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Discurso completo de Corea del Sur ante la ONU
Transcripción completa del discurso pronunciado por el presidente Lee Jae Myung el 22 de septiembre de 2026.
Quisiera, en primer lugar, expresar mi agradecimiento y respeto a todos los Estados miembros de las Naciones Unidas y al personal de la Secretaría de las Naciones Unidas por su dedicación a un futuro próspero en pro de toda la humanidad.
Y también deseo dar una cálida enhorabuena al Excelentísimo Señor Khalilur Rahman por haber asumido la presidencia del 81.o período de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas. Expreso, además, mi agradecimiento y rindo homenaje al Secretario General Antonio Guterres por los servicios incansables que ha realizado en la última década.
Señor Presidente, Señor Secretario General, distinguidos delegados y delegadas, las Naciones Unidas tienen experiencia en la defensa de la dignidad humana y en propuestas pioneras para las futuras generaciones. Se encuentran ahora en una grave encrucijada: las inundaciones glaciares en Nepal, que se cobraron numerosas vidas y destruyeron los cimientos de la vida de numerosas personas, son una evidencia de que la crisis climática ya es una realidad del presente, no está en el futuro. Los conflictos armados persistentes en todo el mundo, incluido el de Ucrania y el de Oriente Medio, siguen amenazando a la supervivencia de la humanidad.
Las tecnologías emergentes, como los drones, están transformando a pasos agigantados las guerras, representando graves amenazas a los derechos humanos y el derecho internacional basado en el derecho. Las tensiones en torno al estrecho de Ormuz están socavando los principios fundamentales de la libertad de navegación y la seguridad de navegación, aumentando la vulnerabilidad de las cadenas mundiales de suministro energético.
Las Naciones Unidas no fueron creadas para traernos el cielo, sino para salvarnos del infierno. Estas son las palabras textuales del Segundo Secretario General de las Naciones Unidas, Dag Hammarskjöld, que hoy nos obligan a preguntarnos: ¿acaso las Naciones Unidas actualmente son capaces de salvar a la humanidad de la guerra, la pobreza y los desastres? ¿Pueden las Naciones Unidas estar a la altura de la promesa de restaurar la paz y lograr un desarrollo sostenible?
Irónicamente, la crisis geopolítica que ha causado las turbulencias en el orden internacional nos ha recordado también cuánto valoramos la cooperación multilateral y las normas internacionales. En una era de fragmentación caracterizada por la competencia feroz en pro de la supervivencia inmediata, los valores de cooperación, prosperidad mutua y solidaridad pueden sonar huecos. Sin embargo, al igual que los fundadores de la organización, que habían sido testigos de los destrozos de la guerra, concibieron las Naciones Unidas, esta crisis profunda nos obliga también a volver a los principios básicos de las Naciones Unidas. El año pasado tuve el orgullo de anunciar en esta palestra que la República de Corea se había decidido a integrarse nuevamente en la comunidad internacional, convirtiéndose en una fuente de luz para los ciudadanos globales.
Hoy me encuentro aquí para dejar claro que la República de Corea está firmemente decidida a encabezar los esfuerzos encaminados a restaurar el espíritu de las Naciones Unidas, reconectando al mundo como nación que ha podido elevarse gracias a la solidaridad de la comunidad internacional. La popularidad mundial de la cultura coreana es un ejemplo con el que se demuestra que la empatía universal es posible; es también una muestra del potencial de conexión global que existe. Los relatos, los contenidos, que han nacido de la experiencia cultural peculiar de Corea, se han convertido en la lengua de la solidaridad más allá de las fronteras.
Y al igual que la cultura conecta a las personas más allá de las fronteras, también pueden las naciones volver a unirse frente a los problemas comunes. La República de Corea aprovechará el poder de la empatía y la solidaridad que nos ha permitido recordar nuestra cultura. Aprovecharemos también ese potencial que representa frente a los retos de toda la humanidad.
Para ello, quisiera ofrecerles una triple visión: la de la iniciativa coreana, o iniciativa K; primero, una sociedad global basada en una IA universal. La inteligencia artificial es una revolución que brinda oportunidades extraordinarias de progreso y crisis para la humanidad.
Puede impulsar una nueva prosperidad y un desarrollo sostenible, pero también podría ahondarse más en las desigualdades y desequilibrios que se generarían con ella. Los jóvenes de todo el mundo están viviendo una situación de creciente ansiedad por su desempleo, ante su futuro incierto. Y nosotros pensamos que, con una sociedad que tenga un acceso básico universal a la IA, se puede construir una nueva era en la que todos puedan beneficiarse de esos progresos.
La República de Corea está obrando por conseguir una transformación basada en la IA que garantice una protección mayor de los derechos fundamentales en todos los aspectos, desde la seguridad social hasta el trabajo, la vivienda o la cultura, empezando con un programa universal de acceso a la salud básica basado en la IA.
