Emmanuel Macron hablando en el podio de las Naciones Unidas.

Discurso completo de Francia ante la ONU

Discurso completo — Documento primario

Discurso completo de Francia ante la ONU

Transcripción completa del discurso pronunciado el 22 de septiembre de 2026.

Señora Presidenta, Señora Vicesecretaria General, Majestades, Señoras y Señores Jefes de Estado y de Gobierno, Señoras y Señores Ministros, Señoras y Señores Embajadores y Embajadoras, Delegados, Delegadas, Amigos, Amigas.

Esta mañana, aquí, oímos un discurso tras otro hablando de la situación en el mundo, y no falta originalidad: todo el mundo habla de una vuelta al imperialismo, a la arrogancia, a la fuerza sin control ni reglas. Un mundo en el que el poder se concentra en las manos de unos pocos, que rompen el orden internacional para expandir fronteras; otros piensan que pueden pisotearse la soberanía de los pueblos, su capacidad de autodeterminación; o bien otros que piensan que pueden decidir el futuro del planeta en temas como el clima o la inteligencia artificial. Y la pregunta que tenemos es muy sencilla: ¿queremos vivir en este estado de naturaleza con una vuelta a la ley de la jungla, o en una sociedad internacional civilizada? Nuestro deber, más que nunca, es estar del lado de las Naciones Unidas para decidir en favor del interés común, es decir, en favor de quienes quieren decidir libremente su destino, sus alianzas, su modelo de desarrollo, su futuro, del lado de quienes se niegan a que su soberanía se conquiste por la fuerza o el miedo, y siempre del lado de la esperanza.

Esa es la razón de ser de nuestra organización, esta casa común que reúne a los pueblos libres, iguales, y que se funda en la igualdad soberana de todos y cada uno de sus miembros. Nuestra carta es la que impide que el poder de algunos les permita decidir en nombre de otros, y nos obliga a conjuntamente demostrar nuestro compromiso y nuestra capacidad de actuar de manera útil. Ustedes conocen el compromiso de Francia con la ONU y su voluntad de asumir plenamente las responsabilidades específicas que la carta nos encomienda. Y también quiero hablar aquí del compromiso de mi país de actuar con todos ustedes para renovar las condiciones de la acción multilateral y demostrar que somos más fuertes, más eficaces, más capaces de afrontar conjuntamente los desafíos comunes.

Los problemas actuales y los futuros que aún no conocemos. Ahora he hablado yo de clima, medio ambiente, lo mismo en cuanto a guerra y paz, y también, obviamente, en cuanto a tecnología y desarrollo. En cada uno de estos ámbitos hay que defenderse, hay que defender la justicia y el interés común frente a la ley de la jungla. Y esto es un interés de cada uno de nosotros, porque la carta es lo que protege esta posibilidad de coexistir.

Lo que pasa hoy en día es una acumulación de guerra que no conseguimos resolver, crisis que se multiplican, y desafíos contemporáneos que generan nuevas sombras para las generaciones futuras. Así que, frente a esto, nuestro deber, pienso que es no ceder. Así que mi mensaje de hoy para ustedes es, al igual que vengo diciendo desde hace nueve años, es mantener una determinación, una acción optimista, y decirles que no cedamos a la fatalidad, a la derrota. Ahora está de moda decir que aquí en la ONU solo venimos a pronunciar discursos, pero no se hace más.

Pero en otras organizaciones podría imponerse la ley del más fuerte y nuestra paz. No. Esto no es cierto, y aún menos hoy que antes. Así que no cedamos a cinco cosas.

Primero, no cedamos a una especie de fatalidad frente a la guerra y el sufrimiento de los pueblos. Tenemos que volver a comprometernos para encontrar soluciones concretas y construir la paz. El derecho internacional nunca ha tratado de describir la realidad; indica los límites que se autoimponen los soberanos. Y para que la fuerza no sea el único elemento, herramienta en caso de enfrentamiento, esas son las lecciones del siglo XXI.

Y quienes las olvidan esto hoy cometen un error moral y también político. Pero la realidad está ahí: Oriente Medio, Ucrania, África, la industrialización de los crímenes de guerra, violaciones del derecho y la destrucción de infraestructuras civiles, esto abre una nueva era de barbarismo. Ninguno de nosotros debe querer desmantelar las convenciones de Ginebra. En Dnipro, Gaza, Bukavu, Fasher, se multiplican los ataques.

