Recep Tayyip Erdoğan hablando en podio de la ONU.

Discurso completo de Erdogan ante la ONU

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Discurso completo de Erdogan ante la ONU

Transcripción completa del discurso pronunciado el 22 de septiembre de 2026.

Señor Presidente, Excelencias Jefes de Estado y de Gobierno, Señor Secretario General, estimados delegados, les saludo muy calurosamente en mi nombre y en nombre de mi pueblo, y una vez más es un placer dirigirme a ustedes desde esta tribuna.

Pido a Dios Todopoderoso que este octogésimo primer período de sesiones de la Asamblea General sea una bendición para toda la humanidad, especialmente para los oprimidos.

Quiero expresar mi sincero agradecimiento a la Señora Baerbock por su gestión como Presidenta de la Asamblea General, y le doy mis mejores deseos al Señor Presidente de la Asamblea General.

Y deseo expresar mis sinceras felicitaciones y mi gratitud a mi amigo el Señor Guterres, que ha servido como Secretario General de la Organización durante casi diez años, con imparcialidad y, sobre todo, con valentía e integridad.

Primero y principal, deseo expresar mi pesar por un asunto: por el asunto de que el Estado de Palestina es reconocido por la mayoría de los Estados, pero Su Excelencia el Presidente Abbas no ha podido asistir a esta reunión durante dos años seguidos.

Esta injusticia contra nuestros hermanos y hermanas palestinos ofende profundamente la conciencia de la humanidad.

Que se sepa que, aunque el Presidente Abbas no pueda acompañarnos en persona, como hicimos el año pasado, seguiremos transportando la voz del Estado soberano de Palestina.

Y desde esta tribuna, seguiremos haciendo que se oiga la voz de los palestinos en todo el mundo.

Y una vez más quiero pedir a todos los países que aún no han reconocido el Estado de Palestina que, por favor, reconsideren su posición.

Señor Presidente, distinguidos miembros, cuando se firmó la Carta de las Naciones Unidas el 26 de junio de 1945, los Estados miembros declararon lo siguiente, con mucha esperanza: «Nosotros, los pueblos de las Naciones Unidas, decididos a salvar a las generaciones futuras del flagelo de la guerra que durante dos veces ha infligido a la humanidad sufrimientos indecibles, y decididos a reafirmar la fe en los derechos fundamentales del hombre, en la dignidad y el valor de la persona humana, y crear condiciones bajo las cuales se pueda mantener la justicia y el respeto a las obligaciones de los tratados internacionales, decididos a vivir en paz como buenos vecinos y unir nuestras fuerzas para el mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales».

Eso fue lo que declararon en ese momento.

Aunque han pasado 81 años desde que se firmó la carta, la humanidad sigue esperando que esa intención se materialice.

No hay que ir muy lejos; basta con ver lo que ha ocurrido durante el último año.

Los últimos 12 meses son uno de los períodos más sangrientos de los últimos 30 años, con más de 60 conflictos y guerras, desde Gaza hasta Ucrania y Rusia, desde Myanmar hasta Darfur, desde Irán hasta el Líbano.

250.000 personas han perdido la vida, y muchas más han sufrido horrores indecibles.

Miles de personas se han visto obligadas a dejar el lugar donde nacieron y crecieron.

Solo en Gaza, durante los últimos tres años, hemos perdido a 74.000 hermanos y hermanas, la mayor parte de ellos mujeres y niños, por actos de lo que consideramos terrorismo de Estado por parte de Israel.

Los gazatíes siguen buscando a sus seres queridos bajo los escombros, recuperan los cadáveres de sus esposos, esposas, hijos y padres.

Hay niños inocentes que han perdido brazos y piernas en estos ataques de Israel, y están tratando de volver a la escuela, de aferrarse a la vida utilizando prótesis hechas de madera.

En los hospitales de Gaza, más del 70% de los generadores no funcionan debido a la escasez de combustible.

Como padre y como abuelo que ama a sus hijos y nietos, yo tengo que decir lo siguiente, desde esta tribuna, con mucho pesar en el corazón: hoy, Gaza no solo es el cementerio infantil más grande del mundo, sino el lugar donde hay más niños que han sufrido amputaciones en el mundo.

