el Presidente y Jefe de Estado de la República Popular Democrática de Corea, dirigirá esfuerzos positivos a la promoción de la justicia internacional, la coprosperidad y la paz y seguridad de la región y más allá, sin dejar de defender nuestra soberanía nacional, intereses de seguridad y derecho al desarrollo. Gracias.


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