En Jordania y con la Cruz Roja seguiremos trabajando para que la iniciativa mundial en favor del derecho internacional humanitario, que ya cuenta con más de 106 Estados que se han incorporado, permita renovar nuestros compromisos, defender el derecho internacional humanitario y los cooperantes humanitarios. Como muchos lo dicen, no hay paz sin justicia, y por eso Francia sigue prestando un apoyo político y también operacional al Mecanismo Internacional de Justicia, de Investigación, de Recopilación de Pruebas, y en particular las misiones de investigación de los hechos. Y por eso vamos a seguir apoyando a la Corte Internacional de Justicia con su papel central. No podemos aceptar un nuevo orden de impunidad que hay quien alguno que quiere instaurar.

Por eso, en el Consejo de Seguridad, Francia apoya las reformas que garantizan su eficacia. En el formato, naturalmente, tenemos que dar la entrada a nuevos miembros y regiones del mundo, empezando por África. Pero también, en cuestiones de fondo, el Consejo de Seguridad debe poder actuar frente a violaciones en masa del derecho internacional. ¿Cómo podemos estar satisfechos con un estancamiento procedimental frente a la barbarie?

La iniciativa franco-mexicana sobre el derecho del veto en caso de crímenes en masa es algo de lo que hay que felicitarse. Y me gusta que 128 Estados miembros lo hayan apoyado hasta el momento. Esta campaña debe continuar para conseguir el compromiso de todos los miembros permanentes del Consejo de Seguridad. Pero no basta con convocar el derecho, invocar nuestros valores para satisfacer las obligaciones que hemos asumido cada uno de nosotros al unirnos a la ONU.

Nuestro deber es pasar a la acción. Francia está dispuesta, en coalición con todos los que quieran actuar dentro del respeto de los principios de la carta y que no aceptan la impotencia. En Ucrania, la coalición de voluntarios que hemos creado con el Reino Unido y Alemania reúnen a todos aquellos que quieren garantizar la paz y la estabilidad en el corazón de Europa, allá donde empezaron dos guerras mundiales y donde nadie puede apartar la mirada. Sabemos lo que significa el retorno de la guerra en Europa.

No hace falta ni decirlo. La coalición está luchando contra esto. En Oriente Medio estamos creando una coalición independiente y multinacional para restaurar la libertad de navegación en el estrecho de Ormuz. Este estrecho no debe ser un objeto de chantaje.

Es un principio cardinal del derecho internacional, y es fundamental en interés de todos que los buques puedan navegar con seguridad y que el suministro energético de nuestros países esté garantizado. La reapertura del estrecho de Ormuz es una prioridad. El respeto del derecho internacional es una prioridad que redunda en interés de todos, y Francia está comprometida con ello. En África tenemos una responsabilidad colectiva frente a las crisis que se acumulan y las respuestas que no llegan.

En los conflictos, las operaciones de paz deben ser más eficaces, y para ello deben disponer de los medios adecuados y coordinarse mejor entre los Estados que aportan tropas y los Estados anfitriones. También hablaba yo en años anteriores del papel de la coordinación entre las organizaciones regionales y la ONU. En la cumbre África Forward en Nairobi, con decenas de jefes de Estado africanos y también en Addis Abeba, junto a la ONU, lo hemos dicho claramente: la Unión Africana y las organizaciones regionales deben poder desempeñar plenamente su papel en materia de paz y de seguridad en el continente. En París, en noviembre, vamos a organizar una reunión de reconstitución del fondo de paz de la Unión Africana, de reposición de fondos, al margen del Foro de Paz de París, y pido a todos los posibles contribuyentes asumir compromisos sólidos y concretos.

No hay que ignorar las guerras. Tenemos que volver a comprometernos buscando soluciones dentro de la carta. Segundo principio: no ceder a la tentación permanente del doble rasero.

Porque quienes dividen al planeta y quienes quitan credibilidad a la coherencia del orden internacional y de la carta, ¿cuántas veces oímos decir que la soberanía de los pueblos es valiosa en Europa, pero en África o Oriente Medio no es tan importante?