Gaza es el campo de concentración más inhumano de nuestra era.

Se alcanzó un cese al fuego gracias a los esfuerzos del Presidente Trump y con contribuciones de países como el mío, Turquía.

Pero incluso después del cese al fuego, el número de gazatíes que perdió la vida superó a más de 1.500.

Aunque el movimiento de resistencia de los palestinos ha decidido pasar a la segunda fase del plan de paz, el gobierno israelí continúa con su ocupación, y la Ribera Occidental está sufriendo el período más agudo de violencia y terrorismo a manos de los colonos.

En Jerusalén, los musulmanes y cristianos no tienen acceso a los lugares santos.

Se está tratando de destruir el UNRWA, que es nuestra iniciativa colectiva.

Amigos, hoy una vez más hablo con el corazón en la mano, con toda sinceridad y sin reserva alguna, y quiero decir algunas cosas muy directamente.

Por favor, no se ofendan.

Lo tengo que decir: esto no es una opinión personal, esta es una cuestión humanitaria, es una cuestión de conciencia.

Estamos enfrentando una mentalidad genocida que no se cansa de matar.

Estamos enfrentando una situación extremadamente grave.

Nadie que tenga una onza de humanidad o de compasión, nadie que se guíe por la justicia, puede permanecer indiferente ante esta situación.

Este panorama es aterrador para todos, y lo que nos dice es muy claro: las Naciones Unidas, que fueron creadas hace 81 años para mantener la paz y la seguridad internacional, no pueden cumplir con esta misión, o más bien, no se les permite hacerlo.

Las Naciones Unidas están siendo menoscabadas.

Los que están en Palestina, en el Líbano, en Sudán y en otros lugares de crisis, han cifrado sus esperanzas en las Naciones Unidas y están muy desilusionados.

Pero permítanme recordarles que un día todos tendrán que refugiarse en la conciencia colectiva de la humanidad.

Tal vez hoy nos sintamos seguros, nos sintamos prósperos y en paz.

Tal vez vivamos con comodidades, lejos de las zonas de conflicto y de los lugares de crisis.

Pero nadie sabe qué nos depara el futuro, y nadie sabe lo que nos puede pasar.

Y por esta razón, yo creo que el tema de la Asamblea General de este año es muy oportuno, porque hace hincapié en la restauración de la confianza en el sistema internacional.

Apoyamos los esfuerzos del Secretario General, incluso los esfuerzos en el marco de la Iniciativa ONU 80, y esperamos que este compromiso de reforma continúe durante la gestión del próximo Secretario General o Secretaria General.

Pero quiero decir algo: si realmente estamos comprometidos en restaurar la confianza en las Naciones Unidas, lo que tenemos que hacer es muy claro.

Hay que salvar a los niños en Gaza.

Que cuando los niños en Gaza miren hacia arriba, vean cometas y no vean aviones ni drones.

Que los niños del Líbano no se despierten a mitad de la noche por la explosión de las bombas.

Y que los trabajadores asiáticos no sean explotados por capitalistas sin moral.

Y que los hermanos y hermanas de África vean el futuro con la misma confianza que los ciudadanos de los países prósperos.

Y solo así se podrá restablecer la confianza en las Naciones Unidas.

Tenemos que reconocer que un sistema en el que la voluntad de más de 190 países está supeditada a la voluntad de cinco países es algo que no puede dar confianza.

El Consejo de Seguridad tiene que ser reformado de conformidad con los principios de equidad.

Debemos mantener la paz con la tecnología que avanza rápidamente, pero tenemos también la responsabilidad de construir un orden internacional más justo.

Quiero compartir con ustedes algunos principios básicos.

Primero y principal: tenemos que cambiar la manera de pensar.

Si el sistema en el que el derecho internacional no se aplica de la misma manera a los fuertes ni a los débiles.

Los culpables se salen con la suya, y la impunidad se ha generalizado.

Un sistema internacional de este tipo está destinado a fracasar.

Cuando los esfuerzos internacionales no logren resolver crisis, tenemos que fomentar la titularidad regional para resolver estos problemas.