Creemos que ese es el espíritu, precisamente, del desarrollo sostenible y los ODS, que dan prioridad a la necesidad de que nadie quede excluido. Si aprovechamos así la revolución de la IA, podremos acelerar la realización de los derechos económicos, sociales y culturales. La República de Corea construirá una plataforma global que se convierta en un centro mundial de IA, donde reflejar este sentimiento y esta voluntad en nombre de la comunidad internacional, en colaboración con organizaciones internacionales, bancos multilaterales de desarrollo y distintos sectores, desde el privado hasta el académico.
La República de Corea imagina así una sociedad que pueda basarse en este acceso universal a la IA, donde ningún país o persona se sienta excluido de los beneficios básicos que podemos derivar del desarrollo de las tecnologías basadas en IA. Encabezaremos los esfuerzos para que se convierta en una herramienta con la que resolver problemas como la crisis climática, los problemas de salud pública o la inseguridad alimentaria, o cuestiones que afectan a los refugiados.
En segundo lugar, les hablaré de la transformación verde. La crisis climática a menudo se menciona como un proyecto global de 8.000 millones de personas que habitan en la Tierra. Pues bien, ningún país por sí solo podrá resolver este problema inmenso para la humanidad.
Y, por otra parte, dejar de crecer tampoco es opción. La República de Corea anunció sus contribuciones determinadas a nivel nacional para 2035 como parte de su participación activa en el Acuerdo de París y las acciones climáticas globales. La transformación verde de Corea es una estrategia con la que pretendemos convertir nuestras estructuras industriales, creando un círculo virtuoso de neutralidad de carbono que genere nuevo empleo y nuevos motores de crecimiento. Ya estamos compartiendo nuestra experiencia y nuestras mejores prácticas con la comunidad internacional, y hemos coorganizado la IV Conferencia Mundial sobre los Océanos con Chile, que tendrá lugar en 2028, para reflejar ese compromiso con el desarrollo sostenible de nuestros océanos.
En tercer lugar, la coalición en pro de una cadena energética global de suministro. Recientemente se han bloqueado una y otra vez las rutas marítimas en el estrecho de Ormuz y el Mar Rojo, lo que nos ha recordado una sombría realidad: la de que convertir la energía y la logística en armas puede generar gravísimos choques en la vida de los ciudadanos de a pie de todo el mundo.
La libertad de navegación y el paso seguro en los estrechos internacionales es un derecho que parte del derecho internacional y constituye uno de los cimientos de la economía global. Los ataques a los buques mercantes y la amenaza a la vida del personal que en ellos se encuentran no pueden justificarse bajo ninguna circunstancia; deben aprovecharse mejor marcos tales como el de la IA.
Y por eso la República de Corea construirá marcos más robustos de cooperación en relación con la cadena de suministro energética global, para evitar este tipo de crisis o que se conviertan los puntos de partida de estas crisis en escaladas incontrolables que afecten a la economía mundial y la echen por tierra. Por otra parte, estos problemas no pueden resolverse de forma unilateral, y no podemos permitirnos tampoco permanecer inertes frente a algo que afecta a todas las naciones. La vía más realista y urgente para los países que tengan esa capacidad es aunar sus esfuerzos a fin de ampliar la cooperación internacional.
Y me gustaría, por ello, exhortar a que todos contribuyan a una alianza constructiva en las Naciones Unidas. No se trata de crear una nueva organización, ni de excluir tampoco a nadie. La idea es que se respeten los cimientos del orden internacional basado en normas y en las Naciones Unidas, trabajando de forma flexible y abierta en ámbitos en los que cada país pueda hacer gala de una ventaja comparativa, ampliando así también nuestros vínculos y nuestra cooperación.
Podríamos seguir trabajando de forma colaborativa, por separado pero juntos, superando rivalidades geopolíticas, acabando con los estancamientos o la fragmentación, y reconstruyendo la confianza en el multilateralismo. Las Naciones Unidas han de evolucionar al igual que lo ha hecho el mundo.
Los acuerdos que se han alcanzado en las mesas de negociación deben traducirse en verdaderos cambios sobre el terreno, para que las personas del mundo entero sientan que afectan a sus vidas cotidianas. Hemos de reducir la duplicación de labores que realizan distintas organizaciones y programas, acelerando así también la toma de decisiones y reduciendo los recursos ya limitados que se dediquen a estas tareas, para que se inviertan allá donde más necesarios resulten. Por ello, la República de Corea apoya la iniciativa ONU 80, con la que mejoraremos la eficiencia de nuestras operaciones, dando prioridad a las acciones sobre el terreno con las que se obtengan mayores resultados.
También apoyamos la reforma del Consejo de Seguridad, para que opere de forma más democrática, transparente y eficaz. La República de Corea asumirá sus responsabilidades y brindará resultados que sus ciudadanos y los del mundo entero puedan observar concretamente en los tres pilares de paz, desarrollo y derechos humanos: cimiento de las Naciones Unidas.
A través del Foro de Alianzas Globales de Busan, seguiremos también apoyando el crecimiento inclusivo y compartiendo la experiencia de Corea en materia de desarrollo, por ejemplo, a través del Saemaul Undong. También invertiremos de forma innovadora y sostenible.