No. Tenemos que defender los mismos principios en todas partes, y siempre dentro del respeto de la carta. Es decir, respetando la soberanía de estos pueblos, sin sustituir a nadie. Y cada vez que algunos Estados han tratado de reemplazar al pueblo para cambiar regímenes o sistemas, han llevado a esos Estados a un caos aún peor.

Ningún doble rasero. Las vidas son todas iguales. La paz y la seguridad son indivisibles. Todo el mundo tiene derecho a ellas.

En Ucrania, desde hace casi cinco años, Rusia lleva a cabo una guerra cruel contra los civiles y ocupa el territorio de un país soberano. Francia seguirá brindando apoyo sin cesar a las aspiraciones legítimas del pueblo ucraniano, a la paz, la seguridad y el futuro. Asimismo, no escatimará esfuerzos para que cuanto antes tenga lugar una negociación útil entre Ucrania y Rusia. Debemos defender a los ucranianos y más que nunca antes del invierno.

Defenderlos en materia de energía, defenderlos para que puedan proteger a sus civiles con más interceptores. Por este motivo, también respaldamos la iniciativa de la doble moratoria, la moratoria sobre la energía y las infraestructuras civiles por ambas partes, y la moratoria sobre el Mar Rojo que permitirá distribuir cereales y brindar respuesta a la cuestión de la seguridad alimentaria, que es crucial para tantos países emergentes y en desarrollo. Esta doble moratoria es necesaria. Propongámosla.

Y hagamos que Rusia se enfrente a sus propios discursos. En el Oriente Medio, la responsabilidad de cada cual es la que puede llevar la paz y la seguridad para todos, que es lo que defendemos. El respeto de la soberanía para los libaneses desplazados, cuyas aldeas han sido destruidas unas tras otras en el sur del país. Solo un Líbano totalmente soberano podrá lograr que el Hezbolá deponga las armas y lograr que se restablezca la seguridad para los libaneses y sus vecinos.

La soberanía de Líbano y su pueblo. La soberanía para los palestinos, cuyos derechos más fundamentales todavía son pisoteados hoy en día. Hace un año, aquí mismo, una docena de Estados reconocíamos a Palestina. Oigo el cinismo de algunos diciendo que era un reconocimiento en letra muerta.

Pero, ¿cuál es la credibilidad si seguimos inactivos frente a Gaza? ¿A quiénes se jactan de una supuesta paz? Pero esta paz no ha abierto ni un segundo las vías humanitarias. ¿Tenemos que hacer frente a este espectáculo vergonzoso para todos?

Hamás. Fíjense en lo que está pasando en Cisjordania, donde cada día tienen lugar violaciones, pero ¿en nombre de qué? Hamás, nunca ha reinado Cisjordania. Se trata de construir cada día el proyecto que es el respeto del derecho del pueblo palestino a existir, pero al mismo tiempo son las condiciones de la seguridad de hoy y de mañana para Israel y para su pueblo.

La seguridad, que es importante, una existencia que es importante. Pero quienes dicen que la seguridad de Israel supone violar los derechos de los vecinos es algo que debilita la seguridad de Israel, tanto hoy como mañana. Es una amenaza. La soberanía, también para Siria, cuya revolución no debe ser una decepción.

Hace pocos meses viajé a Damasco para brindar el apoyo de Francia a la construcción de una Siria libre. Debemos seguir esforzándonos y permitir a Siria restablecer plenamente su soberanía y su unidad. Francia se ha comprometido en cada uno de estos combates, igual que estamos comprometidos con Italia, con la ayuda de Jordania y todos los amigos del Líbano, para encontrar una salida eficaz a nuestro compromiso de medio siglo en la UNIFIL, en servicio de todos los libaneses y la soberanía de su país. Que no haya doble rasero.

La soberanía de los pueblos por doquier. Tercera convicción: no debemos ceder ante la división del mundo, a esta fractura que muchos describen y algunos utilizan entre el norte y el sur. No vamos a resolver ningún problema en el planeta si permitimos que esta división se arraigue, claro, se va alimentando del doble rasero que algunos ejercen. Pero tenemos que reconciliar al norte y al sur para responder a los desafíos, ya sea el clima, la salud, el desarrollo.