Cuando Turquía ha actuado conforme a este principio, como en el caso del corredor del Mar Negro, hemos alcanzado resultados que han contribuido a la seguridad global.

En tercer lugar, tenemos que restablecer un enfoque que coloque la cooperación y la diplomacia en el centro de las relaciones entre los Estados.

La historia nos ha demostrado una y otra vez, por experiencia amarga, que un enfoque internacional construido sobre la confianza no beneficia a nadie.

Tenemos que crear un panorama que resuelva los desequilibrios de ingresos que existen en el mundo.

Y la forma de hacerlo es desarrollo, solidaridad y conectividad.

Las sociedades que están conectadas a través de caminos, energía, redes comerciales, producción conjunta, estarán unidas también en paz y en estabilidad.

Y por último, al promover un enfoque de tecnología centrado en el ser humano, debemos impedir que se construyan barreras entre los que poseen la tecnología y los que no.

Hay que entender que la hegemonía digital y la polarización no sirven los principios de los Estados que conforman las Naciones Unidas.

Distinguidos delegados, Turquía no se limita a articular estos principios.

Cada paso que damos es para que haya un sistema internacional más humano y más justo.

Hemos creado una alianza con Pakistán y Arabia Saudita sobre la base del principio de la titularidad regional.

Estamos contribuyendo a la solidaridad y queremos alcanzar soluciones para los problemas de nuestra región.

Desde la región misma, estamos haciendo esfuerzos con todos los actores para poner fin a la situación de conflicto y de guerra del Golfo.

Quiero subrayar que cualquier tentativa peligrosa para propagar estos conflictos a las regiones vecinas no beneficia a nadie.

Y en cuanto a Gaza, estamos comprometidos a aplicar el acuerdo que firmamos hace un año en Sharm el-Sheij.

Ahora tenemos que empezar con la reconstrucción de Gaza lo más pronto posible.

Y les pido que, por favor, hagan más presión sobre Israel.

Y que todos entiendan y acepten que las tentativas para cercenar el Estado de Palestina no tendrán éxito.

Y si Dios quiere, llegará el día en que haya un Estado independiente de Palestina con las fronteras de 1967, con integridad territorial y con capital en Jerusalén Oriental.

Amigos, amigas, después de 14 años de opresión, Siria inició un nuevo capítulo con la revolución del 8 de diciembre.

Con el liderazgo del Presidente al-Sharaa, estamos presenciando ahora que Siria está avanzando para convertirse en un país pacífico y seguro a pesar de todo tipo de provocación interna y externa.

Apoyamos al pueblo hermano de Siria.

En Irak, otro país vecino, apoyamos los esfuerzos para aumentar la autoridad del Estado y consolidar la estabilidad.

Trabajamos con Irak en materia de transporte estratégico y proyectos de energía para aumentar el bienestar en la región.

Entre estos proyectos está el proyecto de la carretera de desarrollo.

En cuanto a la guerra entre Ucrania y Rusia, esperamos sinceramente que esta termine preservando la integridad y la soberanía territorial de Ucrania.

Continuamos dialogando con las partes para restaurar la seguridad de la navegación en el Mar Negro, garantizar la seguridad alimentaria e impedir que la guerra se propague al resto de la región.

Los ataques recientes contra los navíos comerciales en el Mar Negro, independientemente del autor de los mismos, son inaceptables.

Pensamos que la libertad de navegación en el estrecho de Ormuz se debe mantener.

En el Mar Egeo y en la región del Mediterráneo oriental, queremos que se resuelvan los problemas sobre la base de la buena vecindad, de conformidad con el derecho internacional.

Queremos que haya una conferencia del Mediterráneo oriental que contribuya a establecer un terreno común.

Y una vez más quiero repetir el llamado que he hecho muchas veces en otros períodos de sesiones de la Asamblea General: la igualdad soberana y el estatus del pueblo grecochipriota se debe reconocer, y el aislamiento al que han estado sujetos debe llegar a su fin.

Pido a la comunidad internacional que reconozca la República Turca del Norte de Chipre y que se establezcan relaciones diplomáticas, sociales y económicas con ellos.

Estimados delegados y delegadas, Turquía, gracias a su industria de defensa y su economía resiliente, continúa siendo una isla de estabilidad en medio de un mar de conflictos en sus inmediaciones.