Y en cuanto a la paz, la paz en la península de Corea, la República de Corea sabe de primera mano cuáles son los cambios que las Naciones Unidas han hecho posibles. Hace 35 años, las dos Coreas fueron admitidas como miembros de las Naciones Unidas en este mismo foro, un momento crucial, un hito con el que se sentaron las bases de una coexistencia pacífica, liberándonos de esas rivalidades incansables del pasado y de la confrontación que había generado aquella división hace un año. Ya lo declaré: en nombre de la República de Corea, iniciamos un nuevo camino, un camino hacia la coexistencia pacífica y el crecimiento compartido en la península coreana.
Y hoy seguimos por ese camino, y deseamos presentar a la comunidad internacional las bases de esa coexistencia en la península coreana. Primero, con una coexistencia pacífica que se basa en el respeto mutuo, podremos conseguir que se reconozcan nuestras diferencias explorando formas de cooperar en un crecimiento común.
Seguiremos también buscando oportunidades de cooperación con la comunidad internacional, respetando al norte en los escenarios internacionales y buscando la cooperación allá donde sea posible, por ejemplo, frente a catástrofes naturales, crisis climáticas o problemas de salud pública. En segundo lugar, una coexistencia pacífica estable que haga posible vivir sin conflictos o que convierta los conflictos en innecesarios. Seguiremos trabajando para crear mecanismos de prevención de crisis y gestión de conflictos, restableciendo los canales básicos de comunicación y fomentando la confianza, que ha de ser el primer paso hacia una coexistencia pacífica estable.
En tercer lugar, la coexistencia pacífica responsable con la que contribuiremos a la paz mundial. Deseamos también ir más allá de la península coreana para acabar con las guerras y las armas nucleares, promoviendo la estabilidad y la cooperación en el noreste asiático, y contribuyendo de forma activa a los esfuerzos globales en pro de un mundo libre de armas y conflictos.
Durante décadas, las dos Coreas, junto con países tales como Estados Unidos y China, han reconocido la necesidad de contar con un régimen pacífico en la península coreana y han hablado de posibles formas de alcanzarlo. Afortunadamente, la voluntad del Presidente Trump ha hecho que recientemente se lograra una oportunidad de cambio fundamental. Espero que el diálogo entre Corea del Norte y Estados Unidos pueda reanudarse sin dilación.
Sentaremos también las bases necesarias para realizar un trabajo de fondo que garantice un diálogo entre las partes, que desemboque en el fin de la guerra en la península de Corea y en una transición hacia un régimen pacífico. Confío en que el diálogo permita establecer un régimen pacífico en la península, ofreciendo así un marco valioso con el que normalizar las relaciones entre las partes, pero también impulsar un crecimiento compartido a través de la cooperación multilateral y la cooperación con el noreste asiático. En este proceso también avanzaremos hacia una reducción a medio plazo de las capacidades nucleares y la acumulación de misiles en nuestra península, en pro de una paz a largo plazo.
Espero que las Naciones Unidas fomenten este progreso por la vía que acabo de describir, puesto que hace ya 35 años que dieron paso a los primeros momentos de esta coexistencia pacífica. Como parte directa en la península de Corea y como mediadora a favor de la paz, mi Gobierno desplegará todos los esfuerzos necesarios para lograrlo.
Señor Presidente, Señor Secretario General, distinguidas delegaciones, los resultados de las Naciones Unidas no se reflejarán únicamente en cifras o estadísticas, ni en declaraciones en salones de conferencias. Y es que el motivo por el que existen las Naciones Unidas es permitir que la risa de los niños se imponga ante las armas, que los jóvenes disfruten de oportunidades de aprender, trabajar y desarrollarse, para que todos vivan una vida plena y próspera. En 2015, la comunidad internacional adoptó los Objetivos de Desarrollo Sostenible, nuestro compromiso común en pro de un futuro más brillante.
Y ahora que nos acercamos al plazo de 2030, ha llegado la hora de sentar también las bases de lo que ofreceremos a las siguientes generaciones. Es imperativo que los jóvenes, que nuestras futuras generaciones, definan conjuntamente sus problemas para formular también soluciones conjuntas, convirtiéndose así en coactores que puedan desencadenar el cambio. Necesitamos más voces juveniles en la toma de decisiones internacionales.
Hemos de ampliar las oportunidades de participación y comunicación de los jóvenes, invirtiendo también en esa siguiente generación. La República de Corea sabe mejor que nadie qué poder de solidaridad ostentan las Naciones Unidas. Nuestra propia experiencia ha hecho que la industrialización y democratización se concretara tras la transformación de nuestro país, con cambios auténticamente milagrosos.
Estamos dispuestos a agradecer a la comunidad internacional esa solidaridad, asumiendo nuestra responsabilidad y realizando nuestras propias contribuciones. La República de Corea está dispuesta a volver a conectarse con ese mundo que ahora se encuentra dividido, construyendo también un mundo para las futuras generaciones donde también puedan seguir soñando.
Estamos dispuestos a fomentar también la coexistencia pacífica en nuestra península, en pro de unas Naciones Unidas que generen resultados para todos. Muchas gracias por su amable atención.
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