Así pues, estos últimos años hemos multiplicado las iniciativas frente a la COVID con las iniciativas ACTA y COVAX, junto con la Organización Mundial de la Salud y la Unión Africana. Cuando se trataba de reactivar las economías con el Fondo Monetario Internacional para volver a asignar derechos especiales de giro y financiar mejor las economías africanas, cumplimos nuestra palabra, puesto que asignamos más de 100.000 millones de dólares en derechos especiales de giro para ayudar a los países africanos. Debemos constantemente velar por mantener la unidad y no oponer a los bloques. Por eso es tan importante no permitir que se fracture la arquitectura de la salud mundial.

Tenemos que seguir trabajando en la reforma, pero sin debilitar a la OMS, permitiéndole que ultime el tratado de la pandemia y apoyarla para que luche de manera más eficaz contra el ébola. Asimismo, debemos ser lúcidos a la hora de reformar nuestra ayuda pública al desarrollo y construir una inversión solidaria mucho más eficaz. Es lo que queríamos lograr en 2023 con el Pacto para la Prosperidad de los Pueblos y el Planeta. Ese es el sentido de la iniciativa de Nairobi hace algunos meses, para forjar un nuevo consenso en cuanto a la inversión solidaria.

Muchos países están reduciendo sus transferencias; sin embargo, las necesidades de muchos países del sur van en aumento. Debemos avanzar más rápido, con más fuerza, para ayudar al FMI, al Banco Mundial, a ser más eficaces, a mejorar la eficacia de sus instrumentos, a movilizar mejor el sector privado, a crear mecanismos de garantías para que en los países emergentes, los países de ingresos medios, los países en desarrollo, podamos brindar una respuesta más eficaz. Esta asociación financiera nueva es la que necesitamos crear para evitar la fractura entre el norte y el sur. De ese mismo modo, esta asociación norte-sur supone que tengamos la capacidad para reabrir el diálogo sobre la historia común, nuestras relaciones culturales.

Es lo que Francia ha procurado hacer estos últimos años mediante un trabajo de conocimiento y reconocimiento, basándose en trabajos científicos conjuntos, lanzando un proceso legislativo que nos ha permitido empezar la devolución de bienes culturales. También con una especie de asociación de la memoria, de la cultura, de la historia con numerosos países del sur. Y junto con Ghana y otros interlocutores, seguimos llevando adelante el trabajo para lograr la justicia de reparación. Se trata de una cuestión de respeto, y sobre ese respeto se construye la unión entre el norte y el sur.

Más allá de las políticas, el desarrollo, la memoria, las nuevas alianzas suponen contar también con una mundialización, un comercio mundial más eficaz y equitativo. Es lo que procuramos conseguir con motivo del G7 organizado por Francia, al asociar a varios países del sur, construyendo a través de la cumbre convergencias en el diálogo. Más allá del G7, con China, con la India, con Brasil, con Corea, con Kenia, etcétera, para permitir mejorar nuestra organización colectiva y evitar que unos pocos acumulen los minerales esenciales y las tierras raras, para permitir una mayor cooperación en materia de comercio y cuestiones monetarias. ¿Entienden ustedes que tenemos la responsabilidad de no permitir que se establezca esta división entre los bloques?

El cuarto principio es no ceder ante la fatalidad en cuestiones climáticas y de biodiversidad. Es mucho lo que hemos logrado estos últimos años, desde los Acuerdos de París de hace 11 años, cuyos principios siguen siendo válidos, de los que no nos hemos desviado. Pero yo también he escuchado la duda entre algunos, otros que ponen en entredicho la ciencia. A ese respecto tampoco cedamos ni un ápice.

Si queremos responder a los desafíos del planeta, el clima, la biodiversidad, necesitamos un multilateralismo de acción. Es lo que hemos procurado hacer gracias a la cumbre One Planet. También es lo que intentamos hacer colectivamente y lo logramos. Si nos fijamos en la cuestión de los océanos, hace pocos años todos decían que era imposible crear acuerdos para proteger a los océanos.

Pero fíjense lo que hemos conseguido hace unos años: proteger el 30% del espacio terrestre y de nuestros mares. Hemos logrado este acuerdo y cada año mejoramos su aplicación. Muchos decían que jamás conseguiríamos preservar lo que representa más de las dos terceras partes de nuestros océanos, más allá de nuestras zonas económicas exclusivas. Lo hemos conseguido, llevar a cabo esa negociación con la participación de las grandes potencias.