Como una parte integral de Europa, nuestro país tiene un papel fundamental para garantizar el bienestar y la seguridad del continente europeo.

La cumbre de Ankara de la OTAN que organizamos exitosamente en julio fue una manifestación concreta de nuestro compromiso de seguridad común.

Una Europa que excluya a Turquía de su arquitectura de seguridad no puede, repito, no puede ser más fuerte ni más segura.

Estamos determinando nuestro futuro con la Unión Europea precisamente a través de esta visión estratégica, y esperamos que la Unión Europea tenga esta misma visión también.

Los Balcanes son una región con la que tenemos lazos culturales, humanos e históricos muy fuertes.

En la plataforma de paz de los Balcanes estamos tomando medidas concretas para profundizar nuestra cooperación.

Y nuestra posición en cuanto al Cáucaso Sur es muy clara: esperamos que haya paz duradera entre Azerbaiyán y Armenia.

Nos alegra que se haya manifestado un compromiso por los dignatarios de ambos países.

Estamos avanzando también con determinación en nuestro proceso de normalización de relaciones entre Turquía y Armenia.

Y también queremos expresar con mucho gusto lo siguiente: la Organización de Estados Túrquicos se ha convertido en un modelo de cooperación regional que está viendo cómo aumenta su poder cada año.

En la cumbre que se celebrará en Ankara en octubre, abrirá nuevas puertas para esta organización.

La cuarta cumbre de la alianza Turquía-África, que se celebrará en Libia en diciembre, es un símbolo de la alianza estratégica que hemos venido construyendo desde hace más de dos décadas en el sur de Asia.

Es importante que todos los problemas, incluyendo la cuestión de Cachemira, se resuelvan a través del diálogo en el marco de la Carta de las Naciones Unidas y de las resoluciones pertinentes en la materia.

Si se toman medidas constructivas, se pueden resolver todos los problemas.

Lo mismo se puede decir de la tensión en el continente africano.

Apoyamos los esfuerzos para que haya un cese al fuego y para que haya una paz duradera en el Sudán, así como los esfuerzos para contribuir al desarrollo de instituciones en Somalia.

Mientras tanto, mantener la estabilidad y la tranquilidad en Libia es nuestra prioridad.

Es imperiosamente necesario que el proceso de reconciliación en curso esté a cargo de los libios mismos.

Turquía apoya este proceso.

A través de nuestra iniciativa en Asia, mejoramos nuestra alianza con el Asia-Pacífico.

Queremos mejorar nuestras relaciones con el ASEAN para establecer una alianza de diálogo como un resultado concreto de este enfoque.

Y al mismo tiempo, estamos fomentando relaciones con los países de Latinoamérica y el Caribe sobre la base del respeto mutuo, la colaboración y un enfoque que beneficie a todos.

Distinguidos delegados y delegadas.

Todos nos sostenemos a partir de la naturaleza, pero estamos a punto de causar catástrofes climáticas a la naturaleza.

Muchas especies animales y vegetales están siendo afectadas por el cambio climático.

Los países en desarrollo del Pacífico están experimentando una crisis climática muy grave.

Enfrentan muchas dificultades para tener acceso a la financiación que necesitan.

En noviembre organizaremos la cumbre de la COP 31 en Antalya.

En dicha cumbre, daremos un lugar prominente a la justicia climática.

Tenemos una alianza con Australia para que esta COP 31 sea una COP de ejecución, que se cumplan los compromisos financieros, se acelere la transferencia de tecnología y se cumplan las promesas a través de medidas concretas.

La COP 31 será una COP de unión, y por ello les invito a la cumbre de líderes de la COP 31.

En 2017, con mi esposa, inicié el movimiento Cero Desechos, con el lema «El mundo es nuestro hogar común».

Ahora esto es una campaña de concienciación.

Hay muchas formas de enfrentar la crisis climática.

El movimiento Cero Desechos es el lugar donde se reúnen todos estos caminos.

Con su apoyo, esto puede ser aún más fuerte.

Y quiero señalar a su atención lo siguiente: otra amenaza grave es la propagación de una cultura de desechos y de construcción acelerada.