Se trata del BBNJ. En pocos meses ultimamos, logramos las más de 70 ratificaciones, con lo cual este acuerdo está en vigor. La cumbre de Niza, donde se reunieron las naciones en junio del año pasado, permitió acelerar esos trabajos, además de otros logros. Y la primera COP sobre los océanos tendrá lugar en pocos meses, en enero.

Esta es una prueba tangible de nuestra capacidad para lograr resultados concretos cuando nos movilizamos y actuamos juntos. Por lo tanto, no cedamos ante la fatalidad del momento. Defendamos lo logrado, pero también defendamos nuestros principios. Debemos defender la ciencia independiente y libre.

Protejamos al clima, los científicos que nos advierten, que evalúan, que miden. Demos importancia a los Acuerdos de París, a nuestras trayectorias nacionales, la descarbonización y el objetivo de la neutralidad de carbono de aquí a 2050. Asumamos nuestra responsabilidad acelerando la cooperación e innovación. Reactivemos el trabajo sobre la biodiversidad y apliquemos nuestros objetivos sobre la protección de los bosques y océanos.

No se trata de fatalidad, sino de decisiones que hay que tomar. Nosotros, que ya somos víctimas de los desarreglos climáticos y más aún para nuestros hijos. Por último, no cedamos ni una pizca ante el estado del mundo que está surgiendo respecto de la inteligencia artificial. Hay quienes nos quieren hacer creer que solo dos potencias, Estados Unidos y China, podrían decidir, o más exactamente, que algunos agentes económicos podrían decidirlo todo, decidir cuáles son las innovaciones que quieren.

Unos deciden que quieren pausa, otros no decidir cuáles son las innovaciones y si atentarán contra la seguridad nacional de nuestros estados para que el día de mañana ataquen nuestros hospitales o bancos, y decidir cuál será el futuro de nuestra sociedad. No, no. Y esto no es algo que acabamos de descubrir. Ya en 2018, en el G7, con nuestros amigos canadienses, lanzamos la Asociación Mundial para la IA, junto con la OCDE, para empezar el debate y la necesidad de reglamentación.

Con motivo de la cumbre sobre la acción para la inteligencia artificial que tuvo lugar en París en 2025, que luego llevó a cabo la India en 2026 y que tendrá lugar en Suiza el año entrante, pedimos dos elementos muy sencillos: que cada región del mundo se dote de sus propias capacidades de cálculo de modelo LLM, de ecosistema de inteligencia artificial, para que podamos desarrollar la posibilidad de auditar esos modelos y no depender solo de unos cuantos agentes privados. Por cierto, Europa fue la primera, junto con la ley IA, a forjar estos principios y, en particular, la capacidad de auditarlos. Tenemos que seguir por esta vía. Y a este respecto, insisto en un particular: nuestros jóvenes, nuestros niños.

Mucho hemos tardado a la hora de proteger a nuestras redes y adolescentes de las redes sociales, y vemos las consecuencias en todas las sociedades. Ha bajado su capacidad para aprender. Hay epidemia de obesidad entre unos, problemas de salud mental para otros. Está claro, salta a la vista, y se ha establecido bien la correlación.

Por eso hemos lanzado una iniciativa para proteger a nuestros niños y adolescentes, para prohibirles el acceso a las redes sociales antes de los 15 o 16 años. Y Europa ha decidido lanzar una reglamentación, y quiero saludar a los australianos, que han sido los pioneros, los primeros en legislar en la materia, y vamos a llevar este combate hasta el final. No esperemos las mismas consecuencias con la IA. Desde ya debemos proteger a nuestros niños y adolescentes.

Fíjense el impacto de los chatbots para nuestros hijos. Por eso, junto con Kenia, España y Australia, hemos creado la Coalición para los Derechos y la Protección de los Niños en la Era de la Inteligencia Artificial. Esta misma tarde empezamos la movilización, y el Foro de París sobre la Paz será el lugar donde en noviembre vamos a reunir a todos los gobiernos, los días 10 y 11, a todas las organizaciones, a todos los actores públicos, privados, empresas, círculos académicos que quieren acelerar esta agenda de protección de nuestros hijos. Les doy cita en París los días 10 y 11 de noviembre.

Por lo demás, vemos la carrera a los modelos de frontera. Tenemos que seguir invirtiendo cada cual en su país para participar. Francia se enorgullece de contar con un actor que participa en esa competición. Vamos a seguir invirtiendo en esta empresa para ocupar nuestro lugar y tener nuestro modelo.

Pero también tenemos que forjar nuevas formas de cooperación. Y deseo sinceramente que todos los estados soberanos, a quienes les importa su independencia, ya sea en Europa, en Canadá, en Brasil, estados del Golfo, Singapur, en fin, la coalición de independientes a que me he referido, los que no quieren convertirse en vasallos ni de ninguna de las dos potencias mundiales, que se reúnan para desarrollar un modelo de frontera de fuente abierta, open source, utilizando las capacidades de cálculo con las que cuentan, poniendo conjunto su capacidad de inversión para crear un modelo de frontera de fuente abierta que compartiremos. No debemos depender ni de uno ni de otro. Debemos conseguir sacar adelante ese objetivo gracias a la cooperación.

Por último, hay temas sobre los que tenemos que establecer las nuevas reglas del juego: la inteligencia artificial en el ámbito espacial, en la defensa, la ciberseguridad, como ya les decía, que tiene consecuencias profundas que afectan a nuestra seguridad nacional. Hemos iniciado el diálogo en Evian, en el G7, el año pasado, o junio pasado, mejor dicho. Varios han apoyado el lanzamiento hecho por nuestros amigos noruegos y finlandeses. Y queremos seguir en el marco del G7, también en estrecho vínculo con nuestros amigos británicos, que el año que viene se harán cargo del G20 para crear una agenda de cooperación en materia de IA para proteger los elementos más sensibles que afectan a nuestra seguridad nacional.

Como en el pasado hemos sabido ponernos de acuerdo para crear una arquitectura internacional nueva por lo que respecta a las armas químicas u otros riesgos. Hay temas como la cuestión de la defensa, la ciberseguridad, el tema espacial. A este respecto tenemos que retomar el control. Hace falta una cooperación y un marco específico entre estados miembros, y debemos crear esta cooperación, este marco.

A este respecto no hay que ceder nada. Estos son los cinco principios de la acción, y no he sido exhaustivo, pero eso será todo. Francia cree en estos principios y yo quería defenderlos ante ustedes. Respecto de estas cinco cuestiones, en el fondo mi mensaje es que no cedamos ni una pizca, que no cedamos ante lo que se está instaurando, que en el fondo es una lenta división del mundo.

Un ánimo de derrota que se instaura y que da paso a que algunos abusen del poder de los imperios que amenazan a la soberanía de unos y otros. Abuso de poder de algunos que concentran la capacidad de los capitales y que tendrían derecho o de contaminar o de concentrar la capacidad de cálculo para todos. El abuso de poder de quienes querrían concentrar la riqueza. Frente a los abusos de poder, debemos volver a encontrar la vitalidad de nuestra organización, a saber, el multilateralismo, que es la defensa del interés en común, de la justicia para todos.

Y que en el fondo, gracias a la unidad, la justicia y la cooperación nos permite volver a ser eficaces, que es lo que nos permite restablecer una paz justa y duradera en nuestros países, lo que permite volver a encontrar la unidad entre el norte y el sur, lo que permite volver a construir una agenda de acción en materia climática o tecnológica. No cedamos nada. Una vez más, más que nunca, necesitamos a nuestras Naciones Unidas. Precisamente cuando vamos a elegir al nuevo Secretario General, quiero rendir homenaje a la acción de António Guterres.

Durante tantos años, en un clima tan duro, él jamás ha cedido nada. Tenemos que hacer frente a nuevos retos y también antiguos desafíos, y tenemos que seguir actuando, más que nunca, con la valentía de ser optimistas para movilizarnos, para ser útiles y no ceder nada ante los tiempos que reinan. Para todos y para todas, que vivan las Naciones Unidas. Gracias.


Apoyá este trabajo

Bastión se sostiene con trabajo, no con publicidad. Si esto te aportó algo, invitame un café.

☕ Invitame un café

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio
♥ Apoyá a Bastión

Periodismo independiente sin trinchera