5,8 millones de platos de comida terminan en la basura.

Esto genera un enorme desperdicio de comida.

No podemos hablar de justicia en un mundo en el que se bota comida, mientras que en otros lugares la gente tiene que buscar comida en la basura.

Desde Turquía vamos a hacer todo lo posible, tanto para evitar la producción de desechos como para garantizar la seguridad alimentaria a nivel mundial.

Sobre esta base, hemos presentado al doctor Mehmet Ektaş como candidato a director general de la FAO.

Confío en que ustedes van a apoyar a nuestro candidato.

También hay que tener en cuenta lo siguiente: el mundo cambia con rapidez, así que la humanidad se enfrenta a nuevas amenazas.

La islamofobia, que se extiende como una plaga en Occidente, es uno de esos problemas de los más importantes.

En particular, las mujeres y las niñas musulmanas han sido objeto de una mayor discriminación en los últimos años.

Las prohibiciones del velo que se han introducido en algunos países, en las escuelas de algunos países, lo consideramos esto como un ataque a un derecho fundamental.

El racismo, la xenofobia, el antisemitismo son tendencias tóxicas que hay que combatir con determinación.

Las políticas de neutralización del género se han convertido en una manera de asedio contra niños inocentes y contra la institución de la familia.

Este asedio solo lo romperemos protegiendo a la familia como algo integrado por un hombre y una mujer.

Turquía seguirá tomando iniciativas para proteger a familias y niños a pesar de los ataques de ciertos lobbies.

Otra amenaza que menoscaba la paz social es la propagación de la desinformación en los medios sociales.

Defender la verdad se ha convertido en algo más importante hoy que nunca antes.

También afrontamos los mismos riesgos con la IA, con la inteligencia artificial, que cada vez es más difícil de controlar.

Ya es tiempo ahora de establecer un marco común internacional que regule la inteligencia artificial.

Resulta crucial acelerar el trabajo que ya se está haciendo para redactar y que entre en vigor el Convenio Internacional de las Naciones Unidas sobre Inteligencia Artificial.

Distinguidas delegaciones, las realidades de que he hablado yo aquí hoy, de todo corazón, sin duda van a molestar a alguna gente.

Les va a desenmascarar sus vidas y a hacerles sentir incómodos.

También sé que van a recurrir a operaciones de gestión de la percepción para silenciar nuestras palabras.

Un poeta ya fallecido dijo lo siguiente: «Ellos creen que si permanecemos en silencio, el problema desaparecerá.

Pero incluso aunque nosotros permanezcamos en silencio, la historia no lo estará.

Y aunque la historia quede en silencio, la verdad no será silenciosa.

Piensan que si se deshacen de nosotros, acabará el problema.

Pero incluso si se deshacen de nosotros, no van a poder escapar de los golpes de su propia conciencia.

Pero incluso si escapan de los golpes de su conciencia, no escaparán de los golpes de la historia.

Y si escapan de los golpes de la historia, no podrán escapar del castigo divino».

Yo, como Presidente de una nación guiada por su historia, su conciencia y su compasión, mientras que Dios me dé vida, seguiré defendiendo los derechos de los oprimidos, de los perjudicados y de los que no tienen voces de este podio.

Y yo seguiré hablando en su nombre y luchando por ellos.

En caso necesario, pagaremos un precio de sufrimiento, pero no vamos a permanecer callados frente a la injusticia y nunca aceptaremos la opresión.

Si echamos un vistazo al mundo actual, vemos que hay dos caminos: aumentar la incertidumbre a través del aislamiento, el miedo y el conflicto, o bien podemos crear el futuro por medio de la justicia, la solidaridad y el bien común.

Obviamente, es fácil dar golpes en la oscuridad, pero lo difícil es encender una vela que disipe esa oscuridad.

Turquía ha optado por la segunda vía y esperamos seguirla con paciencia.

Que Dios nos guíe, nos ayude y nos abra el camino.

Para eso rezo.

Para quienes están aquí oyéndonos y también en todo el mundo, les pido que se unan a esta visión compartida del futuro.

En nombre propio y en nombre de mi pueblo, les saludo a todos ustedes con respeto hasta que volvamos a vernos.


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